| Damien Millet . Alai
¿cooperación
para quien?
Banqueros salvados, derechos humanos sacrificados
Por el azar de los números, la economía nos devela
a veces misterios sorprendentes.
Tras
las bambalinas del teatro de sombras animado por los celosos servidores
de la globalización neoliberal, la cruda realidad se filtra
a través de las ranuras de la publicación reciente
de dos estadísticas internacionales.
10-06-2008 - Por una parte, la ayuda oficial al desarrollo (AOD)
otorgada por los países ricos durante 2007 fue de aproximadamente
100 mil millones de dólares. Según la Organización
para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE),
tal ayuda descendió en un 8,4%, a exactamente 103,7 mil millones
de dólares. Esta tendencia a la baja es importante, por cuanto
revela el fiasco de los compromisos internacionales.
Ni una sola cumbre de los ocho países más industrializados
– el G8 – concluye sin una promesa de incremento de
la AOD, principalmente de la destinada al África, el continente
más golpeado por la miseria. Desde 1970, los países
ricos vienen prometiendo llevarla al 0,7% de su ingreso nacional
bruto (INB). Esa cifra no es actualmente cumplida sino por cinco
países: Noruega, Suecia, Luxemburgo, Dinamarca y Holanda.
En el pelotón de cola, los Estados Unidos, con una cifra
del 0,16%...
Desde un punto de vista global, la APD no sobrepasa el 0,28% del
INB, pese a una serie de manipulaciones estadísticas destinadas
a enmascarar la escualidez de la ayuda suministrada por los países
ricos: en efecto, incluyen en la AOD rubros tan discutibles como
los montos de remesas de la deuda, los gastos de los Estados-Unidos
para reconstruir las infraestructuras que ellos mismos destruyeron
en Iraq o en Afganistán, los gastos de escolaridad en el
Norte de estudiantes originarios del Sur, los salarios de personal
expatriado y los costos de los innumerables “consultores”
que defienden los intereses de los países donantes, donde
producen “estudios” tan costosos como inútiles
|1|.… Peor aún, esa ayuda es principalmente dirigida
hacia países que presentan un interés geoestratégico
para el país donante, independientemente de las necesidades
reales en los países del sur o del país del caso.
Es así que, además de Iraq y Afganistán, los
principales beneficiarios de la ayuda de los Estados-Unidos son
Sudán y Colombia…, sin olvidarnos de Israel…
Después de la cumbre del G8 de 2005, en Gleneagles (Escocia),
los compromisos estaban claros: alza importante de la APD, y destacadamente,
duplicación desde entonces al 2010 de la AOD destinada al
Africa. Según la OCDE, ello suponía “llevar
la ayuda de 80 mil millones de US$ en 2004 a 130 mil millones en
2010 (a precios constantes del 2004)”. El veredicto no tiene
apelación: “de modo general, la mayoría de los
donantes no están respetando sus compromisos anunciados en
términos de incrementar la ayuda y deberán proceder
a escalamientos sin precedente para lograr los objetivos que ellos
mismos se han fijado para el 2010 |2|”. Tanto como decir que
esos objetivos no serán logrados. Decididamente, desde hace
unos cuarenta años a esta parte, la palabra de un Jefe de
Estado de G-8 no vale gran cosa…
Por otra parte, 1 millón de millones de dólares es
aproximadamente, según el Fondo Monetario Internacional (FMI),
el costo potencial de la crisis financiera internacional actual,
consecuencia de la crisis conocida como “de las subprimes”
nacida en el verano del 2007, la que no termina de hacer estragos.
En un informe publicado el 8 de abril, el FMI ha cifrado precisamente
tal costo en 945 mil millones de dólares para el sistema
financiero internacional, de los cuales, 565 mil millones directamente
ligados al sector de los préstamos hipotecarios a riesgo.
Veamos lo que pasó: para colocar sus activos líquidos
y engullir beneficios monumentales, los organismos de crédito
le prestaron a un sector de la población ya altamente endeudado,
en el seno de las clases pobres y medias, a una tasa de interés
fija y moderada durante los dos primeros años para “enganchar”
al cliente, antes de que tal tasa aumentara fuertemente desde el
tercer año. Los prestamistas le afirmaban a los prestatarios
que el bien que ellos compraban, que servía de garantía
al préstamo, a la vista del comportamiento del mercado inmobiliario,
incrementaría su valor rápidamente. En el 2007, la
burbuja inmobiliaria explotó. La crisis se propagó
entonces a múltiples sectores financieros que habían
elaborado quiméricos montajes de deudas y llevado a cabo
enormes operaciones fuera de balance. |3|
Los
Ministros de Finanzas de los países occidentales reaccionaron
vivamente a la publicación de la cifra (cálculo) del
FMI |4|, como si fuese peligroso el mostrar la extensión
de los daños. En todas partes de los países del Norte,
ya sean conservadores o social-demócratas, los gobiernos
aplican políticas neoliberales particularmente brutales para
la mayoría de sus ciudadanos. El alcance de la cobertura
de los servicios sociales es voluntariamente reducido al extremo,
los ingresos del capital son protegidos, por cuanto la tasa de IVA,
que golpea proporcionalmente más fuerte a los hogares pobres
que a los acomodados, es incrementada.
Incapaces de auxiliar a sus poblaciones necesitadas, esos mismos
gobiernos han rápidamente ido al auxilio del sector privado.
En el menú: nacionalización de los bancos en dificultades,
cambio de títulos desvalorizados por dinero fresco, inyección
de recursos líquidos, planes de salvamento bancario, baja
de las tasas de interés…
En el 2000, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo
(PNUD) estimaba en 80 mil millones de dólares en (10) diez
años el monto necesario para garantizar un acceso universal
– sí, universal – al agua potable, a una alimentación
decente para los niños, a una educación primaria,
a los cuidados de salud de base, a los servicios de ginecología.
El desafío era entonces el encontrar 800 mil millones de
dólares en total… No los encontramos, y las condiciones
de vida de millares de personas continúan deteriorándose.
La brutal alza de los precios de los alimentos, debida en gran parte
al desarrollo de la producción de agro-combustibles, sumió
en la pobreza absoluta a decenas de millones de habitantes de Africa,
de América Latina y de Asia. Protestas y desórdenes
causados por el hambre han estallado en Haití, en Egipto,
en Costa de Marfil, en Senegal, en Camerún, en Burkina Faso…
Y eso es sólo el comienzo. En vez de acercarnos a los Objetivos
del Milenio para el desarrollo, bastante modestos, nos estamos alejando
a todo vapor. La crisis bancaria actual va a costar un millón
de millones de dólares y prueba que fue la voluntad política
la que faltó cuando se trató de reunir los 800 mil
millones propuestos por las Naciones Unidas para garantizar ciertos
derechos humanos elementales. Estamos frente a una violación
flagrante de la Declaración Universal de los Derechos Humanos
y de muchos otros textos internacionales vinculantes. Es intolerable
e imperdonable. Y es la lógica misma del modelo económico
lo que está en juego.
Notas
|1| Ver «Les faux-semblants de l’aide au développement»,
Le Monde diplomatique, julio 2005
|2| Comunicado de prensa de la OCDE, 4 abril 2008.
|3| En muchos países de América Latina, los bancos
y las compañías de seguros, llevan estas operaciones
y los fideicomisos bajo el rubro de balance: “Cuentas de Orden”,
frecuentemente mucho más voluminosas que la totalidad de
los restantes activos y/o pasivos.
|4| Despacho de AFP: «Los países ricos le reprochan
al FMI su ciframiento demasiado severo de la crisis», 10 abril
2008.
Damien Millet es portavoz del CADTM (Comité para la abolición
de la Deuda del tercer Mundo) en Francia, y coautor con Eric Toussaint
de Who Owes Who?, Zedbooks, 2004. Eric Toussaint, presidente de
CADTM en Bélgica es autor de: The World Bank: A Critical
Primer, Pluto, London, 2008.
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