presentado libro en Cambalache de las Madres.

Ventana a la Plaza de Mayo.

Fabian D´Alosio y Bruno Napoli son dos jóvenes docentes e investigadores de la Universidad Popular Madres de la Plaza de Mayo.

Estuvieron en el local Cambalache y en Sestaferia presentando su penúltima investigación, que resulta en un libro: la edición de los artículos escritos por Osvaldo Bayer en el periódico de las Madres.

Fabian y Bruno aseguran que las Madres inventaron otra forma de comunicar. El pañuelo, la presencia de todas, el espacio de la Plaza de Mayo, el enfrentamiento a cuerpo con todos los poderes represivos, los milicos, los obispos cómplices, el mundial de futbol del 78..

Osvaldo Bayer , escritor y periodista, anarquista, con muchos años de trabajo en prestigiosos diarios argentinos, tuvo que exiliarse varias veces. Y lo que es peor: a su regreso, en la "transición" democrática, se encontró con que nadie quería darle trabajo. Solo las Madres le ofrecieron su Ventana.

Osvaldo Bayer en su exilio en Alemania, sin conocer personalmente a las Madres, se fue conviertiendo en admirador, en divulgador suyo.

Finalmente, cuando las Madres comenzaron a dar giras de denuncia internacional contra la dictadura, se conocieron, y la casa de Bayer se convirtió en hospedaje para muchas Madres.

A esa casa fueron ahora Bruno y Fabian, antes de llegar a Asturias, buscando elementos para su investigación:

Pudieron comprobar como la soledad aunó al escritor en el exilio, con las Madres que también sintieron durante muchísimos años la soledad frente a la dictadura.

Los insultos, los atropellos, el silencio cómplice: las locas de la plaza.

Fabian y Bruno resaltan esa confluencia en Alemania y en Argentina: la que derivó en considerar a las Madres de Plaza de Mayo como el Movimiento Político que devolvió la ética a la sociedad argentina.

Osvaldo Bayer, el "novio" de las Madres, no por nada es de los pocos que es invitado a compartir cabecera en las Marchas que todos los jueves las Madres siguen haciendo en la Plaza de Mayo. Otros van detras, saludan, respetan, se abrazan a las Madres. Pero compartir la pancarta que cada jueves las Madres sostienen exigiendo y sintiendo la Vida de sus Hijos Desaparecidos, es un privilegio único que sólo Osvaldo Bayer parece haber ganado.

Esa es la foto de la tapa del libro.

Libro que está editado por la Editorial de Madres, y que se puede adquirir en Cambalache.

"Las ventanas son para mí el testimonio de mi gratitud y admiración para las luchas de las Madres. Nunca, en mi vida, había comprobado un heroísmo tal y sus consecuencias ante el valor de la vida. En estos escritos está el registro de la valentía y la nobleza. Pero también las felonías y bajezas del clima de la sociedad que las rodeó."

“Mi mayor orgullo como ser humano es el haber formado parte en las columnas acompañando a la Madres y el haber colaborado en su periódico: será siempre la línea más valiosa de mi humilde biografía, dirán: ‘las madres lo consideraban un amigo y fue un colaborador de su periódico’. Déjeseme la libertad de poder decir esto, forma parte de mi regocijo de la vida”, afirma Bayer

"¿Qué ve Osvaldo desde las Ventanas a la Plaza?

Parece mentira, es tan grande la Plaza que abarca a los 30.000 desaparecidos, a los fusilados, a los presos, a los exiliados.

Es tan grande la Ventana como grande es el corazón de Osvaldo.

Cuántas cosas ve Osvaldo desde allí.

Descubre cada día algo distinto sobre las Madres, analiza nuestros discursos, nuestras acciones.

Cuando mira desde las Ventanas ve a nuestros Hijos, observa nuestra Marcha y marcha con nosotras.

Osvaldo ve claro, claro como sus bondadosos ojos claros.

¿cuántos días se paró para mirar nuestro accionar?

La vida de este increible compañero que nunca deja de encontrarnos, que en el exilio preparó giras y conferencias sin dejar de mirar por la ventana.

Qué hermosa imagen es ésta de un hombre íntegro,

parado frente a la ventana

desde donde ve salir el sol, la lluvia, y que muchas veces nos acompaña.

Y las Madres siempre acompañadas por los miles de Hijos."


Hebe.


osvaldo bayer y la lucha por los derechos humanos

“Las Madres fueron como una luz en el cielo negro”

El escritor y periodista es el eje de Ventana a la Plaza de Mayo. Las Madres y Osvaldo Bayer, el libro en el que se reproducen sus columnas para el periódico de la agrupación.



Los trabajos de Bayer para el periódico abarcan dos etapas: 1984-1993 y 2003 hasta hoy.

Por Oscar Ranzani

El 18 de junio de 1976 Osvaldo Bayer se exilió en Alemania. Unas horas antes, recibió un mensaje amenazante del brigadier Santuccione en el aeropuerto de Ezeiza: “Usted jamás va a volver a pisar el suelo de la Patria”, le dijo. Por suerte o mejor dicho, por justicia del destino, se equivocó: Bayer regresó al país el 22 de octubre de 1983, días antes de las elecciones presidenciales. Fue en el exilio que se enteró de “que habían salido unas mujeres a Plaza de Mayo, que eran madres de desaparecidos y ahí vi como una especie de luz en el cielo negro”, recuerda. En Alemania conoció a las Madres que visitaron ese país en el marco de su lucha por la defensa de los derechos humanos y trabó con ellas una amistad indestructible. Bayer recuerda que las Madres eligieron como residencia su humilde departamento de Berlín antes que un lujoso hotel. “Yo les cocinaba pollo al horno con papas”, recuerda, antes de comentar que, una vez que regresó a la Argentina, comenzó a colaborar en el Periódico Madres de Plaza de Mayo, a través de una columna bautizada “Ventana a la Plaza de Mayo”, donde tomaba posición con respecto a “la política de derechos humanos de Alfonsín”. Bayer sostiene que fue uno de los tantos “que luchó por los presos políticos que mantuvo Alfonsín y que nadie recuerda este episodio. Una cobardía, una falta de coraje civil tremendo”, fustiga. “El mantuvo presos a los detenidos de la dictadura que habían permanecido en cárceles y que habían sido condenados por la ‘Justicia’ de la dictadura”. El columnista de Página/12 destaca que luchó junto a las Madres por la libertad y que, incluso en una oportunidad, la actriz Liv Ullmann los acompañó en una visita a los presos políticos.

Bayer escribió en dos etapas del periódico esas Ventanas por las que se asomaba a la realidad histórica y política: 1984-1993 y desde 2003 a la actualidad. Ahora, Ediciones de Madres de Plaza de Mayo acaba de publicar el libro Ventana a la Plaza de Mayo. Las Madres y Osvaldo Bayer, donde se reproducen sus 57 columnas; sus compiladores son Fabián D’Aloisio y Bruno Nápoli, docentes de la Universidad Popular de Madres de Plaza de Mayo. Además, Nápoli y D’Aloisio escribieron cinco capítulos del libro que contiene palabras de presentación de Hebe de Bonafini y un epílogo de Horacio González. Los dos primeros capítulos tienen un componente histórico y reconstruyen la relación de Osvaldo Bayer y las Madres, en el exilio. Los dos siguientes adquieren un carácter conceptual y relacionan la obra de Bayer con conceptos de Emmanuel Lévinas y Ernst Bloch para dar cuenta de la genealogía de su escritura y su construcción discursiva. El último relata de modo explicativo cómo era “Ventana a la Plaza de Mayo” en las dos etapas del periódico.

–Cuando comenzó a escribir en el periódico la democracia no tenía la fortaleza de hoy. ¿Cómo analiza el rol que tuvo el periódico desde entonces?

–Fue un periódico señero porque marcaba líneas, tenía una claridad absoluta en cuanto a lo que había que hacer, no como hacía Alfonsín en su política, que cambiaba todo para no modificar absolutamente nada. Y esa política va a terminar bien clara con la obediencia debida y el punto final. Ellos se precian de haber hecho el juicio a los comandantes. Pero, ¿quién impulsó y empujó a eso? Otros se olvidan de que Alfonsín inició el juicio a los militares pero encargó a los tribunales militares que hicieran el juzgamiento, que inmediatamente los dejaron libres de culpa y cargo. Los organismos de derechos humanos, principalmente las Madres de Plaza de Mayo, lucharon y finalmente lograron ese primer juicio. Todos tendrían que haber sido condenados a prisión perpetua. Después fueron a una cárcel pero en un apartado donde estaban en chalet con jardines, donde podían recibir todos los días a sus familias. Nada que ver con la prisión como se lo merecían.

–En la presentación del libro se señala que desde la “Ventana...” usted mira a las Madres. ¿Cómo las observa a lo largo de todos estos años?

–Las observo y las sigo en su lucha. No tengo ningún derecho a criticarlas. Ellas hicieron la epopeya femenina más grande de nuestra historia. Y va a quedar. Esto ha quedado para el orgullo de los argentinos. Así como para vergüenza de los argentinos va a quedar lo que en Europa se llama “la muerte argentina”, que es la desaparición de personas, con el robo de niños, con el arrojar prisioneros al río, etcétera. Yo las voy a seguir, nunca he intentado darles línea. Las he acompañado porque sé el dolor profundo de ellas al perder a sus hijos. He estado siempre con ellas en las marchas. Por supuesto, soy un hombre independiente, no soy quién para criticarlas. Ellas hicieron la verdadera revolución y yo no hice ninguna.

–¿Qué se propuso desde el periódico con las columnas?

–Cuando me pidieron que colaborara yo me propuse principalmente tratar temas históricos y denunciar las grandes mentiras, cómo se ha mentido en la historia oficial pero también cómo se mentía en la política de derechos humanos y en la política de lo que tiene que ser una verdadera democracia. También preguntarme por qué tanta crueldad en la Argentina. ¿Por qué se llegó a ese extremo de la desaparición de personas, de la tortura bestial? Y por qué tenemos monumentos a los dictadores. Parece mentira pero tenemos un monumento nada menos que a Uriburu, el primer golpista que volteó a un gobierno elegido por el pueblo. El monumento más grande de la ciudad de Balcarce es al golpista Uriburu, fusilador de obreros. Hay treinta y seis monumentos a Roca, un genocida absoluto, el que reimplanta la esclavitud en la Argentina. Aprueba la ley más cruel de la legislación argentina sobre la expulsión de extranjeros. La crueldad estaba en que se expulsaba solamente al hombre y se dejaba acá a la mujer con sus niños sin ninguna entrada. Decían que en eso había sido muy pícaro Roca. No: había sido cruel. Lo hacía para que las mujeres con hijos les dijeran a sus maridos: “No te metas en el sindicalismo porque si no te van a expulsar y yo me voy a quedar sin ninguna entrada para darles de comer a nuestros hijos”.

–¿Cómo analizó a través de sus Ventanas el comportamiento de la sociedad frente al genocidio?

–Siempre lo he analizado como una gran cobardía; principalmente, nuestra clase media. Por supuesto, la clase alta siempre fue colaboracionista de las dictaduras. Lo mismo la Iglesia Católica, salvo algunos mártires como dos o tres obispos y otros sacerdotes desaparecidos. Por ejemplo, no tienen explicación los festejos del Campeonato Mundial de Fútbol de 1978 y tampoco el apoyo a la guerra de Malvinas, que fue absolutamente artificial. Jamás he dicho “los héroes de Malvinas” sino que he hablado siempre de las víctimas de Malvinas que es toda esa juventud muerta en la guerra.

–¿Qué marcas dejó el exilio en esos escritos?

–La enorme enseñanza de lucha. El exilio argentino hizo más publicaciones en el exterior que el exilio alemán contra el nazismo. Estamos orgullosos de eso. Estamos orgullosos de los periódicos que hicimos. Y siempre, en ese sentido, tengo que nombrar a Cortázar y a Osvaldo Soriano que publicaban tal vez el principal periódico, Sin censura, en París, con el cual yo siempre colaboré con notas. Cuando volvimos, seguimos con el trabajo en la defensa de los derechos humanos. Nos sumamos a los organismos.

–¿Qué significa formar parte del periódico de Madres de Plaza de Mayo?

–Un orgullo. Una especie del placer de la verdad, del placer de luchar por la vida, el orgullo de saber que lo hacemos en beneficio de los que peor están en la sociedad, de los que sufren más, y que nuestra voz es justamente alertar sobre eso. Y decir, fundamentar, que la democracia tiene que traer la felicidad para todos y no para un sector de la sociedad y conformarnos. Se nos quiere hacer creer que la democracia es solamente elegir candidatos cada dos años y eso no. La democracia tiene que ser el respeto a los derechos y a la igualdad de todos.