secuestros de Julio Jorge López y Luis Geréz.

JULIO JORGE LÓPEZ Y LUÍS GERÉZ

Tenemos que ponernos a reflexionar porqué es posible, en democracia, que sucedan hechos como los secuestros de Julio Jorge López y Luis Geréz.

En primer lugar, la corrupción, la ineptitud y la no renovación de los cuadros represivos permiten a éstos funcionar con la impunidad de que gozaban en el pasado. Para ello cuentan con una justicia que también posee iguales características, jueces corruptos, inmorales, ineptos, haraganes y atornillados a su sillón, donde en su oportunidad se colocaban la venda de la justicia para no ver, ni escuchar los reclamos por la aparición con vida de los miles de desaparecidos.

Se trata de comprender que no basta con cambiar el vértice de la pirámide si la base continúa podrida, es decir, con funcionarios podridos. No basta, aunque no se debe desconocer que ha sido importante el cambio de los integrantes de la corte suprema, pues cientos de “jueces” contaminados continúan cajoneando expedientes, emitiendo fallos vergonzosos, burlándose de la justicia y cobrando grandes salarios por ello.

¿Es complejo resolver esta cuestión? En absoluto. En principio se coloca en “disponibilidad” a todos los jueces y a todas las fuerzas de seguridad. Y se resuelve, por intermedio de una comisión ejecutiva integrada por abogados designados por las organizaciones de Derechos Humanos y otras organizaciones sociales, cada caso particular, la actuación de cada Juez durante toda su carrera y la iniciación de un sumario. Puede llevar tiempo, pero cada semana habrá un corrupto menos.

En segundo lugar comprender que si los genocidas “detenidos” lo están en sus domicilios (que suelen ser verdaderos paraísos adquiridos con los dineros robados a los militantes por ellos asesinados), pueden y tienen todos los medios y tiempo necesario, mientras gozan de custodia, de planificar al detalle más crímenes y secuestros, con todo el dinero y los elementos tecnológicos a su alcance. ¡Qué paradoja! No sufren de inseguridad, ni de pobreza, ni de espacio, ni de fondos. Es un mensaje claro: robá mucho, asesiná a cientos o a miles de hombres y mujeres, jóvenes o viejos, usurpá cargos y poderes y tendrás una vejez sin sobresaltos, en tu casa o en tu campo, rodeado de tu familia y amigos, custodiado por expertos. Y desde esa situación de privilegio podés continuar planificando crímenes y seleccionando cuidadosamente a los que deben ejecutarlo. Y podrás pagarlo, pues nadie ha confiscado tus dineros.

¿Es complejo resolver esta cuestión? Para nada. Basta con enviarlos a cárceles comunes, como corresponde, con un estricto control de las visitas, como corresponde y entonces no podrían planificar más crímenes con tanta comodidad. También embargar o confiscar todos los bienes e investigar de dónde lo han obtenido sus familiares y amigos. Sin fondos no podrán destinar dinero a los sicarios ilustrados.

En tercer lugar comprender que no se trata de actos individuales y de grupos sueltos que operan como residuales de una época. Para nada se debe olvidar de que el genocidio lo cometieron los militares pero lo planificaron los grandes y honorables empresarios, con aporte de algunos grandes y honorables políticos que le dieron desde intendentes hasta gobernadores y una parte de la “sociedad civil”, y de la jerarquía de una iglesia capaz de sacrificar nuevamente a Jesús y devorar su cuerpo mientras contemplan y participan de saqueos y torturas. Esto que hoy sucede, sucede porque esa santísima trinidad (Grandes empresarios explotadores, clero ladino y militares sicarios) o cuatrinidad (más políticos tradicionales y corruptos) sigue vigente, porque no se ha desmantelado, porque quizá se piense de que es peligroso hacerlo sin comprender que mucho más peligroso es no hacerlo.

Las Universidades toleran a los genocidas: Mariano Grondona, por ejemplo, como respetable docente de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. El honor en vez de la cárcel para ese delincuente.

Las Asociaciones Profesionales contienen como socios honorarios a los criminales y no han tenido siquiera la vergüenza de expulsarlos. Así un criminal, torturador y apropiador de recién nacidos como Verguéz es aún médico, ninguna Asociación fue capaz de retirarle la matrícula. Y lo mismo de los Consejos Profesionales, como el de Ciencias Económicas, que alberga en sillas de oro a personajes genocidas que implantaron los planes destinados al empobrecimiento y marginación de más de la mitad de la población argentina, provocando la muerte de más de 100 niños por día.

Julio Jorge López y ahora Luis Geréz no desaparecen como producto de acciones de criminales residuales que algunos llaman con falsa ironía “mano de obra desocupada”. Los hechos demuestran que no es el accionar de un grupo comando aislado, que cuando actúa dejan, generalmente, tantas huellas (acostumbrado a la impunidad que gozaban y posiblemente aún gozan) que no era necesario pedirles el documento de identidad. Estos grupos en general se muestran, hacen ruido, quieren que sepan qué machos son. La gente los ve actuar, como si fuese una película, y lo ven muchos, porque ellos se sienten mejor siendo observados. Al revés de los empresarios imperialistas, que planifican los crímenes, se lo encargan a otros y se van de vacaciones. Al contrario que la Iglesia, que calma a los familiares con rezos y promesas mientras trata de informarse de nombres y direcciones de amigos de las víctimas para luego informar a los sicarios y cumplir así su misión apostólica. Al contrario de los Jueces inmundos, que se escapan para no presentar hábeas corpus, para cajonear denuncias y demandas, para no investigar, para proteger a los que violan la ley y castigar a los que denuncian esas violaciones.

Los secuestros de estos dos militantes han sido meticulosamente planificados. Se ha elegido a las víctimas con razonados y estudiados métodos. Se han elegido las fechas y se ha seleccionado cuidadosamente a los que llevaron adelante las tareas, contando con los medios necesarios y con la protección necesaria para que nadie viese nada o escuchase nada. Ni un grito, ni un disparo, ni un ruido de automóvil. Una gran logística acompaña estos monstruosos pero no espectaculares actos. Una gran logística que excede la capacidad de un grupo residual, que excede incluso la capacidad de mucho, si no de la mayoría, de “nuestras” fuerzas de seguridad.

¿Quién puede tener tal capacidad operativa y de recursos? ¿Quién puede en el mundo actual secuestrar a cualquier habitante sin que nadie se entere y trasladarlo sin que nadie lo vea a todas las partes que se les ocurra?

Es sólo para pensar, pues existe quién posee tal capacidad y existen motivos para que lo haga. Por supuesto, en convivencia con los genocidas “detenidos”, con los empresarios distraídos, con los obispos ahora preocupados por el hambre, con los intelectuales que cotizan en bolsa sus neuronas degeneradas y con algunos, no pocos, políticos desplazados.

Oscar Natalichio.
Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo.
Diciembre 29 de 2006