La cultura del avión de guerra es la cultura de
la aniquilación
Cuando de los cielos llueve muerte
Azmi Bishara,
El avión de combate es la quintaesencia de la civilización
moderna, la diosa moderna. Es producto de la aportación
colectiva de todas las ciencias y la neutralización de
toda moral y de todo valor. En él convergen el láser,
la micro-óptica, la microelectrónica y la aerodinámica
de alta tecnología, que permiten vuelos y rutas aéreas
de precisión, [alcanzar] objetivos mortales y destrucción
quirúrgica. Es higiénico y ultrapreciso, y sus fábricas,
hangares y plantas de ensamblaje son altos y espaciosos como catedrales.
Estos aviones sólo se manufacturan en los Estados más
desarrollados, que se juntan en amplias corporaciones cuyos empleados
viven en sociedades que se quieren igualitarias y reciben altos
salarios. Sólo pueden ser pilotados por individuos altamente
cualificados. Son a la vez producto del absoluto individualismo
y del trabajo colectivo institucionalizado. Los trabajadores que
contribuyen a su manufacturación encarnan sociedades que
han alcanzado grandes logros; son la élite, un punto y
aparte respecto al resto, los elegidos, la nueva raza aria.
Como toda diosa de la sociedad de consumo tiene una obsolescencia
programada; cada dos o tres años se debe construir un nuevo
avión para satisfacer la demanda, e incorporar los últimos
desarrollos tecnológicos y descubrimientos científicos
para preservar su superioridad sobre los dioses de otros pueblos.
El avión de combate convierte lo inmoral en moral. Está
por encima del bien y del mal, es una diosa celestial con una
insaciable sed de tributos de sacrificios. El piloto no ve la
sangre; no ve la bayoneta o la bala perforando el cuerpo de la
víctima. No se ensucia porque no tiene que arrastrarse.
Ni tiene que ver los ojos de las víctimas. No viola el
mandamiento de no matarás. Lo único que hace es
apretar un botón desde muy lejos.
Todas las víctimas oyen el estruendo del misil que se acerca.
Entonces el mundo se tambalea a su alrededor y ellos caen sin
titubear excesivamente. Quizá sientan dolores de crucifixión
antes de sumirse en la nada. Todo el mundo está indefenso
ante los aviones de combate; ningún padre o madre puede
proteger a sus hijos. Los niños son despedazados o enterrados
bajos los escombros de los edificios que se desmoronan con un
estrépito que se mezcla con el sonido de los miembros destrozados.
Piedras, planchas de madera, fragmentos de metal se incrustan
en los huesos humanos y pulverizan los cráneos -todo ello
en el lapso de un parpadeo.
Mientras tanto, todo lo que se ve desde el asiento del piloto
es una columna de humo y una nube de polvo. "Misión
cumplida," informa por radio el piloto a la base mientras
ejecuta un limpio giro en el cielo por encima del mar de lo moral.
Entonces aterriza, salta del aparato y se encamina a las barracas
con el casco bajo el brazo como un motorista. Va a tomar un café
a la cafetería, intercambia bromas con sus compañeros
pilotos, con el personal femenino de la base y con los mecánicos
que mantendrán su avión a punto para otra mortal
misión de combate. Luego se dirige a casa. Por el camino
escucha música, hace el payaso ante algunos críos
y entabla, quizá, una discusión política.
Puede estar serio, o indiferente, o indignado. Puede ser de derecha
o de izquierda, apoyar los derechos de los gays o estar en contra
de ellos, puede felicitarse por ser una paloma o un halcón
furibundo. Pero no son estos los criterios que lo cualifican para
apretar el botón. En la religión del bombardero
todos estos pensamientos o criterios se desvanecen en la nada.
Los pueblos del mundo se dividen entre los que tienen y los que
no tienen aviones F-15 y F-16.
Los que los tienen se dividen en países que poseen esos
aviones y en los que son poseídos por ellos. Los árabes
no se dividen sólo en los que no los tienen, sino también
en aquellos que no los tienen y han convertido a los aviones en
becerros de oro.
Estos aviones de combate son omnipresentes. Pueden ser visibles
o invisibles. Pero no se puede escapar a su veneno, no hay donde
esconderse de sus misiles. Los aviones permanecen en el aire,
pero sus misiles caerán en picado sobre los pasajeros de
un coche que huyen, de un autobús, de una ambulancia, y
atravesarán el techo de los búnkeres y refugios
hasta alcanzar los tiernos cuerpos que están en su interior.
La carne humana no tiene ninguna oportunidad contra un misil que
se dirige hacia ella desde un avión de combate. El cuerpo
permanece desnudo ante la diosa que deambula por los cielos mientras
los edificios de piedra y de cemento armado se desmoronan ante
ella.
Los aviones provocan una destrucción masiva, pero no pueden
resolver la batalla contra aquellos que tiene el derecho de su
parte. Para ello los seguidores de la diosa tienen que librar
una batalla terrestre. Pero una vez que los habitantes de esta
civilización empiezan a luchar en tierra comienzan a morir
y empiezan a llorar. Este fenómeno ha dado lugar a una
curiosa creencia y es que sus soldados tiene el derecho de matar,
mientras que otros no tienen el derecho de matar a sus soldados,
ni siquiera en la guerra. Esta es la razón por la que cuando
uno de sus soldados es golpeado se apodera de ellos una conmoción
y la razón por la que cuando sus ejércitos sufren
una derrota a manos de las fuerzas de los débiles y oprimidos,
lo toman como una afrenta al prestigio de su ejército y
a su superioridad militar. En esta situación, Israel retira
a hurtadillas a sus fuerzas terrestres y deja sueltos los F-16
para que bombardeen las localizaciones "terroristas",
ya sean hogares o pueblos. Es un comportamiento cobarde y vengativo,
apto para quienes poseen una fuerza aérea que les permite
convertirse en arrogantes tiranos aerotransportados. Sobre el
terreno son seres humanos como cualquier otro: frágiles
y precarios. Pero por aire, con la protección de su diosa,
pueden volar en todas las direcciones, invisibles a simple vista
pero seguros de que su fragor se oye cuando pasan por encima de
las cabezas aprovechándose al máximo de la fragilidad
de quienes han quedado abandonados en tierra sin aviones e incluso
de aquellos que se han refugiado en los agujeros de la tierra.
Se vengan no sólo porque tienen voluntad de hacerlo -no
tiene el monopolio sobre la voluntad-, sino también porque
su diosa hace que sea posible hacerlo.
Y el Señor dijo a Josué:
"Mira, te he entregado Jericó, así como a su
rey y a sus varones de guerra.
Y rodearéis la ciudad, todos los hombres de guerra, yendo
alrededor de la ciudad una vez; y esto haréis durante seis
días.
Y siete sacerdotes llevarán siete trompetas de cuerno de
carnero delante del arca. Y al séptimo día daréis
siete vueltas a la ciudad, y los sacerdotes tocarán las
trompetas".
"[Y] cuando esto ocurra, cuando la gente escuche el sonido
de las trompetas, el pueblo gritará, y el muro [de la ciudad]
se desplomará de forma que el pueblo subirá a la
ciudad; cada hombre sin titubear tras él [sonido de la
trompeta] y tomarán la ciudad.
Y además destruyeron todo lo que había en la ciudad,
tanto hombres como mujeres, jóvenes y viejos, hasta los
bueyes, y las ovejas, y los asnos con el filo de su espada...
Y arrasaron con fuego la ciudad, y todo lo que en ella había;
solo guardaron en el tesoro de la casa de Jehová la plata
y el oro, y las vasijas de bronce y de hierro.
Y Josué salvó la vida de Rahab la ramera, y la casa
de su padre, y todo lo que ella tenía; y habitó
en Israel hasta el día de hoy, porque escondió a
los mensajeros que Josué había enviado a espiar
en los alrededores de Jericó". (Josué 6)
Su poder destructivo es lo que les llena de orgullo...del tipo
del que precede a la caída. La muerte de un niño,
de dos niños, tres; la muerte de una mujer o dos; la destrucción
de una ambulancia...¿cuándo se hace inaceptable
la fuerza bruta contra inocentes? ¿Treinta niños?
¿Cincuenta? ¿Ante las cámaras ? ¿Cuántos
cuando no hay cámaras a mano? ¿Hasta donde llega
la escala? Por cierto, las cámaras no transmiten el olor
putrefacto de los cuerpos aplastados bajo los escombros.
Es difícil indicar cuándo exactamente a un responsable
árabe u occidental se le cae de las manos el vaso al mirar
la pantalla de la televisión. ¿Qué imagen
de un niño agonizante le llega ? ¿Se queda boquiabierto
mientras el vaso se estrella contra el suelo?¿ Se le atraganta
la comida? ¿Piensa que debería haber escuchado a
sus ayudantes y haber hecho antes un llamamiento a un alto el
fuego inmediato? ¿Se queja ante el horror de los crímenes
cometidos por Israel o cae en la desesperación ante la
locura israelí al perder otra oportunidad?
Israel se construyó atacando a los civiles. En 1948 los
atacó para desplazarlos y usurparles sus tierras. Atacó
pueblos enteros que [Israel] afirmaba eran bases de fedayines
(combatientes de la resistencia). La "estrategia" se
basaba en dos principios: la necesidad de disuadir a los civiles
de apoyar a la resistencia, lo que quiere decir reprimir la expresión
de cualquier postura política o social, y la necesidad
de alimentar y saciar la sed israelí de venganza. Este
credo militar basado en dos principio se personificó en
la Unidad 101, dirigida por Ariel Sharon a principios de los cincuenta.
Asaltó pueblos, voló casas y asesinó a sus
residentes. Entre los frutos más célebres de su
filosofía se encuentran las masacres de Qubya, Nahalin
y Al-Bureij en los cincuenta, y las masacres de Jabalya, Beit
Hanoun, Al-Shajaiya, Qasba y Nablus y Jenin en tiempos más
recientes. Para llevar a cabo estas acciones Israel necesitaba
carniceros, aunque los llamaba "guerreros legendarios".
Era un enfoque manual. No implicaba F-16. Lo único que
se necesitaba era jovencitos mimados pertenecientes a la afiliación
religiosa adecuada y con sus corazones del lado del consumista
estilo de vida estadounidense.
Aprovechándose de un momento propicio, Israel está
atacando deliberadamente a civiles en Líbano. Su objetivo
es castigar a cualquiera que pueda haber apoyado a la resistencia,
desplazar a los civiles hacia el norte para agravar las tensiones
sectarias en el país y saciar su brutal sed de venganza.
El actual ataque, en toda su ferocidad y con todas sus víctimas
inocentes, fue planeado mucho antes con una malicia difícil
de imaginar. Israel es un estado terrorista. La diabólica
lógica de este Estado es apoyada activamente por otro Estado
terrorista dirigido por George Bush, un hombre muy peligroso,
patológicamente violento y sádico, rodeado de una
banda de fríos y calculadores Maquivelos y apologistas
del terrorismo de Estado. Estos creen firmemente que los civiles
que no posee aviones de combate están tan abajo en la escala
de aptitud para sobrevivir que si mueren es por su propia culpa,
a consecuencia de su falta de realismo.
Esta lógica tiene un defecto que la hace imperdonable,
una maldición que perseguirá a esta civilización,
una permanente crítica de su control de los cielos: ¿cómo
se puede esperar que los niños sean "realistas"?
¿Cómo puede nadie culparlos de su propia muerte?
Es erróneo cantar las alabanzas de los niños muertos
como si fueran héroes, una vergüenza exponer sus cuerpos.
Estos niños no eran guerreros. No estaban en la resistencia.
No murieron para lograr una victoria para otros que no han muerto
y que no expusieron sus vidas en primera línea. Estos niños
murieron porque no pudieron escapar a tiempo o no consiguieron
esconderse de los aviones. Son las víctimas de la criminalmente
bárbara civilización de los aviones de combate.
Sus asesinos tienen que rendir cuentas y la resistencia contra
la agresión tiene que ser apoyada.
Traducido del inglés por Paloma Valverde y Beatriz
Morales Bastos