soldepaz dijo,...en memoria de Luciano...

Hace un tiempo sacamos una camiseta, e intentamos parafrasear a bertolt brech:

Cuando se llevaron a Simón

No me importó. No lo conocía.

Luego se llevaron a los indígenas.

No me importó. Yo no lo era.

Después se fueron llevando

a los campesinos y tampoco me preocupé..

hasta que nos faltó la comida.

Más tarde desaparecieron a estudiantes,

Profesores, doctoras, monjitas…

Y algunos familiares me comentaron..

Y empecé a preocuparme

Y rechacé el paramilitarismo

Y pregunté por Simón.

Pienso que aún no es tarde…

Derechos Humanos en Colombia.

Y paseamos la humilde camiseta, mínimo gesto de acercamiento a una realidad tan dura como desesperante: la desesperante simplificación del uso del terror para mantener y aumentar los privilegios de unos pocos.

Hace un año despedimos a Luciano, y agradecimos la unidad en la diversidad que nos permitió el duelo en la plaza mayor de Xixón. Los numerosos pronunciamientos, la pequeña campaña de solidaridad con la familia.

Al reiterar de nuevo esos esfuerzos unitarios, un año después, no podemos dejar de constatar también que en este año las autoleyes de perdón y amparo a los asesinos han sido puestas en vigor en Colombia, casi sin rechazo oficial de la comunidad internacional, y paramilitares que han asesinado a centenares, por métodos terroríficos, han salido en libertad, o están unos meses en una finca de recreo, o han pasado a ganar un sueldo como guardabosques, guardajurados, informantes, chivatos.

Que sí, que un poderoso Movimiento Nacional de Víctimas de crímenes de estado se ha conformado, pero que para nuestros gobiernos ese Movimiento parece resultar molesto, indigesto para con los gestos de la diplomacia de las empresas multinacionales que cada vez sacan más dividendos de allá.

Que la guerra no es en balde lo demuestran las frías cifras de los beneficios: a mayor pobreza y desigualdad en Colombia, mejores índices en las cuentas de resultados de Unión FENOSA, de Repsol, de Telefónica, BBVA, Santander, Cepsa, ACS, Gas Natural, Prisa, Sol-Meliá, Agbar, Canal Isabel II, Endesa..

Y para algunos, seguramente que se les provocará la incertidumbre sobre si será verdad que es inevitable un Uribe, para amparar eficazmente esos privilegios,

Si será irreversible ese auge de las empresas extranjeras, si es irreductible el imperio económico sustentado de forma militar, o sobre si es irremediable la muerte, de los que adversan ese estado de cosas, como los miles de Lucianos..

Para otros, pensándolo detenidamente, o sin pensarlo un solo segundo, la lucha es por la Vida, y la Vida se pone por delante, en la lucha, en la construcción de otra realidad menos perversa, con menos ataduras económicas a este lado del atlántico..

Y llegan los matices de estas semanas posteriores a la reelección del presidente paramilitar, para con los cantos de sirena, los cambios de inflexión en las voces militaristas, sobre si es posible una mínima tregua, un intercambio humanitario, unas casas de paz, algunos gestos que no supongan peligro total para con el alto grado de explotación del país, de sus bosques, del exterminio de sus Culturas y sus gentes.

La aspiración legítima a una salida política negociada al largo conflicto social y armado choca con una casta dirigente depredadora que lamentablemente sólo ha temblado cuando se le ha respondido con su misma moneda, haciéndo sentir en cuerpo propio los horrores de la guerra. Cuando la guerra ha dejado de estar oculta, impune, alejada y fácil a las motosierras y machetes, y algunos miembros del establecimiento han realizado paseos ecológicos, han sentido en las ciudades otra presencia, inocultable a la censura.

La guerra está en todas partes en Colombia, y de momento falta mucho para que los afectados por ella, sus víctimas contadas por millones de Lucianos, hayan recibido el apoyo mayoritario que sus dignas Vidas merecen por parte de los gobiernos europeos.

La deseada Paz en Colombia, difícil y nada cercana, ¿no será posible de caminar con gestos, acercamientos, liberación de prisioneros políticos, restitución de tierras robadas, y terminación de la más cruel de las impunidades en la más sucia de las guerras libradas a conciencia por uno de los ejércitos mercenarios de mayor dimensión de la historia?

Y ¿qué papel nos corresponde a nosotros, a nuestros gobiernos, en este , sí que ineludible, caminar en busca de la Paz?

Es decir cuántos pronunciamientos, cúantas concentraciones, cuantos encuentros, entrevistas, documentos, actividades tenemos que aportar, con respeto, sin pereza, con confianza en el objetivo final, para acompañar a las valientes organizaciones sociales colombianas, ésas que cada día, ponen los cuerpos, las vidas, sus integridades, para salvaguardar, en la esperanza, las alegrías, las culturas, las armoniosas relaciones con sus orinoquias y amazonias, sus nevados y sus valles..

Y acompañar esas acciones de otras, pragmáticas, llenas de firmeza, que impidan de cualquier forma alimentar el militarismo: ningún arma de fábricas asturianas para la guerra en Colombia. Ningún financiamiento asturiano a la plantación de palma africana en tierras robadas o en Bosques depredados en el Vichada, como se está tratando de explicar desde el mes de julio a las autoridades asturianas, sin que aun se haya conseguido la oportuna audiencia.

Los vallenatos y demás cantos, que tanto apreciaba Luciano, y que hoy escuchamos, también como himnos de rebeldía, de subversión por la Vida, esta vez en cercana fraternidad acompañados de la gaita asturiana en simbología de solidaridad que quisieramos fuera más potente, tanto que pudiera detener las masacres,

Que Nunca Más nadie fuera asesinado, que los asesinos materiales e intelectuales de Luciano fueran enjuiciados, castigados, sin Olvido, sin Perdón, para construir una Justicia social que haga tambalear a los malditos que administran Colombia como gamonales en su finca.

Luciano hermano, en Asturies no te olvidamos.