Consideración ideológica y leyenda
La
Revolución Bolivariana y otras formas de hacer cooperación
internacional
Por: Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)
Consideración ideológica
Sólo unos pocos países económicamente
desarrollados en el mundo (los que hacen parte del llamado
Norte: Estados Unidos, Europa Occidental, Japón, Canadá)
realizan cooperación internacional con las naciones
más pobres, con el Sur. El caso contrario, es decir:
cooperación desde el Sur hacia el Norte, no se da.
Pero la principal relación establecida entre Sur y
Norte no es de cooperación sino un saqueo despiadado
del primero a manos del segundo. Se calcula que, año
tras año, están saliendo desde los países
pobres del Tercer Mundo hacia las potencias desarrolladas
alrededor de 500.000 millones de dólares en concepto
de repatriación de utilidades de las empresas multinacionales
y por pago de la deuda externa. Esa sangría continua,
iniciada hace ya algunos siglos con el surgimiento del capitalismo
y llevada a límites extremos con el imperialismo durante
el siglo XX, ha creado un mundo divido por un abismo prácticamente
infranqueable. Las distancias entre Sur y Norte hoy día
se ven como insolubles, al menos dentro de la lógica
de la economía de mercado. Por eso, si se desea fomentar
un mundo más armónico, más equilibrado,
una tarea básica pasa por ir reduciendo esas diferencias
abismales. Por lo que se ve, sólo el socialismo podría
lograrlo. El capitalismo centrado en el lucro personal: no.
La cooperación internacional, inaugurada en la década
de los 60 del pasado siglo por el gobierno de Estados Unidos,
no es precisamente un mecanismo de solidaridad altruista.
Es, en todo caso -según un manual de operaciones del
Departamento de Estado de Washington-, 'una estrategia contrainsurgente'.
Es decir: una instancia no concebida a favor de los más
postergados, de los excluidos del mundo, sino un instrumento
de control social de los mismos. Constituye un apaga fuegos
ahí donde las condiciones de vida son tan paupérrimas
que pueden terminar provocando incendios (léase: rebeliones,
surgimiento de alternativas populares, revoluciones sociales).
Cuando eso sucede, ahí llegan los técnicos de
la cooperación internacional; son la limosna cristiana,
ni más ni menos. O, como se ha dicho: la cara buena
de la represión.
Después de casi medio siglo en que el Sur recibe asistencia
desde el Norte, la situación general de las poblaciones
-ello es más que palmario- nunca, en ningún
sitio, ha mejorado. Es más: comparativamente ha empeorado
con décadas atrás, más aún después
de la caída del campo socialista hacia fines del siglo
pasado.
Considerando que en la actualidad llegan unos 50.000 millones
de dólares anuales al Sur en calidad de ayuda no reembolsable
a través de las distintas instancias técnico-administrativas
destinadas para tal fin (cooperación gubernamental
bilateral, ayuda multilateral, aquella que se viabiliza a
través de Naciones Unidas, la aportada por fundaciones
y organizaciones no gubernamentales -ONG-), la comparación
entre lo que entra y lo que sale es trágica: entra
un 10 % de lo que se va. Por otro lado, de esa cifra global
que llega como supuesta asistencia, una muy buena parte son
gastos administrativos, y otra buena porción viene
amarrada a la compra de equipos de los países donantes,
es decir: es ayuda que nunca llega a destino, que jamás
sale del Primer Mundo.
Pero la consideración más deleznable de todo
el circuito de esta forma de la cooperación internacional
es el marco político en que se mueve. La cooperación
coopera, ante todo, con quien la da. Es una forma de reforzar
los lazos de dependencia, de sumisión de los más
pobres del Sur. Jamás nadie ha podido salir de la pobreza
-ni podrá, definitivamente- a través de la limosna.
Ella, para lo único que sirve en definitiva, es para
reforzar el círculo de la pobreza. Reafirma al rico
en su riqueza y al pobre en su condición de tal.
Aunque esa parafernalia de ONG's y organismos internacionales
ha pasado a ser parte del paisaje cotidiano de los países
más pobres -teniendo en cuenta que también pueden
encontrarse expresiones honestas de solidaridad… antes
de cumplir los 30, claro- su presencia no mejora lo sustancial
de la vida de las sufridas poblaciones. Lo cual demuestra
que más allá de ocasionales buenas intenciones,
la cooperación no está destinada a cambiar nada.
En todo caso, gatopardismo: 'cambiar algo para que no cambie
nada'. Pero hay otra forma de hacer cooperación. La
solidaridad realmente es posible, más allá de
la estereotipada imagen que en el Sur se pueda tener de los
tecnócratas 'blancos' que lo visitan con computadoras
personales y vehículos todo terreno, nueva imagen de
la colonización.
Con las enormes y criticables deficiencias que pueda -y deba-
achacársele al bloque socialista soviético que
se dio en el pasado siglo, vemos que había ahí
otro proyecto de cooperación. Y ni hablar de la que
realiza Cuba.
En esa sintonía puede inscribirse lo que está
llevando a cabo la Revolución Bolivariana con su modelo
de ayuda solidaria a los más pobres en el continente
americano, incluido Estados Unidos, y ahora también
la propuesta para el Africa. El modelo de integración
continental que propone -el ALBA: Alternativa Bolivariana
para las Américas- se inscribe en esa línea.
En vez de libre comercio: comercio justo y solidario; en vez
de dádivas condicionadas políticamente, intercambio
de igual a igual buscando no aprovecharse de las asimetrías
e intentar transformarlas.
Esto lleva a afirmar que la cooperación Sur-Sur sí
es posible; y no sólo desde una óptica de libre
empresa, como encara, por ejemplo, la burguesía brasileña.
Allí hay negocio y no otra cosa. La llegada carioca
al continente africano, por ejemplo, no está desarrollada
en función de un genuino espíritu de cooperación
horizontal entre los países más desfavorecidos.
Es trato comercial. Por eso, lo que impulsa la República
Bolivariana de Venezuela en el ámbito internacional
abre otras perspectivas y demuestra que sí, efectivamente,
otro mundo es posible. Todo es cuestión de querer apuntar
hacia él.
Petrocaribe, por ejemplo -'iniciativa político comercial
fundamentada en la conservación de los recursos no
renovables y agotables, la solidaridad compartida y la corresponsabilidad
social entre los pueblos tendente a asegurar el acceso a la
energía a un precio justo y razonable en el marco de
la integración energética regional con una visión
amplia que abarque no sólo lo energético sino
también lo social, lo tecnológico y lo cultural'-
ya está trabajando en función de criterios solidarios
y logrando ayudas energéticas para varios países
de la región caribeña: Antigua y Barbuda, Bahamas,
Barbados, Belice, Cuba, Dominica, Grenada, Guyana, Jamaica,
Santa Lucía, San Cristóbal y Nevis, San Vicente
y las Granadinas, Surinam, Trinidad y Tobago y República
Dominicana.
Por otro lado, la empresa CITGO, filial estadounidense de
Petróleos de Venezuela -PDVSA-, la gigante energética
nacional, otorga ganancias de más de 900 millones de
dólares anuales al estado venezolano; de esa cifra,
alrededor de 300 son destinados para ayuda a los sectores
más humildes dentro del mismo Estados Unidos en un
gesto inédito.
O los convenios de cooperación suscriptos con Cuba,
donde los dos países aprovechan sus potencialidades
y ambos, por igual, se benefician.
O el canal televisivo Telesur, apoyado en buena medida por
el presupuesto estatal de la República Bolivariana
de Venezuela, que contribuye así a generar una auténtica
alternativa cultural en Latinoamérica para todos, sin
exclusión.
Y los gestos de solidaridad se multiplican: ahí está
la reciente oferta del presidente Chávez en la VII
Sesión Ordinaria de la Asamblea de la Unión
Africana invitando a los distintos países que la componen
a sumarse al proyecto de Petrosur, una multinacional petrolera
de las naciones del Sur que podría competir de igual
a igual con las grandes transnacionales petroleras del Norte.
Podrá alegarse, como hace la derecha -venezolana y
mundial-, que todas estas iniciativas no son sino una forma
'demagógica' de ganar adeptos, de halar agua para el
molino del proceso venezolano en curso. Lo cual, en cierta
forma, no es in correcto: no hay ninguna duda que hoy Venezuela
lidera un proceso de cambio continental, y la búsqueda
de la integración latinoamericana es su norte más
preciado, para lo que la ayuda solidaria -similar a la que
otorga Cuba- es pieza fundamental. ¿Hay acaso algo
de malo en ello? ¿Por qué no buscar ayudar a
los amigos creando un bloque unitario?
Como vemos, entonces, otra manera de hacer cooperación
es posible. El socialismo del siglo XXI que se ha inaugurado
con la revolución venezolana, en definitiva, abre el
modelo de una nueva manera de relacionarnos y de cooperar
yendo más allá del lucro individual sobre el
supuesto de perjudicar al otro. Otro mundo es posible, sin
dudas.Leyenda: 'Anécdota del cooperante y el campesino'
Cuenta la leyenda que en algún país pobre del
Sur estábase un pastorcillo vigilando sus ovejas en
el medio de unas perdidas montañas cuando de pronto
apareció un helicóptero rompiendo la tranquilidad
del paisaje. De él descendió un hombre blanco,
rubio, de ojos celestes, alto, vestido con ropa deportiva
marca Nike, lentes de sol, portando una computadora portátil,
una cámara fotográfica digital de última
generación y teléfono celular. Acercóse
al pastor, a quien no le resultó muy grata esa intempestiva
llegada.
Hablando la lengua local con claro acento foráneo,
el visitante se dirigió al campesino diciéndole,
luego de un protocolar saludo:
-Lindas ovejitas, ¿no? Le hago una propuesta, amigo.
Yo le digo cuántos animales tiene usted aquí,
y si acierto, usted me regala una oveja.
El pastor aceptó. Ante lo cual, entonces, el visitante
sacó un largavistas, oteó el campo donde pastaban
los animales, hizo cálculos con su computadora -para
lo que debió conectarse a internet con una micro-antena
parabólica y luego de complejos cálculos matemáticos
ayudado con una calculadora solar le dio la cantidad exacta.
-Usted tiene 247 ovejas- dijo ampuloso el visitante.
Luego de un momento de reflexión, el pastor habló.
-Exacto. Ganó. Por tanto, cumplo con mi palabra. Vaya
y tome usted mismo la oveja que más desee- agregó.
Un instante después fue el pastorcillo quien tomó
la palabra, diciéndole al forastero.
-Le propongo lo siguiente. Si yo adivino qué profesión
tiene usted, me devuelve el animal.
El blanco visitante sonrió desconfiado, pero finalmente
aceptó.
-De acuerdo. ¿De qué le parece que trabajo?
Tras un momento de cavilar, el montañés contestó:
-Consultor de un organismo internacional -agregó triunfal-.
-Exacto. ¿Y cómo lo supo?
-Pues por varias razones: llegó aquí sin que
nadie lo llame haciendo gala de una tecnología que
a mí no me sirve y que, por el contrario, me hace sentir
empequeñecido, me dijo algo que yo ya sabía,
encima me cobró por eso. Y el detalle más revelador:
lo que agarró no fue una oveja, sino el perro.