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rosa roja
La
Rosa Roja del Siglo XX
Por Narciso Isa Conde
Rosa Luxemburgo (1876-1919), venciendo los impedimentos de su
condición de mujer y los límites de su época,
se convirtió en una de las principales dirigentes del socialismo
alemán y mundial.
Fue la rosa roja del socialismo del siglo XX y voló -como
bien lo dijera V.I. Lenin- alto como las águilas
Teorizó con profundidad y certeza, combatió, construyó
fuerza revolucionaria y dirigió la insurrección
de los trabajadores alemanes en 1918 y 1919.
Su vista de águila le permitió hablar de la primera
guerra mundial, como si lo estuviera haciendo de las guerras imperialistas
del presente. Veamos:
“El socialismo es el primer movimiento
popular del mundo que se ha impuesto una meta y ha puesto en la
vida social del hombre un pensamiento consciente, un plan elaborado,
la libre voluntad de la humanidad. Por eso Federico Engels llama
a la victoria final del proletariado socialista el salto de la
humanidad del reino animal al reino de la libertad. Este paso
también está ligado por leyes históricas
inalterables a los miles de peldaños de la escalera del
pasado, con su avance lento y tortuoso. Pero jamás se logrará
si la chispa de la voluntad consciente de las masas no surge de
las circunstancias materiales que son fruto del desarrollo anterior.
El socialismo no caerá como maná del cielo. Sólo
se lo ganará en una larga cadena de poderosas luchas en
las que el proletariado, dirigido por la socialdemocracia, aprenderá
a manejar el timón de la sociedad para convertirse de víctima
impotente de la historia en su guía consciente.”
“Federico Engels dijo una vez: “La sociedad capitalista
se halla ante un dilema: avance al socialismo o regresión
a la barbarie”. ¿Qué significa “regresión
a la barbarie” en la etapa actual de la civilización
europea? Hemos leído y citado estas palabras con ligereza,
sin poder concebir su terrible significado. En este momento basta
mirar a nuestro alrededor para comprender qué significa
la regresión a la barbarie en la sociedad capitalista.
Esta guerra mundial es una regresión a la barbarie. El
triunfo del imperialismo conduce a la destrucción de la
cultura, esporádicamente si se trata de una guerra moderna,
para siempre si el periodo de guerras mundiales que se acaba de
iniciar puede seguir su maldito curso hasta las últimas
consecuencias. Así nos encontramos, hoy tal como lo profetizó
Engels hace una generación, ante la terrible opción:
o triunfa el imperialismo y provoca la destrucción de toda
cultura y, como en la antigua Roma, la despoblación, desolación,
degeneración, un inmenso cementerio; o triunfa el socialismo,
es decir, la lucha consciente del proletariado internacional contra
el imperialismo, sus métodos, sus guerras. Tal es el dilema
de la historia universal, su alternativa de hierro, su balanza
temblando en el punto de equilibrio, aguardando la decisión
del proletariado. De ella depende el futuro de la cultura y la
humanidad. En esta guerra ha triunfado el imperialismo. Su espada
brutal y asesina ha precipitado la balanza, con sobrecogedora
brutalidad, a las profundidades del abismo de la vergüenza
y la miseria. Si el proletariado aprende a partir de esta guerra
y en esta guerra a esforzarse, a sacudir el yugo de las clases
dominantes, a convertirse en dueño de su destino, la vergüenza
y la miseria no habrán sido en vano.”
A la luz de lo que pasa en Irak y Afganitan,
a la luz de la doctrina Bush sobre las guerras preventivas, de
las amenaza contra Irán, de la guerra contra el pueblo
palestino y del diseño de guerra global por las elites
estadounidenses, estas palabras de Rosa Luxemburgo retumban con
renovada fuerza y trascendente certeza.
Pero su grandeza no se quedó ahí, sino que abarcó
otras esferas del pensamiento y la práctica socialista.
Su espíritu critico, siempre apegado a una profunda lealtad
a la revolución y el socialismo, junto a su enorme capacidad
teórica, le permitió contradecir el propio Lenin
en otros temas trascendentes, en los cuales la vida terminó
dándole lamentablemente la razón:
“... libertad- afirmó
la Luxemburgo- sólo para los partidarios del gobierno,
sólo para los miembros de un partido -por muy numerosos
que ellos puedan ser- no es libertad en absoluto. Libertad es
siempre y exclusivamente libertad para el que piensa diferentemente...
Lenin y Trotsky han establecido los soviets como la única
representación verdadera de las masas trabajadoras. Pero
con la represión de la vida política en el conjunto
del país, la vida en los soviets debe de llegar a estar
también cada vez más mutilada. Sin elecciones generales,
sin irrestricta libertad de prensa y reunión, sin un libre
enfrentamiento de opiniones, la vida se extingue en cada institución
pública, llega a ser una mera apariencia de vida, en la
que sólo la burocracia permanece como el elemento activo.”
(R. Luxemburgo. La Revolución Rusa contenida en
la compilación “Habla Rosa Luxemburgo”; Pathfinder
Press, New York, 1970, pág. 391).
Cuantas verdades contienen estos párrafos
y cuan necesario es tenerlo bien presentes ahora que en nuestra
América ha tomado actualidad el debate sobre el nuevo socialismo
y el tipo de democracia en el tránsito hacia él.
N tenemos dudas: el pensamiento socialista del Siglo XXI deberá
nutrirse tambien de esta hermosa rosa roja “siglovente”,
con mirada y vuelo de águila.
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