Opinión
Perú
Terremotos financieros
y movimientos telúricos sociales
Por: Fernando Sánchez Cuadros
( ARGENPRESS)
Fecha publicación: 22/08/2007

http://www.argenpress.info/
La medida de la importancia otorgada por las autoridades financieras
de los países industrializados, las potencias capitalistas
dominantes, a la inestabilidad financiera, por un lado, y a los
problemas ancestrales de pobreza y miseria que asolan a una parte
estremecedoramente grande de la humanidad, por otro lado, muestran
cuan subordinada ha quedado la tercera parte de la consigna de
la revolución francesa, 'fraternidad' o solidaridad, y
cuan distorsionada ha quedado la única parte que los poderes
dominantes rescatan de lo que alguna vez fue la contribución
revolucionaria de sus ancestros de clase al 'progreso' de la humanidad:
la libertad. La que prevalece hoy es la libertad de los grandes
conglomerados a hacer negocios y aspirar a tasas de ganancia que
no tengan límites, por eso se desrregula las finanzas,
el comercio, los servicios y todo aquello que obligue al capital
a rendir cuentas o incorporar los costos sociales y ambientales
de sus acciones entre sus inversiones, lo que se ha dado en presentar
como la libertad de acción de individuos que de otra forma
no tendrían los incentivos para dar rienda suelta a su
creatividad.
Las recientes Cumbres del G7 o las reuniones anuales del FMI y
el Banco Mundial, así como las rondas de negociación
de la OMC, muestran la naturaleza ruin del capitalismo y la miseria
humana de los poderes fácticos. Pero nada como la combinación
de dos hechos simultáneos en el tiempo para mostrar ese
doble rasero imperante en la moral del centro dominante occidental:
los bancos centrales de los países desarrollados dispusieron
de más de 300 mil millones de dólares en menos de
una semana para rescatar a los 'mercados financieros' del próximo
estallido de la burbuja hipotecaria en Estados Unidos. ¿Quién
rescatará a las familias deudoras que están perdiendo
sus casas en la barahúnda financiera desatada por la codicia
de unos pocos? Por supuesto esta disposición a colaborar
con el bienestar ¿de la humanidad o de los especuladores
financieros? no va acompañada de los regaños proferidos
a las naciones pobres cuando se les mezquina la reprogramación
de deudas ilegítimas y de dudosa factura. Hay más
que condescendencia con el autor de la crisis en que ha sido colocada
la humanidad; con la coartada de la 'cooperación internacional'
se encubre las responsabilidades del gobierno, las corporaciones
y autoridades financieras de Estados Unidos. En rigor lo que hay
es complicidad. La UE y Japón no sólo se han beneficiado
del rediseño del sistema económico mundial impuesto
por Estados Unidos y sus aliados, sino que han contribuido a poner
'orden' en las relaciones internacionales presionando al unísono
por el desmantelamiento de los Estados en las naciones pobres
y por la firma de tratados de 'libre' comercio compelidos con
la vaselina de las así llamadas reformas estructurales.
Por otra parte, vemos la ayuda entregada para mitigar el sufrimiento
y las pérdidas de miles de afectados por el tsunami en
el sur este de Asia o por el huracán Katrina que azoló
el sur este de Estados Unidos y más recientemente los centenares
de familias peruanas tras el terremoto que azotó el territorio
peruano a lo largo y ancho, y nos encontramos con los severos
límites de la 'ayuda humanitaria'. Al final de cuentas
unos miles o cientos de miles de miserables no cuentan lo que
las importantes riquezas de unos adictos a la adrenalina que apuestan
en la ruleta financiera no su patrimonio, que encuentra generalmente
la forma de quedar protegido de los riesgos en los que incurren,
sino el bienestar de millones de personas que sin beneficio cargan
con los costos porque les toco el papel de variables de ajuste
en la 'compleja' ecuación de la dominación y la
explotación del capital.
¿Qué
responsabilidad cabe al gobierno de Alan García en el desborde
social en el que se está convirtiendo el desastre natural?
No poca. El gobierno peruano se había abocado a imponer
a sangre y fuego la agenda de los poderes fácticos globales
y nativos cosechando con ello el repudio popular a sus políticas.
Aplicado y obsecuente, García, buscó denodadamente
que se aprobara el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos
y recibió el frío trato de la bancada Demócrata
en el Congreso; obcecado como suele ser el presidente peruano
intentó responder a la movilización de los trabajadores
que exigían el cumplimiento de las promesas de campaña,
con la represión y sólo consiguió perder
aceptación y apoyo. En poco más de un año
de gobierno García está depredando el capital político
prestado por los dueños del Perú gracias a la mediación
del escribiente Mario Vargas Llosa, que se esfuerza en mostrar
que el Perú está mejor que nunca. El malestar en
las zonas de desastre del centro sur de la costa peruana, sin
duda está vinculado con la desesperación que provoca
la pérdida de familiares y bienes; pero, el retraso en
la llegada de la ayuda aviva el mal sabor de los recuerdos de
la desenfrenada corrupción vivida en el primer gobierno
aprista. ¿Se puede culpar a los peruanos por no confiar
en el voluptuoso personaje que decidieron hacer su presidente
en medio de miedos infundidos e infundados y masiva manipulación
mediática? Sí, en parte y especialmente a los sectores
ilustrados de la clase media. Sería deseable que la sociedad
peruana comenzara a sacar las cuentas de lo que ha significado
la seguidilla de gobiernos antipopulares desde que el general
Velasco Alvarado fue depuesto con un golpe de Estado en octubre
de 1968 y sepa identificar entre sus enemigos a esos actores políticos
que han tenido la “habilidad” para mutar dentro de
sus partidos al son que tocan los poderes fácticos o como
tránsfugas oportunistas, así como identificar también
a aquellos que montados en la crisis de los partidos fungen de
salvadores. ¿Será casualidad que Alan García
y el APRA funden una parte sustancial de su acción política
en una alianza espuria con el fujimorismo? Los peruanos comienzan
lentamente a darse cuenta que las mentiras difundidas contra el
candidato Ollanta Humala en rigor buscaron tender una cortina
de humo a las negociaciones y entuertos entre el García
y Fujimori y aprovecharán el desastre natural para dar
rienda suelta a emociones desencadenadas por una nueva decepción.
Dar forma política a ese malestar requiere que la izquierda
deje atrás sus reticencias a confrontarse con los poderes
dominantes y supera las vacilaciones ante el sistema de dominación
del capital. Para empezar, debe abandonar la monserga de lo políticamente
correcto y optar por una política anticapitalista, superar
su escozor ante gobiernos latinoamericanos que están mostrando
decisión y claridad geoestratégica y política
y superar los temores a romper con las políticas neoliberales
y los dubitaciones ante la Concertación chilena, que lejos
de convertirse en antichilenismo, como pretende el APRA en prematuro
colapso político, se constituya en programa político
alternativo al neoliberalismo. Fujimori, la derecha y el APRA
son las fuerzas políticas de la dominación en el
Perú. Ninguna alianza, ningún entendimiento, es
posible con esas fuerzas. Los sectores antiimperialistas minoritarios
en el APRA, que los hay, tendrán que esclarecer sus expectativas
cada vez más defraudadas en torno a Alan García,
mirando no sólo su sicopatología si no comprendiendo
que su obstinación por el poder y la necesidad de aceptación
forman parte de un mismo cuadro patológico que afecta sus
decisiones políticas, y preguntarse seriamente si es posible
aún que el APRA sea una fuerza de izquierda y optar en
consecuencia. De lo contrario no habrá ayuda humanitaria
que salve al Perú del caos y sus buenas cuentas macroeconómicas
habrán mostrado que los costos en los que se incurrió
para alcanzarlas en beneplácito del capital, regresarán
como boomerang.