Milagros, aparentemente sencillos
y... ocultos.
Ana María Sabio /AMASU)
Noelia y Georgina, Operación Milagro.
Ana García, Pachakuti.
Liliana Deutch, Médica.
Las
fotos anexas tienen que ver con que, cuando desde Pachakuti visitamos
la semana pasada tres villas-miseria de Buenos Aires, donde las
Madres de Plaza de Mayo están construyendo 1.200 viviendas
sociales, nos encontramos con estas doctoras.
de lo poco que se conoce , por acá, de la llamada Operación
Milagro, se tenía la idea de que solo favorecian a países
de gobiernos revoltosos, Venezuela, Bolivia..
Sin embargo ese esquema no es real: Si en un principio, a buen
ritmo, miles de personas viajaron, y viajan, a Cuba, con pasajes
subsidiados, para curarse unas cataratas y recobrar la visión,
después, acuerdos y convenios más efectivos, han
posibilitado la instalación de centros oftalmológicos
en diveros puntos que facilitan la llegada de miles de personas
a curarse gratis.
Claro que para ello alguien tiene que poner los médios
y la tecnología, y es Cuba..
En Bolivia, en los meses últimos, los centros se han instalado
en ciudades fronterizas: Copacabana, Yacuiba: eso está
permitiendo que lleguen enfermos de Perú, de Argentina,
de Brasil..
Pero es que también en el resto de Latinoamérica,
en casi todos los países, existe posibilidad de esa atención,
aunque las autoridades locales no sepan aprovecharse por su negligencia
política de esa oferta cubana.
Y ahorita, en el caso de Ecuador, que ya ha curado a miles de
personas, el nuevo gobierno incrementará por el mismo método
las operaciones de la vista.
Pues eso: en el caso que las fotos testimonian, las doctoras estaban
en un barrio miseria de Buenos Aires, chequeando las necesidades,
y posibilitando que puedan viajar a Villazón, frontera
con Bolivia, a los argentinos pobres que estén necesitados
de una operación oftalmológica, y que por otros
medios no la pueden conseguir.
Según Cuba, el objetivo ambicioso es curar a seis millones
de latinoamericanas y latinoamericanos pobres.
Cosas que pasan, y que nadie nos contaba, por el contenido subversivo
que implica..
Cosas como la tecnología y los alfabetizadores cubanos,
que con el prestigioso y reconocido método "Yo sí
puedo" están logrando alfabetizar a millones, en toda
Latinoamérica y en todo el mundo.
www.pachakuti.org
En
Bolivia, el país más empobrecido
de América Latina, operarse los ojos puede costar entre
800 y 900 dólares, algo que está completamente fuera
del alcance no sólo de los campesinos más pobres
sino de la misma clase media.
Sin embargo, desde que Evo Morales llegó al gobierno más
de 1000 médicos cubanos trabajan en los sectores más
empobrecidos del antiplano devolviendo gratuitamente la vista
a miles de personas, gratuidad que incluye el tratamiento, la
operación, los medicamentos y las gafas.
Para los más de 200.000 latinoamericanos que han recobrado
gratuitamente la vista en los últimos años se trata
de un milagro. Y lo es: se trata de la Operación Milagro
que impulsó para todo el continente el gobierno cubano
y que a un ritmo de 600.000 pacientes al año se persigue
devolver la vista a más de 6 millones de personas en América
Latina en una década.
Esta es la realidad de nuestro mundo: unos condenan a la ceguera
mientras que otros traen la luz.
Pero de estos últimos, de quienes hacen el milagro, no
se habla sino para mal.
Se les critica y se ocultan sus políticas sociales. Hace
un par de años, El País dedicaba cuatro páginas
a comentar con todo tipo de alardes que una niña africana
vendría a España a operarse de cataratas gracias
a la generosidad de una fundación constituida nada más
y nada menos que por 900 ópticas. Pero nunca hablarán
bien de lo que en este sentido hacen, con infinitamente mayor
eficacia y con menos medios, los gobiernos de Cuba, de Venezuela
o Bolivia.
Devolverle la vista a los pobres que no pueden pagar los precios
que imponen las multinacionales debe ser también una expresión
de eso que llaman tan despectivamente el “populismo”
y que nunca logran explicarnos bien lo que es.
Juan Torres López , catedrático de Economía
Aplicada de la Universidad de Málaga
Operación Milagro
Operación Milagro es el nombre de un proyecto humanista
que Cuba y Venezuela llevan adelante en el contexto de la Alternativa
Bolivariana para las Américas (ALBA). El periodista español
Pascual Serrano, de la revista electrónica Rebelión
(www.rebelion.org)
y de Telesur (www.telesurtv.net),
nos propone un acercamiento al tema desde los ojos del milagro.
Infiltrado en un avión de la Misión Milagro con
destino a La Habana
Pascual
Serrano
Rebelión
Imprevistos de agenda provocaron que tuviera que adelantar un
viaje en avión desde Caracas a La Habana para asistir a
la Feria Internacional del Libro. Inicialmente planificado para
el día 5 de febrero, los organizadores de la Feria se vieron
en la obligación de conseguir alguna forma de trasladarme
tres días antes. No existían vuelos comerciales
y la única posibilidad fue colocarme en un avión
de los que diariamente utilizan ambos países para trasladar
enfermos oftalmológicos de Venezuela a Cuba con objeto
de ser allí intervenidos quirúrgicamente. Denominada
Misión Milagro, la posibilidad de “empotrarme”
casualmente en uno de estos aviones me permitiría lograr
ser testigo privilegiado de ese gran proyecto que, si bien ambos
gobiernos intentan difundir y explicar, es absolutamente silenciado
fuera de esos países.
La Misión Milagro surge en el marco de los acuerdos entre
Caracas y La Habana. Tras crear la llamada misión Barrio
Adentro, por la cual varios miles de médicos cubanos trabajan
en las zonas más humildes de Venezuela, en su mayoría
barriadas de precarias viviendas en las que viven gentes que carecían
de los servicios públicos mas elementales. En esos barrios
adentro, la mayoría de los médicos venezolanos,
procedentes de las clases acomodadas con posibilidad de estudiar,
no querían ir a trabajar. El papel de los profesionales
cubanos ha sido fundamental para poder llevar una asistencia inexistente
hasta ahora.
Allí pudieron detectar enfermedades oftalmológicas
de sencilla curación que mantenían en muchos casos
en la ceguera a miles de venezolanos. Un puente aéreo entre
Cuba y Venezuela para intervenciones quirúrgicas podía
resolver muchas de esas enfermedades gracias al importante desarrollo
de la sanidad cubana. El acuerdo contemplaba la gratuidad de todo
el proceso para los enfermos.
Me subo a un Boeing 757 con capacidad para 185 personas alquilado
por Cubana de Aviación a la empresa islandesa Icelandair.
Ese mismo día 2 de febrero había llegado de La Habana
con 63 pacientes ya operados, y una cifra algo mayor de médicos
cubanos que volvían de pasar sus vacaciones en casa en
la Isla. Una vez en Caracas, el avión dejaría parte
de los pacientes operados y recogería un grupo con destino
a La Habana. Desde allí haría escala en la ciudad
venezolana de Barcelona, apenas a media hora de vuelo, donde dejaría
a algunos pacientes que volvían de La Habana pero que vivían
en esa región y volvería a recoger otro grupo de
esa parte del país con destino a la capital de Cuba. Todas
las plazas se completarían . Durante todo el viaje, una
médico y un enfermero acompañaban a los pacientes
y les atienden en cualquier necesidad.
Entre los enfermos procedentes de Cuba con los que comparto el
trayecto Caracas-Barcelona, se encontraba Benedicta Zambrano,
una anciana de 76 años que apenas con un sencillo camisón
se encontraba haciendo un viaje internacional en avión
acompañada de su hija Isabel. “Yo soy humilde y pobre,
estaba muy mala de los ojos, de cataratas, además de los
dos ojos, no podía ver”, me cuenta. Tras pasar dieciocho
días en La Habana se le ha operado de ambos y vuelve con
la vista recuperada. Benedicta me explica que vive en una sencilla
casa alquilada en Caracas y cobra una pensión de 402.000
bolívares, unos 120 euros. “En los hospitales públicos
me dijeron que no me podían operar y en los privados el
precio era de ocho millones de bolívares (3.600 euros)”,
afirma la anciana. Es evidente que no podía asumir el precio
de una intervención que costaba veinte mensualidades de
su pensión. Fue entonces cuando su hija solicitó
que se le incluyera en la Misión Milagro. Una semana después
estaba viajando a La Habana.
Otro de los pacientes intervenidos, ya de vuelta a su casa, es
Albert, de tan sólo cinco años, a quien le han operado
de una catarata congénita en el ojo izquierdo y que deberá
volver de nuevo dentro de tres meses para ser intervenido del
otro. Va acompañado de su madre, Raquel Betancourt, son
de Barcelona y nunca habían viajado en avión. “En
Cuba, todo chévere”, dice Raquel. “¿Usted
se imagina cuánto me hubiera costado esto?, mi hijo se
hubiera quedado ciego”, añade. Esta madre trabaja
de ama de casa, y su marido hace lo que le sale, “unas veces
de seguridad, otras de trabajo de fontanería”. Albert
fue incluido en la Misión Milagro tras un operativo oftalmológico
en su barrio, donde recomendaron la operación quirúrgica
y le gestionaron la documentación necesaria.
Todos los pacientes coinciden en que todo el procedimiento es
totalmente gratuito. Desde los traslados con un familiar, hasta
los alojamientos de ambos y toda la atención sanitaria
y farmacéutica. Jorge Luis Pérez es el licenciado
en Enfermería que les atiende en el viaje. El equipo suele
ser de un médico y un enfermero por vuelo, si bien en viajes
con muchos pacientes pueden ser dos y dos. “Casi todas las
patologías son cataratas y terigio (carnosidad que va creciendo
sobre la córnea) –afirma Jorge Luis-, y también
es necesario que se sepa que todos venimos de forma voluntaria
y gratuita, en nuestros días de libranza”. Efectivamente,
Jorge Luis trabaja en el servicio de emergencias de La Habana,
hoy tenía el día libre y se incorporó como
asistente en este vuelo. “El ministerio de Salud propone
a algunas profesionales y después éstos deciden
si aceptan la propuesta o no. No sucede nada si no se hace, a
mí algunas veces me han sugerido viajar en fechas que no
podía por razones personales y he dicho que no”,
afirma. Preguntado qué le mueve a hacer esto, afirma que
“en primer lugar porque es un trabajo y una profesión
que me gusta, segundo porque me permite conocer gentes y otro
país y en tercero, he de reconocerlo, porque las dietas
en divisas que nos pagan por salir al extranjero son una ayuda”.
Nos explica que los viajes son diarios y que en diciembre él
llegó a hacer aproximadamente unos diez.
La médica se llama Ana Iris Alvarez, y se ha incorporado
como voluntaria hace tan solo dos meses. Trabaja habitualmente
en el hospital Hermanos Amejeidas de La Habana. Afirma que su
experiencia es “muy buena por tratarse de ayudar a otras
personas que jamás han tenido la oportunidad de la salud,
que sufren enfermedades crónicas, maltratadas y que nunca
en su vida han podido ver”. “Algunas –añade-,
han conocido a sus nietos ahora, me emocionó el caso de
un hombre que me dijo que iba a ver a su esposa después
de cuarenta años, se casó con ella sin verla”.
Les pregunto a ambos, médico y enfermero, qué puede
mover a los profesionales a dedicarse a esto después de
su horario laboral y ambos responden casi al unísono: “Sólo
el amor al prójimo explica esto, nunca puede ser el dinero.
Uno ve a estos niños sin vista y no puede evitar acordarse
de sus hijos”. Sin hacerles yo la mínima referencia
al sistema socialista cubano, ellos aclaran: “En Cuba tenemos
garantizada la salud y ver esto nos emociona. La salud nunca puede
ser un negocio”.
En el avión charlo también con Marcos López,
de 64 años, que tiene cataratas desde hace dos años.
Afirma que en Venezuela no se ha podido operar porque no tenía
los cinco millones de bolívares (3.000 euros) que le costaba
la intervención. Pidió información en la
consulta de los médicos cubanos en Venezuela en la Misión
Barrio Adentro y en veinticinco días le gestionaron la
documentación necesaria para subirse al avión en
dirección a Cuba.
El caso de Yosisi Jacqueline, de la localidad de Anaco, en el
rico estado petrolero de Anzoátegui, me impresionó.
Tiene quince años y nunca ha podido ver la luz por unas
cataratas congénitas en ambos ojos. Su madre, María
Rosa, no puede contener la emoción sólo de pensar
que dentro de pocos días su hija verá por primera
vez en la vida.
Un paseo por el avión permite observar un ambiente muy
diferente al habitual en cualquier vuelo internacional. Gente
humilde, campesinos que no se despegan su tradicional sombrero,
mujeres con sus sencillas ropas y su pañuelo al cuello,
ancianos, algunos en silla de ruedas o ayudados por un bastón
o algún familiar. Pocas veces uno puede viajar con tanto
“pueblo” en avión. Aquí no hay corbatas,
ni maletines ni teléfonos móviles, tampoco bolsas
de compra de comercios de aeropuertos. En este viaje sólo
se ve pueblo que nunca salió de su provincia ni viajó
en avión. Nunca nadie se interesó por sus problemas
de salud, menos aún fletarles un avión para devolverles
la vista. Muchos tienen serias dificultades para desenvolverse
por la falta de visión, emociona ver como todo el personal
de Cubana de Aviación les atiende mimosamente. Llegamos
a La Habana a las diez de la noche, una legión de trabajadores
sociales voluntarios, con una docena de ambulancias, esperan al
pie del avión. En Cuba serán intervenidos en el
Hospital Oftalmológico Pando Ferrer o en el Hermanos Almejeiras,
también en Santiago de Cuba. Sólo de pensar que
esas personas que se mueven a tientas volverán en un par
de semanas a Venezuela viendo, puedo comprender la denominación
de este programa: Misión Milagro. Un programa de cooperación
iniciado por Cuba que ya se desarrolla en 24 países de
Latinoamérica y el Caribe. En apenas año y medio
se han operado alrededor de 210 000 personas de forma gratuita.
Todos ellos han entendido lo que es una verdadera revolución,
la revolución bolivariana de Venezuela y la revolución
cubana.
Y mientras eso se silencia en los grandes medios de comunicación,
diarios como el español El País dedica en su revista
semanal del 4 de septiembre, cuatro páginas a color con
nueve fotos también a color al caso de un niña de
Ghana -insisto, una-, que será llevada a España
para ser operada de cataratas gracias a la ayuda de una fundación
integrada por 900 ópticas. Por entonces Cuba acumulaba
más de 70.000 venezolanos operados totalmente gratis de
cataratas, estrabismo, cifra que se doblaría al finalizar
el pasado año.
www.pascualserrano.net