Ay, Nicaragüita! (Pachakuti en Nicaragua)

 

Ay, Nicaragüita.

16 años después de haber perdido por vía electoral lo ganado por insurrección popular, los sandinistas (¿divididos?) han vuelto al gobierno, en un extraño entramado de alianzas, que incluye pactos en la Asamblea Nacional con la bancada liberal de los anteriores presidentes neoliberales, y pacto con los antiguos paramilitares de “la contra”, que incluye la figura del electo vicepresidente de la República.

16 años es tiempo suficiente para ver envejecer (¿sin honra?) a muchos de los antiguos comandantes, y para establecer en tres periodos presidenciales de la derecha el destrozo mayor posible de los logros de la Revolución Sandinista, echar al basurero la alfabetización, quebrar los avances en asistencia sanitaria, devolver latifundios a los poderosos que cobran hasta tres veces indemnización, y hacer prosperar hasta lo indecible a cuatro familias que dominan todas las ramas de la economía.

No bastarían los 16 años para explicar la ausencia de programa del actual régimen, sustentado sin embargo en una retórica pletórica, que choca cada día con la realidad nacional e internacional.

Así en cada cruce de carreteras y entrada a las ciudadades grandes carteles con la figura de Daniel Ortega anuncian el “arriba los pobres del mundo” con un Sandino desdibujado en segundo plano, y los acordes de “la internacional” acompañan las celebraciones oficiales, (mientras se deja de cantar por decreto el himno del FSLN porque su letra es demasiado antiimperialista) , así como las proclamas radícaloides del Presidente sobre expulsar a Unión Fenosa de Nicaragua, o echar a las maquilas de las zonas francas, o la “avanzada” alianza de Nicaragua con el ALBA..

Todo contrasta poderosamente con los acuerdos llevados a término con la multinacional española, para que siga en Nicaragua, pese a sus barbaridades, o con las medidas económicas que favorecen la continuidad de las maquilas y por tanto el trabajo esclavo en pleno centro del país, o el tenebroso pacto con el cardenal Obando, que ha dejado sin habla a todo el sector progresista del sandinismo, o el silencio culpable tras cinco meses de acampada de las familias afectadas por el nemagón, a las puertas del Congreso Nica, o las excelentes relaciones con las cuatro familias que controlan a destajo toda la economía nacional, los Pellas, los Chamorro, etc..

La misma contradicción entre retórica vociferante y realidad aplastante de las relaciones prometidas con China, y la competencia feroz con Taiwán, que el Presidente ha manejado con exceso de publicidad y escasez de sensatez, para acabar, al parecer, optando por la relación estratégica con la segunda, y contraviniendo así los supuestos avances en la alianza continental que tiene a Bolívar y Venezuela como abanderados..

El hecho concreto de que sólo un comandante de los antiguos esté en el gobierno, (y otro en el parlamento), y todos los demás estén o en otro partido, o en su casa, o de empresarios exitosos, o de embajadores lejanos, marca una imagen de lo que se parece el gobierno insurreccional que llegó hasta 1990, y el que ha llegado a gobernar desde 2006.

Nadie foráneo, sin embargo, debiera analizar de forma acelerada la aparente contradicción de alianza electoral entre Fsln y Rn (antiguos contras) pues para ello debiera analizarse en profundidad los efectos de la tremenda devastación producida por la guerra provocada por Reagan, y las ansias de paz y reconciliación, sentidas seguramente en la población nicaragüense con más fuerza que lo que las siglas parecieran representar.

Claro es que, por efecto de esa alianza, que es anterior a la campaña electoral, los nicas tienen ahora un vicepresidente, que en caso de que pasara algo con el presidente sandinista, pasaría a ser el presidente, y la “contra” llegaría por vía electoral a conseguir lo que nunca pudo por vía de las poderosas armas yanquis.

¿Es menos malo un gobierno de estas características que otro gobierno más de los liberales..? ¿se hace factible algún tipo de cambio profundo en un gobierno que no contempla en su programa ninguna medida en tal sentido? ¿Las aparentes relaciones internacionales del gobierno de Ortega en el campo progresista, favorecen o entorpecen las aspiraciones de los otros gobiernos de avanzada de esa alianza, Venezuela, Cuba, Ecuador, Bolivia..?

A pesar del desbrozo realizado por la dirigencia de Ortega en el Fsln, para dejar fuera a cualquier dirigente que le pudiera hacer sombra, también es admitido que el porcentaje de población militante, por historia, por familia, por herencia sentimental, en el sandinismo es muy amplio, como puede verse en los 19 de julio, aniversario de la Revolución, con medio millón de participantes en la Plaza, que ningún otro partido consigue, excepto la iglesia católica..

Y que de esa abundancia de esperanzas que nutre el poder intermedio de algunos centenares de cuadros sandinistas, que nunca han tenido oportunidad de propiciar ninguna renovación interna, y por lo tanto son bastante funcionales al diseño caudillista actualmente vigente, que rompe con aquella otra tradición de “la comandancia”, con nueve comandantes que representaban las tres tendencias del frente, y que se mantuvo (?) hasta la debacle de 1990.

Sin oportunidad para la dirección colectiva ni para el cuestionamiento de los “malos pasos” de la presidencia y la asesoría tan directa de la esposa del presidente, tampoco son factibles procesos de participación verdadera que pudieran enriquecer las actuales gestiones sandinistas en alcaldías y gobiernos, siendo los consejos de poder ciudadano un “invento” demasiado mecanicista, demasiada mala copia de otros procesos como el bolivariano, pero desvirtuado por el sólo hecho de haberse decretado que todos los secretarios políticos del Frente son delegados directos del Presidente, y por tanto se despoja a estos consejos de la posibilidad de hacer participes a otros sectores de la población.

Todo pinta bastante mal, en términos de posibles transformaciones, como para no hacerse ni una sola ilusión, y como para que, si surge alguna novedad positiva, se comprenda que será fruto de parciales movilizaciones sectoriales, o de acuerdos forzados en el entramado internacional, siempre y cuando un nuevo bandazo Orteguiano no vuelva a dejar de lado de forma grosera los acuerdos firmados con las gentes bolivarianas.