Edificio Nuevo del Congreso de la República, marzo
15 de 2007
Un
par de veces intentamos entrevistar al Senador Gustavo Petro pero
no fue posible porque el gobierno citó a los congresistas
a sesiones extraordinarias en marzo para debatir a prisa proyectos
como la ratificación del Tratado de Libre Comercio suscrito
por el Presidente Uribe Vélez con el gobierno de los Estados
Unidos, y el proyecto de Ley “Estatuto de Desarrollo Rural”.
El primero lesivo a los intereses Colombianos y el segundo muy
favorable a latifundistas y multinacionales. Esto opina el más
estacado Senador del Polo Democrático Alternativo, según
las encuestas.
Gustavo se nota preocupado por las recientes amenazas de los paramilitares
contra él y su familia a raíz de sus denuncias por
el copamiento de instituciones del Estado en algunas regiones
por los grupos paramilitares y los señalamientos del Presidente
de ser un “terrorista de civil”. Su secretaria nos
trae un café y cierra la puerta. Afuera queda su escolta
y el barullo habitual en los pasillos del Congreso. El Senador
se disculpa por la espera y atiende a Soldepaz…
¿Hay en Colombia un Estado
mafioso?
G.P.: No. Pienso
que hay un régimen mafioso, una coalición de intereses
de sectores como los narcotraficantes, los grandes propietarios
de tierras y algunos empresarios, incluidas multinacionales como
las del banano, que se juntan con bandas criminales de sicarios
en las regiones. Los une la apropiación ilícita
de la riqueza pública como los presupuestos o la privada
las tierras, o ilícitas como las ganancias de la cocaína.
Esta coalición de intereses necesita dos condiciones imprescindibles:
una sociedad silenciada que no pueda protestar, por eso usan el
terror, los asesinatos, la destrucción de toda forma organizativa
ciudadana. Y necesitan que el Estado local esté a su favor,
contar con la complicidad del alcalde, la policía, los
jueces. La articulación entre mafias y Estado surge en
lo local.
Los poderes mafiosos locales contaron con el apoyo de los servicios
de inteligencia del Ejército colombiano para articularse
regional y nacionalmente. También el Presidente Uribe hizo
lo suyo siendo gobernador de Antioquia, a través de las
empresas de vigilancia privada conocidas como Convivir. El poder
mafioso se extendió y adquirió un gran peso dentro
del Estado, con centenares de Alcaldías, varias gobernaciones,
miles de oficiales del Ejército y de la Policía,
un sector de la justicia y una enorme bancada parlamentaria.
Sectores de todas las ramas del poder público nacional
y local fueron copados tras dos décadas de “parapolítica”.
Pero no es todo el Estado porque lo que ha hecho este régimen
mafioso es fragmentar al Estado y poner secciones a su servicio,
mientras otras secciones se defienden y lo atacan, tratando de
reconstruir y establecer una institucionalidad democrática.
Lo que tenemos es un Estado fragmentado, unos sectores y espacios
en función de la mafia y otros espacios y sectores en función
de la ciudadanía pero con una gran debilidad porque con
la fragmentación del Estado genera mucha inestabilidad
democrática, una situación que puede resolverse
en favor de alguno de los dos sectores dependiendo de la ciudadanía,
de la sociedad misma que también está fragmentada
Parece que a la mayor parte de la
sociedad colombiana el tema que le preocupa es el diario sobrevivir,
no la parapolítica, ¿es así?
Hay una masa que apenas sobrevive, ni ve ni escucha; un sector
importante de la sociedad colombiana, no solo ricos, también
trabajadores y gente pobre, no cuestiona la relación entre
narcotráfico y Estado porque la economía del narcotráfico
se irradia al conjunto de la sociedad colombiana por diversas
vías, es una sociedad acostumbrada a vivir entre traquetos
a los que admira, hay una cultura del traquetismo con cierto apoyo
social. Todos sabemos que los entierros de Pablo Escobar y otros
narcotraficantes fueron populares; es un traquetismo popular.
¿De dónde salen los sicarios y las bases de las
tropas paramilitares? de los barrios pobres de nuestro país
donde la gente apenas sobrevive, generando una cultura que -de
abajo hasta arriba- apoya socialmente esta situación que,
en un país democrático, derribaría al gobierno,
pero aquí no se ve la gravedad de que el narcotráfico
se tome al Estado. Colombia No ha vivido una cultura democrática
donde el ciudadano se construya como tal y este dato es negativo
porque puede perpetuar el fenómeno.
En elecciones anteriores se probó
que los paramilitares impusieron a sus candidatos ¿tiene
legitimidad un Congreso y un Presidente así elegidos?
En
el Estado fragmentado algunas de sus secciones son legítimas,
otras no. El tema fundamental de la vida política colombiana
hoy es cómo cortar las relaciones entre narcotráfico
y Estado, ese fue el tema de conversación con el partido
Demócrata en mi reciente gira por los Estado Unidos porque
las mafias que avanzan sobre el Estado serán las beneficiarias
del Plan Colombia y del Tratado de Libre Comercio. Luis Jorge
Garay en un estudio contratado por el Ministerio de Agricultura
demostró que el cambio en la estructura agraria del país
llevará a que desaparezcan nuestros cultivos de cereales
junto con los pequeños campesinos y la pequeña y
mediana empresa. Eso se acelerará con el TLC que impone
los cultivos de tardío rendimiento como bosques para madera,
la palma africana, el caucho, el cacao, que tienen dos condiciones
que solo reúnen los narco latifundistas: grandes extensiones
de tierra y una gran liquidez monetaria. El paramilitarismo no
solamente es un grupo de sicarios que deben desmovilizarse o llevarse
a la cárcel, eso es una mentira de fácil venta hacia
el exterior. El paramilitarismo es un régimen y una coalición
de intereses de particulares que no aparecen como sicarios dentro
de las mafias, un proceso de acumulación ilícita
de riquezas de todo tipo que produce más desigualdad social.
En la reunión de la Comisión
Asturiana con el Vicepresidente de Colombia Sr. Francisco Santos
dijo que Colombia entraba en la etapa de posconflicto y que los
territorios de los afro colombianos del Urabá están
siendo respetados ¿es así?
El Vicepresidente trata de presentar dos mensajes. El primero
que la guerra bajó de intensidad y el segundo, consecuencia,
que ya no existe conflicto armado, es decir que estamos en pos
conflicto. Son las mismas sandeces que dice el Presidente de la
República. Y entonces ya no se preguntaría de dónde
salen los muertos, ni de dónde las bombas, ni dónde
caen… ni quién dispara contra quién. Pero
hay un conflicto armado muy intenso cruzado con otro tipo de conflictos
dentro de la sociedad colombiana. En relación de los afro
descendientes hay que decir que el paramilitarismo nació
en Antioquia bajo el régimen de acumulación mafiosa
de riquezas, usando el Estado para afianzar un proyecto económico
de dominación de la llamada “mejor esquina de América”
que no son solo territorios de Antioquia sino de Córdoba
y el Chocó, con salidas a los dos mares para controlar
economías lícitas e ilícitas y en medio de
esa herradura están los territorios afros e indígenas
y de los campesinos. El proyecto paramilitar ve esos territorios
como miró occidente al mundo: tierras a conquistar a sangre
y fuego, cometiendo las primeras grandes masacres antes de que
ese método se expandiera por todo el país. Es un
proyecto con apoyo internacional, ese es el debate que pretendo
hacer ahora.
¿Qué salida le ve
a todo esto?
En negativo lo que viene es un desastre humanitario a escala mundial,
pero si nos colocamos en la opción positiva el objetivo
es separar al Estado de los poderes mafiosos. No es lo mismo un
criminal sin Estado que un criminal que logra capturar un Estado
para potenciar el crimen, eso lo sabe Europa donde criminales
con Estado cometieron grandes delitos de lesa humanidad. Hasta
donde hemos podido observar en Colombia la forma como estos poderes
mafiosos han capturado al Estado fue comenzando por los estados
locales usando las elecciones, el voto, no el voto libre porque
una sociedad no elegiría libremente a mafiosos o a criminales
para que les asesinen sus propios hijos. Ha sido un proceso de
usurpación del electorado combinando varios elementos,
desde comprar votos, remplazar al electorado sustituyendo a los
electores; manipulando tarjetones, coaccionando al jurado electoral,
o asustando, atemorizando a los candidatos rivales para que solo
quede el de ellos, logrando así controlar por lo menos
dos millones de votos en todo el país. Tendremos que hacer
un conjunto de reformas integrales, no son solo electorales, fortalecer
los partidos, cambiar el proyecto económico que es paramilitar
porque se mata gente para enriquecerse. Si democratizamos la propiedad
de las tierras, si logramos expropiaciones precautelares administrativas
de tierras de mafiosos, si se persigue la riqueza en manos de
ellos se acaba todo el incentivo que es acumular riquezas, tierras,
honorarios públicos, excedentes cocaineros. Toca cambiar
el proyecto económico concentrador de las mafias por uno
democratizador; hace falta entonces una reforma a la justicia.
No
es Uribe quien hará esto aunque el Washington Post diga
que gracias a él se destapó la parapolítica,
olvidando que fue la oposición con todo los riesgos quien
denunció y un sector de la justicia empezó a creernos
y llevó a la cárcel los amigos de Uribe. Durante
dos décadas se construyó un esquema para la impunidad
en la justicia Colombiana. Los amigos de Uribe pueden ir a la
cárcel, pero volverán otros iguales si no quitamos
la impunidad dentro del aparato judicial. Es que premeditada y
planificadamente la justicia Colombiana no juzga los delitos de
lesa humanidad, no se acumulaban los diversos crímenes,
no buscaron la conexidad para ver el plan y encontrar a los gestores
de una coalición que mató a miles de personas, sino
que investigaba delito por delito, homicidio por homicidio, diluyendo
las pruebas, dejando un solo testigo en cada caso que después
era asesinado, de tal manera que nunca se llegaba a capturas incentivándose
a continuar asesinando. Hay que cortar los lazos entre narcotráfico
y Estado; para ello hace falta lograr un consenso pero el gobierno
en su soberbia no quiere dialogar, apoyado por un aplauso popular
que no es gran mayoría, pero que existe. Con el gobierno
no se puede, toca con los movimientos que empiezan a crecer: políticos
de la oposición, movimientos de víctimas que son
los mayores interesados en un tema que puede ser favorable a nivel
internacional, incluso en los Estado Unidos, entre quienes desean
acabar con el poder narcotráfico y quienes desean construir
una democracia en Colombia. Hay que dar a conocer los nombres
de quienes están en el régimen mafioso dentro del
Ejército, la Policía y el empresariado incluso internacional.
Tras los señalamientos del
Presidente Uribe hubo amenazas de muerte de los paramilitares
contra Ud. y sus familiares ¿cómo está eso?
Yo soy beneficiario de medidas cautelares de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos de la OEA y desde el año
2002 he obligado al gobierno a darnos seguridad. Desde que el
Presidente me insultó y me llamó terrorista a mi
y a muchos de la oposición, a los sectores más duros
del uribismo les gustaría apretar el gatillo; he recibido
una lluvia de amenazas de muerte, mi familia también, igual
que las organizaciones sociales y populares y ya hay algunos muertos
lo que indica que podemos transitar hacia una situación
todavía más grave pues vienen las elecciones de
Octubre donde le disputaremos poder a las mafias, eso pone a la
oposición política y social en alto grado de vulnerabilidad.
¿Qué garantías
hay para la oposición en las elecciones de octubre?
Hay amenazas por donde quiera, las garantías están
solo en los discursos. El gobierno controla casi toda la prensa
y solo habla de la aguerrida alianza de Uribe con Bush, no de
lo que pasa en Colombia; el empresariado hace ganancias dentro
de una narcoburbuja que quieren que se prolongue. Muestran que
todo va bien para Uribe, pero en el trasfondo de ese optimismo
hay una bomba de tiempo que es la paramilitarización colombiana.
¿Cómo va el trámite
parlamentario del proyecto de Ley de Estatuto Rural tan repudiado
por las organizaciones campesinas?
El proyecto de Estatuto Rural ya fue aprobado en comisión
Primera. Es un proyecto que beneficia el modelo económico
agrario paramilitar permitiendo la legitimidad de la contrarreforma
agraria con los procesos de usurpación de tierras que se
quisieron detener desde 1917. Desde 1985 el narcotráfico
se ha ido apropiando de tierras de resguardos indígenas,
selvas, bosques naturales, tierras desecadas, baldíos nacionales,
tierras de campesinos a quienes sacan a la fuerza. Hay falsa tradición
en los títulos de millones de hectáreas de esas
tierras porque eran baldíos nacionales, tierra del Estado,
del pueblo.
El proceso de negociación con los paras fue hipócrita,
no se estableció la obligatoriedad de la verdad en cuanto
no es obligatoria la confesión plena, eso afectará
la reparación en el tema tierras-territorios; es uno de
los tantos problemas en la Ley de Justicia y Paz.
La lógica va cambiando de mafiosos urbanos que usan la
tierra para el lavado de dólares y se van transformado
en mafiosos armados rurales y semirurales, es el actual paramilitarismo
y entonces no solamente ven la tierra como un instrumento de lavado
de activos sino como un instrumento de poder político,
como siempre lo a sido y entonces empiezan los desplazamientos
la apropiación de tierra, en las masacres la acumulación
de tierras fértiles y todo eso genera un proceso de concentración
de la tierra inimaginable. El Estatuto agrario deroga la Ley 200
de 1936 y la fecha de titulación cierta que estaba en 1917
se corre a 1996, es decir, todos los títulos con tradición
no cierta acumulados entre 1917 y 1996 es decir prácticamente
todos, incluidos los del narcotráfico, quedan amnistiados
y se vuelve titulación ciertamente legitima registrada
ante el estado y por tanto oponible ante terceros, lo que significa
registro público y legalización del despojo, de
la usurpación. Ese es el proyecto aprobado en el senado
de la república y va para la cámara.
¿QUE SE PUEDE HACER DESDE
ESPAÑA EN ESTE CASO?
Las
tierras mineras de Asturias con su producción de izquierda
fue una nuestras inspiraciones. Hay que mover a una Europa que
tiene otras prioridades. Europa fija sus políticas para
Colombia dependiendo de España que deja su política
con Colombia en manos de las multinacionales, por eso se tapa
los oídos y cierra los ojos.
Uribe antes de ser presidente fue miembro de la Junta Directiva
del Banco Santander, eso supone una relación muy fuerte
con los propietarios del Banco. Uribe ha llenado los bolsillos
de las multinacionales españolas porque sabe que son la
verdadera cancillería de España y por esa vía
va ganando apoyos en Europa. A esa lógica hay que ponerle
otra que la podrían asumir los ciudadanos para hacer que
su Ministerio de Relaciones Exteriores funcione bajo la lógica
de los derechos humanos de los pobres y trabajadores de Colombia.
Eso podría cambiar la postura de España y de Europa
en relación con el régimen paramilitar colombiano.