PACHAKUTI: CAMBIOS EN
EL MUNDO ANDINO
Mailer
Mattié
CEPRID
La nueva humanidad
El origen de la civilización andina se pierde en las ruinas
de la cultura Chavin, en el Norte del Perú, y las de Tiwanaco
en el altiplano boliviano. Su milenaria historia, junto a la del
imperio inca -el Tahuantinsuyo-, se transmite, no obstante, de
generación en generación a través de los
hermosos mitos y leyendas de una cultura que se expresa en dos
lenguas, en aymara y en quechua. Aquellos reflejan, además,
la cosmovisión que orienta la existencia de los pueblos
andinos.
Wiraqocha fue el gran creador del Universo. Antes sólo
había humo y oscuridad (1). Creó el cielo, la tierra
y los primeros seres humanos a quienes hizo de gran estatura.
El mundo, en realidad, quedó dividido en dos lados opuestos.
El Alax Pacha, el mundo de arriba donde habitan el sol y la luna
y el Manqha Pacha, el mundo de abajo donde permanece el pasado.
Entre ambos, un mundo intermedio: el Aka Pacha de los humanos.
Aquellos seres originarios, sin embargo, no tardaron en desobedecer
las instrucciones que Wiraqocha les había dado, provocando
su cólera. En consecuencia, los convirtió en estatuas
de piedra que dejó en grutas y cerros y a continuación
desató un gran diluvio, el Huno Pachakuti. El mundo quedó
de nuevo en la oscuridad. Al diluvio sobrevivió un puma
(2), aislado en medio del lago Titikaka (3) donde sólo
brillaba el resplandor dorado de sus ojos.
Tiempo después el Creador emergió del Lago. La oscuridad
desapareció porque al instante reemplazó los ojos
del puma por el sol (inti) y la luna (quilla). De su unión
nacieron dos hijos, la pareja divina formada por Manco Capac y
Mama Oclla, el primer Inca y la primera Colla. Wiraqocha se dirigió
luego a Tiwanaco y mezclando con agua y barro del Titikaka a los
seres anteriores que había petrificado, construyó
hombres y mujeres de menor estatura que aquellos, creando así
la nueva humanidad. Les dió nombre, vestidos e instrumentos
agrícolas; les enseñó las lenguas, las costumbres,
las artes y les transmitió leyes justas. De las Huacas,
los lugares sagrados en los cerros y grutas, salió la nueva
humanidad.
Wiraqocha regaló a Manco Capac un bastón de oro.
Le ordenó recorrer los caminos hasta encontrar un lugar
especial en la tierra. Al final, en el Valle de Huana Cauri el
suelo se tragó el bastón y allí mismo nació
un bello árbol, símbolo de la sabiduría de
la nueva humanidad. En ese sitio se fundó Cuzco, el ombligo
del mundo, la más hermosa ciudad del Tahuantinsuyo. El
Creador entonces atravesó el país andino, llegó
a la costa y desapareció caminando sobre las aguas del
mar. Terminada la Creación, dejó a los hombres y
mujeres la tarea de mantenerla.
Entre el mundo espiritual
y el pasado
El
universo andino, pues, nació dual, formado por elementos
opuestos que se complementan y generan equilibrio. Lo que está
arriba y lo que está abajo; lo femenino y lo masculino;
el día y la noche que se turnan. Los andinos, entonces,
viven entre el mundo de arriba y el de abajo; es decir, se rigen
por el orden cósmico y el pasado. En este sentido, la relación
del espacio/tiempo donde habita la humanidad -el Aka Pacha- con
los otros dos mundos, es permanente. En la Pachamama, la Madre
Tierra, los lugares sagrados, por ejemplo, están en todas
partes: en las montañas, lagos y caminos, simbolizando
la relación con los orígenes y los antepasados (Achachilas).
La vida diaria, las labores agrícolas y las fiestas están
en correspondencia con el cosmos, principalmente con los cambios
que producen las estaciones. Los andinos comprenden que no deben
perturbar la armonía universal, la armonía de la
creación de Wiraqocha.
En la Pacha de abajo reside el pasado. La vida en Los Andes se
piensa y construye de acuerdo a lo que el pasado ha establecido.
El futuro es también un regreso al pasado. En consecuencia,
la existencia del mundo andino transcurre a través de ciclos.
Cada 500 años aproximadamente se produce una transformación,
el Pachakuti (4), para dar paso a un nuevo período. Entonces,
el mundo de abajo retorna al mundo donde habita la humanidad y
el ciclo que termina pasa a formar parte del pasado. Este proceso
de transformación contiene siempre eventos y hechos importantes.
Algunos cronistas españoles, incluso, llegaron a interpretarlo
como un tiempo de guerra. El anterior Pachakuti, por ejemplo,
significó el envío de la civilización inca
al Manqha Pacha, donde permanece como fuente de una nueva sociedad.
En la cosmovisión andina, el retorno a los orígenes
es siempre un cambio radical y profundo.
En el cíclico mundo andino, en efecto, el espacio/tiempo
está invariablemente condicionado a la transformación,
a un nuevo comienzo. El último Pachakuti -el femenino Warmi
Pachakuti-, según el calendario andino se inició
el año 1992. Poco después, un eclipse de sol, el
intijiwaña, dió lugar al nacimiento del quinto sol,
el intiyuriña. Desde entonces, las naciones andinas han
estado convulsionadas por hechos políticos y sociales de
gran trascendencia como los que han sucedido en Ecuador y Bolivia.
Se trata de poner en vigencia principios fundamentales de convivencia
social y con la naturaleza, enviando al mundo del pasado la historia
de los últimos 500 años que han significado invasión,
exterminio y marginación para los pueblos y culturas andinas.
Es su propia forma de interpretar la realidad, de ejercer su derecho
a la resistencia y construir un nuevo proyecto socio-político
en Abya Yala, el continente americano.
Así,
pues, la importante valoración del pasado se revela como
elemento básico para comprender el sentido de la existencia
en Los Andes. El Pachakuti representa, en fin, un cambio integral
a todos los niveles: espiritual, ético, social, económico
y político. En este proceso, la transformación debe
conducir a retomar el camino de la reciprocidad, la solidaridad,
la justicia social, la paz y la defensa de la vida en todas sus
manifestaciones. Una gran oportunidad, sin duda alguna, para contribuir
a restablecer el equilibrio entre el cosmos y la Tierra. Ha sido,
por lo demás, el mensaje que los pueblos indígenas
enviaron al mundo desde Tiwanaco el 21 de enero de 2006, el Jach'a
Uru (Gran Día) cuando el presidente Evo Morales recibió
el mandato de los Kurakas, unidos el águila del norte y
el cóndor andino para anunciar juntos nuevos tiempos.
Notas
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1 Fernand Schwarz (1988): El enigma precolombino. Martínez
Roca. Barcelona; Cap. VIII (El mito de la creación) y Cap.
X (El imperio inca).
2 Palabra original del quecha.
3 Titi: puma en lengua aymara; Kaka: color dorado.
4 En lengua aymara "kuti" significa retorno, regreso
al lugar de origen, cambio, transformación. El verbo es
"kuty": retornar. "Pachakuti" indica, por
tanto, el regreso al espacio/tiempo original. Se deriva también
el sustantivo "pachakutek": el que renueva el mundo
y lo transforma.
Mailer Mattié es economista venezolana.
Autora de diversos trabajos sobre las condiciones sociales y políticas
de los pueblos indígenas en los países andinos.
Es miembro del Osservatorio Informativo Indipendente sulla Regione
Andina e il Latinoamerica de Milán (http//www.selvas.org).
Centro de Estudios Políticos para las Relaciones Internacionales
y el Desarrollo
www.nodo50.org/ceprid