Sobre Indígenas
y Movimientos:
introducción:
El
siguiente documento es una mas de las muchas "investigaciones"
que academicos, algunos con buenas intenciones y otros con
oscuros objetivos desde USA o desde Europa van al Perú
para observar a los movimientos indígenas...
Lucero y Garcia, son dos prestigiosos investigadores que tuvieron
la consideracion de contemplar otras voces opuestas a las
"oficiales" o que cuentan con apoyo, e integrarlas
a su analisis; cosa que los amerita.
En su artículo ellos hacen ver que hay ONGs y financieras
que con el mayor descaro vienen al Perú a decir "quienes
son los buenos o quienes los malos" entre los indigenas.
A intentar "certificarlos" y auscultarlos con pretendido
lenguaje academico, y a poner esos datos tendenciosos al servicio
de empresas, gobiernos y ONGs para sus acciones en el pais..
Documento, que si se lee entre lineas, muestra la intromision
para dividir al Movimiento Indigena peruano en el 2002 con
la accion conjunta del gobierno de Toledo y ONGs poderosas
como Oxfam America.
La manipulacion de las organizaciones indigenas de la Selva,
con tradicion de menor acervo politico, y la transformacion
de una ONG como CONACAMI en el "representante" de
las Comunidades, a nivel internacional, por la accion directa
del dinero de Oxfam-America, hasta el punto de constituirse
en la unica representante peruana en la autodenominada Coordinadora
Andina de reciente creacion.
Este documento, sin embargo no muestra otros atentados, que
salen de su alcance, como el intento de Oxfam America de constituir
un partido politico "indígena" con la citada
Conacami y Aidesep, que fracaso por la decidida oposicion
de los Ancaras, los quechuas rebeldes de Huancavelica.
Sobre
Indígenas y Movimientos: Reflexiones sobre la autenticidad
indígena, los movimientos sociales y el trabajo de
campo en el Perú contemporáneo*
José Antonio Lucero
Temple University
María Elena García
Sarah Lawrence College
En
mayo del 2003, viajamos a Cochabamba, Bolivia para presentar
un trabajo que preparamos conjuntamente para una conferencia
sobre movimientos indígenas en América Latina.
Nuestra ponencia examinaba la reciente movilización
indígena en el Perú y respondía críticamente
a la afirmación, común entre estudiosos, de
que el Perú representaba un caso sorprendente de “ausencia”
de movimientos indígenas (García y Lucero 2003).(
1 )
A nuestro parecer, la mayoría de los análisis
del caso peruano ignoraban la variedad e intensidad de actividad
política indígena en este país, prefiriendo
en su lugar centrarse en la aparente falta de habilidad organizativa
de los indígenas para formar alianzas nacionales (Gelles
2002, Remy 1994, Yashar 1998). En un sinnúmero de conferencias
y publicaciones de la última década dedicadas
al “retorno del indio” (Albó 1991), el
caso peruano aparece sencillamente como una simple interrogante;
una excepción que confirma la regla general de incremento
de la visibilidad política indígena (por ejemplo,
Albó 2002).
Nuestra ponencia se basó en dos experiencias de trabajo
de campo en el Perú: la investigación doctoral
de García (realizada entre 1996 y 1999) sobre la política
de educación intercultural para comunidades indígenas
en el departamento del Cuzco, y un viaje de investigación
realizado por García y Lucero (en junio del 2002) centrado
en explorar la política de las organizaciones indígenas.
Durante este último viaje, conocimos por primera vez
a nuevas e importantes organizaciones como la Coordinadora
Nacional de Comunidades del Perú Afectadas por la Minería
(CONACAMI) y la Conferencia Permanente de los Pueblos Indígenas
del Perú (COPPIP).( 2 )
Ya estábamos familiarizados con movilizaciones a escala
local y transnacional, pero lo que nos llamó la atención
de forma más inmediata fue lo que ocurría a
nivel nacional. Además de la aparición de la
CONACAMI y la COPPIP, una nueva agencia estatal, la Comisión
Nacional para los Pueblos Andinos, Amazónicos y Afroperuanos
(CONAPA) dirigida (en ese entonces) por la primera dama Eliane
Karp, parecía abrir las puertas hacia un cambio real.(
3 ) En medio de esta efervescencia de actividad política,
indudablemente existían tensiones tanto dentro como
entre las distintas organizaciones. En este capítulo,
en un espíritu autocrítico, nos enfocamos en
nuestras propias interpretaciones sobre esas tensiones, y
en sus consecuencias e implicaciones. Esta perspectiva autocrítica
es útil para revelar algunos de los mecanismos culturales
y políticos que funcionan a través de los saberes,
prácticas y disciplinas que constituyen lo que, siguiendo
a Arturo Escobar, podríamos llamar los (des)encuentros
del desarrollo. Los académicos, tanto como agentes
del estado o de la cooperación internacional, juegan
un papel en los procesos de “autentificación”
que indagamos en este trabajo. Usando nuestra experiencia
como ejemplo, exploramos algunos de los riesgos intelectuales
y políticos que surgen al diferenciar entre actores
“auténticos” y “no-auténticos.”
Para simplificar un escenario complejo, en el ensayo que presentamos
en Cochabamba ofrecimos una visión favorable de las
organizaciones que usaban los tipos de redes sociales transnacionales
que han sido bien acogidas por estudios recientes (Brysk 2000,
1996; Keck y Sikkink 1998; Santana y Morín 2003). Nos
mostramos mucho más escépticos en cuanto a las
organizaciones e individuos que parecían retener elementos
de la ideología indianista, es decir, aquella que proclama
un nacionalismo indígena más esencialista y
radical (Lajo 2005; Smith 1983; Albó 2002). Aunque
la ponencia fue bien recibida por muchos de los participantes
en la conferencia, los comentaristas del panel, una líder
aymara del Perú y un líder quichua del Ecuador,
estaban claramente molestos por nuestra interpretación,
la cual mostraba a algunas organizaciones de manera más
favorable que a otras. Aunque ambos comentaristas compartían
nuestra crítica de las descripciones prevalecientes
(de la “ausencia peruana”) ambos a su vez respondieron
críticamente a nuestra selección de voces. A
algunos de los líderes a quienes nosotros percibíamos
como profesionales y representativos, ellos los veían
como políticamente comprometidos y poco auténticos.
En cambio, a los líderes a quienes nosotros describíamos
como indianistas radicales y aislados, ellos los veían
como orgánicos y auténticos.
Este capítulo cuestiona las premisas e ideas que llevaron
a este encuentro con críticos e intelectuales indígenas.
Nuestro enfoque se concentra en los “autentificadores”
de la política y de la identidad indígena (Mires
1991; Wade 1997; Warren y Jackson 2002). ¿A qué
consideramos un movimiento indígena? ¿Quién
es un representante “legítimo” de los asuntos
indígenas? ¿Cómo deberíamos nosotros
como científicos sociales enfrentar, investigar y escribir
sobre movimientos indígenas? En un esfuerzo por responder
a estas preguntas ofrecemos en las páginas siguientes
un análisis (autocrítico) de un momento en la
política indígena peruana.
Aproximándose a Perú: escribiendo contra
la ausencia.
Como
ya ha sido ampliamente documentado, las dos décadas
entre 1980 y 2000 fueron años de violentos conflictos
políticos y de gobierno autoritario en el Perú
(véase por ejemplo Poole y Rénique 1992; Stern,
ed. 1998; Manrique 2002). La violencia y el terror de la guerra
entre el estado y las fuerzas de oposición de izquierda
(especialmente Sendero Luminoso) resultó en aproximadamente
70,000 muertos, según el reciente (2003) informe de
la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR).
Según expertos, este contexto de represión y
conflicto explica en gran parte el por qué de la relativa
ausencia de movilización política de la población
indígena. En comparación con sus vecinos (particularmente
Ecuador y Bolivia), el Perú parecía carecer
de una presencia visible de confederaciones indígenas
a nivel nacional tal como la Confederación de Nacionalidades
Indígenas del Ecuador (CONAIE) o la Confederación
de Pueblos Indígenas de Bolivia (CIDOB).
Para algunos expertos, esta falta de actividad social estaba
muy relacionada con un ambiente político peruano mucho
más hostil que en otros países andinos y, por
lo tanto, con una estructura de oportunidad política
más restringida (Albó 1991, 2002; Yashar 1998).
Otros estudiosos han estado menos interesados en explicar
la “ausencia” (o el caso “negativo,”
en la jerga de la ciencia política) y más centrados
en capturar las dinámicas culturales particulares que
históricamente han caracterizado las relaciones étnicas
y raciales en el Perú. Para ellos, por ejemplo, el
uso de etiquetas izquierdistas en la formación de la
identidad del “campesino” rural, la apropiación
de historias y mitos incaicos por parte de las élites,
y la compleja naturaleza del mestizaje peruano y la migración
interna han producido identidades intersticiales que se oponen
a ser clasificadas como simplemente indígenas o no-indígenas
(Degregori 1998; De La Cadena 2000; Gelles 2002).(
4 ) En efecto, la naturaleza conflictiva de las identidades
raciales peruanas (¿quién es realmente “indígena”?)
se halla en el centro de los debates más recientes
sobre la política indígena. Tal y como comentaba
un intelectual que se autodefinía como quechua, “[en
el Perú] queda mucho camino por recorrer. Antes de
que podamos organizarnos como población indígena,
debemos ser población indígena” (citado
en García 2005: p. 135). A diferencia del Ecuador,
donde indígena se ha convertido en una identidad política
común tanto entre las poblaciones de las tierras altas
como las tierras bajas, el mapa racial y regional del Perú
se caracteriza por la existencia de un vocabulario inestable
en continuo cambio, que incluye etiquetas tales como campesino,
andino, mestizo, nativo e indígena. La complejidad
de la identificación racial y étnica en el Perú
ha sido interpretada por muchos expertos como la carencia
de una identidad indígena consolidada que hace extremadamente
complicado hablar de un movimiento indígena.(
5 )
Si bien estas observaciones contienen numerosos elementos
persuasivos respecto al análisis de las diferentes
comunidades andinas, es nuestra opinión que estas narraciones
del excepcionalismo peruano contienen también algunos
inconvenientes importantes. Al privilegiar organizaciones
de movimientos sociales a nivel nacional, los expertos tienden
a minimizar la importancia de protagonistas locales y regionales
que han tenido un verdadero impacto en la política
indígena nacional y transnacional. A partir del trabajo
de García (2005) sobre la política educacional,
hemos aprendido que tanto padres quechuas en comunidades locales
como intelectuales indígenas en institutos transnacionales
han estado asociados con luchas importantes sobre el contenido
y la implementación de políticas de educación
intercultural bilingüe. De manera similar, otros estudiosos
han documentado las formas en que actores locales se involucran
y transforman agendas de desarrollo transnacionales, en algunos
casos de manera dramática (Edelman 1999; Gelles 2000).
Además, en términos históricos, las organizaciones
amazónicas tienen una tradición más larga
en el Perú que en muchos lugares del Ecuador o Bolivia,
siendo el Congreso Amuesha una de las primeras organizaciones
indígenas que se formaron en el continente en los años
sesenta (Smith 1983, 2002). En la sierra, grupos indígenas
se han unido tanto en federaciones como en rondas campesinas
en tiempos de inestabilidad política (Starn 1999).(
6 ) Por lo tanto, etiquetar el complejo y variado patrón
de políticas indígenas como “ausencia”
o “fracaso” parecía olvidar partes importantes
de la historia.
Este escepticismo sobre el excepcionalismo peruano fue reforzado
por el desarrollo político peruano tras la caída
de Alberto Fujimori que pareció sugerir los comienzos
de una apertura democrática en el Perú. Más
aùn, el trabajo de la CVR (2001-2003) centró
la atención nacional sobre los horrores vividos especialmente
por indígenas y campesinos, y dio lugar a una conversación
a nivel nacional sobre los derechos de los indígenas
peruanos. Aunque creímos que esta apertura influenciaría
la política indígena en el país, queríamos
resistir caer en el discurso teleológico de algunos
observadores que pensaron que Perú estaba simplemente
incorporándose al movimiento general de la región
del “retorno” de los indígenas a la escena
política nacional. Aun así, fuimos a Perú
para realizar un corto trabajo de campo, esperando encontrar
un paisaje político que contrastase con las desoladas
descripciones presentadas por algunos expertos.
Oxfam América, al ser un actor importante en las redes
políticas indígenas de América Latina,
con su oficina regional en Lima alimentó también
estas altas expectativas. En nuestros trabajos anteriores,
la labor de Oxfam,( 7 ) una de
las primeras patrocinadoras internacionales de organizaciones
como CONAIE, nos impresionó de forma positiva. Los
profesionales de Oxfam han sido clave en la aportación
de información en las investigaciones de Lucero (y
otros) sobre movimientos indígenas en Ecuador y Bolivia
(Lucero 2002; Andolina 1999). Previamente, también
nos habíamos reunido con el equipo de Oxfam durante
un viaje de investigación en el 2001, y les habíamos
invitado a participar en una conferencia sobre política
indígena y desarrollo en Latinoamérica que tuvo
lugar ese mismo año en la Universidad de Princeton
(E.E.U.U.). Tal y como es de esperar, muchos de los miembros
del equipo Oxfam no sólo son profesionales que facilitaron
nuestra investigación, sino además son amigos.
Es por ello normal que cuando llegamos a Lima en junio del
2002, nuestra primera parada fue la oficina de Oxfam.
Teniendo en cuenta que sólo nos quedaríamos
unas pocas semanas en el país, aceptamos con gusto
la ayuda de Oxfam para conseguir las entrevistas con muchas
de las organizaciones indígenas establecidas en el
país, tanto nuevas como antiguas. Nos interesaban los
puntos de vista de Oxfam y los de estas organizaciones sobre
los cambios en la relación entre sociedad y estado
en el Perú. Mayores detalles sobre la situación
que encontramos se encuentran descritos en el ensayo que presentamos
más tarde en Cochabamba. No obstante, una breve descripción
del papel del estado y del surgimiento de nuevos actores indígenas
nos ayudará a contextualizar el conflicto de opiniones
que surgió en la reunión de Bolivia.
Basado en entrevistas y fuentes secundarias, rápidamente
nos resultó evidente que el período posterior
a la caída de Fujimori, y anterior a la elección
de Alejandro Toledo, fue un momento crucial para el movimiento
indígena. La administración interina de Valentín
Paniagua respondió al llamado de los líderes
indígenas amazónicos al crear mesas de dialogo
que atrajeron a expertos y líderes indígenas
de todo el país para discutir las necesidades y demandas
de diversas comunidades. Este período fue descrito
como una “ventana de oportunidad” para los derechos
indígenas, que parece cerrarse (un tanto sorprendentemente)
con la elección de Alejandro Toledo en el 2001.
A pesar de hacer alarde de su pasado andino, sobretodo con
la ceremonia sin precedentes efectuada en Machu Picchu como
parte de su inauguración, Toledo parece dar menos atención
a los asuntos indígenas que su predecesor. Su esposa,
Eliane Karp, jugó un rol mucho más visible en
la elaboración de respuestas estatales a las demandas
indígenas al presidir la nueva agencia para asuntos
indígenas y Afroperuanos, CONAPA, frecuentemente llamada
“comisión Karp.”(
8 ) (Karp renuncio su cargo en el 2004). CONAPA buscó
canalizar el nuevo fondo internacional (un notable préstamo
del Banco Mundial por cinco millones de dólares) hacia
la creación de una nueva agenda de desarrollo para
comunidades indígenas y Afroperuanas, establecer un
espacio de representación indígena en el gobierno
de Toledo, y avanzar en la discusión sobre reformas
constitucionales multiculturales. Algunos, incluso el ex-director
de Oxfam, Martin Scurrah, y varios líderes indígenas,
vieron a la comisión Karp como un espacio importante
y visible para los asuntos indígenas (Martin Scurrah,
entrevista, 2002). Otros, sin embargo, criticaron el paternalismo
de prácticas tales como el nombramiento de los miembros
de la comisión hecho por la misma Karp y el peligro
potencial de subordinación de las organizaciones indígenas
al estado (Benavides 2001,Richard Smith, entrevista, 2002,
Patricia Oliart, entrevista, 2002).
Además de los nuevos cambios en políticas de
estado, ocurrieron también importantes adelantos en
la sociedad civil. Uniéndose a antiguas organizaciones
amazónicas, como lo es la Asociación Interétnica
de Desarrollo de la Selva Peruana (AIDESEP), CONACAMI, una
nueva organización de la sierra, ganó relevancia
en discusiones sobre movilizaciones indígenas. CONACAMI
estaba primordialmente enfocada a investigar el impacto de
la minería en comunidades de la sierra y estaba lejos
de ser una réplica de las federaciones de la Amazonía
peruana y de otros países. Sin embargo, como CONACAMI
representaba a varias comunidades de la sierra de habla Quechua,
distintos actores incluyendo a Oxfam, describieron a CONACAMI
como un importante homólogo andino de las federaciones
amazónicas. Interesantemente, Oxfam patrocinó
una serie de intercambios entre líderes de organizaciones
ecuatorianas, bolivianas y peruanas que incluyeron a CONACAMI
y varios otros protagonistas indígenas más “establecidos”
como por ejemplo CONAIE y el nuevo Consejo Nacional de Ayllus
en Bolivia (CONAMAQ). Adicionalmente, CONACAMI junto con AIDESEP
y otros eran parte de una nueva organización nacional
conocida como la Coordinadora Permanente de los Pueblos Indígenas
del Perú (COPPIP).
Al reportar estos hallazgos a nuestros colegas indígenas
y no indígenas en Cochabamba se inició un diálogo
sobre la naturaleza precisa de estos nuevos desarrollos y
estas organizaciones nacionales. Tal como lo comentamos más
adelante, nuestros críticos indígenas nos permitieron
desarrollar una visión más compleja acerca de
la “ausencia” peruana. Mas aún, su crítica
puso de alto relieve la forma en que nuestra propia posición
dentro de las redes sociales influyó nuestra narrativa
sobre las políticas indígenas peruanas. Obtuvimos
una lección importante sobre la “posicionalidad”
etnográfica cuando nos dimos cuenta de que COPPIP no
era una sola organización, sino dos. Las tensiones
entre estas dos COPPIPs y nuestra falla inicial de no percibirlas
dice mucho sobre el proceso de “autenticar” protagonistas
indígenas y la importancia de una investigación
comprometida y auto-reflexiva.
Respuestas Indígenas: lecciones sobre la incertidumbre
antropológica
Nos enteramos por primera vez de la existencia de COPPIP,
una organización nacional indígena y precisamente
aquello que la mayoría de los estudiosos decía
estar ausente, a través de entrevistas en Oxfam y con
miembros de la organización CONACAMI. Estas entrevistas
sugerían que, aunque todavía en etapas tempranas,
esta “conferencia permanente” ofrecía la
posibilidad de una mayor organización pan-regional
parecida a la de otros países. Para enterarnos mejor
de los fines de esta organización, pedimos una cita
con el (entonces) nuevo secretario técnico de la COPPIP,
Jorge Agurto. Agurto, un consultor no-indígena, tenía
una historia de colaboración con organizaciones indígenas
tanto en asuntos políticos como legales, y era altamente
versado en el contexto internacional y regional de las políticas
indígenas. Su oficina se encontraba en la sede central
del AIDESEP, la organización amazónica, y su
autoridad como consultor nos parecía evidente. Agurto
nos recibió calurosamente, nos proporciono respuestas
detalladas a todas nuestras preguntas y nos presentó
un relato fascinante sobre la evolución de COPPIP.
Su narrativa de la trayectoria de COPPIP fue ratificada por
las versiones ofrecidas por nuestros contactos en Oxfam, CONACAMI,
y el Instituto del Bien Común, una ONG relativamente
nueva presidida por Richard Chase Smith, quien anteriormente
fuera jefe de los programas indígenas de Oxfam.
El relato, someramente, fue el siguiente. COPPIP fue concebida
durante una reunión llevada a cabo en Cuzco en 1997
;( 9 ) se estableció como
una “conferencia” que proporcionaría un
espacio no-jerárquico en el que una variedad de organizaciones
indígenas pudieran congregarse, sin ceder a su autonomía
o identidad, y discutir asuntos de interés común.
Como era un espacio de interacción tanto para las organizaciones
de la sierra como de la Amazonía, atrajo una considerable
atención transnacional así como el apoyo de
fondos norteamericanos y europeos. Sin embargo, las cosas
se complicaron cuando el cargo de secretario técnico
pasa de Agurto a Javier Lajo.( 10 )
Javier Lajo es un activista e intelectual Puquina con una
larga trayectoria en el movimiento indígena peruano,
y una persona controversial, según algunas fuentes.(
11 ) Tal como numerosas personas nos habían
informado, Lajo estuvo afiliado con la antigua organización
indianista conocida como el Consejo Indio de Sudamérica
(CISA).( 12 ) CISA, durante los
años ochenta, proclamaba hablar a nombre de las comunidades
indígenas, a pesar de que sus críticos argumentaban
que CISA tenía escasos vínculos con el ambiente
rural y tenía un discurso radical más cercano
al anti-colonialismo de pensadores como Frantz Fanon y Fausto
Reinaga que a las demandas de líderes indígenas
locales (Albó 2002; Smith 1983, 2002). Tal como algunos
estudiosos han notado, las voces indianistas eran alzadas
pero no necesariamente representativas (Albó 2002;
Smith 1983, 2002; Montoya 1998). Asimismo en el Perú,
donde las identidades étnicas están frecuentemente
sujetas a debate, cualquier duda sobre la autenticidad de
identidades indígenas puede tener consecuencias políticas
significativas. Efectivamente, para muchos estudiosos y fundadores
de organizaciones indígenas, la filiación de
Lajo con corrientes indianistas fueron tomadas como pecados
de su pasado. Sus pecados del presente, según estos
críticos, tenían que ver con su presunta cercanía
a Eliane Karp “por su común filiación
romántica y esencialista” y con el perceptible
uso de sus conexiones políticas para asegurar trabajos
y fondos para aquellos cercanos a él. Según
algunas personas familiarizadas con la controversia, la “mala
administración” de COPPIP por parte de Lajo(
13 ) implicó una pérdida de apoyo y de
fondos internacionales, incluyendo el respaldo de Oxfam. No
fue hasta que Lajo fue “despedido”—según
las personas que entrevistamos—y que Agurto regresó
a su puesto de secretario técnico –según
también nuestros informantes- que los recursos transnacionales
de COPPIP fueron reestablecidos. Esta fue, más o menos,
la historia contada en Cochabamba. Tal como trascendió
mas tarde, esta era (como nosotros deberíamos haber
supuesto) solo una versión de la historia.
La conferencia a la que asistimos en Cochabamba era de alguna
manera el lugar ideal de reunión para una discusión
de política indígena. Contrario a otras conferencias
académicas sobre asuntos indígenas, en ésta
las personas indígenas no eran simplemente objetos
de análisis sino que eran activos participantes en
discusiones y debates. Patrocinado por diversas ONGs locales
y el PROEIB Andes (un programa de postgrado para estudiantes
indígenas de diversos países Sudamericanos)
y llevada a cabo en Bolivia (donde aproximadamente 60-70%
de la población es indígena) los paneles y presentaciones
eran más que otro encuentro académico. Con ponentes
y comentaristas indígenas, este fue un espacio apasionante
y ligeramente intimidante en donde podríamos compartir
nuestras tentativas conclusiones sobre la política
peruana. A pesar de la naturaleza horizontal y participativa
de la conferencia, existía una preocupación
con la incidencia de legados coloniales en un espacio en el
cual muchos de los panelistas eran profesores extranjeros
y no-indígenas (sobre todo de Estados Unidos y Europa),
mientras que muchos de los comentaristas eran estudiantes
indígenas. Adicionalmente, había una distinción
entre activistas indígenas (muchos de los cuales participaban
en el programa de postgrado del PROEIB) y estudiantes de políticas
indígenas (muchos de los cuales residen en diversas
partes del “primer mundo”). Tal como uno de los
participantes indígenas subrayó durante una
de las sesiones de la conferencia, “Una cosa es hacer
un viaje de miles de kilómetros y contárselo
a otros, y otra cosas es contar el viaje sin ni siquiera haberlo
hecho.” Aunque nunca hostil, comentarios como este sirvieron
para desafiar la autoridad de “expertos externos.”
Aun así, este tipo de encuentros entre observadores
y activistas indígenas, no-indígenas, latinoamericanos,
norteamericanos, y europeos prometía ser el tipo de
espacio sobre el cual los antropólogos han insistido
con toda razón; un espacio que busca descolonizar la
división etnográfica y académica entre
norte y sur, “academia” y “campo”
(ver por ejemplo Stephen 2002 y Warren 1998a). En este espíritu,
estábamos ansiosos de escuchar las reacciones de los
participantes y comentaristas de la conferencia durante nuestro
panel.
Previamente a nuestro panel, nos habíamos reunido brevemente
con nuestra comentarista, Brígida Peraza, una joven
Aymara peruana líder de la Unión de Comunidades
Aymaras (UNCA), dándonos la impresión de que
tenía una fuerte reacción en contra de nuestro
ensayo. A pesar de que concordaba con nuestra principal queja
sobre el concepto de la falta de representatividad indígena
peruana, ella no estaba de acuerdo con nuestra narrativa sobre
la evolución de COPPIP, como tampoco con las opiniones
en las cuales basamos nuestra investigación. Las fuentes
de Oxfam, a su parecer, no eran las más objetivas.
Adicionalmente, el indianismo de Javier Lajo no era tan marginal
como nosotros sugeríamos.
El otro comentarista de nuestro panel, Luis Maldonado del
Ecuador, tuvo también diversas reacciones a nuestro
ensayo, que compartió con nosotros después de
que el panel había concluido. Maldonado era uno de
los líderes indígenas más conocidos que
participaban en la conferencia; había sido un miembro
importante del circulo íntimo de la CONAIE y había
liderado instituciones tanto del estado como multilaterales.
En Ecuador, había recibido nombramientos a nivel ministerial
como secretario ejecutivo del Consejo de Nacionalidades y
Pueblos del Ecuador (CODENPE) y como Ministro de Bienestar
Social del gobierno de Novoa. Mas tarde, Maldonado había
sido escogido para dirigir el Fondo Indígena, instancia
multilateral con sede en La Paz, Bolivia. En resumen, él
era parte de un grupo, relativamente recién formado,
de élites indígenas transnacionales; compartía
muchas de las preocupaciones de Peraza y estaba particularmente
molesto por la forma en que habíamos caracterizado
a intelectuales indígenas como Lajo.
Hubieron muchas reacciones favorables a nuestro ensayo durante
la sesión de preguntas y respuestas posterior a nuestra
presentación, la mayoría provenientes de nuestros
colegas norteamericanos. Por otra parte, los comentarios de
Peraza ayudaron a generar una sana discusión sobre
escritos anteriores acerca de la política peruana y
nuestras propias conclusiones provisionales sobre los recientes
cambios. Después de escuchar las acotaciones y críticas
de los comentaristas indígenas y otros participantes,
muchos de los inconvenientes de nuestro ensayo nos resultaron
evidentes. Si bien nosotros defendimos muchas de nuestras
conclusiones, reconocimos también que las partes mas
críticas de nuestra descripción no deberían
haber sido personalizadas, culpando a una o dos personas,
como fue el caso de Javier Lajo, con quien no tuvimos la oportunidad
de conversar durante nuestro viaje de investigación.
Les aseguramos a ambos comentaristas que esta era tan solo
una versión preliminar de nuestra investigación
y que sus comentarios serían parte del siguiente borrador,
el cuál empezaríamos a escribir tan pronto regresáramos
a los Estados Unidos.
Algunos días después de nuestra llegada, recibimos
un mensaje de Lajo, quien claramente había tomado nuestro
ensayo seriamente. Él no sólo escribió
una enfurecida misiva, sino también se extendió
en un reseña de 13 páginas sobre nuestro ensayo
que titulaba “Comentarios sobre ‘Un Pais Sin Indígenas
(UPSI): Invisibilidad Indígena en el Perú”
(Lajo s.f.). Antes de resumir el extenso dialogo que surgió
de esta correspondencia es necesario acotar que el tono de
nuestro intercambio evolucionó desde una ira personalizada
pasando por una reconsideración cívica hasta
llegar a una colaboración amistosa. Es mas, este “proceso
de revisión” fue más útil y enriquecedor
que aquellas que usualmente se privilegian en los círculos
académicos. Pero todo no comenzó de esta manera.
La carta inicial de Lajo nos informaba que nuestro ensayo
le fue enviado por los “hermanos y hermanas indígenas”
que estuvieron presentes en la conferencia quienes estaban
alarmados por el contenido de lo que Lajo abrevió como
UPSI (del titulo de nuestro ensayo). Notando que muchas de
nuestras afirmaciones eran “falsas o inexactas,”
indicaba que sentía la necesidad de respondernos puesto
que él había sido presentado en el “peor
rol de la película” con “acusaciones “difamatorias
y malévolas.” Peor aun, según él
habíamos presentado a Richard Chase Smith, Oxfam América,
y a otras “agencias extranjeras” y “antropólogos
yanquis” como los “salvadores” de los pueblos
indígenas. En su primera carta, Lajo se dirigió
hacia nosotros como aquellos quienes buscan “liquidar,
bombardear, y enterrar la perspectiva indianista en Perú
y Sudamérica.”
La noticia de que nosotros pudiéramos ser considerados
como eliminadores de algo era en sí mismo chocante
y la idea de que tomamos parte de las fuerzas antropológicas
imperialistas en contra de los indígenas locales provocó
una fuerte reacción emocional en nosotros. Nos sentimos
incomprendidos y difamados, pero luego nos dimos cuenta que
era esto precisamente lo que Lajo describía como su
propia reacción. En vez de sucumbir a una defensiva
académica, intentamos ir más allá de
los malentendidos y tomar ventaja de la oportunidad para aclarar
nuestra posición y aprender más sobre la suya.
En nuestra respuesta a Lajo, reconocimos y nos disculpamos
por no obtener su perspectiva, o la de cualquier otro líder
indianista, durante el curso de nuestras entrevistas. Asimismo,
destacamos nuestro trabajo previo con comunidades indígenas
y organizaciones en Ecuador, Bolivia, y Perú para aclarar
que tomábamos muy seriamente su acusación de
estar haciendo una ciencia social “yanqui” más
preocupada con las demandas profesionales del Norte que con
las realidades del Sur. Finalmente, le solicitamos su ayuda
para corregir las parcialidades que notamos en nuestro ensayo,
haciendo claro al mismo tiempo que nosotros probablemente
sí discrepábamos con algunas interpretaciones.
Resumiendo las lecciones de una larga correspondencia, aprendimos
mucho sobre la turbulenta trayectoria de COPPIP, obtuvimos
una nueva perspectiva en el debate sobre el rol del indianismo,
y profundizamos nuestra disputa central sobre el poder de
autentificación de las ONGs y las ciencias sociales.
Repensando Representaciones Indígenas: El “Otro”
COPPIP
Uno de los hallazgos más importantes que presentamos
en nuestro ensayo en Cochabamba fue la emergencia de COPPIP,
una organización nacional indígena en el Perú
que congrega organizaciones de los Andes, la costa, y de la
amazonía por primera vez. Tal como hemos reportado
más arriba, nuestras entrevistas sugerían que
esta “Conferencia Permanente” nació en
el Cuzco en 1997, perdió fondos internacionales debido
a problemas de liderazgo al término de la década,
y fue reconsolidada en el 2002 bajo un nuevo liderazgo que
reestableció lazos transnacionales.(
14 ) Supimos después de la reunión en
Cochabamba que la Conferencia sería “promovida”
al estatus de Coordinadora dando a la floja ensambladura una
presencia más institucionalizada. La “nueva”
COPPIP (Coordinadora) estaba precedida por Miguel Palacín,
quien era también el presidente de CONACAMI, la nueva
federación andina. COPPIP y CONACAMI eran, en nuestra
apreciación, elementos importantes para la nueva representación
indígena en el Perú. Mientras que esta visión
era compartida con otras federaciones regionales (como por
ejemplo AIDESEP) y ONGs transnacionales (como Oxfam), otros
sectores en el movimiento indígena peruano tenían
una opinión diferente.
Durante el curso de nuestra correspondencia con Lajo, nos
enteramos de una historia distinta sobre los cambios en COPPIP.
A diferencia de la historia que habíamos escuchado
sobre una “Conferencia” transformándose
en “Coordinadora,” Lajo y otros sugieren una narrativa
de ruptura, no de evolución. Pronto nos encontramos
en las listas electrónicas de dos organizaciones, ambas
utilizando las mismas siglas. Perplejos por esto, escribimos
a la “otra” COPPIP, aquel que no era encabezada
por Palacín (y apoyada por Oxfam) y preguntamos si
alguien pudiera clarificar este aparente caso de doble identidad.
La respuesta de un miembro de COPPIP (Conferencia) llegó
con rapidez y dureza (y vale la pena citarla aquí ):
La diferencia entra la falsa COPPIP-Coordinadora y la
auténtica COPPIP-Conferencia [son las siguientes]:
1. COPPIP-Coordinadora es una COPPIP-títere, una
marioneta de los fundadores norteamericanos la cual en una
alianza … con las élites Karp intentaron y
dotaron la división de la Conferencia Permanente
de los Pueblos Indígenas del Perú. Hoy en
día esta alianza corrupta se ha quebrado y estamos
viviendo sus consecuencias: dos facciones disputando el
control de unos $5 millones de préstamos del Banco
Mundial. 2. Nuestra central indígena fue fundada
en diciembre de 1997, en Cuzco con el nombre de Conferencia.
3. En contraste, la Coordinadora (COPPIP falsa o COPPIP
títere) fue fundada solamente el año pasado
[2003] a través de una inscripción en el Registro
Publico de Lima donde cuatro organizaciones, una organización
indígena (AIDESEP) mas tres ONGs (ADECAP, CHIRAPAQ,
y CONACAMI), expropiaron dolosamente, en complicidad con
Palacio de Gobierno, nuestro acrónimo COPPIP, uno
que ya estaba reservado… Esta conducta irregular,
extraña en cualquier organización indígena,
tomo lugar porque las organizaciones extranjeras, como por
ejemplo Oxfam-América, las controló. Ellos
son capaces de presionar a fundadores indigenistas y compañías
mineras. Ellos quieren manipular al pueblo indígena
y permitirles convertirse en certificadores sobre cuestiones
medioambientales, permitiéndoles elegir a quienes
aprueban o rechazan permisos y estudios de impacto medioambientales…
(Aranwan 2003, comunicación personal).
Este resumen continúa por varias páginas y
prosigue con una petición de ayuda para investigar
sus acusaciones en contra de protagonistas “extranjeros”
en general y Oxfam en particular. Explicando que se necesita
un estudio serio del trabajo de Oxfam, se nos pregunta en
el mensaje que si, como científicos sociales, pudiéramos
explorar las acusaciones de que Oxfam subvierte a los movimientos
andinos de manera de mantener aislados a los movimientos indígenas
de la costa; que trabaja en coordinación con compañías
mineras, y que no solo controla a líderes individuales,
sino también busca implementar los criterios para la
autenticidad y legitimidad de las organizaciones indígenas.
La carta nos urge comparar la ideología de Oxfam con
la de conocidos pensadores indianistas como, por ejemplo,
Javier Lajo y Felipe Quispe, el líder aymara de Bolivia,
quien ha hecho un llamado para la creación de un estado
indígena independiente. Aranwan, el autor de la carta,
explica:
Los teóricos de Oxfam nos han asegurado que los
proyectos de este movimiento indianista no son auténticos.
Por ejemplo, ellos reclaman que CONAMAQ, una confederación
boliviana financiada y controlada por Oxfam, es auténtica.
Pero esto es desconcertante. ¿Como puede haber una
fuerza política mas radical que Felipe Quispe?; la
única respuesta es que el radicalismo y hasta racismo
de CONAMAQ esta siendo “sembrado” para dividir
y deslegitimar al movimiento del Mallku, y porque no, también
al de Evo Morales. Todo esto es para decir que agencias
donantes norteamericanas y controladores están juzgando
quien es indígena y quien no lo es. Un estudio científico
de esto bien merecería la pena. (Aranwan, 2003, comunicación
personal).
El presente ensayo no es una tentativa en responder el llamado
de investigar a Oxfam, como tampoco una afirmación
de ser capaces de decir con certeza que parte de la división
de COPPIP es la correcta. Sin embargo, sí pensamos
que es valioso explorar algunos de los importantes temas que
esta controversia ofrece.
Reflexiones sobre estructuras, modelos y métodos
En un articulo de 1983 sobre organizaciones indígenas,
Richard Chase Smith sugirió que organizaciones étnicas,
campesinas, e indianistas variaban en términos de su
identidad, autonomía y representatividad. Como Smith
fue por muchos años una de las manos dirigentes de
Oxfam América, su tipología es útil para
entender las asociaciones y decisiones que Oxfam América,
y probablemente otras ONGs internacionales toman con respecto
al respaldo de la causa indígena. En su tipología,
la identidad colectiva de organizaciones “campesinas”
e “indianistas” eran entendibles a través
de oposiciones ideológicas de análisis de clase
(trabajadores vs. capital) y radicalismo anticolonial (colonizadores
vs. colonizados). Las federaciones étnicas estaban
menos vinculadas a este tipo de grandes teorías y poseían
nociones de identidad mucho más amplias. En términos
de autonomía, todas las organizaciones respondían
en algún grado a los intereses de “afuera”
si bien los indianistas eran mas vocales en rechazar “alguna
alianza con grupos foráneos que pudieran ser ‘matizados’
con una denominación no india” (Smith 1983:34).
Referente al último punto, representatividad, Smith
deja en claro que a diferencia de las federaciones étnicas
o campesinas, la usual organización indianista urbana
tendía a la falta de conexiones con bases rurales y
por lo tanto era “la menos” representativas de
los tres tipos de movimientos. La tipología de Smith
sugería que organizaciones indígenas representativas
deberían ser independientes de las rígidas ideologías
y del tutelaje de partidos políticos o protagonistas
externos, y que deberían conectar a líderes
de altos cargos con comunidades de base.
La actual controversia sobre COPPIP parecía recalcar
preguntas acerca de trabajos políticos y culturales
del proceso de selección de fondos internacionales
que se basan en estructuras proporcionadas por tipologías
como la de Smith. Tal vez más significativo, las propias
decisiones de las agencias de desarrollo sobre a quién
apoyar conllevan un decisivo peso de representación.
Por ejemplo, la decisión de Oxfam de respaldar a una
organización es, en sí misma, parte de la fórmula
que otros utilizan para evaluar la credibilidad de esa organización
en particular. Dicho de otra manera, la entrega de credibilidad
“desde arriba” por parte de Oxfam sirve de atajo
metodológico y político para otros que tratan
de tener una opinión sobre una organización
en particular. Sería ir demasiado lejos llegar a sospechar
que Oxfam opera en secreto con compañías mineras
pero sí se puede sugerir que Oxfam juega un importante
papel en las políticas transnacionales de autentificación
de protagonistas indígenas. En nuestro caso, la “conexión
Oxfam” tuvo una importante influencia como para moldear
nuestro punto de vista sobre cuales eran las organizaciones
importantes. Esto no tiene tanto que ver con la lógica
conspiradora sugerida por algunos en la COPPIP-Conferencia,
sino más bien con la realidad de que en el trabajo
previo de Lucero (y otros) en Ecuador y Bolivia, Oxfam fue
uno de los puntos de referencia centrales para la política
indígena. Por ejemplo, Oxfam ha estado respaldando
a una de las confederaciones indígenas mas poderosas
en las Américas, CONAIE, desde el comienzo de la vida
política de la CONAIE. Por lo demás, el trabajo
de Oxfam en una variada gama de áreas de urgencia incluyendo
pobreza, malnutrición, y salud le ha proporcionado
una especie de autoridad moral que para nosotros demuestra
un claro altruismo.
Deberíamos haber estado mucho más atentos al
hecho, bastante obvio al mirarse restropectivamente, de que
otros protagonistas pudieran no haber tenido la misma estimación
del papel de Oxfam en este tipo de “encuentro del desarrollo”
(Escobar 1995). En un cuadro de escasez de recursos, el altruismo
podría no ser suficiente para desviar sospechas de
imperialismo o de al menos paternalismo. De una forma más
general, la propia estructura del encuentro, tal como Asad
(1973), Said (1979), y Escobar (1995) pudieran advertir, a
menudo sirve para esconder maneras en el que el “desarrollo
opera como una arena de contestación cultural y construcción
de identidad” (Escobar 1995:15). Nosotros sabíamos
ciertamente que Oxfam y otros eran parte de un régimen
de representación, pero no fuimos tan cuidadosos como
deberíamos haber sido en interrogar nuestra propia
complicidad con este mismo régimen.
Recientemente, Smith ha comenzado a hacer el mismo tipo de
pensamiento reflexivo como parte de su propio análisis
de las políticas indígenas peruanas. Tal como
conversamos en su oficina en Lima acerca de un estudio que
estaba completando sobre la identidad de grupos indígenas
de la amazonia, él sugirió que los indígenas
eran frecuentemente concientes del tipo de rendimiento que
se esperaba de las ONGs y otros protagonistas. Tal como muchos
otros antropólogos, Smith se dio cuenta que algunos
líderes indígenas eran extremadamente diestros
en juntar discursos de una variedad de fuentes distintas y
articularlas en una sola voz que ellos creían pudiera
ser vista como “auténticamente” indígena
y atractiva a fondos de desarrollo (ver por ejemplo Jackson
1995; Li 2000; Warren 1998). Curiosamente, ideas sobre el
significado de “la indianidad” que Smith había
desarrollado en sus escritos previos le estaban ahora siendo
(re)presentadas. Como él mismo comenta, después
de tantos años ayudando a formular un discurso de autonomía
indígena y autodeterminación política,
Smith estaba tratando ahora de “alejarse y cuestionar
el discurso” (Smith, entrevista 2002).
Esto no significa que todos los discursos políticos
de las organizaciones indígenas hacen eco a los pronunciamientos
de “antropólogos yanquis” u otros extranjeros,
pero si sugiere la necesidad de examinar críticamente
los múltiples discursos que definen las fronteras de
la identidad, que separan lo “auténtico”
de lo “falso.” En nuestra ponencia en Cochabamba,
no apreciamos adecuadamente la necesidad de explorar mas comparadamente
los discursos que no encajaban con el régimen de representación
que habíamos aceptado y reforzado. En particular, la
crítica indianista de Lajo y otros de COPPIP-Conferencia
ciertamente demanda una mayor atención y estudio. Las
controversias citadas arriba son en si mismas afirmaciones
interesantes de la manera en que un régimen indianista
de representación pudiera trabajar.
Primero, hay una suposición anti-imperialista que muestra
la ayuda del “norte” (de los Estados Unidos en
particular) como siempre sospechosa. Intereses económicos,
ya sean extractivos (como por ejemplo las compañías
mineras) o de desarrollo (como Oxfam) son parte de un contorno
colonial básico del mundo político que socava
una autodeterminación indígena verdadera. Dejando
a un lado el hecho de que organizaciones indianistas en el
pasado aceptaron su justa porción de fondos “del
norte” (Albo 2002, Smith 1983, Brysk 2000) y que los
mismos indianistas reclaman la necesidad de la “autocrítica”
(Lajo, comunicación personal), el nacionalismo y el
antiimperialismo del indianismo contemporáneo deberían
ser tomados seriamente.
Entonces, el segundo componente de lo que una perspectiva
indianista debería enfatizar es la siguiente equivalencia:
indígenas reales = indígenas radicales. Esto
resulta más claro en el ejemplo que Aranwan entrega
acerca de la figura de Felipe Quispe en Bolivia. Quispe, quien
previamente había sido miembro de un movimiento indianista
armado (por lo cual fue encarcelado) y fue el líder
de la Confederación Sindical Única de Trabajadores
Campesinos de Bolivia (CSUTCB) y del partido político
Pachakutik, es ciertamente una de las voces indígenas
más radicales en las Américas de hoy en día.
A diferencia de muchos líderes indígenas nacionales
en los Andes, Quispe llama a la creación de un Estado
aymara. Cuando aymaras del Perú lincharon a un alcalde
local en el 2004, Quispe llamo a los aymaras en ese país
a unir fuerzas con los aymaras del Kollasuyo.(
15 ) Su táctica y su retórica son confrontacionales
a tal extremo que el controversial líder cocalero (y
ahora Presidente de la Republica) Evo Morales, en comparación
con Quispe, se presento ante el electorado como el candidato
indígena pragmático. A pesar del hecho que Morales
ha tenido mayor éxito político que Quispe, es
importante no subestimar el papel que Quispe, también
conocido como “El Mallku” (la denominación
para un líder aymará tradicional) ha tenido
en el país en varios momentos de protesta nacional.
El protagonismo de Quispe es de alguna manera un misterio
para aquellos como Smith quien ven al indianismo como ideología
anacrónica, aislada, y no representativa. La elección
de Quispe como jefe de una federación nacional representó
el matrimonio de una estructura organizacional campesina-indígena
de gran base (CSUTCB) con un discurso indianista, mostrando
una organización híbrida que la tipología
de Smith no anticipó. Además, en tiempos de
crisis donde la política de la rabia compite con la
política de negociación, Quispe ha mostrado
ser una figura formidable. Tal como Aranwan ha dicho, “¿Cómo
puede una fuerza política ser más radical que
Felipe Quispe?”. En la perspectiva indianista, lo radical
y lo auténtico parecen convertirse frecuentemente en
sinónimos. Sin embargo, la perspectiva indianista tiene
más matices en cuanto a lo radical y lo autentico.
Según Aranwan, “el radicalismo de CONAMAQ, es
‘sembrado’ y solo se puede explicar por la influencia
de OXFAM para dividir un movimiento de radicalismo real que
es el del Mallku Felipe Quispe, pero también para dividir
a otros movimientos como es el MAS, no se debe olvidar el
plantón indígena en la Plaza Murillo, organizado
por CONAMAQ en donde declararon ‘traidor’ a Evo
Morales, poco tiempo después de que asume la Presidencia
de Bolivia” (Arnawan, comunicación personal agosto
2006). Es decir, la radicalidad indígena tiene muchas
manifestaciones pero en la visión indianista existen
formas “reales” y formas “sembradas.”
La diferencia entre las dos parece ser nuevamente el vínculo
con las agencias del Norte.
En vez de simplemente aceptar una versión de legitimidad
indígena sobre otra, tiene más sentido cuestionar
ambas series de afirmaciones como también las condiciones
que las producen. Para muchos miembros de la comunidad internacional
de desarrollo, el criterio para evaluar a protagonistas indígenas
involucra tanto una marcada afiliación al mundo indígena
como también la habilidad de moverse entre las demandas
locales y las expectaciones externas en cuanto a eficiencia
y resultado de proyectos. Para críticos indianistas
y de anti-desarrollo, sin embargo, las organizaciones indígenas
que trabajan más cercanas con ONGs son atrapadas en
regímenes de disciplina Foucaultianos y pierden la
habilidad de hablar verdaderamente y actuar por ellas mismas
(Patzi 1999). Estas diferentes narraciones sobre autenticidad
y representación indígena no son solamente opiniones
diferentes de una misma serie de prácticas y discursos.
Son, más bien, posturas políticas en si mismas
que son representadas por protagonistas locales y globales
que hacen el trabajo de autenticar y legitimar algunos protagonistas
sobre otros. Dentro de toda organización de movimiento
social, hay epítetos creados por aquellos que “venden”
el movimiento como así mismo por los “ideólogos”
que anteponen la política al pragmatismo. Fuera de
los movimientos sociales, hay oponentes y aliados que enganchan,
refuerzan y debilitan voces dentro de los movimientos tanto
intencional como no intencionalmente. Estudiosos, como otros
interlocutores, son parte de este proceso.
En la compleja formación dialógica de la representación
indígena, ideas y afirmaciones sobre quién representa
“realmente” los intereses e identidades indígenas
serán siempre cuestionadas. Es primordial para los
estudiosos el reconocer que esto es significativo tanto política
como metodológicamente. Efectivamente, para moverse
hacia una “descolonización” de la investigación
académica, proyectos de investigación deben
transformarse en multivocales e incluir múltiples respuestas
indígenas a nuestros argumentos y representaciones.
En nuestro caso, las críticas indígenas lanzadas
en la conferencia en Cochabamba y por el internet nos permitieron
obtener un mayor entendimiento de una ideología y de
un paisaje político controvertido y complejo.
Conclusiones
En
el Perú contemporáneo, tal como en otros países,
la variedad de identidades y movimientos indígenas
es grande. A pesar de reportes sobre el “fracaso”
y la “ausencia” de movimientos indígenas,
no hay duda de que los Quechua, Aymara, Asháninka,
Amuesha, Anqara, y otros pueblos indígenas han estado,
desde hace mucho, políticamente activos. Nosotros no
clamamos ninguna originalidad al presentar este caso ya que
otros estudiosos han encontrado una rica evidencia de políticas
indígenas en diversos contextos tales como conflictos
sobre el agua (Gelles 2000), el establecimiento de las rondas
campesinas (Starn 1998 y 1999, Irigoyen 2002), y la resistencia
a la erradicación de las plantaciones ilegales de coca
que financian los Estados Unidos (Rojas 2003), entre otros.
Que estas luchas, junto con otras más antiguas en la
Amazonía, no han llegado a unirse cohesivamente, no
significa que los movimientos nacionales puedan ser simplemente
etiquetados como casos de fracaso. Efectivamente, esta etiqueta
nos dice más sobre los modelos académicos de
lo que cuenta como “movimiento social” que acerca
del activismo indígena. Como muchos estudiosos han
advertido, los mitos y los modelos de movimientos “únicos,
unificados” comúnmente oscurecen los elementos
conflictivos y fragmentados que trabajan en todas las áreas
de cuestionamiento (Warren 1998b, Rubin 1997, Alvarez, Escobar
y Dagnino 1998). Lo que quisimos decir en nuestro ensayo anterior
era simple: cuando algo se convierte en un “caso negativo”
donde algo no ha pasado (tal como el Perú se convirtió
para estudiosos de movimientos indígenas), frecuentemente
se deja de explorar que es lo que pasa realmente. Lo que hemos
aprendido desde que presentamos el ensayo nos ha permitido
expandir este entendimiento sobre los modelos de autenticidad
que frecuentemente trabajan silenciosamente en procesos de
desarrollo y prácticas de campo.
Algunos de estos modelos surgen en la práctica de una
suerte de arqueología académica, que busca escudriñar
los irregulares y desordenados fragmentos de la política
y la cultura y las convierte en pulcras y ordenadas categorías
para ser usadas en el análisis y construcción
de teorías. La tipología de Smith, por ejemplo,
que separaba las organizaciones en campesinas, étnicas
e indianistas, fue un punto de partida útil para nosotros
ya que reconoce la pluralidad de políticas y al mismo
tiempo impone cierto orden dentro de la indisciplinada mezcla
andina y amazónica. Aun así, tal como otras
tipologías, este esquema era una manera artificial
y provisional de entender dinámicas complejas, y representa
sólo un posible modelo dentro de varios otros. Efectivamente,
al mismo tiempo que los protagonistas indígenas se
han convertido en partes establecidas del sistema político
latinoamericano, a su vez han aparecido una gran variedad
de regímenes de representación para comprenderlos.
Estos regímenes, institucionalizados a través
de políticas nacionales y transnacionales, sitúan
a varios protagonistas indígenas de forma tal que los
hace más auténticos y consecuentes que otros.
Como el multiculturalismo se transforma en “oficial”,
legitimado por agendas de etno-desarrollo transnacional y
de nuevas estructuras constitucionales, ciertos protagonistas
indígenas son representados como socios legítimos
para el desarrollo multicultural mientras que otros son representados
en base a sus posiciones “radicales” que son mucho
menos atractivas a los ojos de los órdenes políticos
y económicos neoliberales contemporáneos (Hale
2002; Gustafson 2002; Mires 1991; Patzi 1999; Wade 1997).
Aunque algunos perciben esto como la familiar e inevitable
estrategia de “divide y vencerás” de los
poderes dominantes, es más bien un proceso más
profundo e interactivo que trabaja no solamente de arriba
hacia abajo. Tanto radicales como reformadores negocian la
cambiante constelación de oportunidades políticas
y representación. La división de COPPIP refleja
no sólo los estilos contrastantes del radicalismo y
pragmatismo, sino también nociones rivalizadas y cuestionadas
de indianidad y políticas autentificadas por una esfera
de protagonistas transnacionales.
Finalmente, esta experiencia nos ha ayudado a apreciar los
beneficios y la importancia de hacer público los hallazgos
académicos tentativos, especialmente cuando son controversiales,
e incluso cuando pudiesen estar equivocados. Nuestra narrativa
sobre el crecimiento de una organización nacional en
el Perú, COPPIP tenía la ventaja de proveer
un ejemplo claro sobre lo mucho que los estudiosos han errado
al hablar sobre la ausencia peruana. Más aun, nuestra
aceptación de una sola versión de la historia
de COPPIP, influenciada por nuestra propia posición
en las redes de la ciencia social y del apoyo profesional,
nos había hecho perder grandes partes de una historia
sobre las incesantes críticas indianistas acerca de
las organizaciones transnacionales indígenas “dominantes”.
Hemos hablado con un importante sector del movimiento indígena
del Perú, constituidos por grupos que articulan comunidades
locales y sus luchas con agendas transnacionales más
amplias. CONACAMI y COPPIP-Coordinadora, con la ayuda de ONGs
como Oxfam América, se están convirtiendo en
voces importantes en la sociedad civil. Ellos han sido vocales
sobre los peligros que enfrentan los indígenas y los
riesgos de colaborar con agencias tal vez bien intencionadas
tales como CONAPA (ahora INDEPA), y que los críticos
ven como una disminución de autonomía de las
organizaciones indígenas. Más tarde, nos dimos
cuenta que habíamos desatendido a otro sector indianista
dentro de los movimientos indígenas, COPPIP-Conferencia,
que tiene sus propias críticas sobre el estado y las
ONGs afirmando que son igualmente peligrosas para la autonomía
indígena.
Entonces, ¿Quién tiene la razón? ¿Y
quien es más representativo? De muchas maneras, estas
preguntas invitan a más investigación, reflexión,
y debate. Más profundamente, sin embargo, estas preguntas
nos invitan también a encontrar diversas maneras de
entender a los proyectos indígenas, tal como otros
proyectos, como fragmentados, contradictorios y multivocales.
Esto es central en el estudio de movimientos indígenas,
y preguntas acerca de quién es “realmente indígena”
y dudas sobre quién realmente habla por quién
son una parte constitutiva de la realidad política
indígena del Perú y de otros lugares. En Ecuador,
Bolivia, Perú y en otras partes del mundo, ciertas
voces indígenas emergerán sobre otras a través
de políticas de representación indígena.
Nuestras propias sensibilidades normativas y políticas
siempre se delatarán en nuestras evaluaciones sobre
las voces que creemos más persuasivas, influyentes,
y correctas.( 16 ) Aun así,
mientras nosotros presentemos nuestras propias voces en la
conversación y escuchemos críticas y contradicciones
auto-reflexivas y etnográficas, podremos entender mejor
por qué y cuándo algunas voces son transmitidas
(trans)nacionalmente mientras que otras resuenan en espacios
mas pequeños. Estudios previos de “ausencia”
peruana eran explicaciones del silencio, pero no etnografías
de ello. Con paciencia y curiosidad etnográfica, uno
puede apreciar lo que los poetas ya saben acerca del silencio:
Es una presencia
tiene una historia una forma
No lo confundan
con cualquier tipo de ausencia
(Adrienne Rich, 1973)
Epílogo
Desde que escribimos este texto el “problema”
de las dos COPPIP ha seguido evolucionando. En el 2006, la
COPPIP-Conferencia convocó un congreso en Ayacucho
donde la organización se reconstituyo bajo el nuevo
nombre de la Confederación de Nacionalidades Indígenas
del Perú (CONAIP), incorporando a organizaciones representativas
de las rondas campesinas y los cocaleros. Mientras tanto,
la “otra” COPPIP (Coordinadora), todavía
compuesta por CONACAMI y AIDESEP, ha sido menos visible. A
pesar de que CONACAMI y AIDESEP aun tienen mayor peso político
y financiamiento que la nueva CONAIP, ninguna organización
puede declararse como un actor realmente pan-regional con
representatividad netamente nacional.
Las elecciones presidenciales y los debates acerca del Tratado
de Libre Comercio (TLC) con los Estados Unidos durante el
año 2006 han proporcionado varias oportunidades para
la protesta indígena-popular. En términos de
visibilidad política y representatividad, los resultados
han sido mixtos para todos los actores mencionados en este
texto. COPPIP (Coordinadora) ha guardado un silencio llamativo
a pesar de que sus organizaciones integrantes (CONACAMI y
AIDESEP) fueron muy visibles en las protestas en contra del
TLC. La CONAIP (antiguamente COPPIP-Conferencia) también
se pronunció en contra del TLC. Sin embargo, en las
reuniones de los gremios y las organizaciones nacionales,
CONAIP mantuvo un bajo perfil según nos explicaron
después porque “lo del TLC es una causa perdida”
y las protestas son débiles y dirigidas por personas
que CONAIP califica como “indígenas vergonzantes”
(Lajo, Comunicación Personal, 2006). A pesar de esta
crítica, en julio de 2006, CONACAMI y otras organizaciones
indígenas de Bolivia, Colombia, Chile, Ecuador, y Perú
fundaron la Coordinadora Andina, integrándose aun mas
en las redes indígenas-transnacionales apoyadas por
las ONG internacionales como Oxfam América y IBIS-Dinamarca.
Trabajando en varias escalas e involucrando a múltiples
actores, la representación indígena sigue siendo
dinámica, compleja, y evasiva.
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Macmillan.
1. * Los autores agradecen los
comentarios y sugerencias de Marisol de la Cadena, Javier
Lajo, Aranwan, y los participantes de seminarios en la Universidad
de Washington y la Universidad de Emory donde versiones prelimares
del presente ensayo fueron presentadas. El presente texto
fue traducido del ingles por Manuel Lombera y los autores.
2. Una versión de esta
ponencia se publicó en ingles en el 2005 (véase
García y Lucero 2005).
3. Existen dos organizaciones
que usan el acrónimo COPPIP, aunque cada una de ellas
representa una filosofía diferente. Hablaremos de estas
diferencias a continuación.
4. En parte como respuesta a
críticas y controversias sobre el lugar de CONAPA en
discursos de autonomía indígena, la Sra. Karp
renunció su cargo en 2004 y mas tarde CONAPA fue remplazada
en enero del 2005 por el Instituto Nacional de Desarrollo
de los Pueblos Andinos, Amazónicos, y Afroperuanos
(INDEPA).
5. Para una discusión
completa de esta explicación véase Albó
(2002), García (2005), García y Lucero (2005).
6. La peculiaridad de la formación
racial peruana se encuentra más allá de los
objetivos de este ensayo, pero como de la Cadena (2000, 2001)
y otros quienes han contribuido a este volumen mencionan,
los distintos discursos sobre el mestizaje en los Andes y
en Mesoamérica aluden a la necesidad de un estudio
comparativo continuado, ya que las constelaciones de raza
y nación son variadas y complejas. Mientras que todas
las fronteras entre identidades son variables, la oposición
entre la identidad mestiza e indígena, por ejemplo,
se encuentra mucho menos marcada en el Perú que en
México o Ecuador.
7. La organización del
ejército Asháninka y la aparición de
las rondas campesinas contradijeron la percepción de
que la violencia es siempre un obstáculo para la organización
indígena. La violencia política puede servir
como catalizador para la formación de organizaciones
indígenas para la auntodefensa. Véase por ejemplo
Manrique 1998 y Starn 1998.
8. En este texto, el nombre de
“Oxfam” refiere siempre a Oxfam América
exclusivamente y no a los otros actores “Oxfam”
tales como Oxfam Internacional o Oxfam Gran Bretaña.
9. Karp es frecuentemente identificada
como una “antropóloga belga”, caracterización
que ella no rechaza. Si bien es cierto que Karp estudió
antropología como estudiante de pregrado y habla quechua,
sus estudios de postgrado en la universidad de Stanford (donde
ella y Toledo se conocieron) no fueron en antropología
sino en literatura. Identidades disciplinarias, del mismo
modo que identidades étnicas, llevan consigo una cierta
cantidad de capital cultural y político.
10. El Primer Congreso de Pueblos
Indígenas, fue co-organizado por Javier Lajo y David
Ugarte Vega Centeno (intelectual cusqueño no-indígena,
vinculado a la izquierda socialista), con apoyo económico
y político del congresista Máximo San Román,
quienes fundaron la COPPIP el 5 de diciembre de 1997.
11. Las complicaciones se deben
en parte al hecho que Lajo y más tarde Agurto formaban
parte del equipo del congresistsa Máximo San Román
y el “Grupo Parlamentario Perú.” Sin embargo,
según Lajo, él mismo “comisiona a Agurto
como Secretario de COPPIP, posteriormente Agurto pasa a desempeñarse
como secretario del Gabinete del congresista San Román.”
Lajo, ya miembro del Consejo Directivo de COPPIP, pasó
al cargo de Secretario Técnico de COPPIP. (Comunicación
personal, agosto 2006.
12. Como relatamos más
adelante, la caracterización del Sr. Lajo como, en
su frase, “el malo de la película” no debería
ser presentado como un simple “hallazgo” de nuestra
investigación, sino una representación más
en un complejo juego de representaciones.
13. Como él mismo nos
comentó, Javier Lajo estuvo colaborando con CISA hasta
el año 1985, “cuando su grupo conocido como Organización
Amaro Runa rompen con esta organización, haciendo una
denuncia internacional contra CISA por malversación
de fondos, cuestionamiento que significó el fin del
CISA” (Comunicación personal, agosto 2006).
14. Según Lajo, esta “mala
administración” debe leerse mas bien como “el
auge de la unidad indígena-campesino y el éxito
conseguido por el movimiento en este período al pasar
del anonimato a intentar un papel protagónico en la
política peruana, proceso que fracasa y queda trunca
por la división de COPPIP” (Comunicación
personal, agosto 2006).
15. Deberíamos enfatizar
que hay discrepancias sobre esta interpretación. Lajo
rechaza la idea que COPPIP perdió la confianza y apoyo
de las agencias de cooperación.
16. Este no es el lugar apropiado
para revisar los eventos en Ilave que desembocaron una crisis
política nacional en el Perú. Sin embargo, la
experiencia de Ilave (en una variedad de artículos
de prensa) evocaron imágenes de violencia aymará
y de movimientos separatistas radicales.
17. Lajo describe su criterio
de la siguiente manera: “El financiamiento extranjero
otorga enormes ventajas a los que lo reciben, pero basta observar
la pervivencia, capacidad y la persistencia de las organizaciones
que no reciben financiamiento para darse cuenta de su validez
y legitimidad histórica, lo cual también nos
podría llevar a desconfiar de las primeras” (Comunicación
personal, agosto 2006).