30 años
de vida ...
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“Las Madres
fueron como una luz en el cielo negro”
El
escritor y periodista es el eje de Ventana a la Plaza de Mayo.
Las Madres y Osvaldo Bayer, el libro en el que se reproducen
sus columnas para el periódico de la agrupación.
Los trabajos de Bayer para el periódico abarcan dos
etapas: 1984-1993 y 2003 hasta hoy.
Por Oscar Ranzani
El 18 de junio de 1976 Osvaldo Bayer se exilió en Alemania.
Unas horas antes, recibió un mensaje amenazante del
brigadier Santuccione en el aeropuerto de Ezeiza: “Usted
jamás va a volver a pisar el suelo de la Patria”,
le dijo. Por suerte o mejor dicho, por justicia del destino,
se equivocó: Bayer regresó al país el
22 de octubre de 1983, días antes de las elecciones
presidenciales. Fue en el exilio que se enteró de “que
habían salido unas mujeres a Plaza de Mayo, que eran
madres de desaparecidos y ahí vi como una especie de
luz en el cielo negro”, recuerda. En Alemania conoció
a las Madres que visitaron ese país en el marco de
su lucha por la defensa de los derechos humanos y trabó
con ellas una amistad indestructible. Bayer recuerda que las
Madres eligieron como residencia su humilde departamento de
Berlín antes que un lujoso hotel. “Yo les cocinaba
pollo al horno con papas”, recuerda, antes de comentar
que, una vez que regresó a la Argentina, comenzó
a colaborar en el Periódico Madres de Plaza de Mayo,
a través de una columna bautizada “Ventana a
la Plaza de Mayo”, donde tomaba posición con
respecto a “la política de derechos humanos de
Alfonsín”. Bayer sostiene que fue uno de los
tantos “que luchó por los presos políticos
que mantuvo Alfonsín y que nadie recuerda este episodio.
Una cobardía, una falta de coraje civil tremendo”,
fustiga. “El mantuvo presos a los detenidos de la dictadura
que habían permanecido en cárceles y que habían
sido condenados por la ‘Justicia’ de la dictadura”.
El columnista de Página/12 destaca que luchó
junto a las Madres por la libertad y que, incluso en una oportunidad,
la actriz Liv Ullmann los acompañó en una visita
a los presos políticos.
Bayer escribió en dos etapas del periódico esas
Ventanas por las que se asomaba a la realidad histórica
y política: 1984-1993 y desde 2003 a la actualidad.
Ahora, Ediciones de Madres de Plaza de Mayo acaba de publicar
el libro Ventana a la Plaza de Mayo. Las Madres y Osvaldo
Bayer, donde se reproducen sus 57 columnas; sus compiladores
son Fabián D’Aloisio y Bruno Nápoli, docentes
de la Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo. Además,
Nápoli y D’Aloisio escribieron cinco capítulos
del libro que contiene palabras de presentación de
Hebe de Bonafini y un epílogo de Horacio González.
Los dos primeros capítulos tienen un componente histórico
y reconstruyen la relación de Osvaldo Bayer y las Madres,
en el exilio. Los dos siguientes adquieren un carácter
conceptual y relacionan la obra de Bayer con conceptos de
Emmanuel Lévinas y Ernst Bloch para dar cuenta de la
genealogía de su escritura y su construcción
discursiva. El último relata de modo explicativo cómo
era “Ventana a la Plaza de Mayo” en las dos etapas
del periódico.
–Cuando comenzó a escribir en el periódico
la democracia no tenía la fortaleza de hoy. ¿Cómo
analiza el rol que tuvo el periódico desde entonces?
–Fue un periódico señero porque marcaba
líneas, tenía una claridad absoluta en cuanto
a lo que había que hacer, no como hacía Alfonsín
en su política, que cambiaba todo para no modificar
absolutamente nada. Y esa política va a terminar bien
clara con la obediencia debida y el punto final. Ellos se
precian de haber hecho el juicio a los comandantes. Pero,
¿quién impulsó y empujó a eso?
Otros se olvidan de que Alfonsín inició el juicio
a los militares pero encargó a los tribunales militares
que hicieran el juzgamiento, que inmediatamente los dejaron
libres de culpa y cargo. Los organismos de derechos humanos,
principalmente las Madres de Plaza de Mayo, lucharon y finalmente
lograron ese primer juicio. Todos tendrían que haber
sido condenados a prisión perpetua. Después
fueron a una cárcel pero en un apartado donde estaban
en chalet con jardines, donde podían recibir todos
los días a sus familias. Nada que ver con la prisión
como se lo merecían.
–En la presentación del libro se señala
que desde la “Ventana...” usted mira a las Madres.
¿Cómo las observa a lo largo de todos estos
años?
–Las observo y las sigo en su lucha. No tengo ningún
derecho a criticarlas. Ellas hicieron la epopeya femenina
más grande de nuestra historia. Y va a quedar. Esto
ha quedado para el orgullo de los argentinos. Así como
para vergüenza de los argentinos va a quedar lo que en
Europa se llama “la muerte argentina”, que es
la desaparición de personas, con el robo de niños,
con el arrojar prisioneros al río, etcétera.
Yo las voy a seguir, nunca he intentado darles línea.
Las he acompañado porque sé el dolor profundo
de ellas al perder a sus hijos. He estado siempre con ellas
en las marchas. Por supuesto, soy un hombre independiente,
no soy quién para criticarlas. Ellas hicieron la verdadera
revolución y yo no hice ninguna.
–¿Qué se propuso desde el periódico
con las columnas?
–Cuando me pidieron que colaborara yo me propuse principalmente
tratar temas históricos y denunciar las grandes mentiras,
cómo se ha mentido en la historia oficial pero también
cómo se mentía en la política de derechos
humanos y en la política de lo que tiene que ser una
verdadera democracia. También preguntarme por qué
tanta crueldad en la Argentina. ¿Por qué se
llegó a ese extremo de la desaparición de personas,
de la tortura bestial? Y por qué tenemos monumentos
a los dictadores. Parece mentira pero tenemos un monumento
nada menos que a Uriburu, el primer golpista que volteó
a un gobierno elegido por el pueblo. El monumento más
grande de la ciudad de Balcarce es al golpista Uriburu, fusilador
de obreros. Hay treinta y seis monumentos a Roca, un genocida
absoluto, el que reimplanta la esclavitud en la Argentina.
Aprueba la ley más cruel de la legislación argentina
sobre la expulsión de extranjeros. La crueldad estaba
en que se expulsaba solamente al hombre y se dejaba acá
a la mujer con sus niños sin ninguna entrada. Decían
que en eso había sido muy pícaro Roca. No: había
sido cruel. Lo hacía para que las mujeres con hijos
les dijeran a sus maridos: “No te metas en el sindicalismo
porque si no te van a expulsar y yo me voy a quedar sin ninguna
entrada para darles de comer a nuestros hijos”.
–¿Cómo analizó a través
de sus Ventanas el comportamiento de la sociedad frente al
genocidio?
–Siempre lo he analizado como una gran cobardía;
principalmente, nuestra clase media. Por supuesto, la clase
alta siempre fue colaboracionista de las dictaduras. Lo mismo
la Iglesia Católica, salvo algunos mártires
como dos o tres obispos y otros sacerdotes desaparecidos.
Por ejemplo, no tienen explicación los festejos del
Campeonato Mundial de Fútbol de 1978 y tampoco el apoyo
a la guerra de Malvinas, que fue absolutamente artificial.
Jamás he dicho “los héroes de Malvinas”
sino que he hablado siempre de las víctimas de Malvinas
que es toda esa juventud muerta en la guerra.
–¿Qué marcas dejó el exilio en
esos escritos?
–La enorme enseñanza de lucha. El exilio argentino
hizo más publicaciones en el exterior que el exilio
alemán contra el nazismo. Estamos orgullosos de eso.
Estamos orgullosos de los periódicos que hicimos. Y
siempre, en ese sentido, tengo que nombrar a Cortázar
y a Osvaldo Soriano que publicaban tal vez el principal periódico,
Sin censura, en París, con el cual yo siempre colaboré
con notas. Cuando volvimos, seguimos con el trabajo en la
defensa de los derechos humanos. Nos sumamos a los organismos.
–¿Qué significa formar parte del periódico
de Madres de Plaza de Mayo?
–Un orgullo. Una especie del placer de la verdad, del
placer de luchar por la vida, el orgullo de saber que lo hacemos
en beneficio de los que peor están en la sociedad,
de los que sufren más, y que nuestra voz es justamente
alertar sobre eso. Y decir, fundamentar, que la democracia
tiene que traer la felicidad para todos y no para un sector
de la sociedad y conformarnos. Se nos quiere hacer creer que
la democracia es solamente elegir candidatos cada dos años
y eso no. La democracia tiene que ser el respeto a los derechos
y a la igualdad de todos.
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