Señor
Presidente; Excelencias; señores Jefes de Estado y de Gobierno
y Representantes de los Gobiernos del Mundo:
Permítanme iniciar esta intervención reflexionando
sobre el compromiso de lucha contra la pobreza, vigente desde
septiembre de 2000, cuando 189 países suscribieron la declaración
de los Objetivos del Milenio (ODM). En virtud de ese acuerdo nos
comprometimos a cumplir, hasta 2015, con algunos propósitos
básicos en el camino al Desarrollo Humano.
LIMITACIONES DE LOS «OBJETIVOS DEL MILENIO»
Hoy, desde un gobierno que ha proclamado en el Ecuador una revolución
ciudadana, democrática, ética y nacionalista, quisiéramos
proponer algunas reflexiones críticas sobre el propio concepto
de los ODM, sus limitaciones, y los peligros que entrañan
agendas mínimas de esta naturaleza, sobretodo frente a
las profundas asimetrías sociales y económicas que
vive el planeta.
La primera limitación en los ODM es que constituyen un
mínimo como estrategia para disminuir la pobreza. Nuestra
meta es ir mucho más allá de tales mínimos,
profundizando los objetivos e incorporando muchos otros. El hecho
de suscribirnos de manera exclusiva a un enfoque de necesidades
mínimas, como el que plantean los ODM, implica un alto
riesgo, al buscar satisfacer conciencias, pero limitando las aspiraciones
de cambio social.
De esta forma, podemos asumir que existen dos umbrales que nos
permiten caracterizar la vida de las personas. El primero tiene
que ver con las capacidades indispensables en los seres humanos
para subsistir dentro de la sociedad, capacidades sin las cuales
una vida no podría llamarse siquiera humana. El segundo
umbral se refiere a las capacidades que le permitan a cada uno
realizarse como persona dentro de esa sociedad. Estamos hablando,
por tanto, no solo de subsistencia, sino del derecho a gozar de
una vida digna de ser vivida.
NO A LOS OBJETIVOS MÍNIMOS
Señor Presidente, Excelencias:
Creemos que tener la meta de vivir con un dólar más
un centavo al día, para, supuestamente, superar la pobreza
extrema, o evitar morir prematuramente, como podría colegirse
de los ODM, no significa llevar una vida digna.
El desarrollo de políticas públicas en un país
que pretende un cambio radical, como el caso ecuatoriano, no puede
conformarse con alcanzar objetivos mínimos. Obviamente
evitar la muerte prematura de los niños y niñas
o de las madres gestantes, resulta un objetivo incuestionable.
Sin embargo, centrándonos sólo en aquello, corremos
el riesgo de conformarnos con que la vida humana sea simplemente
un proceso de resistencia que tenga como fin alargar unas horas
más la existencia de las personas.
OBJETIVOS COMUNES SOBRE MÁXIMOS SOCIALES
Proponemos, en consecuencia, objetivos comunes no sólo
sobre mínimos de vida sino sobre máximos sociales.
Por ejemplo, consideramos que es posible compartir identidades
diversas, construir y recuperar espacios públicos, garantizar
el acceso a la justicia, tener un trabajo que garantice el derecho
a ganarse el propio sustento, tener tiempo para la contemplación,
la creación artística y la recreación, objetivos
que ya se encuentran en el Plan Nacional de Desarrollo que ha
puesto en vigencia el Gobierno del Ecuador.
De esta forma, renunciamos a la idea de que el presente es una
pura fatalidad histórica frente a la cual claudicamos buscando
mínimos claramente elementales.
Más aún, la perspectiva de conformarse con mínimos
supone también la legitimación de la realidad que
vivimos, ya que tales mínimos no buscan trastocar las distancias
ni las relaciones de poder entre los sujetos ni entre las sociedades.
Es decir, también abogamos por el reconocimiento de una
igual dignidad para todos los seres humanos.
El conceder a algunas personas unos mínimos debe ser, a
lo sumo, un objetivo emergente y temporal, y jamás debe
considerarse como un modus operandi de la política pública,
dado que supone situar al «beneficiario» en una posición
de inferioridad frente a los demás. En otras palabras,
supone no reconocer su idéntica dignidad humana frente
al resto. De hecho, no es casualidad que burocracias internacionales
como el Banco Mundial proponga siempre hacer “poverty reports”
y nunca se le haya ocurrido hacer “inequality reports”.
Por ello, quizá la mejor estrategia de reducción
de la pobreza con dignidad es la reducción de las distancias
sociales, económicas, territoriales, ambientales y culturales.
De esta manera, uno de nuestros objetivos principales de gobierno
es disminuir las iniquidades en un marco de desarrollo endógeno,
de inclusión económica y de cohesión social-territorial,
tanto interna como en el marco del sistema global.
DDHH Y VALORES UNIVERSALES CONTRA PROGRAMAS SOCIALES QUE FRAGMENTARON
LA SOCIEDAD
En
este mismo sentido, buscamos imponer en Ecuador el imperio de
los derechos humanos y de valores universales. Por el contrario,
lo que la larga y triste noche neoliberal postuló, desde
una perspectiva asistencial de compensación por las consecuencias
resultantes del absolutismo de mercado, fueron programas sociales
que terminaron fragmentando a la sociedad en tantas partes como
grupos sociales puedan existir.
Sin embargo, un proyecto nacional y un cambio de las relaciones
de poder dentro de una sociedad, no significan una suma de fragmentos,
pretendiendo que, por un azar del destino, adquieran sentido y
coherencia y se unan como las partes de un rompecabezas, incluso
a pesar de no contar con todas las piezas que lo integran.
Es indispensable trazar un proyecto compartido, que debe estar
en constante rediseño, y que justamente tenga como objetivo
el que todos deseemos ser parte del mismo. Por ello, en Ecuador
construimos el Plan Nacional de Desarrollo en forma democrática,
porque entendemos que sin la participación de todos en
las decisiones fundamentales de la sociedad, ningún país
podrá legitimar y volver más eficientes sus decisiones
políticas.
Se trata, en suma, de cambiar una práctica política
aplicada por los sectores tradicionales, con su tecnocracia y
elitismo, para devolver la palabra y la acción a quienes
deben ser los dueños, protagonistas y beneficiarios de
las políticas públicas.
Además, quisiera señalar que los ODM adolecen de
una visión de desarrollo apegada a criterios de consumo,
y de una estrategia ligada a los procesos de liberalización
económica.
Nuestra mirada de desarrollo es muy diferente: entendemos por
desarrollo la consecución del buen vivir de todos, en paz
y armonía con la naturaleza y la prolongación indefinida
de las culturas humanas.
PROPUESTA ECUATORIANA PARA REDUCIR CO2: CONSERVAR PETRÓLEO
EN TIERRA
En este sentido, nos complace sobremanera que en esta Asamblea
se haya debatido ampliamente sobre los efectos devastadores e
injustos del cambio climático. El Ecuador ha traído
una propuesta concreta e innovadora para contribuir a la reducción
de emisiones de CO2 y a la conservación de la biodiversidad
con nuestro proyecto Yasuní-ITT.
La iniciativa plantea el compromiso de no explotar cerca de 920
millones de barriles de petróleo y así evitar la
emisión de alrededor de 111 millones de toneladas de carbono
provenientes de la quema de combustibles fósiles.
Sin embargo, esto implicará dejar de recibir ingentes inversiones
y cerca de 720 millones de dólares anuales, cantidad muy
significativa para la economía ecuatoriana. Estamos dispuestos
a hacer este inmenso sacrificio, pero demandando la corresponsabilidad
de la comunidad internacional (sobre todo los países desarrollados,
principales depredadores del planeta) y una mínima compensación
por los bienes ambientales que generamos.
Éste sería un extraordinario ejemplo de acción
colectiva mundial (bajar de la retórica a hechos concretos,
a la práctica) que permita no solo reducir el calentamiento
global para beneficio de todo el planeta, sino también
inaugurar una nueva lógica económica para el siglo
XXI, donde se compense la generación de valor y no solamente
la generación de mercancías.
DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS
Al hablar de culturas, nos alegra también que la Asamblea
de las Naciones Unidas haya adoptado hace pocos días la
Declaración de los Derechos de los Pueblos Indígenas
copatrocinada en forma muy activa por el Ecuador, instrumento
que ha debido esperar más de 20 años para su aprobación
y que será la carta fundamental para la protección
de los derechos humanos de nuestros pueblos aborígenes.
PARA ECUADOR NO EXISTEN SERES HUMANOS ILEGALES
Finalmente, ese buen vivir del que estamos hablando presupone
también que las libertades, oportunidades y potencialidades
reales de los individuos se amplíen. En este sentido, la
paradoja inmoral de que por un lado se promueva a nivel global
la libre circulación de mercancías y de capitales
buscando la máxima rentabilidad, pero, por otro lado, se
penalice la libre circulación de personas buscando un trabajo
digno, es sencillamente intolerable e insostenible desde un punto
de vista ético.
Para el Gobierno del Ecuador no existen seres humanos ilegales
y las Naciones Unidas deben insistir sobre este punto. No hay
tal cosa como seres humanos ilegales. Eso es inadmisible. Y estamos
trabajando activamente por promover un cambio en las vergonzosas
políticas migratorias internacionales, sin olvidar, por
supuesto, que nuestra mayor responsabilidad es la construcción
de un país que ofrezca las garantías de una vida
digna como mecanismo de prevención del éxodo forzado
por la pobreza y la exclusión.
NO HAY FIN DE LA HISTORIA E IDEOLOGÍAS
Señor Presidente, Excelencias:
No debemos engañarnos frente a quienes proclaman el fin
de las ideologías, el fin de la historia. Los sectores
conservadores quieren hacernos creer que vivimos en el mejor de
los mundos posibles y que hay que abandonar cualquier intento
de cambio, cualquier intento de construcción de nuestra
propia identidad individual y colectiva, cualquier intento de
construcción de nuestra historia.
Frente a esa concepción del mundo, mezquina y autocomplaciente,
nosotros sostenemos que es posible llevar a cabo una acción
colectiva, consciente y democrática, para dirigir nuestras
vidas y organizar la sociedad mundial de otra manera, con un rostro
más humano. Nuestro concepto de desarrollo nos obliga a
reconocernos, comprendernos y valorarnos unos a otros, a fin de
posibilitar la autorrealización y la construcción
de un porvenir compartido.
Es a la construcción de ese mundo, de ese sueño,
que el Ecuador quiere invitarlos.
Señoras y señores, muchas gracias.
Rafael Correa Delgado
Economista y Académico. Presidente de la República
de Ecuador.