ANEXO IMPORTANTÍSIMO

MONTY, EN REUNIÓN, CON LAS MADRES DE LOS DESAPARECIDOS

Ayer me acosté tardísimo, porque deseaba acabar mi escrito sobre los treinta años que llevaban las madres reclamando justicia. El acto fue, como no, en la plaza que las bautizó, Plaza de Mayo, en Buenos Aires.
En la misma plaza, al día siguiente, me encontré mientras filmada las movilizaciones del primero de mayo a Javier Arjona y su compañera, Ana. Mantuvimos una agradable charla de cuarenta minutos y nos citamos al día siguiente en la universidad Madres de Plaza de Mayo. Así que, como la luz se estaba yendo continué grabando para aprovechar al máximo. Al final, me mimeticé entre la gente y nos los volví a topar.
Tras la marcha (manifestación), me dirigí a casa y estuve escribiendo hasta las tantas, o sea que esta mañana, un poco cansado me dirigí hacia el punto de encuentro, que era el café de la universidad de Madres Plaza de Mayo a la una (cerca de la plaza congreso de la nación).
Un poco rapado de tiempo, hice aparición a la una menos dos minutos. Al entrar, ya les observé sentados en una de las mesas de la entrada a la izquierda. Departían con una chica “moracha”(morena) de cabello largo, Miriam-La negra. Nos presentaron y Javier le dijo que estaba interesado en grabar las viviendas de Ciudad Oculta, un barrio periférico o suburbio de Buenos Aires en donde la policía ni entra, algo así como La Mina en Barna o Las Barranquillas en Madrid. En dicho barrio, Las Madres llevan a cabo un proyecto de construcción de viviendas muy peculiar, que ya describiré y descubriré.
Así que La negra me dio sus señas, me dijo que un placer mostrar el proyecto, luego añadió: “Estaría bien que fueses cuando Hebbe (de Bonifini, la presidenta de la Asociación Madres Plaza de Mayo) haga la próxima visita al barrio. Yo, anonadado, asentí con mi cabeza. No daba crédito que pudiese compartir una experiencia similar con esta mujer, que es un símbolo mundial de resistencia y dignidad; y que no olvidemos, me había emocionado profundamente tan solo dos días antes, en su alocución pública.
Al ratito, La negra se marchó porque tenía faena y nosotros quedamos comentando la jugada. “Que bien, vaya oportunidad” “Pues, misión cumplida” comentaba Arjona. “Si me pudiese quedar, de buena gana iba con vosotros”.
Continuábamos charlando cuando, varias mujeres se detuvieron a saludar a esta pareja. A cada persona, me la presentaban con total cordialidad. “Otro compañero asturiano”. Algunas eran chicos/as jóvenes y otros mayores. Al momento, una mujer mayor, muy dicharachera ella, se detuvo a besarlos y a conversar con ellos. Era “la Porota”. Curiosamente, el día anterior me habían hablado de ella. Su padre, navarro, había sido un anarquista español ( José Maria Colás) fusilado por Franco tras la guerra, entonces ella emigró con su mamá a Argentina y luego los milicos desaparecieron a su hija Alicia. Rápidamente, se apresuró a decirme, que su padre siempre admiró a los mineros asturianos por su carácter rebelde y luchador. Aprovechó para preguntarles como se lo habían pasado en el concierto de los treinta años.

Continuamos charlando nosotros sobre la historia de las madres y el funcionamiento de la universidad, cómo abrieron el centro y demás proyectos en funcionamiento ( la limpieza y erradicación del hampa del parque congreso, el tiovivo( o“calesita”), la radio de las madres (530 AM), las viviendas en construcción de los barrios...
Nos levantamos, porque Javier y Ana me iban a mostrar las instalaciones de la universidad. Caminamos hacia dentro y a la izquierda, se encontraba el local en que las madres estaban. Algo así como su local social, su lugar, donde pasaban más horas que en su propia casa. La casualidad quiso, que al pasar, la puerta se abriera. Las madres despedían a alguien entre besos y abrazos, seguro alguna persona que hubiese colaborado en la preparación del acto de la plaza, conjeturé yo.

Sin apenas darme cuenta, me encontraba sentado en una mesa conversando con cuatro madres de los desaparecidos durante la dictadura militar argentina. Enseguida nos plantaron tres cafés encima de la mesa, acompañados por un bizcochito. A mi, me daba vergüenza rechazarlo, pero es que no tomó café. Así que lo dije. Rápidamente, Poro, salió al paso diciendo que: “ si no tomas, nada hombre, no hay ninguna obligación”. Al final, Javier, haciendo gala de su prudencia exquisita, lo tomó en mi lugar. Mientras, el teléfono que encima de la mesa reposaba, no paraba de sonar.
Frente a mí, de izquierda a derecha, Alicia, Porota (secretaria) y Beba (vicepresidenta), más tarde se incorporó Juanita. A mi lado Javier y Ana.
En principio, Porota, que se veía una mujer de verbo fácil , empezó a narrar cuan contentas se sentían por el resultado del acto del lunes, que había salido a pedir de boca. Luego se dirigió a mi, para contarme como su papá admiró siempre a los mineros asturianos, claro, a mí me falto tiempo para decirle de donde era yo. Entonces, ella habló de un minero asturiano que su papá había conocido, “seisdedos”. A mí, no me sonaba de nada, más bien me recordaba a un maqui catalán, le comenté. El teléfono sonó y nos cortó el hilo de la conversación. “Saben ustedes, Javier, que ya tengo cinco bisnietos, el último nació en Francia, de mi nieto Martín, el hijo de mi niña Alicia, la que se llevaron. Cuando fui a verles a Toulouse se lo dije. ¿Ustedes que son pelotudos? A estas alturas andar jodiendo sin forro. Porque solo se conocían de tres meses y no se puede andar sembrando hijos por el mundo, oíste. Tuvieron un hijo, como podían haber tenido... sida. Que pibe, este niño... Le marcó mucho lo de su mamá, por eso siempre estuve ahí, yo soy su madre desde entonces. Él vio como se la llevaban encapuchada y ... nunca fue un chico normal. No puede pararse quieto en ningún sitio. Viaja mucho. Pero cada uno, es como es.”

La mujer, lo narraba con la naturalidad propia de tener que asumir esa circunstancia dramática como parte de la vida que le tocó vivir. Mis brazos erizados me reflejaban. Más adelante, esta belleza de ochenta y dos años exclamaba: “ gracias a dios yo soy atea. Y si dios existe, debe ser un hijo de puta , oíste. No me rompas las bolas, pooor favor.”
Su paso por España, aun se le notaba en esta clase de expresiones anticlericales de la época. La verdad, que te morías de risa con ella.
“Las madres no tenemos partido, ninguno, tampoco religión, las hay católicas, judías y hasta musulmanas. Yo no gasto de eso.”
Mientras charlábamos, no paraba de entrar gente del lugar, demandando cosas, libros, preguntando detalles y el teléfono estaba en huelga de celo. Unas veces contestaba Beba y otras Porota. También alguna otra madre, paso por allí para consultar algo o comunicar algún recado. Recuerdo a esa muyerina de pelo blanco, con esa carina de bondad, que irradiaba una paz. Cuando me fui, le di dos besos y se sintió agradecida por la visita, pero el verdaderamente agradecido era yo.
No se, si por el teléfono o porque, pero la conversación derivó en una serie de anécdotas sobre sus viajes alrededor del mundo, de índole gracioso y relacionadas con lugares en donde se alojaron o comidas que tomaron por respeto a quien las acogió. La de la sopa de rabos de lagartija y la de la leche con órganos de pavo, corazón, riñones, que les habían ofertado en diversos lugares como una comida especial, por su presencia, nos dieron pie a unas buenas carcajadas. O la okupa en Alemania, a la que se refería Alicia, donde durmieron en el suelo, con unos improvisados colchones y vaya fumada por la noche, decía la mujer, ¡no paraban de tomar yerba!

No hay que perder de vista que hablamos de mujeres entre los ochenta y los 94 años, aunque estas anécdotas se refieren a 10 ó 15 años atrás. En Suecia, las hospedaron en una morada donde los platos roñosos salían de la capacidad del bañal. Lo primero que hizo Hebbe, fue cocer en agua los repasadores (trapos de cocina), para poder secar algunos de los platos que limpiaron y así lograr comer. Les cedían acomodo, una tailandesa que comía susi y luego se cepillaba los dientes encima de todos los platos sucios, y su compañero sueco.
De ahí, la conversación derivó en asuntos de higiene. Exclamaba Porota, “ ...Que tiene que ver la higiene con la militancia. La verdad, muchas veces te encuentras con estas cosas dentro de la izquierda. Gente muy buena, pero cochina, eh...”

El asunto de los gatos, dió mucho juego, ya que Beba no los puede ni ver, además, estuvo muy simpático también. Narró lugares donde pernoctaron, que estaban repletos de gatos que se subían a todos los rincones de la casa e incluso una vez, cuando se metieron a dormir en una cama, se toparon con un gato en el interior de la cama, que Hebbe cogió por el rabo y azotó fuera de la pieza ( habitación aquí). Beba sentía verdadera repulsión por ellos. A Hebbe, decían, no les desagradaban, pero claro, en su lugar, no llenándolo todo de pelos, por todos lados.
Hebbe contestaba a una pregunta sobre los animales domésticos. ¿Que le gustan más los perros o los gatos?
Si a un perro, le pegas te lame la mano, si golpeas a un gato te araña. Me gustan más los gatos, porque son rebeldes.

Beba, comienza a reírse ella sola, sin poder articular palabra. Cuando, por fin, consigue elaborar un mensaje comprensible para los que la contemplábamos expectantes. “Hubo una ocasión en que nos alojamos en casa de una pareja, muy amable, que incluso, nos brindó su piezita (habitación) y mientras hacíamos la cama para dormir, nos encontramos dos preservativos usados, bajo el colchón. Re-chenchos (so cerdos), esta bien que usen forro, pero por favor... a nosotras no nos interesa su vida matrimonial.”Semejante historieta nos mantuvo un trecho ocupados, sin desdeñar calificativos.

La verdad, por momentos, no paramos de reírnos juntos y todas se animaban a comentar alguna anécdota para echar unas risas. Lo que hubiese dado por haber podido registrar esa conversación, aunque solo fuese el audio. Ya que tantos datos, mi memoria no puede retener. Además, por momentos, desconectaba un poco de la conversación, pensando esto mismo que ahora acabo de escribir. Pensaba,¡ joder, esto es canela pura!¡ Que pena no poder grabarlo! Ya se sabe, defecto profesional. He de aprender a emplear el cerebro como mp3. Como en los últimos tiempos toda esta serie de conversaciones las grabó, pues...

Ahh, recuerdo que el tema de los animales domésticos, cedió el paso, a lo vergonzoso que suponía el hecho que muchos gatos y perros viven mejor que miles de personas. Alicia y Poro, comentaban de una señora que sacaba a su perrito por el parque radicado frente a la universidad, que portaba su abriguito, sus zapatitos, en fin... Luego añadió: “Creo, que esta señora, lo emplea para sustituir a su marido”. Me miró Poro, y me eché a reír a carcajada limpia, me guiñó el ojo y también ella se empezó a descerrajar de la risa.

Cada vez que se referían a Hebbe, manifestaban que andaba de camino, en especial, en este par de historias. Cuando se rompió la pierna. La última vez, ocurrió en los últimos dos años, no me quedó muy claro, pero lo que si anoté en mi cabecita de pájaro, fue que la mujer prácticamente se traslado al local, para poder atender a sus obligaciones, entrevistas y demás funciones. La gente pasaba a verla al despacho con la pierna colgada hacia arriba. Creo que es muy sintomático de su personalidad y recuerdo que cuenta con ochenta años, que no es ninguna broma. Como decía Poro, “otras con veinte años menos, andan...”, y las imitaba andando arrastrando los pies. La verdad, lo que es tener ganas de vivir, y mantener el cerebro en, permanente funcionamiento, ayuda y mucho, ehhhhh.

Tras esto, comentaba Beba, que al salir de uno de esos antros donde se hospedaron en Europa, Hebbe resbaló con unas hojas secas y se partió el tobillo. Enseguida, marcharon al centro de salud más próximo, donde, le realizaron la cura pertinente y le recomendaron reposo, a lo que ella hizó caso escrupulosamente. Ese mismo día, tenían cita en Estrasburgo, en el Parlamento Europeo, y Beba le comentó que no se inquietase, ella pronunciaría el discurso. Ni lo sueñes, le respondió Hebbe. Así que, hasta allí se desplazaron y sin que nadie supiera nada, cumplió su misión. Más tarde tenían otra recepción oficial, con algún presidente europeo, que no consigo recordar. Tampoco permitió que la reemplazaran.
Me parece que los comentarios sobran, ya que los acontecimientos por si solos hablan.

Entre batalla y batalla, la puerta se abrió nuevamente. En este caso no llamaron. Al girar la vista hacia la entrada, la vi. Era ella. Fue la primera ocasión en que la pude ver tan cerca. No llevaba su inseparable y mítico pañuelo sobre la cabeza. Me imagino que su emblema de lucha, solamente aparecía en los actos, lógico ¿no?
Pero, claro, para mi suponía una novedad importante, acostumbrado a su imagen pública, repetida en miles de fotos, muchas de las cuales adornaban las paredes de las salas que visitamos.
Hebbe portaba una bolsa con dos grandes libros en cuyas pastas podían observarse los colores de la bandera argentina. Se acercó a la mesa donde nos encontrábamos, abrazó a Javier y Ana, que me la presentaron como a una más. Recuerdo que cuando esperaba, para saludarla, pocos instantes pasaron, pensaba que iba a besar a la mujer que dos días antes me había sacado las lágrimas. No se, son estas cosas del directo, en que uno no sabe muy bien que va a decir, ni por donde empezar. Pues, nada, ella venía un poco contenta por los libros que al momento nos mostró. Digamos, para abreviar, que estos volúmenes los empleó la policía militar argentina para adiestrar a sus cachorros sobre los delincuentes-terroristas. Javier les echó un vistazo y me incorporé de la silla para verlos. Al principio, en una página desplegable, mostraba un organigrama de las organizaciones de delincuentes terroristas, muy bien estructurado, por cierto. Desde el PC, Montoneros, hasta los enlaces con las FARC. Evidentemente, todo ello, desde el punto de vista suyo, claro está. Pasamos las hojas, y desplegables de periódicos de la época que dibujaban noticias. Prensa como La Nación, que Poro manifestó, “estos son periódicos fachistas, bueno, aun hoy día lo son. Pusieron a parir a Kirchner cuando derogó las leyes de Punto Final y Obediencia Debida...”
En especial, recuerdo una, que informaba de un atentado (en el comedor de Coordinación Federal, lugar, al que iban a comer los funcionarios policiales de dicho centro policial. La bomba fue colocada por Montoneros en 1976), en que había sido asesinados un montón de represores (¿24?), más adelante aparecían las fotos de los cadáveres. Poro comentó, “esto fue lo de la bomba del café, muy bien puesta, por cierto. Porque esos eran todos torturadores, incluso, se inventaron más muertos de los que hubo en realidad”. Evidentemente esta afirmación visceral, se realizó en petit comité, porque en treinta años, las madres jamás han clamado venganza, sino justicia o lo que es lo mismo, un juicio justo para los ejecutores, encubridores y quien dio las órdenes. Decía un capellán de la policía bonaerense de la época (Won Wernick, que asistía a algunas torturas), que torturar menos de siete horas, no constituía pecado, claro, algo habrían hecho. Se me revuelven las tripas al escribir esto, esos son, los que nos ofrecen la salvación eterna... ¡si me das dinero irás al cielo!

Mientras Javier y yo, observábamos el cuadro de las organizaciones “ terroristas”, Poro exclamó:“Terroristas, hijos de mala madre, los terroristas fueron ellos, hijooos de puta. Muchos policías de los que morían en esa época, se mataban entre ellos, porque estaban completamente desorganizaos y los mataban pensando que eran hijos nuestros”. En cuantas ocasiones habré pensado eso mismo yo. Por lo visto, no son planteamientos de juventud solamente.

Creo que la presidenta, permaneció con nos poco tiempo, ya que pronto la reclamaron para arreglar algún asunto en su despacho.

En un breve momento de silencio, Javier Arjona preguntó: “ ¿Cual fue el grupo que más les gusto a las madres? Beba, dijo, todos estuvieron bien, pero la murga uruguaya (Falta y Resto)... No se, el que menos, seguro, Charly (García), este pibe está reloco, cada día está peor. Toma demasiado, esta rodeado de unos bichos, porque él tiene buen corazón, aunque a veces se les vaya la pelota, como cuando dijo que era menenista. El chavón cuando en directo algo, no funciona lo manda todo a cagar. Lo rompé todo, está reloco. Hace tiempo se lanzó de un octavo a una pileta (piscina) y tenes que apuntar bien, porque con lo flaco que está.
Durante el recital, se acercaba a Hebbe y le decía, cuando no se oía un carajo: -Ves Hebbe, lo bien que me estoy portando.
Hace años (1994), fuimos a su casa y en medio de la conversación, alguna le preguntó por su madre y se enojo muchísimo: -Esa mujer, fue lo peor que me paso en la vida, si quieren que seamos amigos, de eso ni hablar.”
Nosotros intercalamos alguna opinión sobre lo que nos había parecido su show, y coincidimos en recalcar que la murga nos encantó a todos.
Beba continuó diciendo que este era un pibe, como Maradona, al que la gente adora haga lo que haga. Yo introduje: Sí, como si estuviese por encima de lo humano y lo divino...
Beba respondió: ¿Sabes lo que le dijo Maradona a Hebbe, no hace mucho, cuando se dieron un abrazo? –Madre, gracias, pero no se si merezco este abrazo. Las quiero.

Continuamos un rato más con las madres y Poro nos animó a que Javier me mostrara el centro: “Ustedes son de la casa, ya saben, con toda confianza, por favoor”.
Salimos de la sala quedando en despedirnos al marchar. Tras cerrar la puerta, mientras pisamos el primer peldaño de la escalera, me dijeron:- ¿Qué?
–No me fluían las palabras, solo acerté a decir, impresionanteees. Javier comentó: “ A eso llamamos nosotros, llegar y besar el santu. Son increíbles estas mujeres”.

Tardamos más de lo habitual en ascender aquellas pocas escaleras que conducían al segundo piso, íbamos a cámara lenta, comentando cosas... Arriba, en el fondo, se ubicaban las distintas aulas de la universidad, y diferentes despachos en donde la gente trabajaba. Sólo entramos en el área de audiovisuales, donde una chica y un chico visionaban fotos, curiosamente, correspondían a la visita que tres días antes había realizado al centro, Cristina Fernández, primera dama de la nación, esposa del presidente Kirchner. Javier exclamó, “mira, está sentada en tu silla”. A lo que respondió uno de los chicos: - Creo que Evo (Morales) también se sentó ahí... Nos echamos a reír.
La biblioteca resultaba espectacular, por la cantidad de material que guardaba con publicaciones de todo el mundo. El centro, que en primigenios momentos fue un centro tomado (okupado) por las madres, contaba (en la planta baja) con un taller de fabricación de toda clase de útiles, un archivo de las madres (con más de 40.000 fotos, en proceso de digitalización), un café, tienda-librería, comedor autogestionado...
Ah, respecto al archivo decía Beba: “Claro ahora, con esos aparatos tocás un botón y te sacan 30 fotos, pero antes, cuando la dictadura era complicao, tenías que esconder la maquinita y luego ocultar la película entre las plantas de la plaza (de mayo), para pasar a por ella más tarde.”

Tras la visita al centro, totalmente imbuidos por el ambiente y con una alegría exorbitante, Javier se acercó a adquirir varios artículos para el recuerdo y para regalar a algún amigo. Parecía que ya nos marchábamos, pero insistí en pasar a despedir a Porota, le pedí a Javier que deseaba me tomará una foto con ella, aunque bien presente tenía que no trataba con estrellas del rock, pero hay maneras de hacerlo. Aquella mujer, me había dejado fascinado. Así llamé a la puerta y Juanita, me abrió la puerta. Le dije que me quería despedir y demandé por Porota. A lo que amablemente me respondió: “Pasa que está por ahí adentro”. Pasé, con mucha prudencia, mirando hacia atrás, antes de entrar en aquel pequeño pasillo, busqué con mi mirada a Javier y Juanita. Ella me dijo: “anda pasá”. En el primer despachito de la derecha, encontré a Alicia y a la mujerina de cara tan buena, les di dos besos, ellas sonreían. Aproveché para decirles que aquí, en Argentina, eran un poco tacaños a la hora de dar besos, que en Spain, se daban dos. Les causó mucha risa, mientras, les pregunté por Porota. Se encontraba sentada frente a Beba despachando algún tema en el despacho de ésta última. Con mucho tacto, desde la puerta, le comenté que nos queríamos despedir y me sugirió llamase a Javier y su compañera. Así lo hice.
El despacho estaba cargado de objetos, fotografías con dirigentes de todo el mundo (con Fidel Castro, con el Subcomandante Marcos, Mitterand...) cuadros regalados por artistas, bordados, pañuelos de las madres, en fin... pero me llamó poderosísimamente la atención, uno, que guardaba una posición de privilegio, centrado en lo alto, enmarcado. Ponía: OCHOBRE 1934, con el dibujo mítico del dinamitero. Cuando alcancé a verlo, me hallaba semi agachado charlando con Poro, ¿te imaginas como me quedé? Le comenté que realizaba un trabajo sobre el tema y que eso me había conducido a este país. Me rogó se lo enviara cuando lo finalizase. Le comenté que me gustaría hablar del anarquismo español con ella, cuando pudiera. Comenzó a hablar de su padre, de la CNT y de los sucesos de mayo de 1937 en Barcelona, en La telefónica.
Salimos del despacho para que nos enseñara un cuadro de un artista amigo de la plataforma asturiana, y de pasó, dimos un vistazo general al mini museo, que estas mujeres tienen agarrado a las paredes. Tocó un alto en el camino, para contemplar el pañuelo manchado en sangre, por los golpes de la policía argentina en el 2001. A su lado, otro pañuelo, con un cartelito chico: Pañuelo de la visita a las minas de la provincia de Oviedo, en Asturias. Se refería a la visita que hizó Hebbe al pozo Sotón (en El Entrego), donde los mineros en asamblea la recibieron.

En este momento, Poro, me dio un flyer de las madres para que tuviese su teléfono y aprovechó para obsequiarme dos libros: Masera, historia de un genocida y Código Chávez, la intervención yanqui en Venezuela. Me quedé mirándola con cara de pazguato agradecido, pues eso constituiría un recuerdo para mi insoluble.

Mientras nos dirigíamos a la salida del local de las madres, nos detuvimos junto a la puerta que daba acceso a la mesa en que conversamos en primer momento. En la esquinita, prendidas de la pared, dos obras de arte en metal. Simbolizaban dos rostros con los labios cerrados. Una de ellas, conformaban su boca con un candado grande y la otra con un cuchillo de cocina, ligeramente curvado. Poro, detuvose, para explicarnos la cara conque había quedado un miembro del servicio de seguridad de Cristina Fernández (esposa de Kirscher) al ver el cuchillo. Ya que habían pasado horas revisando las instalaciones, con perros y policías de civil. Y de repente, cuando su defendida presente ya allí, se dan cuenta del cuchillo. Poro afirmaba: “ los perros huelen, pero no miran, vaya seguridad. Lo mismo le pasó a los de Evo. Desde que se percataron, uno se apostó ahí, como una estatua inerte, para que su jefe no lo pudiera ver”.

Antes de salir del centro, intercambié mi mail con Javier, nos deseamos suerte, buen viaje y me regalo un dvd sobre las madres. Siempre le agradeceré la experiencia vivida, pues de algún modo, compartí mi tiempo con una parte de la historia viva mundial. Además aun incrédulo por todo lo que había sentido, según me trasladaba caminando al hostel, miraba al cielo, saboreando el estupendo día soleado. Caminaba absorto por las palabras que retumbaban en mi cabeza, tenía las piernas temblorosas a medida que reflexionaba. A pesar de portar mi tabaco de liar, me detuve en un quiosco, para adquirir un cigarrillo a ver si reaccionaba. Pero fue en vano. Aterricé en casa y no encontraba palabras para relatar a los compañeros. Nervioso, tan solo deseaba sentarme frente a esta pantalla en que me hallo ahora mismo. No quería que nada se escapase. Improvisé algo para comer mientras escribía, pues eran las cinco y media y a las siete comenzaba mi curso.

Monty, de la cuenca del Nalón. Asturies.


Monty escribe desde Buenos Aires

HASTA LA VICTORIA SIEMPRE, QUERIDOS HIJOS
(30 ABRIL 2007
)

Aproximadamente serían las seis menos cuarto de la tarde cuando salí del hostel, en dirección a la pizzería de la esquina. Mi sorpresa fue que se hallaba cerrada y las ricas empanadillas no las paladearía esta vez. Buscando otra alternativa, sin alejarme mucho, ya que había quedado con Vicki delante de la pizzería, observé a un tipo grueso que masticaba algo en un papel, miré tras suyo y ví un cartel: Empanadas caseras, 1Peso. ¡Bieeeen! Estaba de suerte.
Al cruzar la calle, tirado en un portal, aquel barbudo que había saludado con Emi dos días antes. Al verle, me dió por comprar dos empanadas y darle una, ya que a la mañana me había pedido algún centavo, el hambre es muy mala y parecía buen hombre y correcto en sus formas. Cuando le llevé la empanadita caliente, recién salida del horno me miró con cara estupefacta y a la vez agradecimiento. “Pibe, esto vale más que el dinero” “Gracias amigo”
Nos hicimos gestos recíprocos de agradecimiento y apareció Vicki, radiante por cierto, buscándome con su mirada, pues recién llegada de San Francisco (Córdoba) aún no se ubicaba del todo.
Al final, el personal del hostel se rajó y nos fuimos solos. No sabíamos mucho de lo que nos toparíamos, tan solo que Charly García actuaría.

Antes de agarrar (coger, aquí significa otra cosa) el bus, pasamos por la gasolinera para cambiar monedas, nos subimos al bus 6 y nos apeamos en Corrientes, para luego tomar la calle Florida, Diagonal Norte, y aparecer en la emblemática Plaza de Mayo.
Una vez allí, ya se apreciaba un gentío importante y estaba al caer la tarde, pues entraba el otoño en Buenos Aires. Una pancarta nos recibía al cruzar el paso de cebra que daba a la plaza: “Hasta la victoria siempre queridos hijos”.
Nos fuimos adentrando entre la gente y buscamos una buena ubicación. Como aun quedaba algo de luz, aproveché para tomar alguna foto, ya que iba bien armado con la cámara de fotos de Vicki y mi videocámara.
El espectáculo había comenzado alrededor de las tres de la tarde, varios músicos metidos en faena amenizaban ya al respetable, y a ambos lados del escenario, sentadas en sillas compartían escena, las verdaderas protagonistas del acto, las madres de la plaza de mayo. El evento conmemoraba los treinta años que llevaban las madres reuniéndose en la plaza, cada jueves a la 3:30. Se empezaron a reunir en esa plaza, que les dió nombre, para pedir justicia a los responsables de la desaparición de sus hijos durante la dictadura militar argentina (1976-1982),un lejano jueves de abril de 1977.
“Estamos aquí en directo para todo el país, conmemorando los 30 años que llevan las madres venciendo a la muerte. Reclamando justicia a los responsables de los 30.000 detenidos desaparecidos durante la parte más oscura de la historia contemporánea argentina”

Cuando regresé de tomar mis primeras instantáneas, aparecía en las dos pantallas gigantes ubicadas a ambos lados del escenario, Bono (vocalista de U2) enviando un mensaje de adhesión y homenaje a las madres en este aniversario. Tras éste, intercalados con los diferentes músicos que amenizaron la noche, fueron proyectándose mensaje de diferentes personas, a los cuales no conocía (artistas e intelectuales de Sudamérica), en especial, me impresionó un actor chileno, que aparecía con un primerísimo plano, por su emoción contenida y el contenido de su mensaje reclamando justicia.
Cuando me parecía enchufaba mi camarita y rodaba un poquitín. Las dos conductoras del evento, narraban la historia del mítico pañuelo que las madres portaron siempre en la cabeza. A modo metafórico, mentaron los pañuelos manchados de sangre en Palestina, los pañuelos que recogen el sudor en una mina asturiana... Imagina mi reacción, a más de 11 mil kilómetros de la tierruca escuchando eso, no daba crédito. “Prestóme pela vida”. ¡Como explicar a la chica que me acompañaba, que apenas me conocía!

Los videos elaborados para la ocasión dibujaban la historia de estas mujeres, referente internacional en la lucha por la dignidad, que tras treinta años insistiendo, han logrado ver entre rejas a algunos de los represores que ordenaron el aniquilamiento masivo de sus opositores políticos, en este caso sus hijos e hijas. Embajadas de todo el mundo querían estar esta noche tan especial con las madres, el gobierno argentino también se quería sumar a la celebración de treinta años venciendo a la muerte, con un comunicado de Néstor Kirsher ¡Y como no! No podían faltar Fidel Castro, quién envió a su embajador en Buenos Aires a leer un manifiesto y Chávez, por supuesto, a quien un video mostraba abrazando a las madres en la reciente cumbre de los pueblos en Mar de Plata, donde aparecía abrazando y besando a las madres mientras una, emocionada, le decía “Sr Chávez es la primera vez en mi vida que abrazo a un militar”.
Oswaldo Bayer, a quién descubrí esa noche, me caló hondo.

En cierto momento de la celebración, aprovechando un intercambio entre los artistas invitados para la ocasión, las madres entregaron premios a personas de todo el mundo que les habían ayudado en su largo periplo. Recuerdo a una mujer que se tuvo que exiliar por su apoyo público a su lucha, otro hombre exiliado se convirtió en el padre Fran para que sus cartas pudieran llegar a su destino. De repente, se oyó:” Cuando ya nadie creía en nosotras, Javier Arjona nos brindó su corazón y su ayuda. Javier Arjona de Asturias”. ¡No me lo podía creer!...Siempre se suele decir en estos casos, el mundo es un pañuelo y creo que a partir de ahora, voy a empezar a creérmelo.

Una cantautora cubana subió a escena y en primer lugar, me llamó la atención la guitarra que portaba, pues era hueca, se podía ver su vestido a través. “Cuando hablé con mi mamá para decirle que está noche iba a estar aquí con las madres y con todos ustedes, me animó a cantarles una canción que escribí a mi abuelo. Él, fue mi primera escuela. Era un asturiano que llegó en barco a La Habana, con su acento inconfundible...”

La verdad, no es por la cercanía, pero el tema era bonito y la mujer cantaba como un ángel, si es que alguna vez existieron. El estribillo decía algo así como: “Niña nunca te enamores cuando haya luna creciente, porque puede robarte el alma, un asturiano emigrante”.Vicki estaba alucinando ya que nunca había escuchado la palabra Asturias y esa noche se repetía como un estribillo pegadizo, además me acababa de conocer. Para mí, aquello suponía un estímulo más, dentro de la emoción constante de la noche, que me ayudaba a mantenerme en pie después de más de cinco horas.

Mi pila se iba agotando al mismo tiempo que la batería de mi cámara. Apenas me quedaban dos minutos de grabación y anunciaban la Murga uruguaya, el discurso de Hebbe de Bonafini, que tenía mucho interés en registrar, pues, a medida avanzaba la noche, venía a mi cabeza la sensación de estar presenciando un acontecimiento histórico. Y ahora que escribo estas letras, no me cabe la menor duda que así fue. Dentro de un tiempo, cuando quizás me encuentre, ¿quién sabe dónde?, podré comentar... Sí, yo estuve allí.

Tras la fantástica Murga, diez tíos en plan cómico, con unas letras reivindicativas y música mega-festiva a capella, exceptuando algún tema con una guitarra acústica, se levantó de su silla Hebbe. La presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, arropada por todas las madres a ambos lados, tomó la palabra. Las treinta y cinco mil personas congregadas allí enmudecieron nada más comenzó a hablar. El lugar, a rebosar, con gente de toda clase y edad. No recuerdo mucho de su discurso, porque me impactó tanto aquella señora de ochenta años. Dijo, que nosotros podíamos ser cualquiera de sus hijos, que a sus hijos también les gustaba el rock; a sus hijos educadores en los barrios más desfavorecidos, buenos, revolucionarios, guerrilleros contra la injusticia que terminaron arrojados al mar o en los cimientos de cualquier carretera por la que hoy transitamos. “Nuestros hijos no querían nada para ellos solos, todo para los demás, por el progreso, por la igualdad entre las personas, por eso los mataron, por no denunciar a sus compañeros de ideas...” “...estas viejas locas, prepotentes en algunos casos, puede que lo hayamos sido, pero creemos firmemente que su desaparición no fue en vano y eso me lo están demostrando ustedes hoy, acudiendo a la llamada de estas viejas que tras 30 años, venimos pidiendo justicia, no venganza, justicia...” “ la revolución, ayer y hoy, se hace con propuestas, construyendo. Un problema, una respuesta, gritar en una plaza no sirve de nada...” “... cuando los milicos vinieron a sacarnos de la plaza, pusimos lo único que teníamos, nuestro cuerpo... creo que nuestros hijos estarían orgullosos de sus madres, como nosotros lo estamos de ellos...” “ ...se avecinan nuevos tiempos para Suramérica, con Evo, con Chávez, Fidel, no podemos dejar que nos engulla el imperialismo de Bush, nuestro presidente dijo que nuestros hijos fueron sus compañeros de lucha...¡ Claro que hay cosas que nuestro gobierno no esta haciendo bien, pero lo que está bien, hemos de decirlo...”

Mientras Hebbe hablaba pude ver la verdad en los ojos lagrimosos de los que me rodeaban. No podré olvidar a esa señora, de clase media, de la edad de mi mamá, rubia, con anteojos, secarse sus ojos emocionados por sus palabras. Nos miramos y nos lo dijimos todo. Aun me emocionó al recordarlo. A mi lado, otros chicos más jóvenes, cuyos Güellinos taben nublaos, emocionaos. Nadie movía un dedo, nadie hablaba una palabra. Esa mujer, transmitía una fuerza propia de un fenómeno atmosférico, jamás alguien logró que mis mejillas se mojaran con un micrófono en la mano, desde un escenario. Mi cuerpo erizado como un felino en guardia. Es difícil describirlo para quien no estuvo allí. Fue muy emotivo. Nunca escuché nada parecido, creo que fue el mejor discurso captado por mis oídos jamás. Aquello no era un documental de la tele, era en directo, la verdad de una madre. Y de una revolucionaria también, sin duda alguna. Una revolucionaria octogenaria. Creo que el 30 de abril del 2007 quedará cauterizado en mi corazón y en mi cerebro mientras el alhzeimer me respete.

Al concluir su alegato, la plaza rompió a corear: “Madres de la plaza, el pueblo las abraza, Madres de la plaza, el pueblo las abraza”. Y también: “Olé, olé. Olé, ola, como a los nazis les va a pasar, a donde vayan, les iremos a buscar”.

Bueno, son las 3.14 de la madrugada del primero de mayo (Día del Trabajador), ahora ya día dos. Hoy, estuve filmando la marcha de los trabajadores porteños en Buenos Aires, que también me sorprendió bastante, porque aquí la gente esta viva, lucha por un futuro mejor, más digno, para él y para sus hijos. Pero esa será una historia que contaré otro día.


Monty (Montero, de la cuenca del Nalón)


Monty escribe sobre la desaparición de Julio López en Argentina.

(30.001) TRAS TREINTA AÑOS, LA HISTORIA SE REPITE


Después de veinticuatro años del final de la dictadura militar argentina (1976-1983), en la que 30.000 personas fueron desaparecidas por el aparato estatal en manos de los militares golpistas, parece que la historia se repite de nuevo. Ahora, en la figura de Julio López. El último en la larga lista de desaparecidos, pero ahora en democracia.

El actual presidente de la república argentina, Néstor Kirchner, tras derogar las leyes de Punto Final y Obediencia Debida (leyes que impedían el enjuiciamiento de los represores militares), posibilitó, que los responsables de las violaciones contra los derechos humanos fuesen llevados ante un tribunal. Miguel Etchecolatz fue el primer acusado por genocidio. Éste, era el Director de Investigaciones de La Provincia de Buenos Aires, a la vez, que encargado de uno de los centros de detención clandestinos durante la dictadura militar argentina, y mano derecha del ex General Ramón Camps, jefe de la policía bonaerense.
Jorge López, albañil de 77 años, se convirtió en un testigo clave en esta causa y en futuros procesos, por ser uno de los pocos desparecidos que salió con vida de su cautiverio. Declaró ante la Justicia, y sus declaraciones involucraron al menos a 62 militares y policías. Gracias a su testimonio, Miguel Etchecolatz se encuentra detenido en una cárcel común, condenado a cadena perpetua, por genocidio.
Tras la condena de Etchecolatz, Jorge López desapareció de su domicilio sin dejar rastros, el 17 de septiembre de 2006, en La Plata.
Jorge López había sido secuestrado el 21 de octubre de 1976. “Cállate la boca y no digas nada”, le dijeron cuando lo soltaron dos años y medio después, tras haber soportado cuatro centros clandestinos de detención –el Pozo de Arana, la Unidad de Cuatrerismo, la Comisaría 5 de La Plata y la Comisaría 8, - hasta que lo “legalizaron” poniéndolo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en una cárcel, de donde salió finalmente el 25 de junio de 1979.
Aníbal Fernández, actual ministro del interior, manifestó al poco tiempo de la desaparición de Lopez: "Si Dios y la Virgen me ayudan, lo encontramos y se va a la casa".
En declaraciones a radio Continental, el ministro del Interior resaltó que "todos los días" insiste a las brigadas policiales en que profundicen la búsqueda de López. “ Estoy convencido de que lo vamos a encontrar en algún momento", manifestó Fernández, quien repitió que es "optimista por naturaleza". Agregó que no deseaba revelar detalles de la investigación, pero que por ahora no hay ninguna novedad para comunicar.La hipótesis de la desaparición de López causada por un shock traumático que lo habría llevado a extraviarse, está hoy totalmente descartada.
Tras siete meses de su misteriosa desaparición. Desatada en todo el país una intensa campaña (APARICIÓN CON VIDA YA DE JULIO LÓPEZ) en pro de su “reaparición”, y con múltiples amenazas a otros testigos de las causas en curso contra el aparato represivo de la dictadura. Nada, se puede afirmar sobre su paradero, a pesar de que su familia, tiene la absoluta certeza de que no se fue por su propio pie, ya que anhelaba, desde años atrás, el momento de sentarse frente a Etchecolatz, para ver su cara cuando le leyeran la sentencia ,y por ello, reclama su aparición vivo o muerto.

Fdo: Sergio Montero