Kiva Maidanik, amigo de los Sin Tierra.

Estuvimos con Kiva en el Foro Social Mundial- 2005. Nos encontramos con él en el aeropuerto de Sao Paulo, donde la muchachada del MST nos llevó a la inauguración de la Escola Nacional Florestán Fernandes. Recogimos algunos de sus testimonios, de sus conferencias, de su sabiduría.

Se emocionaba hablando de Mieres, de Asturias, de la mayoría de pueblos y geografía asturianos, de los mineros, de la Revolución del 34, que conocía al detalle.

Kiva: "De las figuras históricas de la izquierda del siglo XX ¿cuáles son las que trascienden? ¿Rosa Luxemburgo, Marx, Lenin, Stalin…? Solamente el Ché. ¿por qué? ¿por el ejemplo…o porque renunció al poder..?

Soy soviético, un pais que ya no existe desde hace 15 años, e hijo político de la influencia de la revolución española del 34 y 36..

Estamos en un momento histórico: con la existencia de una vanguardia nueva del movimiento mundial de solidaridad, de renovación, en Brasil, al igual que hace cien años en Rusia..

Kiva: al escuchar que en el escenario se decían nombres como Langreo, Asturias, Oviedo, Gijón…me venian a la memoria gestas de la revolución española, y me emocioné pensando que las mismas banderas, de otras formas diferentes, se estaban reproduciendo en el presente, en el marco de la solidaridad y la lucha del MST.

Pertenezco al siglo XX con todas las tripas.. y reconozco que el siglo XXI recupera valores y actitudes nuevas, con un elemento de unión que puede ser el Ché, con una esperanza en la globalización, que es el movimiento altermundista."


soldepaz.pachakuti

fotos:

-Kiva y Hebe de Bonafini en el estadio Gigantiño, de Portoalegre.

-Marcha del MST en la ianuguración de la Escola Nacional

-En la Inauguración de la Escola Nacional (cuatro días de formación) plantando un olivo de la Paz, junto a Maja, lider palestina, Joao Pedro Stedile, coordinador del MST y el obispo don Tomas Balduino.


Humanidad sin límites y herejía revolucionaria. Guevarista en la URSS de ayer; soviético en la Rusia actual.

EL REVOLUCIONARIO RUSO KIVA MAIDANIK HA MUERTO...


Altercom*
Narciso Isa Conde*
29 de diciembre de 2006


El 24 de diciembre del 2006 murió en Moscú Kiva Maidanik, un intelectual revolucionario de excepción, un entrañable militante y amigo de las mejores causas de la humanidad:

Del amor y la amistad.

De la justicia y la verdad.

De la ciencia.

De la honestidad.

De la sensibilidad humana.

Del cariño familiar.

De la liberación de los (as) oprimidos (as) de todas las cadenas.

Historiador, trabajador de la Academia de Ciencias de la URSS, investigador del Instituto de Economía Mundial y Relaciones Internacionales de Moscú, estudioso de la realidad China y de la Guerra Civil Española, especialista de los mejores en América Latina y el Caribe.

Autor de numerosos artículos, ensayos y libros, una parte de ellos traducidos al español y a otros idiomas.

Soviético en el sentido bolchevique, leninista; antes, durante y después del colapso del llamado socialismo real. Inclaudicable en sus principios, flexible e innovador en sus constantes creaciones políticas y teóricas.

Soviético en ese mismo sentido hasta el final de su vida física.

Estudioso y admirador de Ernesto Che Guevara, de su pensamiento, de su accionar, de su ética revolucionaria, de su inmensa humanidad… sintetizados magistralmente por él en su ensayo «El Revolucionario» y en la ponencia titulada «La séptima vida del Che Guevara»…, presentada en ocasión de la realización en Madrid, España, del Seminario auspiciado a el verano de 1998 por la Fundación de Investigaciones Marxistas, FIM, bajo la dirección de Manuel Monereo, expuestos además extensamente en su libro «El Che Guevara: sus épocas y su América»

Guevarista en tiempos en que el dogma staliniano y neo-estaliniano condenaba a la discriminación y a la marginalidad a los defensores de esa posición en el seno del mundo intelectual de la ex-URSS.

Guevarista hasta días reciente cuando nos entregaba orgulloso la primera recopilación en ruso de una parte de los trabajos del Che, publicada, paradójicamente, en la Rusia capitalista bajo su dirección.

Su extraordinario talento, su enorme y multifacética erudición, su impresionante sentido crítico, su capacidad para captar los más mínimos detalles de cada proceso y de cada país adentrarse en la cultura de nuestros pueblos y de sus protagonistas, su deslumbrante memoria y poder de comunicación, contrastaban permanentemente con su hermosa modestia y su austera sencillez.

Kiva transpiraba, sin proponérselo inteligencia y conocimientos a granel, derrochaba sabiduría sin la menor pedantería, sin la mas leve señal de autosatisfacción o prepotencia.

Kiva heredó su austeridad de sus días de infancia durante los rigores de la Segunda Guerra Mundial, del sacrificio y la estoicidad del pueblo y del ejército soviético en aquellos días tan duros como gloriosos.

Cultivó su talento y capacidad de amar junto a su padre, un jurista de orientación socialista, y junto a su madre, un ser profundamente cariñoso y de una inteligencia aguda, sensible y vivaz.

De ascendencia judía sufrió los amargos acosos de la discriminación y la represión, convirtiéndolos sublimemente en amor por la humanidad y en lucha contra todas las expresiones de injusticia y represión.

El rigor científico y su entrega al trabajo jamás le impidió desarrollar una condición humana repleta de amor, de cariño, de amistad, de familiaridad y solidaridad hasta en los últimos detalles y las últimas consecuencias, expresando siempre un tierno afecto por los (as) niños (as), los propios y los de otros (as).

Las causas políticas que más captaron su mente y su corazón fueron siempre las más justas y difíciles:

la Guerra Civil Española,

la Revolución China,

la Revolución Cubana,

la Resistencia heroica del Pueblo Vietnamita,

las Luchas Guerrilleras en América y el Mundo,

las Epopeyas del Che,

el Combate Antifascista,

la Revolución de Abril de 1965 y la Guerra Patria contra el invasor yanqui en Santo Domingo,

la Primavera de Praga y la lucha por la renovación del socialismo en Checoslovaquia,

la Perestroika en su fase inicial (antes de su desvío por el sendero procapitalistas),

la Revolución Sandinista,

la Guerra Liberadora del FMLN en El Salvador,

el Combate contra la pinochetismo,

la Heroica Lucha del Pueblo Guatemalteco…

Murió abrazado, desde la ciencia y el corazón, a la Revolución Bolivariana de Venezuela y a la actual ola expansiva en pro de la Liberación de la Patria Grande.

Y todo esto desde un pensamiento profundamente analítico, desde una crítica sin par al capitalismo dependiente en sus diferentes niveles de desarrollo y en su actual versión neoliberal; desde un enjundioso esfuerzo por desentrañar sus crisis periódicas y las perspectivas de cambios a la luz de los diversos ascensos de las luchas populares.

A su altísima sensibilidad social y humana unió un rechazo visceral al despotismo.

Y esto, con demasiada razón y profundo sentimiento, lo llevó a reflexionar sobre Stalin de esta original manera:

“Nosotros, demasiado tarde hemos entendido las palabras del compañero Stalin, al decir: “la plena unanimidad es posible solo en el cementerio”; no entendimos que era todo el programa, luego el partido se transformó en ese cementerio y el país en la plena unanimidad" [1]

Pero su firme actitud no solo se refería a ese despotismo extremo, sino a todas las variantes de represión y autoritarismo, dentro de cualquier modo de producción y distribución, en el marco de cualquier sistema político-institucional, incluidos aquellos de aparente o real orientación socialista y/o antimperialista.

Era capaz de valorar el significado positivo de las más variadas resistencias a la tutela, las agresiones y las invasiones imperialistas, sin por ello abrazarse al absolutismo de esos regímenes y de los gobernantes que la encabezaban, llámense éstos Sadam, Milosevic o Kim Il Sung.

Kiva amaba demasiado la libertad y la creatividad, y no precisamente pensando en sí mismo, sino -sobre todo- pensando en los demás, en toda la humanidad.

Por eso Kiva Maidanik fue un precursor de la nueva democracia y del nuevo socialismo desde el mismo corazón del «estatismo burocrático», como con precisión científica denominó al llamado socialismo real. Una especie de anticapitalismo que después de los años 30 no pudo llegar a ser socialismo.

Quizás por eso abrazó con gran pasión y excesivo optimismo, tanto la Perestroika (a la que llamó “revolución de la esperanza”) como (previamente) el modelo de tránsito revolucionario nicaragüense, en esa necesaria y ansiosa búsqueda de un socialismo con democracia participativa; sin reparar suficientemente en las desviaciones y errores que provocaron sus degeneraciones y/o fracasos. Tales yerros no fueron exclusivos de él, sino que no pocos de los que pensamos de manera parecida incurrimos, en grados diversos, en fallas similares.

Sufrió como nadie los duros reveses del último tramo del Siglo XX, hasta recuperar el entusiasmo revolucionario cuando nuestra América inició su cuarta oleada de cambios, recuperando su condición de continente de la esperanza. El advenimiento del proceso hacia la revolución en Venezuela fue para él como una especie de bálsamo vivificante.

Nunca, sin embargo, dejó de estimular el renacer revolucionario y de ponderar la trascendencia del ejemplo del Che para ese noble propósito. Pero lo hacía también con cierta vergüenza propia (injusto consigo mismo, además) por el impacto en su ser de lo acontecido con la revolución soviética.

Así lo refleja en estas palabras tomadas de uno de sus brillantes trabajos sobre el Che:

“No le es nada fácil a uno de Moscú dirigirse a vosotros… Mi país, que había iniciado hace ochenta años el primer asalto de la humanidad al cielo e hizo tanto para salvarla de lo mayores peligros del siglo, país tan admirado por el Che y tan criticado por él, cumplió sus peores vaticinios –y no supo a finales de este siglo ni resistir ni morir como el pasado inmaculado de su mensaje emancipador, su antorcha- de siglo y milenio nuevos. Cada uno de nosotros tiene su cuota de culpa por eso. Unos más que otros.” [2]

Tal realidad lo torturó de manera muy especial, sobre todo por los efectos emocionales acumulados en su duro tránsito del “único” intelectual proclamadamente guevarista de la URSS a uno de los(as) pocos(as) soviéticos(as) de la Rusia actual.

Eso explica que no pudiera vencer la tendencia a su muerte física a pesar de su formidable corpulencia y su magnífica espiritualidad. En otras circunstancias no tendríamos la menor duda de que Kiva pudo ser un auténtico longevo, para mayor alegría nuestra.

Una enorme deuda de gratitud para con él Tenemos los (as) revolucionarios(as) latinoamericanos (as) y caribeños (as).

Una deuda, por su naturaleza, imposible de saldar.

Una deuda intelectual, una deuda de solidaridad política y humana, una deuda de amor y amistad.

Y no lo digo porque Kiva haya militado y cotizado religiosamente y simultáneamente en el Partido Comunista Salvadoreño y en el Partido Comunista Dominicano; ni por los rublos, que procedentes de sus manos, cuidadosamente ocultados hasta frente su familia, ayudaron a aliviar las dificultades de tantos revolucionarios (as) de América y del mundo a su paso por Moscú.

Lo digo por sus magníficas enseñanzas, por su capacidad para trasvasar hacia nosotros(as) ideas de calidad y actitudes de gran valor.

Lo digo por su indestructible bondad, por su condición de dador de amor hacia nosotros (as), hacia los (as) nuestros (as), hacia los suyos, hacia los demás.

De esto sí supo mucho nuestro hermano Schafik y su esposa Tania.

Saben mucho Jerónimo Carrera, Mercedes Otero y Francisco Mieres, sus hermanos(as) venezolanos.

Saben sus amigos(as) y colegas cubanos(as): Luís Suárez, Tania, Juan Valdez Paz, Fernando Martínez Heredia…

Sabe mucho también Marta Harnecker y sabe Tania Vorocheykina

Sabe demasiado Galia, su hermana en la amistad, también orgullosamente soviética y bolivariana.

Saben Natacha, su esposa, Artemio y María, su querida prole.

Sabemos tanto Lulú y yo, y muchos (as) otros (as) de su entorno y de este lado del río.

De mi parte me resulta imposible pensar en él desvinculado de Schafik Handal, del comandante Manuel Piñeiro (Barbarroja), de Nayo Alvarado (asesinado siendo Secretario General del Partido Guatemalteco del Trabajo) y de Roque Dalton (el poeta y revolucionario sin par salvadoreño)…

Esta deuda es impagable aunque por razones muy distintas a la que acogota a nuestros pueblos.

Es impagable, pero hay que devolverla en lo posible; procurando ser como él, luchando con el mismo desinterés personal que él, repartiendo cariño como él y dando a conocer todo lo que escribió, todo lo que practicó y todo lo que hace de él uno de los más formidables intelectuales orgánicos de las revoluciones de la segunda mitad del siglo XX y del inicio de este nuevo siglo.


Mensaje: A los familiares de los Cinco Patriotas cubanos

Escrito por Kiva Maidanik, 12 de abril de 2005.

A los familiares de los Cinco Patriotas cubanos

Soy de la generación que recuerda bien la guerra contra el fascismo derrotado hace 60 años atrás. Sus hijos los veo como de hecho presos de la guerra contra los que quieren repetir lo que se malogró a Hitler.

Presos que contra todas las reglas de guerra están condenados a cadenas perpetuas.

Creo que se trata de la venganza yanqui por sus fracasos en Cuba y alrededor de Cuba, pero sabemos que Cuba es un país que nunca abandona a sus combatientes y estoy seguro de que la solidaridad cubana y universal sacará a sus hijos de las cárceles donde ahora está. Mientras tanto suerte, ánimo y reciban nuestra solidaridad.

¡ No pasarán !

Kiva Maidanik, Doctor en Ciencias Históricas


Kiva Maidanik, un soviético guevarista crítico de Stalin

Como anunciamos ayer el amigo de colaboradores de Kaosenlared falleció anteayer en Moscú. Hoy presentamos un artículo de Néstor Kohan en La Haine que remomora a un amigo común.

Néstor Kohan en La Haine (Kaosenlared)


Conocí a Kiva Maidanik en 2005, en la inauguración de la Escuela de Formación Política Florestan Fernandes del Movimiento Sin Tierra (MST) de Brasil. Fue una auténtica sorpresa. No sabía que iba a estar allí. Me tocó compartir un viaje sin saber que era él… Nunca lo había visto en persona. En un momento pensé: “¿Este viejo canoso no será…?”

Cuando comenzamos a conversar, le planteé inmediatamente mis discrepancias y críticas. Hablamos de Mijaíl Gorvachov y del bluf que significó la Perestroika. Kiva había apostado, infructuosamente, a desestalinizar la Unión Soviética (URSS) de la mano de Gorvachov. Se había equivocado notablemente.

Nuestro diálogo comenzó por ahí. No tuvo ningún problema en reconocer sus errores. Pacientemente me fue explicando las razones de ese fracaso. También me relató los argumentos por los cuales no se quiso sumar al nuevo PC ruso. Terminante e indignado, afirmó: “Esos no son comunistas, son nacionalistas”.

A lo largo de los días que duró la Escuela las conversaciones con Kiva continuaron. Cada una era más interesante y rica que la anterior. Lamento profundamente no haberlo grabado. Kiva exponía sus relatos con lujo de detalle y obsesión de artesano perfeccionista. De su rememoración emergían y fluían fechas, nombres, lugares, datos muy precisos que la memoria no alcanza a retener como una grabadora. Era cautivante y seductor. Tenía un humor muy fino y cáustico.

Yo venía cargando con todos los prejuicios en la espalda. Había leído desde hacía años sus libros, artículos y folletos, sabía que había pertenecido al partido soviético. Lo imaginaba como un burócrata moderno y aggiornado. Nada más lejos de la realidad. Incluso, por esos días, el compañero cubano Carlos Tablada Pérez me había solicitado un prólogo para su excelente y riguroso libro El pensamiento económico del Che. Al redactarlo incluí algunos apuntes sobre los debates ocurridos en la década del ‘80 en torno al Che. Allí criticaba a Kiva Maidanik. Afortunadamente el prólogo no había salido todavía de la imprenta. Al regresar a mi país, luego de conocer personalmente a este viejo revolucionario, decidí suprimir las críticas a Kiva. Simplemente las borré. Había sido injusto y Kiva, aun con sus limitaciones y falencias, no se las merecía.

En varias ocasiones a lo largo de la Escuela del MST Kiva nos contaba anécdotas, debates, confrontaciones, peleas y experiencias de lucha que no siempre han sido publicadas. Invariablemente las historias de Kiva giraban en torno a las rebeliones e insurgencias de América latina, su objeto de estudio, su gran pasión, el amor de sus amores.

Ante interlocutores mucho más jóvenes que él —donde convivían salvadoreños, cubanos, argentinos, nicaragüenses y brasileños; algunos ex comandantes guerrilleros, otros sacerdotes y la mayoría simples militantes de base—, Kiva nos atrapaba explicando las distintas posiciones que habían disputado al interior del equipo soviético. El papel nefasto de la burocracia. El lugar de la KGB (a la que pertenecía, dicho sea de paso, el único biógrafo de Guevara en idioma ruso) y cómo esta institución de inteligencia había reclutado a algunos dirigentes de PPCC de América Latina (él daba nombres y apellidos precisos); más preocupados en cumplir y hacer obedecer las directivas oficiales del Estado soviético que en hacer la revolución en América Latina.

Sus relatos e historias iban in crescendo y alcanzaban el clímax cuando se refería al Che y a Fidel. Kiva era un partidario de la revolución cubana y un guevarista convencido y genuino. Sus ojitos claros le brillaban y su sonrisa generosa se le ensanchaba de repente cuando rememoraba su encuentro personal con Guevara en los años ’60 y el modo en el cual el Che increpaba a los soviéticos por no priorizar la conciencia comunista.

Cuando le regalamos un libro nuestro sobre el pensamiento del Che, él nos entregó a cambio un libro suyo que lleva en la cubierta una foto donde se lo veía más joven junto al guerrillero argentino-cubano. Le explicamos que no entendíamos una palabra de ruso y se lo devolvimos. Con una nueva sonrisa, él insistió diciendo: “Ya encontrarás a alguien que te lo traduzca”. A esta altura la URSS no existía más. No estaba actuando o simulando. Su guevarismo no era fingido ni impostado, sino genuino y sentido.

Pero él no se detenía en la admiración por el Che. A pesar de haber pertenecido al Partido Comunista de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas-PCUS (que durante los años ’60 y siguientes se opuso a los destacamentos revolucionarios de América Latina en nombre de la “coexistencia pacífica” y una ilusoria “paz mundial”) Kiva también defendía a la nueva izquierda revolucionaria latinoamericana, seguidora de las ideas de Guevara. La conocía de primera mano en cada uno de sus dirigentes. El viejo era una auténtica enciclopedia caminando.

Asimismo, en cada charla, nos daba información precisa de los funcionarios soviéticos que se habían encargado oficialmente de América latina y se habían opuesto con tenacidad a la lucha armada continental. En forma taxativa nos dijo: “Esos tipos no entendían nada”, para luego agregar: “algunos de ellos ni siquiera sabían hablar el castellano. ¡No sabían nada de nada! ¡Eran unos carajitos [sic]!”.

Probablemente, quien mejor haya definido a Kiva es Joao Pedro Stedile, dirigente del MST. Cuando en un momento Kiva no aparecía y le tocaba hablar en la Escuela ante una numerosa audiencia militante, Joao Pedro toma el micrófono y, con una ironía casi argentina, lo llama públicamente del siguiente modo: “¿Dónde está Kiva Maidanik, el compañero soviético que hace 50 años nos viene hablando mal de Stalin?”. Seguramente esa fue y será la mejor definición de su pensamiento teórico y su personalidad política.

Lamentablemente, Kiva ya no está con nosotros. Acaba de fallecer. No obstante sus errores o limitaciones, Maidanik se esforzó por representar en su prolongada práctica militante el espíritu de continuidad internacionalista de la revolución bolchevique de 1917, del legado revolucionario de Lenin y sus compañeros, la herencia del heroico pueblo soviético que “invirtió” 20 (veinte) millones de muertos para derrotar a los nazis y que fue aplastado, reprimido o traicionado por diversas camadas de burócratas, oportunistas y mediocres funcionarios.

Querido compañero Kiva Maidanik

¡Hasta la victoria siempre!

Buenos Aires, 27 de diciembre de 2006.