LA INEQUIDAD ESTRUCTURAL

 

Intervención de Oscar Natalichio, secretario de Extensión Universitaria y Asuntos Estudiantiles de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo en el V Congreso Internacional de Salud Mental y Derechos Humanos, organizado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo, en Buenos Aires, del 16 al 19 de noviembre de 2006. Mesa redonda con la participación de José Carlos Escudero y Lía Ricón, desarrollada en el Auditorio de la Sede 2 de la Universidad de las Madres el viernes 17.


1. LA PALABRA.

Vaya saber porqué muchos diccionarios no contienen la palabra inequidad. Sí inefable, sí ineficaz, sí inepto, sí inexacto, etc., pero inequidad no. Esto lo obliga a uno a recurrir al antónimo equidad para saber qué contiene su definición y deducir qué significa pues inequidad como su contrario.

Equidad es “Igualdad de ánimo”, por lo tanto inequidad tiene que ser desigualdad de ánimo.

Equidad es también “Bondadosa templanza habitual. Propensión a dejarse guiar, o a fallar, por el sentimiento del deber o de la conciencia, más bien por las prescripciones rigurosas de la justicia o por el texto terminante de la ley” por lo tanto inequidad es falta de esa templanza, de ese deber, de esa conciencia, de ese apego a leyes.

Equidad es también “Justicia natural, por oposición a la letra de la ley positiva”. Allí inequidad significaría la no justicia natural y la aceptación de la ley positiva, es decir burguesa.

En su cuarta aceptación el diccionario menciona a equidad como “Moderación en el precio de las cosas, o en las condiciones de los contratos”. Inequidad sería que no existe moderación en el precio de las cosas y que tampoco existe en las condiciones de los contratos.

Finalmente se refiere a la equidad como “Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que se merece”. Si alguien cree que el modo de producción vigente no es capaz de formar sus propias e interesadas definiciones, no es capaz de apropiarse del lenguaje, repito ésta: “Disposición del ánimo que mueve a dar a cada uno lo que se merece”. Por lo tanto, inequidad significa dar lo que no se merece, así de sencillo.

El diccionario de antónimos, aunque breve, es un poco más claro con relación al término: indica como su contrario a la injusticia, a la parcialidad, a la venalidad.

Para nosotros, inequidad es, principalmente, injusticia y desigualdad.

2. EL TRABAJO.

El trabajo, físico e intelectual, directo e indirecto, simple y complejo, vivo o materializado, es el responsable de la existencia y del desarrollo de la vida humana en nuestro planeta.

Sin el trabajo social la vida no podría continuar. Imaginemos un paro mundial por tiempo indeterminado de todos los trabajadores: no se producirían alimentos; no se producirían vestimentas; no se producirían medicamentos; no se sembraría la tierra ni se cosecharía, no se atenderían las enfermedades, ni la educación, ni la cultura.

El trabajo, más específicamente, la fuerza de trabajo que el trabajador porta, es la que generó, genera y generará, absolutamente toda la riqueza, todos los bienes, que existieron, que existen y que existirán en la humanidad.

Cada objeto, cada mercancía que nosotros conocemos o sabemos que han existido, o conoceremos en el futuro, poseen en su composición sólo dos elementos que los hacen comunes, por ejemplo, a una lapicera con un avión.

Esos dos elementos comunes son: 1. Material arrebatado a la naturaleza y 2. Fuerza de trabajo aplicada sobre ese material para tratar de convertirlo en una cosa, bien o mercancía que sea capaz de satisfacer una necesidad humana, es decir, que posea un Valor de Uso. Dicho Valor de Uso le va a permitir a esa cosa poseer, simultáneamente un Valor de Cambio. Ese Valor de Cambio se va a expresar en el mercado en un Precio. Y ese Precio le permite, al que posea Dinero, adquirir esos bienes.

Sólo dos elementos presentes. No encontraremos ningún otro elemento común a TODAS las cosas que existen: materia de la naturaleza y fuerza de trabajo.

3. EL VALOR

¿Cuál es el valor de esos bienes o mercancías? Para ello comenzaremos preguntándonos cuál es el valor de los materiales que nos provee la naturaleza. Y mi respuesta es ninguno, no poseen valor alguno, están allí millones de años antes de que el ser humano apareciera sobre el planeta.

Entonces, ¿qué le da valor a las cosas?. Única y exclusivamente la fuerza de trabajo humano utilizada, por ejemplo, para extraer la roca que contiene hierro, construir herramientas para hacerlo, trasladarla, triturarla, fundirla, obtener el hierro y laminarlo para que en los talleres puedan operar con él y, mediante otros procesos, que ese mineral de hierro finalice siendo una lapicera o un avión.

Sin duda producir una lapicera lleva menos (consumo de) fuerza de trabajo que construir un avión. Por eso el precio de una lapicera, y solo por eso, es menor que el de un avión.

4. LA RIQUEZA.

La riqueza que año tras anos producen los trabajadores con el consumo de su fuerza de trabajo se distribuye en parámetros que están determinados por el Modo de Producción vigente, es decir, por la Formación Económico-social vigente. En nuestro caso por lo que denominamos sistema capitalista.

Para producir nueva riqueza se necesitan tres elementos: materias primas, maquinarias y fuerza de trabajo. Para comprar fuerza de trabajo, el capitalista debe establecer relaciones con su portador, es decir con el trabajador. No son relaciones fraternales, ni pasionales, ni amorosas, son relaciones de producción. Sin esa fuerza de trabajo no hay nueva mercancía, es decir, no hay nuevo valor, es decir, no hay ganancias, no hay plusvalías.

No hay duda que, de las tres mercancías que el capitalista adquiere, la fuerza de trabajo es la más valiosa, es la única capaz de generarle riquezas, la única capaz de incrementarle indefinidamente el capital inicial.

Si, por ejemplo, un capitalista quiere producir bloques de cemento y compra la materia prima: cemento y arena y las maquinarias: mezcladora y moldes; y no compra nada más, pues no pasa nada. Allí le quedará el cemento endureciéndose y las máquinas oxidándose. Necesita adquirir ese tercer elemento, necesita adquirir fuerza de trabajo.

Es enorme el poder del trabajador, pero en general, no sabe que lo posee en esa proporción. Y el sistema trata de que no lo sepa. Para ello se construyen absurdas teorías que consideran al trabajador como un eslabón menor de una cadena, teorías vulgares que se difunden en centros de estudios “prestigiosos” (léase mercenarios) por intermedio de “intelectuales” también prestigiosos (léase degradados).

5. LA DISTRIBUCIÓN.

Dejamos en claro quién produce la riqueza. Ahora veremos cómo se distribuye esa riqueza que año a año el trabajador genera.

En principio afirmaremos que toda la riqueza que se produce en el mundo capitalista tiene sólo dos iniciales destinatarios y ninguno otro. Se reparte, mejor dicho, el modo de producción vigente lo reparte en salarios y ganancias. A menor salario, mayor ganancias y viceversa.

Pero resulta que el que genera esa riqueza, el trabajador, percibe, a medida que el tiempo trascurre, una parte menor de ella. Independientemente del salario, que en algunos pocos casos suele ser mejor, SIEMPRE percibe una porción menor de la riqueza que genera. La mayor parte de ella es apropiada por el capitalista quien en función de esa apropiación se siente (y es) más poderoso, incrementa su capital (el capital es simplemente eso, trabajo que no se le pagó al trabajador), incrementa la especulación financiera y mantiene un ejército improductivo que le garantice su existencia (policía, jueces, iglesia, fuerzas armadas, fundaciones, universidades, intelectuales, políticos, sicarios, etc.) La explotación del hombre por el hombre del sistema capitalista debe ser justificada y también garantizada. Leyes a medida y represión a quién las desconozca.

El Modo de Producción Capitalista se sostiene en dos pilares: la estructura económica basada en la propiedad privada de los principales Medios de Producción (materias primas y herramientas) en combinación con la explotación del trabajador y en la superestructura político-jurídica-social que lo legitime, es decir, que explotar (robar) sea legal. El “sagrado valor” de la Propiedad Privada individual vigente sólo como excusa para justificar la gran propiedad surgida del despojo. Una excusa ridícula, pues no hay mayor destructor de la propiedad privada individual que el modo de producción capitalista.

Si el capitalismo “paga” salarios es porque no puede pagar salario cero. Es porque el trabajador debe reponer la energía que consumió trabajando; debe comer, debe dormir, debe procrear. Si no come ni duerme no puede volver a producir, si no procrea, la fuerza de trabajo muere con él. Pero ya más de eso, no está dispuesto a pagar. Y ello porqué a menores salarios mayores ganancias.

Su objetivo central, en honor a la verdad, su único objetivo, es incrementar su cuota de ganancia, es el dinero. Y para ello no repara en medios violentos, generando guerras destructoras de vidas y bienes, fraguando atentados, cometiendo crímenes y genocidios, alentando y financiando dictaduras sangrientas, invadiendo pueblos con argumentos falsos, impulsando fraudes electorales, planificando atentados y autoatentados, condenando a la muerte prematura a ciento de miles de indefensos niños y una vida miserable y corta a los que logran sobrevivir.

Sin duda el capitalismo es, por lejos, el sistema más perverso y más sanguinario que ha conocido la humanidad, superando con creces a los sistemas esclavistas y feudales.

En el año 2002, la riqueza generada por todos los trabajadores del mundo (el PIB mundial) era, a paridad de poder adquisitivo, de 7.800 dólares por habitantes, sobre una población de 6.200 millones de personas.

Si ello se distribuyera “equitativamente” a cada grupo familiar de 4 personas, familia tipo, le corresponderían 31.200 dólares anuales, es decir 2.600 dólares mensuales. En nuestro país ello equivale a un salario por familia de casi 8 mil pesos mensuales.

¿Todos tienen que ganar lo mismo? Por supuesto que no. Hay trabajo simple y trabajo complejo. Hay diferencias y hay que reconocerlas. ¿Pero cuánto más? Datos recibidos hace unos días indican que 200 personas, las de mayor ingresos, perciben riquezas equivalentes a las que perciben 450 millones de personas que se encuentran en la otra punta de la escala.

Es lógico que existan diferencias, pero ya superiores a cinco veces el menor ingreso es un despropósito. Si aplicáramos a los datos del 2002 este criterio de cinco-uno, el grupo familiar de menor ingreso percibiría mil quinientos dólares por mes (cuatro mil quinientos pesos) y el de mayor seis mil (dieciocho mil pesos). No habría miseria, no habría pobreza.

6. EQUIDAD.

Finalmente quiero afirmar que la inequidad en el modo de producción capitalista es siempre estructural, deriva de la estructura económica que se basa en la propiedad privada de los medios de producción. Si uno aspira a que exista la equidad, debe aspirar a que no exista lo que lo impide. Es decir, que no exista el capitalismo, y para ello es necesario transformar revolucionariamente la sociedad.

Con nuestras luchas reivindicativas y por mejores condiciones de vida, podemos lograr que la inequidad no sea tan cruel, que no asuma niveles de catástrofe, pero no podemos eliminarla y, al poco tiempo los monopolios y sus “cerebros” habrán buscado la fórmula para que esas conquistas desaparezcan.

Con nuestras luchas políticas y revolucionarias podemos y debemos construir un mundo mejor. Construir una Latinoamérica con justicia social y solidaridad. Una Latinoamérica que transite, con la velocidad que las luchas populares les impriman, hacia un modo de producción distinto, hacia el Socialismo.

Entonces no necesitaremos hablar sobre inequidad estructural pues estaremos construyendo, permanentemente, la equidad estructural.

Oscar Natalichio

oscarnatalich@fibertel.com.ar