Dialogos|Lunes, 27 de Agosto de 2007
ALEIDA GUEVARA, HIJA DEL CHE
"Al héroe lo define la gente que lo rodea"
"La heroicidad está también en no
creerte que eres un héroe, ni siquiera que eres alguien
importante", afirmó a Página/12 Aleida Guevara
al recordar a su padre, el Che Guevara. "Mi papá era
argentino, era un hombre que nunca olvidó tampoco sus raíces",
señaló.
Por Oscar Ranzani
-Si
bien usted era muy chica cuando falleció su papá,
pero por lo que pudo reconstruir o por lo que le contó
su madre, ¿cómo era Ernesto Guevara como ser humano
frente a la imagen más conocida de líder revolucionario?
¿Esos dos aspectos eran indisociables?
-Completamente indisociables. Es decir, para ser el revolucionario
que fue tenía que
ser un hombre con gran capacidad para amar, un hombre además
romántico. Si tú no
tienes esa capacidad de entrega, esa capacidad de sensibilidad
humana no puedes
arriesgar tu vida por un ideal, es muy difícil. Mi papá
era un hombre muy
consecuente, un hombre muy honesto. Antes de exigirle algo a alguien
se lo exigía a
sí mismo y ésa fue la norma de su vida siempre.
Por supuesto que, en ese sentido,
desarrolla toda una perspectiva humana extraordinaria en el trato
con otras
personas. Podía ser muy exigente como jefe militar pero
siempre muy humano, muy
justo. Y sus subordinados de muchos años, aun de la guerrilla
y de cuando era
ministro de Industria, lo recuerdan muchísimo con un cariño
extraordinario. A mí me
gusta compartir con ellos porque aprendo cada día algo
de esa etapa que yo casi no
viví. Y es lindo que muchos años después
cuando un hombre ha desaparecido
físicamente sus compañeros se reúnen el mismo
día que cayó en combate para hacer un
trabajo voluntario en su honor. Y al final de la jornada de trabajo
recuerdan alguna
anécdota de las que vivieron juntos. Y así me voy
nutriendo de esa parte de mi papá
que apenas conocí.
-Se cuenta que su papá estaba dispuesto siempre a realizar
la misión más peligrosa y
que eso generaba admiración entre sus compañeros...
-Yo pienso que la heroicidad es mucho más. La heroicidad
es todo el conjunto humano
en sí, es el no creerte que eres un héroe, el no
creerte siquiera que eres un ser
importante. Eso es más heroico todavía. Si cuando
tú dedicas y entregas lo mejor de
tu vida a una causa, sin creerte por ello ser merecedor de algo
especial, eso te
hace un héroe.
-El héroe no se autodefine.
-No, al héroe lo define la gente que está a su
alrededor. Y es algo que mi papá dijo
hace muchos años y que a mí siempre me ha gustado
mucho: es preferible hacerte
seguir que no tener que empujar. Y para realizar eso es necesario
ser íntegro, ser
consecuente contigo mismo. Y eso es algo que mi papá hizo
todo el tiempo.
-El hecho de que Ernesto Guevara dejara a sus familiares por
un ideal profundo, ¿le
despertó una especie de molestia por no poder disfrutarlo
usted?
-Cualquier hijo quiere tener cerca a su papá. Eso es
una reacción humana y nosotros
somos humanos. Pero cuando tú vas conociendo a la persona,
cuando tú vas
respetándola y admirándola, empiezas a amar a esa
persona y la amas tal como es. La
empiezas a entender también. Entonces, te das cuenta que
quizás para él también fue
un gran sacrificio tener que perderse el crecimiento de sus hijos,
el convivir día a
día con ellos, verlos florecer como seres humanos. Esto
pudo haber sido muy duro
para él también. Y, de alguna manera, piensas que
hay cosas mucho más importantes
todavía. Hay tantas cosas que hay que hacer en el mundo,
hay tantas necesidades que
hay alrededor nuestro que uno dice: ¿cómo empiezo?,
¿qué hago? Y él sabía qué podía
hacer y lo hizo. Entonces, a ese tipo de hombre tú lo puedes
añorar como papá pero,
a la vez, sientes tanta admiración que tu papá haya
sido un hombre así, que te
compensa.
-¿Cómo recuerda el momento en que llegó
a interesarse por la lucha de su padre? ¿Qué
fue lo que más la motivó a conocerlo como hombre
político a la distancia?
-Yo siempre lo conocí como un hombre muy humano y mi
mamá me lo acercó todos los
días. Mamá no hablaba de él así: "Si
tu papá estuviera haría..." No, no. Nunca usó
ese mecanismo. De pronto, como si no viniera al caso, ella hablaba
de mi papá y
dejaba caer algo con todo el peso de la verdad con relación
a la actitud de mi papá
ante la vida. O nos contaba algo que había pasado en un
momento determinado. Y de
alguna forma, ella fue sembrando ese respeto y esa admiración
a él como hombre. Mamá
lo amó extraordinariamente. Lo notas a través de
cartas, de fotos, de mirarla a ella
cuando habla sobre él. Hay un amor profundo que no pudo
borrarse nunca. Entonces,
ella fue capaz de llevar ese amor a sus hijos, de educarnos así,
de forjarnos así.
Pero ella tuvo una gran responsabilidad porque quedó educando
a muchachos muy
pequeñitos sola pero también quiso que fueran hijos
dignos de su papá y que si él
estuviera vivo se sintiera orgulloso de sus hijos. Entonces, mi
mamá asumió una
responsabilidad tremenda, un compromiso moral con mi papá
muy grande. Ella fue la
que más sufrió todas estas cosas. Si nosotros teníamos
un fracaso en la escuela,
ella se sentía responsable. Si teníamos una indisciplina,
ella se sentía
responsable. Es decir, ella quería educar a sus hijos de
forma tal que el hombre que
no pudo hacerlo físicamente, si estuviera presente, estuviese
complacido. Yo creo
que mi mamá hizo un trabajo útil porque nosotros
somos cuatro hermanos y los cuatro
estamos integrados al proceso revolucionario cubano; de una u
otra manera pero todos
estamos dentro del proceso revolucionario y todos trabajamos junto
al pueblo cubano.
Y mi papá dijo que él no quería que sus hijos
fueran nadie especial, él quería que
sus hijos fueran dignos del pueblo donde vivía. Entonces,
esto nos da la posibilidad
también de cumplir con él. Es decir, no nos exigió
mucho más de lo que nosotros
podíamos dar como seres humanos: simplemente ser consecuente
con tu gente, ser
solidaria. Y eso uno lo va mamando desde que nace porque lo vas
viendo en tu mamá,
en la gente que está a tu alrededor, cómo se comporta
con los demás, cómo actúa,
cómo era mi mamá, por ejemplo, con sus padres. Eso
lo vas aprendiendo desde el
primer momento, y después lo vas integrando a tu propia
vida, con mayor o menor
grado, depende de tu personalidad. La cosa más importante
es que cuando ella creyó
que nosotros teníamos edad suficiente, comenzó a
darnos poco a poco dosis del
comandante, dosis del ministro, dosis del economista. Poco a poco
ella fue poniendo
en nuestras manos escritos de él, documentos, notas de
viaje. Entonces, yo me fui
identificando con ese papá mío. Y en ese sentido,
lo fui aprendiendo a conocer.
-El Che decía que para ser revolucionario lo primero
que había que hacer era una
revolución. Es decir, que de nada servía el esfuerzo
aislado, individual si se hacía
solitariamente. Hablaba en relación con la necesidad de
que todo un pueblo se
movilizara. ¿Cómo piensa esta idea cuando cada vez
más gente está desinteresada de
la política?
-Una de las cosas que decíamos en distintas actividades
con distintos compañeros es
que yo no puedo dar una receta a ningún pueblo del mundo
de cómo resolver sus
problemas. No puedo porque yo no vivo esa realidad. Por lo tanto,
sería una falta de
respeto de mi parte. Lo único que yo puedo decir es lo
que yo he vivido. Para que
Cuba sobreviva a esa presión de Estados Unidos, lo único
que nos posibilitó eso fue
la unidad del pueblo cubano. Cuando un pueblo se une no hay fuerza
capaz de
detenerlo. Pero eso sí: tiene que tener claros sus objetivos
y tiene que olvidarse
del "yo". Ahora, lo que vale es el "nosotros".
Y eso puede ser que la gente no lo
acabe de entender. Pero hasta que no lo entienda como algo intrínseco
no podremos
seguir adelante porque nos van a comprar, nos van a dividir, nos
van a utilizar y
perdemos la fuerza como pueblo. Por lo tanto, la unidad es fundamental:
el olvidarse
de tus cosas personales y buscar un objetivo común para
todos. ¿Cómo lo vas a
lograr? Eso yo se los dejo a ustedes. Tienen que ser ustedes los
que lo decidan: qué
camino tomar. Pero eso sí, sin apoyo del pueblo, no hay
posibilidades de triunfo.
-¿Por qué el Che siempre renunció al poder?
-El problema no es renunciar al poder. El problema es continuar
caminando. Fidel no pudo salirse de Cuba, tenía una gran
responsabilidad sobre sus hombros y, por lo tanto, tiene esa presión
sobre él. El Che cuando habla con Fidel en México,
lo primero que le dice es: "Si yo sobrevivo a la batalla
de Cuba, debo estar libre, entonces, para seguir mi camino".
Y mi papá era argentino, era un hombre que nunca olvidó
tampoco sus raíces. El se identificó con el pueblo
cubano, él se sentía hijo del pueblo cubano pero
nunca olvidó sus orígenes. ¿Y qué
haces entonces? ¿Te quedas allá en otro pueblo cuando
ves al tuyo sufrir, cuando ves que hay necesidades y que tú
puedes hacer algo como ser humano por ese pueblo? ¿Qué
harías tú? Es lo que hizo él. Es decir, hizo
lo que creía que tenía que hacer. No es un problema
de poder, es un problema de necesidad. Es un problema de hacer
algo más que tú sabes que todavía tiene fuerza,
energía para hacerse. Y eso es lo que intentó hacer.
-¿Cuál es el recuerdo de su padre si tuviera que
hablar de la solidaridad?
-Yo siempre digo que lo más importante de mi papá
era su gran capacidad para amar.
Eso es lo que hace de él un hombre muy especial. No tenía
miedo a expresar
sentimientos. No tenía ningún temor, ningún
problema. Decía lo que sentía y él
practicaba lo que decía. Fue un hombre muy consecuente
y un hombre que puede
convertirse en un símbolo de verdad para ser imitado por
muchísimos hombres y
mujeres en este mundo.
-¿Se
puede pensar a la Revolución Cubana como un acontecimiento
histórico que tuvo dos etapas absolutamente diferentes,
es decir, la de la acción armada al 1º de enero de 1959
y la de la transformación política, económica
y social de ahí en adelante? -No, yo no creo que sean dos
etapas diferentes sino la continuidad, es el crecimiento lógico.
Piensa en un niño chiquito. ¿Dices hay dos etapas
en un ser humano cuando está gateando y cuando comienza
a caminar? Son etapas lógicas del desarrollo de una persona.
Bueno, eso es lo que ocurre en un proceso revolucionario: se toma
el poder y después viene la maduración de ese poder
que es el proceso más difícil. Porque tomar el poder
con un poco de fuerza y unidad se logra, pero mantenerlo, desarrollarlo
y perfeccionarlo, ésa es una tarea de titanes, de verdad.
Y más en las condiciones en que vivimos nosotros, los pueblos
llamados del Tercer Mundo. Entonces, no hay etapas diferentes,
en ese sentido. Lo que hay es una continuidad de crecimiento,
de perfeccionamiento de un proceso revolucionario que todavía
tiene que seguir perfeccionándose y todavía tiene
que seguir creciendo.
-¿Y cómo viven las nuevas generaciones la Revolución
y el futuro sin la presencia
física de Fidel?
-Igual que lo estamos viviendo ahora. Es decir, Fidel es indiscutiblemente
uno de
los hombres más lindos de la historia cubana pero yo digo
que quizás podría ser
catalogado como el resumen de lo mejor del pueblo cubano. Pero
del pueblo cubano. No
es extraterrestre. Es el fruto de ese pueblo. Y sin ese pueblo,
Fidel Castro no
hubiera podido llegar a ser lo que hoy es, el estratega que hoy
es. Sin el apoyo
indiscutible de su pueblo la Revolución Cubana no hubiera
podido triunfar y muchos
menos perfeccionarse. Entonces, ustedes tienen que aprender a
ver al pueblo cubano.
Que su guía realmente es Fidel, nadie lo discute. Que es
un hombre excepcional, soy
incapaz de negarlo. Para mí es uno de los mejores hombres
que he conocido en mi
vida. Lo quiero muchísimo también como un padre.
Pero yo conozco a mi pueblo. Y mi
pueblo, una de las cosas más lindas que tiene es que sabe
agradecer. Es un pueblo
que tuvo la oportunidad de vivir de una forma diferente cuando
Fidel y sus
compañeros llegaron al poder. A partir de ese momento,
la vida del pueblo cubano
cambia. Voy a dar datos muy fríos pero rápido: en
1959 al iniciarse la Revolución,
Cuba tenía una mortalidad infantil de 60 por mil nacidos
vivos. Hoy tiene 5,1. En
1959, Cuba tenía un 33 % de analfabetismo total y hasta
un 60 % de analfabetismo
medio. Hoy no hay analfabetos en Cuba. Y tenemos 25 mil profesionales
de la salud
cubana trabajando en Venezuela y otros tantos trabajando por todo
el mundo, cada vez
que es necesario. Más del 60 % de la población cubana
está estudiando ya nivel
preuniversitario. Tenemos, por ejemplo, el derecho de las mujeres
que antes eran
explotadas por ser mujeres y pobres, doblemente por ser mujeres.
Hoy más del 60 % de
la fuerza intelectual de Cuba, de profesionales cubanos, somos
mujeres. Veinte mil
hectáreas de la mejor tierra cubana pertenecían
a Estados Unidos. Hoy la tierra
cubana no se negocia. Es propiedad indiscutible del pueblo cubano,
única y
exclusivamente. La Banca Nacional Cubana pertenecía a Estados
Unidos y hoy es
nuestra. Es decir, son cosas que te das cuenta que cambiaron totalmente,
radicalmente la forma de vivir de ese pueblo. Que tenemos carencias,
es cierto. Nadie
puede negarlas. Pero no son carencias fundamentales.
-¿Cuáles considera que fueron los aportes fundamentales
de la Revolución Cubana a
los movimientos revolucionarios de América latina?
-La posibilidad de que sí se puede. Verlo ahí
en la práctica. ¿Qué nos diferencia a
Cuba del resto de América latina? ¿Por qué
Cuba puede tener una salud pública
gratuita para todo el mundo? ¿Por qué Cuba puede
tener una educación soberana,
gratuita para todo el mundo? ¿Por qué? ¿Qué
nos diferencia de los argentinos, por
ejemplo? Lo único que nos diferencia es la sociedad socialista.
No hay nada más.
Entonces, yo no les puedo decir a los argentinos: "Ustedes
tienen que hacer la
sociedad socialista". No puedo hacer eso. Pero yo les estoy
mostrando es que así fue
como Cuba resolvió sus problemas internos. Así es
como Cuba es dueña de su
territorio nacional, y nadie se lo vende, nadie se lo negocia.
Es así como Cuba
tiene posibilidades de ser dueña de los pocos recursos
que tiene para invertirlos en
beneficio de su propio pueblo y no que transnacionales te sigan
desangrando como si
fueras un cadáver expuesto a las aves de rapiña.
¿Entiendes? Yo no te puedo decir:
"Mira, tienes que hacer esto". No puedo hacer esto.
Sólo te puedo mostrar lo que yo
he logrado con mi proceso social y si eso te conviene, que puede
ser una
alternativa, para ti, pues ¡aleluya!
-El Che hablaba de que debían abrirse nuevos caminos
que confluyeran a la
identificación de los intereses comunes de los países
subdesarrollados. ¿Cómo
analiza, en ese sentido, los cambios que ha tenido Latinoamérica
desde la muerte de
su padre?
-Yo no hablo nunca de muerte, como si en un momento determinado
se hubiese perdido
algo irrecuperable. Y no es verdad. Ningún hombre es imprescindible.
Ninguno. Por
muy grande, por muy completo que sea. Entonces, empezamos a decir
precisamente que
los cambios de los pueblos tienen que estar basados, primero,
en condiciones
objetivas. Este es un momento especial para América latina,
el que estamos viviendo
hoy. Hay un desarrollo de distintos movimientos sociales dentro
del continente que
hacen como una efervescencia en la base de nosotros, de nuestros
pueblos. Están los
movimientos indígenas. Por primera vez, un presidente indígena
toma el poder. Hay un
cambio social importante en Venezuela, buscando alternativas como
las del
socialismo. Por primera vez ese pueblo es dueño de lo que
produce. Está el
Movimiento Sin Tierra en Brasil, un movimiento unificado, fuerte
y digno. Hay
movimientos que hacen que la base de esa sociedad capitalista
que vive este
continente, se empiece a tambalear y fuertemente. Entonces, yo
pienso que cuando
papi hablaba de la necesidad de que estos movimientos tomaran
fuerza, está hablando
de romper también las fronteras, de mirar los defectos
que tenemos cada uno de
nosotros, aprender de estos errores, no repetirlos, mejorar ese
trabajo y, por
primera vez, darnos cuenta que, de verdad, somos una gran familia
latinoamericana.
-En un mundo globalizado donde el capitalismo no ha sido condenado
con la misma
fuerza que el socialismo, los caminos de cambio parecen poco claros...
-Primero, hay que abrir las entendederas. Van más de
doscientos años de capitalismo,
y no está resuelto el mayor problema de la humanidad: más
del 80 por ciento de la
población mundial vive en la pobreza. Entonces, ¿qué
ha hecho el capitalismo por
nosotros? Nada. Ha hecho cosas interesantes explotando los cerebros
que se ha
encontrado en distintas partes y dándole posibilidades
económicas han florecido.
Pero, para el resto de la humanidad, ¿qué ha hecho?,
¿qué ha resuelto? Cada día es
peor la situación de nuestros pueblos. ¿Tú
te imaginas que Argentina puede producir
alimentos para nutrir prácticamente a un tercio de la humanidad
y que haya niños
argentinos muriendo de hambre en el norte de este país?
Hombre, eso para mí es
inadmisible. O Brasil, con esa tierra superfértil que tiene,
con todos los climas,
tiene fruta, tiene vegetales, tiene todos los alimentos; que haya
un solo brasileño
pasando necesidad es inadmisible. ¿Qué ha hecho
el capitalismo realmente por
nosotros en ese sentido? Solamente explotarnos, explotarnos y
explotarnos. Que haya
dos o tres familias, pongamos hasta veintipico de familias que
vivan bien, ¿y los
demás qué? ¿No contamos? ¿Qué
somos? Pero nosotros tenemos que tomar conciencia de
eso. Hasta que no tomemos conciencia de eso, no vamos a avanzar.
Tenemos que empezar
a unir nuestros intereses como pueblos rompiendo las fronteras
que fueron impuestas
muchas veces por un sistema colonial externo a nuestros propios
pueblos. Martí decía
que "el amor madre a la patria no es el amor ridículo
a la tierra, ni a la hierba
que pisan nuestras plantas; es el odio insensible a quien la oprime,
es el rencor
eterno a quien la ataca..." Y nosotros somos una gran Patria,
desde el Río Bravo
hasta la Patagonia. Todo un pueblo. ¿Cuándo nos
vamos a unir? ¿Cuándo nos vamos a
dar cuenta de esa necesidad y de esa fuerza que tenemos? Esa es
la pregunta. Esa es
la situación que tenemos que resolver.
-Volviendo al tema de las nuevas generaciones, ¿qué
opinión le merece que haya
chicos que usen remeras o prendedores de su padre y que no sepan
de quién se trata?
¿Considera que el sistema capitalista lucra con el mito
o que buscó absorberlo?
-Claro, es una política del sistema capitalista vender
hasta su propia madre si es
posible. Esto es lógico en ese sistema. Pero además,
vaciar esa figura de contenido.
Eso sería su sueño hecho realidad. Y es verdad que
algunos muchachos no lo conocen
pero también es verdad que muchos jóvenes sí
lo conocen. Yo he tenido ejemplos que
puedo mostrar. Por ejemplo, en una manifestación estudiantil
en Portugal, un
muchachito de doce o trece años aproximadamente iba con
una bandera roja con la
imagen de mi papá. Cuando un periodista le preguntó:
"¿Tú qué haces con esa
bandera?", él dijo: "Porque al igual que el Che
voy a luchar hasta la victoria
siempre". Y era un niño portugués. Entonces,
de alguna manera, esta figura va
entrando a la gente. Y si logramos que algunos de estos jóvenes
que no saben quién
es, se pregunten: ¿quién es?, ¿qué
hizo?, ¿por qué lo tengo en la remera?, ya es un
paso de avance.
-¿Qué sentía usted cuando Fidel referenciaba
siempre en sus discursos el pensamiento
de su padre?
-Que es lógico, es una cosa natural para nosotros porque
ellos dos están siempre muy
unidos como pensadores, como artífices de una revolución.
Ellos van muy mezclados
como personas. Y los dos tienen una gran cualidad: son hombres
capaces de ver las
cualidades de otro hombre. José Martí decía
que el ser humano que ve las cosas
lindas de otro ser humano es porque las lleva en sí mismo.
Y yo creo que eso es
verdad.
-¿Qué siente cuando vuelve a leer la carta de
despedida que su padre les dejó a
usted y a sus hermanos?
-Muchas veces después las he leído o los niños
la leen para mí y no me conmueve como
aquella primera vez que la escuché en la voz de mi mamá
rota por el dolor. No es
igual. Eso es un momento único en mi vida. Pero la carta
me ha servido para guiarme
en mi vida: "Sean capaces de sentir en lo más profundo
la injusticia cometida contra
cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más
linda de un
revolucionario". Eso, para mí, es lo que me hace realmente
vivir.
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