Bolivia
Hace dos años: la
historia
Por Antonio Peredo Leigue
Enero 6, 2008
21
de enero de 2006. Tiwanaku. La ceremonia preparada para honrar
a los ancestros inundó de solemnidad a los miles de personas
congregadas allí, repercutió en los televisores
de todo el país y llegó hasta lugares alejados.
Para Evo Morales, Presidente de la República de Bolivia,
ésta era la real toma de mando; al día siguiente
cumpliría las formalidades del ritual republicano. De hecho,
la ceremonia en Tiwanaku le confería el poder que ningún
presidente de este país había tenido: el poder de
un pueblo que le entregaba su porvenir.
Cada cierto tiempo, Evo rinde cuentas de esa tarea que recibió
hace dos años. Lo ha hecho recientemente, en Cochabamba,
a donde siempre retorna para tomar fuerzas. Lo hizo ante las organizaciones
sociales que le dieron el mandato. Un mandato que le permite,
y a la vez le obliga, a buscar y encontrar los medios para transformar
la sociedad en que vivimos.
La vieja resistencia
La república que, teóricamente, liberó a
esta tierra del sometimiento a la corona española y, como
dice el himno patrio, “cesó su servil condición”,
de hecho sólo cambió de amo: en vez de tomarse en
Madrid, las decisiones se tomaron en Londres y, luego, en Washington.
Para tal estructura, sólo debía sustituirse a los
capataces: los criollos tomaron el papel de los peninsulares.
Por tanto, asumieron todos los derechos, incluso los de seguir
controlando la explotación de los grandes sectores sociales,
para continuar produciendo lo que exigía la metrópolis
de turno.
Pocas cosas conquistaron las clases explotadas a lo largo de 180
años; cada una era alcanzada con grandes sacrificios y
una cuota ineludible de víctimas de la represión.
Una revolución, a mediados del siglo pasado, le dio derechos
políticos pero, en cuanto a economía, siguió
siendo explotado. Por los patronos privados o por el Estado, su
condición varió muy poco.
18 de diciembre de 2005, el triunfo; 22 de enero de 2006, el comienzo
de la tarea. La vieja estructura quedó a la expectativa,
anhelando que, en corto tiempo, todo volviera a la normalidad
de su mando sobre las mayorías. Las primeras sorpresas
fueron ministras y ministros. ¿Cómo?, era un atrevimiento
designar a una chola para Justicia y a un indiecito en la Cancillería.
Evo Morales se sobrepasaba: ¡no los llamaba a ellos, que
sabían gobernar!, ¡estaba nombrando gente que nada
sabía sobre la administración del Estado! Pero sonrieron
esperando que, en pocas semanas, el presidente indígena
les rogara que volviesen a ocupar los sitiales que les correspondía.
No obstante, con ese gabinete de ministros, Evo proclamó
el decreto del 1º de mayo sobre aplicación de la ley de
hidrocarburos y las toses de los frustrados se oyeron en todo
el país: Evo había hecho algo que nunca se atrevieron
ellos, enfrentar a las poderosas petroleras. Y cuando estas, seis
meses después, firmaron los nuevos contratos, la vieja
clase dirigente guardó un día de luto.
La
Asamblea Constituyente fue otro duro golpe. Para entonces, se
debatían en la desesperación. Acudieron a todas
las artimañas imaginables: representación en comisiones,
dos tercios para cualquier aprobación, reconocimiento de
su exclusiva y excluyente condición opositora (la oposición
progresista era ilegítima), definición autonómica
antes que cualquier otra, capitalía o capitalidad o traslado
de sede. En fin, llevaron a la Constituyente hasta el punto de
colapso; sólo una intervención de emergencia pudo
salvar esa tarea que representa la formulación de nuevas
reglas de convivencia que se aplicarán en esta sociedad.
El repunte de la economía fue algo para lo que no estaba
preparada la decadente clase dirigente. Fue en el segundo año
que se dedicó, en forma organizada, a sabotear los logros
del gobierno. Intensificó el contrabando de combustibles
subvencionados, exigió reducción de aranceles y
aumento de granjerías, ocultó artículos de
consumo popular y subió los precios de los productos que
podía controlar.
El bono Juancito Pinto llegó a las clases más necesitadas
y los municipios sintieron el impacto de la presencia efectiva
del Estado. La protesta fue hasta ingenua: Evo Morales no está
respetando las normas burocráticas. Con la pensión
vitalicia o Renta Dignidad, las cosas alcanzaron la intensidad
de un incendio. Es que, de verdad, se queman etapas en este proceso
de cambio.
A todo esto se oponen, porque no quieren mencionar el verdadero
motivo de su rechazo: la tierra. Las nuevas disposiciones sobre
distribución de tierras, agrede su prebenda. Durante años,
burlaron todas las normas para hacerse de grandes extensiones
que mantenían ociosas, a la espera de que, la expansión
urbana, les permitiese obtener pingües ganancias, sin esfuerzo
alguno. Cuando se dictaron reglas aplicando multas a la obtención
de grandes concesiones, sacaron a toda su familia. De ese modo
esposa, hijos, nietos, padres, hermanos, sobrinos, primos y cónyuges
de todos ellos, son dueños de parcelas que, en realidad,
constituyen posesión del jefe de esa familia.
Pero la hilacha aparece en donde no pueden ocultarla: los textos
de sus estatutos autonómicos, redactados entre empresarios
y coreados por sus seguidores en las reuniones públicas
que organizan para mostrarlas como cabildos. Allí dictaminan
que, la distribución de la tierra será atribución
exclusiva del prefecto (a quien le dan ya el título de
“gobernador”) y, por las dudas, le añaden otra
atribución: fijar cuotas de migración interna. Demás
está decir que, su “prefecto-gobernador” obedece
los mandatos del empresariado.
La nueva impaciencia
Evo
Morales ha debido reconocer, en el balance de su segundo año
de gobierno, los errores cometidos. Nos falta comunicación,
pues los medios masivos se hallan en manos de esa vieja resistencia
que da coletazos de agonía, fuertes coletazos que destruyen
vidas y hogares, violentos coletazos que mantienen la inseguridad
allí por donde azotan.
Esa falta de comunicación permitió que Sucre, la
capital de la república, la ciudad que albergó a
la Asamblea Constituyente, se sometiese a la violencia de esa
clase que se resiste a abandonar el poder. Nuestra incomunicación
con Santa Cruz hace posible que una exigua minoría convenza
a la mayoría de una propuesta de enfrentamiento con el
proceso de cambio.
Los pasos que se han dado hasta hoy son un gran adelanto. Los
resultados se verán a mediano plazo. Pero falta mucho por
hacer.
Y este año 2008, será el año de las definiciones
políticas, será la etapa de la batalla de las ideas,
pero también será el tiempo de consolidar lo que
se alcanzó y avanzar a ritmo más acelerado.
Necesitamos, para esto, contar con nuestros propios medios de
comunicación. No podemos depender de aquellos que manejan
nuestros enemigos. Pero tampoco podemos pretender contrarrestarlos
con medios artesanales. Debemos convocar a nuestros profesionales
y poner a su disposición las herramientas necesarias en
la medida suficiente.
La comunicación no sólo es información, no
sólo es debate político, no sólo es confrontación
ideológica. Es, más aún, consolidación
cultural. Hemos declarado que, la nuestra, es una revolución
cultural en democracia. Hagámosla en concreto. Recuperemos
los valores culturales de nuestros pueblos. De los pueblos mayoritarios
del altiplano y los valles, de los pueblos menores de los llanos.
Hagámoslo ahora. Es parte de la batalla de ideas que debemos
enfrentar.
22 de enero de 2008. Al hacer el balance, el presidente Evo Morales
está mirando hacia adelante. Hagamos posible que ese futuro
se concrete privilegiando las tareas que deben cumplirse: recuperación
de la cultura de nuestros pueblos, oficialización de las
nuevas reglas de convivencia, lucha contra la corrupción,
restitución de la seguridad social, confirmación
de los derechos populares para legislar y gobernar con quienes
fueron elegidos pero, sobre todo, fiscalizarlos y censurarlos.
Esa es la consolidación que debemos alcanzar este año.
Antonio Peredo, hermano de los guerrilleros compañeros
del Che, Coco e Inti Peredo, es en la actualidad senador del MAS-Bolivia.