cronica del Meta
LA LLANURA ROJA
El
hedor de los cuatro muertos tirados en el suelo, semidesnudos,
hinchados, estaba por todas partes. Los técnicos de la
Fiscalía salían de la morgue sin puertas del cementerio
de Granada a tomar aire y espantar las moscas verdes que se metían
por todas partes. A pocos metros la comisión asturiana
indagaba las circunstancias en que estas personas fueron asesinadas.
Sus familiares, mujeres campesinas, todavía con el miedo
en el cuerpo contenían el aliento cada vez que el helicóptero
artillado del batallón 21 Vargas nos sobrevolaba...A solo
120 kilómetros de Bogotá está la ciudad de
Villavicencio, capital del departamento del Meta, entrada a los
inmensos Llanos Orientales surcados por ríos enormes que
nacen en la cordillera Oriental de los Andes y tributan sus aguas
al Orinoco. Es la ciudad a donde llegaron los perseguidos de las
guerras del siglo 19 y 20 y las decenas de miles de refugiados
internos de la guerra del siglo 21, desplazados forzosos de la
gran sabana verde que malviven en la miseria, semi ocultos en
una urbe de edificios modernos que crece sin pausa en los barrios
nuevos de chalets adosados, en el comercio de maquinaria agrícola,
en el movimiento incesante de los enormes tanques que transportan
el petróleo crudo de esta tierra que lo tiene todo, menos
justicia social y paz.
Las sabanas orientales de Colombia fueron tierra de entrada de
las primeras expediciones de alemanes y castellanos que colonizaron
parte del nororiente del país, refugio de muchos pueblos
indígenas y de los colonos expulsados a bala durante los
duros años de la violencia que inicio en 1948. La sabana
oriental fue el cuartel de donde salieron las expediciones libertarias
dirigidas por Bolívar con un par de miles de bravos llaneros/as;
también fue campo de batalla de la resistencia de los campesinos
liberales comandados por Guadalupe Salcedo, alzados en armas contra
el terror desatado por la derecha conservadora colombiana.
Hacia 1980 el departamento del Meta era una región con
una población muy organizada, juntas comunales, sindicatos,
comités de deportes y por campos y ciudades las gentes
del llano maduraban una lucha política que la convertiría
en objetivo militar. En las primeras elecciones territoriales
el nuevo partido de la izquierda electoral conocido como la Unión
Patriótica borró al bipartidismo del mapa político
regional.
La
alta votación de la izquierda, la dinámica de lucha
social y la presencia de la guerrilla puso al Meta en la mira.
Pero lo que "soltó los perros" sobre la sabana
fue los megaproyectos del capital internacional. Comenzaron los
asesinatos selectivos de dirigentes de la UP y del Partido Comunista,
sindicalistas, lideres de barrios y de juntas comunales, y las
comunidades respondieron con grandes movilizaciones encabezadas
por los colonos de la Sierra Macarena, campesinos sin tierra,
sectores populares que reivindicaban el derecho a ser campesinos
y de izquierdas.
La persecución a las gentes de esta región empeoró
tras la ruptura de los diálogos del gobierno con la guerrilla
de las FARC. Los campesinos fueron señalados por el Ejercito
como "colaboradores, auxiliadores de la guerrilla y así
serán tratados".
En 2002 comienzan los operativos conjuntos de la Fuerza Publica
con los paramilitares. En desarrollo de la operación Conquista,
los batallones aerotransportados 21 Vargas y Héroes de
Arauca, bombardearon durante un mes veredas de los municipios
de El Castillo y Lejanías, mientras los paramilitares amparados
por la tropa ingresan con violencia y lista en mano asesinado
gentes de la oposición social y política en Medellín
del Ariari, Mesetas, La Uribe, Miravalles, San Martín,
Cubarral, Puerto Esperanza y en territorios mas al sur donde la
sabana se vuelve selva.
Luego de matar gente obligaban a los sobrevivientes a oír
discursos donde se presentaban como "agentes del progreso
y de la armonía social rotas por los comunistas".
Varios años después la ofensiva militar y paramilitar
no se detiene. Menudean los allanamientos y detenciones ilegales,
las amenazas de muerte, los casos de torturas, desplazamientos
forzados, saqueos de bienes de las familias campesinas, bloqueos
de alimentos y medicamentos, ametrallamientos y bombardeos indiscriminados.
La
gente de la vereda La Esperanza, por ejemplo, no olvida al dirigente
comunista Jesús Romero quien vivía con su madre,
la anciana minusválida de 90 años, legendaria dirigente
agraria y colonizadora del llano, doña Enelisa Romero.
A Jesús, conocido como "Chucho liso" lo sacaron
los paramilitares a la fuerza de su vivienda, lo torturaron y
asesinaron a escasos 30 metros de su casa el 30 de enero de 2003.
Allí quedó el cadáver expuesto por varios
días a los ojos de su madre, devorado por los perros, sin
que la anciana señora pudiera hacer nada por recoger los
despojos de su hijo.
A los asesinatos y el terror le siguen los desplazamientos forzados
y a esto le sigue la sustitución de la población
por forasteros afectos a los paras y al gobierno de Uribe a quienes
les entregan algunas de las tierras usurpadas. Esos territorios
a orillas del río Meta están pasando con métodos
violentos a manos de capos como el jefe del cartel de las esmeraldas
Víctor Carranza que tiene la protección del Ejercito
y un ejercito propio de paras conocido como "los carranceros".
Sus latifundios son enormes y siguen río abajo hasta la
frontera con Venezuela. Por esas regiones los neo latifundistas
y hasta la familia del Presidente Uribe "compro" hace
poco tiempo tierra, mucha tierra.
El interés por esa zona donde además sobre viven
varios pueblos indígenas tiene que ver con ganarse la valorización
de territorios bajo la influencia del megaproyecto conocido como
Plan de Interconexión de Sudamérica, IIRSA, que
en esta parte se propone dragar el río Meta para hacer
una enorme vía fluvial desde Puerto Ordaz en el océano
Atlántico de Venezuela, que suba por el río Orinoco,
siga por el río Meta de Colombia, pasando muy cerca de
Bogotá y se extienda mediante una carretera que borde la
falda de los Andes hasta el Océano Pacífico, cruzando
dos países y sus zonas de mayor biodiversidad, ricas en
minerales, petróleo, tierras, maderas, agua dulce, controlando
la entrada a otro tesoro: la cuenca del amazonas que se mueve
majestuoso entre la espesura verde.
La guerra sucia no ha podido acabar con la guerrilla que se atomizó
o se replegó, ni con el narcotráfico que tiene a
esta región como área de lavado de dinero, por eso
tanta obra suntuaria y desarrollo en infraestructuras en medio
de la mayor miseria generalizada: desarticularon el Sindicato
de Trabajadores Agrícolas del Meta SINTRAGRIM que se declaro
en exilio interno por la imposibilidad de reunir a sus afiliados
sobrevivientes, persiguen a muerte a los comunistas y con saña
especial a los trabajadores del petróleo organizados en
el sindicato USO de Apiay.
Pero
el valor de estas gentes es tan grande como las sabanas de donde
los sacan. En medio de la represión están reactivando
sus organizaciones sociales, los comités cívicos,
los sindicatos campesinos, la esperanza. Aprovecharon la presencia
de la Comisión Asturiana para convocarse y reunirse en
la sede de CENAPROV, Central Nacional Pro Vivienda, para volver
a verse, abrazarse entre vecinos, compañeros y familiares
tras meses de no poder juntarse. Nos contaron sus testimonios
y al final de la reunión se quedaron solos para planificar
retornos, resistencias y futuro comunitario.
El vuelo de los helicópteros artillados comprados a la
industria militar de EUA mete miedo. La seguridad democrática
del gobierno es tenebrosa. Hasta las moscas de la morgue se quedan
quietas cuando el sobrevuelo sobre el cementerio hace suspender
la entrevista con las dolientes de los cuatro hombres eviscerados
a la vista de la Comisión asturiana.
Solo les alcanza el aliento para decir bajito que eran como 90
campesinos en minga, (trabajo comunitario)arreglando un camino,
y a eso de las 9 de la mañana dos milicianos de las FARC
se metieron entre ellos, armados. El Ejercito Nacional los había
visto, los rodeó y de pronto, a medio día, abrió
fuego... matando a los dos combatientes y a dos campesinos humildes
y llenos de hijos cuyas familias no entienden porqué la
guerrilla se metió armada entre ellos poniéndolos
de escudo y en la mira, y menos aún, porqué la tropa
no distinguió a los guerrilleros de la población
civil que trabajaba en su camino.
El Meta vive solo el horror desatado por unas tropas que no distinguen
y ven en la población civil a su enemigo. La llanura verde
se torna roja con tanta sangre inocente derramada.