ANEXO IMPORTANTÍSIMO
MONTY, EN REUNIÓN, CON LAS MADRES DE LOS DESAPARECIDOS
Ayer me acosté tardísimo, porque deseaba acabar
mi escrito sobre los treinta años que llevaban las madres
reclamando justicia. El acto fue, como no, en la plaza que las
bautizó, Plaza de Mayo, en Buenos Aires.
En la misma plaza, al día siguiente, me encontré
mientras filmada las movilizaciones del primero de mayo a Javier
Arjona y su compañera, Ana. Mantuvimos una agradable charla
de cuarenta minutos y nos citamos al día siguiente en la
universidad Madres de Plaza de Mayo. Así que, como la luz
se estaba yendo continué grabando para aprovechar al máximo.
Al final, me mimeticé entre la gente y nos los volví
a topar.
Tras la marcha (manifestación), me dirigí a casa
y estuve escribiendo hasta las tantas, o sea que esta mañana,
un poco cansado me dirigí hacia el punto de encuentro,
que era el café de la universidad de Madres Plaza de Mayo
a la una (cerca de la plaza congreso de la nación).
Un poco rapado de tiempo, hice aparición a la una menos
dos minutos. Al entrar, ya les observé sentados en una
de las mesas de la entrada a la izquierda. Departían con
una chica “moracha”(morena) de cabello largo, Miriam-La
negra. Nos presentaron y Javier le dijo que estaba interesado
en grabar las viviendas de Ciudad Oculta, un barrio periférico
o suburbio de Buenos Aires en donde la policía ni entra,
algo así como La Mina en Barna o Las Barranquillas en Madrid.
En dicho barrio, Las Madres llevan a cabo un proyecto de construcción
de viviendas muy peculiar, que ya describiré y descubriré.
Así que La negra me dio sus señas, me dijo que un
placer mostrar el proyecto, luego añadió: “Estaría
bien que fueses cuando Hebbe (de Bonifini, la presidenta de la
Asociación Madres Plaza de Mayo) haga la próxima
visita al barrio. Yo, anonadado, asentí con mi cabeza.
No daba crédito que pudiese compartir una experiencia similar
con esta mujer, que es un símbolo mundial de resistencia
y dignidad; y que no olvidemos, me había emocionado profundamente
tan solo dos días antes, en su alocución pública.
Al ratito, La negra se marchó porque tenía faena
y nosotros quedamos comentando la jugada. “Que bien, vaya
oportunidad” “Pues, misión cumplida”
comentaba Arjona. “Si me pudiese quedar, de buena gana iba
con vosotros”.
Continuábamos charlando cuando, varias mujeres se detuvieron
a saludar a esta pareja. A cada persona, me la presentaban con
total cordialidad. “Otro compañero asturiano”.
Algunas eran chicos/as jóvenes y otros mayores. Al momento,
una mujer mayor, muy dicharachera ella, se detuvo a besarlos y
a conversar con ellos. Era “la Porota”. Curiosamente,
el día anterior me habían hablado de ella. Su padre,
navarro, había sido un anarquista español ( José
Maria Colás) fusilado por Franco tras la guerra, entonces
ella emigró con su mamá a Argentina y luego los
milicos desaparecieron a su hija Alicia. Rápidamente, se
apresuró a decirme, que su padre siempre admiró
a los mineros asturianos por su carácter rebelde y luchador.
Aprovechó para preguntarles como se lo habían pasado
en el concierto de los treinta años.
Continuamos charlando nosotros sobre la historia de las madres
y el funcionamiento de la universidad, cómo abrieron el
centro y demás proyectos en funcionamiento ( la limpieza
y erradicación del hampa del parque congreso, el tiovivo(
o“calesita”), la radio de las madres (530 AM), las
viviendas en construcción de los barrios...
Nos levantamos, porque Javier y Ana me iban a mostrar las instalaciones
de la universidad. Caminamos hacia dentro y a la izquierda, se
encontraba el local en que las madres estaban. Algo así
como su local social, su lugar, donde pasaban más horas
que en su propia casa. La casualidad quiso, que al pasar, la puerta
se abriera. Las madres despedían a alguien entre besos
y abrazos, seguro alguna persona que hubiese colaborado en la
preparación del acto de la plaza, conjeturé yo.
Sin apenas darme cuenta, me encontraba sentado en una mesa conversando
con cuatro madres de los desaparecidos durante la dictadura militar
argentina. Enseguida nos plantaron tres cafés encima de
la mesa, acompañados por un bizcochito. A mi, me daba vergüenza
rechazarlo, pero es que no tomó café. Así
que lo dije. Rápidamente, Poro, salió al paso diciendo
que: “ si no tomas, nada hombre, no hay ninguna obligación”.
Al final, Javier, haciendo gala de su prudencia exquisita, lo
tomó en mi lugar. Mientras, el teléfono que encima
de la mesa reposaba, no paraba de sonar.
Frente a mí, de izquierda a derecha, Alicia, Porota (secretaria)
y Beba (vicepresidenta), más tarde se incorporó
Juanita. A mi lado Javier y Ana.
En principio, Porota, que se veía una mujer de verbo fácil
, empezó a narrar cuan contentas se sentían por
el resultado del acto del lunes, que había salido a pedir
de boca. Luego se dirigió a mi, para contarme como su papá
admiró siempre a los mineros asturianos, claro, a mí
me falto tiempo para decirle de donde era yo. Entonces, ella habló
de un minero asturiano que su papá había conocido,
“seisdedos”. A mí, no me sonaba de nada, más
bien me recordaba a un maqui catalán, le comenté.
El teléfono sonó y nos cortó el hilo de la
conversación. “Saben ustedes, Javier, que ya tengo
cinco bisnietos, el último nació en Francia, de
mi nieto Martín, el hijo de mi niña Alicia, la que
se llevaron. Cuando fui a verles a Toulouse se lo dije. ¿Ustedes
que son pelotudos? A estas alturas andar jodiendo sin forro. Porque
solo se conocían de tres meses y no se puede andar sembrando
hijos por el mundo, oíste. Tuvieron un hijo, como podían
haber tenido... sida. Que pibe, este niño... Le marcó
mucho lo de su mamá, por eso siempre estuve ahí,
yo soy su madre desde entonces. Él vio como se la llevaban
encapuchada y ... nunca fue un chico normal. No puede pararse
quieto en ningún sitio. Viaja mucho. Pero cada uno, es
como es.”
La mujer, lo narraba con la naturalidad propia de tener que asumir
esa circunstancia dramática como parte de la vida que le
tocó vivir. Mis brazos erizados me reflejaban. Más
adelante, esta belleza de ochenta y dos años exclamaba:
“ gracias a dios yo soy atea. Y si dios existe, debe ser
un hijo de puta , oíste. No me rompas las bolas, pooor
favor.”
Su paso por España, aun se le notaba en esta clase de expresiones
anticlericales de la época. La verdad, que te morías
de risa con ella.
“Las madres no tenemos partido, ninguno, tampoco religión,
las hay católicas, judías y hasta musulmanas. Yo
no gasto de eso.”
Mientras charlábamos, no paraba de entrar gente del lugar,
demandando cosas, libros, preguntando detalles y el teléfono
estaba en huelga de celo. Unas veces contestaba Beba y otras Porota.
También alguna otra madre, paso por allí para consultar
algo o comunicar algún recado. Recuerdo a esa muyerina
de pelo blanco, con esa carina de bondad, que irradiaba una paz.
Cuando me fui, le di dos besos y se sintió agradecida por
la visita, pero el verdaderamente agradecido era yo.
No se, si por el teléfono o porque, pero la conversación
derivó en una serie de anécdotas sobre sus viajes
alrededor del mundo, de índole gracioso y relacionadas
con lugares en donde se alojaron o comidas que tomaron por respeto
a quien las acogió. La de la sopa de rabos de lagartija
y la de la leche con órganos de pavo, corazón, riñones,
que les habían ofertado en diversos lugares como una comida
especial, por su presencia, nos dieron pie a unas buenas carcajadas.
O la okupa en Alemania, a la que se refería Alicia, donde
durmieron en el suelo, con unos improvisados colchones y vaya
fumada por la noche, decía la mujer, ¡no paraban
de tomar yerba!
No hay que perder de vista que hablamos de mujeres entre los ochenta
y los 94 años, aunque estas anécdotas se refieren
a 10 ó 15 años atrás. En Suecia, las hospedaron
en una morada donde los platos roñosos salían de
la capacidad del bañal. Lo primero que hizo Hebbe, fue
cocer en agua los repasadores (trapos de cocina), para poder secar
algunos de los platos que limpiaron y así lograr comer.
Les cedían acomodo, una tailandesa que comía susi
y luego se cepillaba los dientes encima de todos los platos sucios,
y su compañero sueco.
De ahí, la conversación derivó en asuntos
de higiene. Exclamaba Porota, “ ...Que tiene que ver la
higiene con la militancia. La verdad, muchas veces te encuentras
con estas cosas dentro de la izquierda. Gente muy buena, pero
cochina, eh...”
El asunto de los gatos, dió mucho juego, ya que Beba no
los puede ni ver, además, estuvo muy simpático también.
Narró lugares donde pernoctaron, que estaban repletos de
gatos que se subían a todos los rincones de la casa e incluso
una vez, cuando se metieron a dormir en una cama, se toparon con
un gato en el interior de la cama, que Hebbe cogió por
el rabo y azotó fuera de la pieza ( habitación aquí).
Beba sentía verdadera repulsión por ellos. A Hebbe,
decían, no les desagradaban, pero claro, en su lugar, no
llenándolo todo de pelos, por todos lados.
Hebbe contestaba a una pregunta sobre los animales domésticos.
¿Que le gustan más los perros o los gatos?
Si a un perro, le pegas te lame la mano, si golpeas a un gato
te araña. Me gustan más los gatos, porque son rebeldes.
Beba, comienza a reírse ella sola, sin poder articular
palabra. Cuando, por fin, consigue elaborar un mensaje comprensible
para los que la contemplábamos expectantes. “Hubo
una ocasión en que nos alojamos en casa de una pareja,
muy amable, que incluso, nos brindó su piezita (habitación)
y mientras hacíamos la cama para dormir, nos encontramos
dos preservativos usados, bajo el colchón. Re-chenchos
(so cerdos), esta bien que usen forro, pero por favor... a nosotras
no nos interesa su vida matrimonial.”Semejante historieta
nos mantuvo un trecho ocupados, sin desdeñar calificativos.
La verdad, por momentos, no paramos de reírnos juntos y
todas se animaban a comentar alguna anécdota para echar
unas risas. Lo que hubiese dado por haber podido registrar esa
conversación, aunque solo fuese el audio. Ya que tantos
datos, mi memoria no puede retener. Además, por momentos,
desconectaba un poco de la conversación, pensando esto
mismo que ahora acabo de escribir. Pensaba,¡ joder, esto
es canela pura!¡ Que pena no poder grabarlo! Ya se sabe,
defecto profesional. He de aprender a emplear el cerebro como
mp3. Como en los últimos tiempos toda esta serie de conversaciones
las grabó, pues...
Ahh, recuerdo que el tema de los animales domésticos, cedió
el paso, a lo vergonzoso que suponía el hecho que muchos
gatos y perros viven mejor que miles de personas. Alicia y Poro,
comentaban de una señora que sacaba a su perrito por el
parque radicado frente a la universidad, que portaba su abriguito,
sus zapatitos, en fin... Luego añadió: “Creo,
que esta señora, lo emplea para sustituir a su marido”.
Me miró Poro, y me eché a reír a carcajada
limpia, me guiñó el ojo y también ella se
empezó a descerrajar de la risa.
Cada vez que se referían a Hebbe, manifestaban que andaba
de camino, en especial, en este par de historias. Cuando se rompió
la pierna. La última vez, ocurrió en los últimos
dos años, no me quedó muy claro, pero lo que si
anoté en mi cabecita de pájaro, fue que la mujer
prácticamente se traslado al local, para poder atender
a sus obligaciones, entrevistas y demás funciones. La gente
pasaba a verla al despacho con la pierna colgada hacia arriba.
Creo que es muy sintomático de su personalidad y recuerdo
que cuenta con ochenta años, que no es ninguna broma. Como
decía Poro, “otras con veinte años menos,
andan...”, y las imitaba andando arrastrando los pies. La
verdad, lo que es tener ganas de vivir, y mantener el cerebro
en, permanente funcionamiento, ayuda y mucho, ehhhhh.
Tras esto, comentaba Beba, que al salir de uno de esos antros
donde se hospedaron en Europa, Hebbe resbaló con unas hojas
secas y se partió el tobillo. Enseguida, marcharon al centro
de salud más próximo, donde, le realizaron la cura
pertinente y le recomendaron reposo, a lo que ella hizó
caso escrupulosamente. Ese mismo día, tenían cita
en Estrasburgo, en el Parlamento Europeo, y Beba le comentó
que no se inquietase, ella pronunciaría el discurso. Ni
lo sueñes, le respondió Hebbe. Así que, hasta
allí se desplazaron y sin que nadie supiera nada, cumplió
su misión. Más tarde tenían otra recepción
oficial, con algún presidente europeo, que no consigo recordar.
Tampoco permitió que la reemplazaran.
Me parece que los comentarios sobran, ya que los acontecimientos
por si solos hablan.
Entre batalla y batalla, la puerta se abrió nuevamente.
En este caso no llamaron. Al girar la vista hacia la entrada,
la vi. Era ella. Fue la primera ocasión en que la pude
ver tan cerca. No llevaba su inseparable y mítico pañuelo
sobre la cabeza. Me imagino que su emblema de lucha, solamente
aparecía en los actos, lógico ¿no?
Pero, claro, para mi suponía una novedad importante, acostumbrado
a su imagen pública, repetida en miles de fotos, muchas
de las cuales adornaban las paredes de las salas que visitamos.
Hebbe portaba una bolsa con dos grandes libros en cuyas pastas
podían observarse los colores de la bandera argentina.
Se acercó a la mesa donde nos encontrábamos, abrazó
a Javier y Ana, que me la presentaron como a una más. Recuerdo
que cuando esperaba, para saludarla, pocos instantes pasaron,
pensaba que iba a besar a la mujer que dos días antes me
había sacado las lágrimas. No se, son estas cosas
del directo, en que uno no sabe muy bien que va a decir, ni por
donde empezar. Pues, nada, ella venía un poco contenta
por los libros que al momento nos mostró. Digamos, para
abreviar, que estos volúmenes los empleó la policía
militar argentina para adiestrar a sus cachorros sobre los delincuentes-terroristas.
Javier les echó un vistazo y me incorporé de la
silla para verlos. Al principio, en una página desplegable,
mostraba un organigrama de las organizaciones de delincuentes
terroristas, muy bien estructurado, por cierto. Desde el PC, Montoneros,
hasta los enlaces con las FARC. Evidentemente, todo ello, desde
el punto de vista suyo, claro está. Pasamos las hojas,
y desplegables de periódicos de la época que dibujaban
noticias. Prensa como La Nación, que Poro manifestó,
“estos son periódicos fachistas, bueno, aun hoy día
lo son. Pusieron a parir a Kirchner cuando derogó las leyes
de Punto Final y Obediencia Debida...”
En especial, recuerdo una, que informaba de un atentado (en el
comedor de Coordinación Federal, lugar, al que iban a comer
los funcionarios policiales de dicho centro policial. La bomba
fue colocada por Montoneros en 1976), en que había sido
asesinados un montón de represores (¿24?), más
adelante aparecían las fotos de los cadáveres. Poro
comentó, “esto fue lo de la bomba del café,
muy bien puesta, por cierto. Porque esos eran todos torturadores,
incluso, se inventaron más muertos de los que hubo en realidad”.
Evidentemente esta afirmación visceral, se realizó
en petit comité, porque en treinta años, las madres
jamás han clamado venganza, sino justicia o lo que es lo
mismo, un juicio justo para los ejecutores, encubridores y quien
dio las órdenes. Decía un capellán de la
policía bonaerense de la época (Won Wernick, que
asistía a algunas torturas), que torturar menos de siete
horas, no constituía pecado, claro, algo habrían
hecho. Se me revuelven las tripas al escribir esto, esos son,
los que nos ofrecen la salvación eterna... ¡si me
das dinero irás al cielo!
Mientras Javier y yo, observábamos el cuadro de las organizaciones
“ terroristas”, Poro exclamó:“Terroristas,
hijos de mala madre, los terroristas fueron ellos, hijooos de
puta. Muchos policías de los que morían en esa época,
se mataban entre ellos, porque estaban completamente desorganizaos
y los mataban pensando que eran hijos nuestros”. En cuantas
ocasiones habré pensado eso mismo yo. Por lo visto, no
son planteamientos de juventud solamente.
Creo que la presidenta, permaneció con nos poco tiempo,
ya que pronto la reclamaron para arreglar algún asunto
en su despacho.
En un breve momento de silencio, Javier Arjona preguntó:
“ ¿Cual fue el grupo que más les gusto a las
madres? Beba, dijo, todos estuvieron bien, pero la murga uruguaya
(Falta y Resto)... No se, el que menos, seguro, Charly (García),
este pibe está reloco, cada día está peor.
Toma demasiado, esta rodeado de unos bichos, porque él
tiene buen corazón, aunque a veces se les vaya la pelota,
como cuando dijo que era menenista. El chavón cuando en
directo algo, no funciona lo manda todo a cagar. Lo rompé
todo, está reloco. Hace tiempo se lanzó de un octavo
a una pileta (piscina) y tenes que apuntar bien, porque con lo
flaco que está.
Durante el recital, se acercaba a Hebbe y le decía, cuando
no se oía un carajo: -Ves Hebbe, lo bien que me estoy portando.
Hace años (1994), fuimos a su casa y en medio de la conversación,
alguna le preguntó por su madre y se enojo muchísimo:
-Esa mujer, fue lo peor que me paso en la vida, si quieren que
seamos amigos, de eso ni hablar.”
Nosotros intercalamos alguna opinión sobre lo que nos había
parecido su show, y coincidimos en recalcar que la murga nos encantó
a todos.
Beba continuó diciendo que este era un pibe, como Maradona,
al que la gente adora haga lo que haga. Yo introduje: Sí,
como si estuviese por encima de lo humano y lo divino...
Beba respondió: ¿Sabes lo que le dijo Maradona a
Hebbe, no hace mucho, cuando se dieron un abrazo? –Madre,
gracias, pero no se si merezco este abrazo. Las quiero.
Continuamos un rato más con las madres y Poro nos animó
a que Javier me mostrara el centro: “Ustedes son de la casa,
ya saben, con toda confianza, por favoor”.
Salimos de la sala quedando en despedirnos al marchar. Tras cerrar
la puerta, mientras pisamos el primer peldaño de la escalera,
me dijeron:- ¿Qué?
–No me fluían las palabras, solo acerté a
decir, impresionanteees. Javier comentó: “ A eso
llamamos nosotros, llegar y besar el santu. Son increíbles
estas mujeres”.
Tardamos más de lo habitual en ascender aquellas pocas
escaleras que conducían al segundo piso, íbamos
a cámara lenta, comentando cosas... Arriba, en el fondo,
se ubicaban las distintas aulas de la universidad, y diferentes
despachos en donde la gente trabajaba. Sólo entramos en
el área de audiovisuales, donde una chica y un chico visionaban
fotos, curiosamente, correspondían a la visita que tres
días antes había realizado al centro, Cristina Fernández,
primera dama de la nación, esposa del presidente Kirchner.
Javier exclamó, “mira, está sentada en tu
silla”. A lo que respondió uno de los chicos: - Creo
que Evo (Morales) también se sentó ahí...
Nos echamos a reír.
La biblioteca resultaba espectacular, por la cantidad de material
que guardaba con publicaciones de todo el mundo. El centro, que
en primigenios momentos fue un centro tomado (okupado) por las
madres, contaba (en la planta baja) con un taller de fabricación
de toda clase de útiles, un archivo de las madres (con
más de 40.000 fotos, en proceso de digitalización),
un café, tienda-librería, comedor autogestionado...
Ah, respecto al archivo decía Beba: “Claro ahora,
con esos aparatos tocás un botón y te sacan 30 fotos,
pero antes, cuando la dictadura era complicao, tenías que
esconder la maquinita y luego ocultar la película entre
las plantas de la plaza (de mayo), para pasar a por ella más
tarde.”
Tras la visita al centro, totalmente imbuidos por el ambiente
y con una alegría exorbitante, Javier se acercó
a adquirir varios artículos para el recuerdo y para regalar
a algún amigo. Parecía que ya nos marchábamos,
pero insistí en pasar a despedir a Porota, le pedí
a Javier que deseaba me tomará una foto con ella, aunque
bien presente tenía que no trataba con estrellas del rock,
pero hay maneras de hacerlo. Aquella mujer, me había dejado
fascinado. Así llamé a la puerta y Juanita, me abrió
la puerta. Le dije que me quería despedir y demandé
por Porota. A lo que amablemente me respondió: “Pasa
que está por ahí adentro”. Pasé, con
mucha prudencia, mirando hacia atrás, antes de entrar en
aquel pequeño pasillo, busqué con mi mirada a Javier
y Juanita. Ella me dijo: “anda pasá”. En el
primer despachito de la derecha, encontré a Alicia y a
la mujerina de cara tan buena, les di dos besos, ellas sonreían.
Aproveché para decirles que aquí, en Argentina,
eran un poco tacaños a la hora de dar besos, que en Spain,
se daban dos. Les causó mucha risa, mientras, les pregunté
por Porota. Se encontraba sentada frente a Beba despachando algún
tema en el despacho de ésta última. Con mucho tacto,
desde la puerta, le comenté que nos queríamos despedir
y me sugirió llamase a Javier y su compañera. Así
lo hice.
El despacho estaba cargado de objetos, fotografías con
dirigentes de todo el mundo (con Fidel Castro, con el Subcomandante
Marcos, Mitterand...) cuadros regalados por artistas, bordados,
pañuelos de las madres, en fin... pero me llamó
poderosísimamente la atención, uno, que guardaba
una posición de privilegio, centrado en lo alto, enmarcado.
Ponía: OCHOBRE 1934, con el dibujo mítico del dinamitero.
Cuando alcancé a verlo, me hallaba semi agachado charlando
con Poro, ¿te imaginas como me quedé? Le comenté
que realizaba un trabajo sobre el tema y que eso me había
conducido a este país. Me rogó se lo enviara cuando
lo finalizase. Le comenté que me gustaría hablar
del anarquismo español con ella, cuando pudiera. Comenzó
a hablar de su padre, de la CNT y de los sucesos de mayo de 1937
en Barcelona, en La telefónica.
Salimos del despacho para que nos enseñara un cuadro de
un artista amigo de la plataforma asturiana, y de pasó,
dimos un vistazo general al mini museo, que estas mujeres tienen
agarrado a las paredes. Tocó un alto en el camino, para
contemplar el pañuelo manchado en sangre, por los golpes
de la policía argentina en el 2001. A su lado, otro pañuelo,
con un cartelito chico: Pañuelo de la visita a las minas
de la provincia de Oviedo, en Asturias. Se refería a la
visita que hizó Hebbe al pozo Sotón (en El Entrego),
donde los mineros en asamblea la recibieron.
En este momento, Poro, me dio un flyer de las madres para que
tuviese su teléfono y aprovechó para obsequiarme
dos libros: Masera, historia de un genocida y Código Chávez,
la intervención yanqui en Venezuela. Me quedé mirándola
con cara de pazguato agradecido, pues eso constituiría
un recuerdo para mi insoluble.
Mientras nos dirigíamos a la salida del local de las madres,
nos detuvimos junto a la puerta que daba acceso a la mesa en que
conversamos en primer momento. En la esquinita, prendidas de la
pared, dos obras de arte en metal. Simbolizaban dos rostros con
los labios cerrados. Una de ellas, conformaban su boca con un
candado grande y la otra con un cuchillo de cocina, ligeramente
curvado. Poro, detuvose, para explicarnos la cara conque había
quedado un miembro del servicio de seguridad de Cristina Fernández
(esposa de Kirscher) al ver el cuchillo. Ya que habían
pasado horas revisando las instalaciones, con perros y policías
de civil. Y de repente, cuando su defendida presente ya allí,
se dan cuenta del cuchillo. Poro afirmaba: “ los perros
huelen, pero no miran, vaya seguridad. Lo mismo le pasó
a los de Evo. Desde que se percataron, uno se apostó ahí,
como una estatua inerte, para que su jefe no lo pudiera ver”.
Antes de salir del centro, intercambié mi mail con Javier,
nos deseamos suerte, buen viaje y me regalo un dvd sobre las madres.
Siempre le agradeceré la experiencia vivida, pues de algún
modo, compartí mi tiempo con una parte de la historia viva
mundial. Además aun incrédulo por todo lo que había
sentido, según me trasladaba caminando al hostel, miraba
al cielo, saboreando el estupendo día soleado. Caminaba
absorto por las palabras que retumbaban en mi cabeza, tenía
las piernas temblorosas a medida que reflexionaba. A pesar de
portar mi tabaco de liar, me detuve en un quiosco, para adquirir
un cigarrillo a ver si reaccionaba. Pero fue en vano. Aterricé
en casa y no encontraba palabras para relatar a los compañeros.
Nervioso, tan solo deseaba sentarme frente a esta pantalla en
que me hallo ahora mismo. No quería que nada se escapase.
Improvisé algo para comer mientras escribía, pues
eran las cinco y media y a las siete comenzaba mi curso.
Monty, de la cuenca del Nalón. Asturies.
Monty escribe desde Buenos Aires
HASTA LA VICTORIA SIEMPRE, QUERIDOS HIJOS
(30 ABRIL 2007)
Aproximadamente
serían las seis menos cuarto de la tarde cuando salí
del hostel, en dirección a la pizzería de la esquina.
Mi sorpresa fue que se hallaba cerrada y las ricas empanadillas
no las paladearía esta vez. Buscando otra alternativa, sin
alejarme mucho, ya que había quedado con Vicki delante de
la pizzería, observé a un tipo grueso que masticaba
algo en un papel, miré tras suyo y ví un cartel: Empanadas
caseras, 1Peso. ¡Bieeeen! Estaba de suerte.
Al cruzar la calle, tirado en un portal, aquel barbudo que había
saludado con Emi dos días antes. Al verle, me dió
por comprar dos empanadas y darle una, ya que a la mañana
me había pedido algún centavo, el hambre es muy mala
y parecía buen hombre y correcto en sus formas. Cuando le
llevé la empanadita caliente, recién salida del horno
me miró con cara estupefacta y a la vez agradecimiento. “Pibe,
esto vale más que el dinero” “Gracias amigo”
Nos hicimos gestos recíprocos de agradecimiento y apareció
Vicki, radiante por cierto, buscándome con su mirada, pues
recién llegada de San Francisco (Córdoba) aún
no se ubicaba del todo.
Al final, el personal del hostel se rajó y nos fuimos solos.
No sabíamos mucho de lo que nos toparíamos, tan solo
que Charly García actuaría.
Antes de agarrar (coger, aquí significa otra cosa) el bus,
pasamos por la gasolinera para cambiar monedas, nos subimos al bus
6 y nos apeamos en Corrientes, para luego tomar la calle Florida,
Diagonal Norte, y aparecer en la emblemática Plaza de Mayo.
Una vez allí, ya se apreciaba un gentío importante
y estaba al caer la tarde, pues entraba el otoño en Buenos
Aires. Una pancarta nos recibía al cruzar el paso de cebra
que daba a la plaza: “Hasta la victoria siempre queridos hijos”.
Nos fuimos adentrando entre la gente y buscamos una buena ubicación.
Como aun quedaba algo de luz, aproveché para tomar alguna
foto, ya que iba bien armado con la cámara de fotos de Vicki
y mi videocámara.
El espectáculo había comenzado alrededor de las tres
de la tarde, varios músicos metidos en faena amenizaban ya
al respetable, y a ambos lados del escenario, sentadas en sillas
compartían escena, las verdaderas protagonistas del acto,
las madres de la plaza de mayo. El evento conmemoraba los treinta
años que llevaban las madres reuniéndose en la plaza,
cada jueves a la 3:30. Se empezaron a reunir en esa plaza, que les
dió nombre, para pedir justicia a los responsables de la
desaparición de sus hijos durante la dictadura militar argentina
(1976-1982),un lejano jueves de abril de 1977.
“Estamos aquí en directo para todo el país,
conmemorando los 30 años que llevan las madres venciendo
a la muerte. Reclamando justicia a los responsables de los 30.000
detenidos desaparecidos durante la parte más oscura de la
historia contemporánea argentina”
Cuando regresé de tomar mis primeras instantáneas,
aparecía en las dos pantallas gigantes ubicadas a ambos lados
del escenario, Bono (vocalista de U2) enviando un mensaje de adhesión
y homenaje a las madres en este aniversario. Tras éste, intercalados
con los diferentes músicos que amenizaron la noche, fueron
proyectándose mensaje de diferentes personas, a los cuales
no conocía (artistas e intelectuales de Sudamérica),
en especial, me impresionó un actor chileno, que aparecía
con un primerísimo plano, por su emoción contenida
y el contenido de su mensaje reclamando justicia.
Cuando me parecía enchufaba mi camarita y rodaba un poquitín.
Las dos conductoras del evento, narraban la historia del mítico
pañuelo que las madres portaron siempre en la cabeza. A modo
metafórico, mentaron los pañuelos manchados de sangre
en Palestina, los pañuelos que recogen el sudor en una mina
asturiana... Imagina mi reacción, a más de 11 mil
kilómetros de la tierruca escuchando eso, no daba crédito.
“Prestóme pela vida”. ¡Como explicar a
la chica que me acompañaba, que apenas me conocía!
Los videos elaborados para la ocasión dibujaban la historia
de estas mujeres, referente internacional en la lucha por la dignidad,
que tras treinta años insistiendo, han logrado ver entre
rejas a algunos de los represores que ordenaron el aniquilamiento
masivo de sus opositores políticos, en este caso sus hijos
e hijas. Embajadas de todo el mundo querían estar esta noche
tan especial con las madres, el gobierno argentino también
se quería sumar a la celebración de treinta años
venciendo a la muerte, con un comunicado de Néstor Kirsher
¡Y como no! No podían faltar Fidel Castro, quién
envió a su embajador en Buenos Aires a leer un manifiesto
y Chávez, por supuesto, a quien un video mostraba abrazando
a las madres en la reciente cumbre de los pueblos en Mar de Plata,
donde aparecía abrazando y besando a las madres mientras
una, emocionada, le decía “Sr Chávez es la primera
vez en mi vida que abrazo a un militar”.
Oswaldo Bayer, a quién descubrí esa noche, me caló
hondo.
En cierto momento de la celebración, aprovechando un intercambio
entre los artistas invitados para la ocasión, las madres
entregaron premios a personas de todo el mundo que les habían
ayudado en su largo periplo. Recuerdo a una mujer que se tuvo que
exiliar por su apoyo público a su lucha, otro hombre exiliado
se convirtió en el padre Fran para que sus cartas pudieran
llegar a su destino. De repente, se oyó:” Cuando ya
nadie creía en nosotras, Javier Arjona nos brindó
su corazón y su ayuda. Javier Arjona de Asturias”.
¡No me lo podía creer!...Siempre se suele decir en
estos casos, el mundo es un pañuelo y creo que a partir de
ahora, voy a empezar a creérmelo.
Una cantautora cubana subió a escena y en primer lugar, me
llamó la atención la guitarra que portaba, pues era
hueca, se podía ver su vestido a través. “Cuando
hablé con mi mamá para decirle que está noche
iba a estar aquí con las madres y con todos ustedes, me animó
a cantarles una canción que escribí a mi abuelo. Él,
fue mi primera escuela. Era un asturiano que llegó en barco
a La Habana, con su acento inconfundible...”
La verdad, no es por la cercanía, pero el tema era bonito
y la mujer cantaba como un ángel, si es que alguna vez existieron.
El estribillo decía algo así como: “Niña
nunca te enamores cuando haya luna creciente, porque puede robarte
el alma, un asturiano emigrante”.Vicki estaba alucinando ya
que nunca había escuchado la palabra Asturias y esa noche
se repetía como un estribillo pegadizo, además me
acababa de conocer. Para mí, aquello suponía un estímulo
más, dentro de la emoción constante de la noche, que
me ayudaba a mantenerme en pie después de más de cinco
horas.
Mi pila se iba agotando al mismo tiempo que la batería de
mi cámara. Apenas me quedaban dos minutos de grabación
y anunciaban la Murga uruguaya, el discurso de Hebbe de Bonafini,
que tenía mucho interés en registrar, pues, a medida
avanzaba la noche, venía a mi cabeza la sensación
de estar presenciando un acontecimiento histórico. Y ahora
que escribo estas letras, no me cabe la menor duda que así
fue. Dentro de un tiempo, cuando quizás me encuentre, ¿quién
sabe dónde?, podré comentar... Sí, yo estuve
allí.
Tras la fantástica Murga, diez tíos en plan cómico,
con unas letras reivindicativas y música mega-festiva a capella,
exceptuando algún tema con una guitarra acústica,
se levantó de su silla Hebbe. La presidenta de la Asociación
Madres de Plaza de Mayo, arropada por todas las madres a ambos lados,
tomó la palabra. Las treinta y cinco mil personas congregadas
allí enmudecieron nada más comenzó a hablar.
El lugar, a rebosar, con gente de toda clase y edad. No recuerdo
mucho de su discurso, porque me impactó tanto aquella señora
de ochenta años. Dijo, que nosotros podíamos ser cualquiera
de sus hijos, que a sus hijos también les gustaba el rock;
a sus hijos educadores en los barrios más desfavorecidos,
buenos, revolucionarios, guerrilleros contra la injusticia que terminaron
arrojados al mar o en los cimientos de cualquier carretera por la
que hoy transitamos. “Nuestros hijos no querían nada
para ellos solos, todo para los demás, por el progreso, por
la igualdad entre las personas, por eso los mataron, por no denunciar
a sus compañeros de ideas...” “...estas viejas
locas, prepotentes en algunos casos, puede que lo hayamos sido,
pero creemos firmemente que su desaparición no fue en vano
y eso me lo están demostrando ustedes hoy, acudiendo a la
llamada de estas viejas que tras 30 años, venimos pidiendo
justicia, no venganza, justicia...” “ la revolución,
ayer y hoy, se hace con propuestas, construyendo. Un problema, una
respuesta, gritar en una plaza no sirve de nada...” “...
cuando los milicos vinieron a sacarnos de la plaza, pusimos lo único
que teníamos, nuestro cuerpo... creo que nuestros hijos estarían
orgullosos de sus madres, como nosotros lo estamos de ellos...”
“ ...se avecinan nuevos tiempos para Suramérica, con
Evo, con Chávez, Fidel, no podemos dejar que nos engulla
el imperialismo de Bush, nuestro presidente dijo que nuestros hijos
fueron sus compañeros de lucha...¡ Claro que hay cosas
que nuestro gobierno no esta haciendo bien, pero lo que está
bien, hemos de decirlo...”
Mientras Hebbe hablaba pude ver la verdad en los ojos lagrimosos
de los que me rodeaban. No podré olvidar a esa señora,
de clase media, de la edad de mi mamá, rubia, con anteojos,
secarse sus ojos emocionados por sus palabras. Nos miramos y nos
lo dijimos todo. Aun me emocionó al recordarlo. A mi lado,
otros chicos más jóvenes, cuyos Güellinos taben
nublaos, emocionaos. Nadie movía un dedo, nadie hablaba una
palabra. Esa mujer, transmitía una fuerza propia de un fenómeno
atmosférico, jamás alguien logró que mis mejillas
se mojaran con un micrófono en la mano, desde un escenario.
Mi cuerpo erizado como un felino en guardia. Es difícil describirlo
para quien no estuvo allí. Fue muy emotivo. Nunca escuché
nada parecido, creo que fue el mejor discurso captado por mis oídos
jamás. Aquello no era un documental de la tele, era en directo,
la verdad de una madre. Y de una revolucionaria también,
sin duda alguna. Una revolucionaria octogenaria. Creo que el 30
de abril del 2007 quedará cauterizado en mi corazón
y en mi cerebro mientras el alhzeimer me respete.
Al concluir su alegato, la plaza rompió a corear: “Madres
de la plaza, el pueblo las abraza, Madres de la plaza, el pueblo
las abraza”. Y también: “Olé, olé.
Olé, ola, como a los nazis les va a pasar, a donde vayan,
les iremos a buscar”.
Bueno, son las 3.14 de la madrugada del primero de mayo (Día
del Trabajador), ahora ya día dos. Hoy, estuve filmando la
marcha de los trabajadores porteños en Buenos Aires, que
también me sorprendió bastante, porque aquí
la gente esta viva, lucha por un futuro mejor, más digno,
para él y para sus hijos. Pero esa será una historia
que contaré otro día.
Monty (Montero, de la cuenca del Nalón)
Monty escribe sobre la desaparición
de Julio López en Argentina.
(30.001) TRAS TREINTA AÑOS, LA HISTORIA SE REPITE
Después
de veinticuatro años del final de la dictadura militar argentina
(1976-1983), en la que 30.000 personas fueron desaparecidas por
el aparato estatal en manos de los militares golpistas, parece que
la historia se repite de nuevo. Ahora, en la figura de Julio López.
El último en la larga lista de desaparecidos, pero ahora
en democracia.
El actual presidente de la república argentina, Néstor
Kirchner, tras derogar las leyes de Punto Final y Obediencia Debida
(leyes que impedían el enjuiciamiento de los represores militares),
posibilitó, que los responsables de las violaciones contra
los derechos humanos fuesen llevados ante un tribunal. Miguel Etchecolatz
fue el primer acusado por genocidio. Éste, era el Director
de Investigaciones de La Provincia de Buenos Aires, a la vez, que
encargado de uno de los centros de detención clandestinos
durante la dictadura militar argentina, y mano derecha del ex General
Ramón Camps, jefe de la policía bonaerense.
Jorge López, albañil de 77 años, se convirtió
en un testigo clave en esta causa y en futuros procesos, por ser
uno de los pocos desparecidos que salió con vida de su cautiverio.
Declaró ante la Justicia, y sus declaraciones involucraron
al menos a 62 militares y policías. Gracias a su testimonio,
Miguel Etchecolatz se encuentra detenido en una cárcel común,
condenado a cadena perpetua, por genocidio.
Tras la condena de Etchecolatz, Jorge López desapareció
de su domicilio sin dejar rastros, el 17 de septiembre de 2006,
en La Plata.
Jorge López había sido secuestrado el 21 de octubre
de 1976. “Cállate la boca y no digas nada”, le
dijeron cuando lo soltaron dos años y medio después,
tras haber soportado cuatro centros clandestinos de detención
–el Pozo de Arana, la Unidad de Cuatrerismo, la Comisaría
5 de La Plata y la Comisaría 8, - hasta que lo “legalizaron”
poniéndolo a disposición del Poder Ejecutivo Nacional
en una cárcel, de donde salió finalmente el 25 de
junio de 1979.
Aníbal Fernández, actual ministro del interior, manifestó
al poco tiempo de la desaparición de Lopez: "Si Dios
y la Virgen me ayudan, lo encontramos y se va a la casa".
En declaraciones a radio Continental, el ministro del Interior resaltó
que "todos los días" insiste a las brigadas policiales
en que profundicen la búsqueda de López. “ Estoy
convencido de que lo vamos a encontrar en algún momento",
manifestó Fernández, quien repitió que es "optimista
por naturaleza". Agregó que no deseaba revelar detalles
de la investigación, pero que por ahora no hay ninguna novedad
para comunicar.La hipótesis de la desaparición de
López causada por un shock traumático que lo habría
llevado a extraviarse, está hoy totalmente descartada.
Tras siete meses de su misteriosa desaparición. Desatada
en todo el país una intensa campaña (APARICIÓN
CON VIDA YA DE JULIO LÓPEZ) en pro de su “reaparición”,
y con múltiples amenazas a otros testigos de las causas en
curso contra el aparato represivo de la dictadura. Nada, se puede
afirmar sobre su paradero, a pesar de que su familia, tiene la absoluta
certeza de que no se fue por su propio pie, ya que anhelaba, desde
años atrás, el momento de sentarse frente a Etchecolatz,
para ver su cara cuando le leyeran la sentencia ,y por ello, reclama
su aparición vivo o muerto.
Fdo: Sergio Montero |