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de junio.
La Felguera.
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"Yo tuve un hermano"
de Julio Cortazar.
Yo tuve un hermano
no nos vimos nunca
pero no importaba.
Yo tuve un hermano
que iba por los montes
mientras yo dormía.
Lo quise a mi modo
le tomé su voz
libre como el agua.
Camine de a ratos
cerca de su sombra
no nos vimos nunca
pero no importaba.
Mi hermano despierto
mientras yo dormía.
Mi hermano mostrándome
detrás de la noche
su estrella elegida.
Julio Cortazar:
Nicaragua tan violentamente dulce.
Si todo es corazón y rienda suelta
y en las caras hay luz de mediodía,
si en una selva de armas juegan niños
y cada calle la gano la vida,
no estás en Asunción ni en Buenos Aires,
no te has equivocado de aeropuerto,
no se llama Santiago el fin de la etapa,
su nombre es otro que Montevideo…..
Viento de libertad fue tu piloto
Y brújula de pueblo te dio el norte,
Cuantas manos tendidas esperándote,
Cuantas mujeres, cuantos niños y hombres
Al fin alzando juntos el futuro,
Al fin transfigurados en sí mismos,
Mientras la larga noche de infamia
Se pierden el desprecio del olvido.
La viste desde el aire, ésta es Managua
De pie entre ruinas, bella en sus baldíos,
Pobre como las armas combatientes,
Rica como la sangre de sus hijos.
Ya ves, viajero, está su puerta abierta,
Todo el país es una inmensa casa.
No, no te equivocaste de aeropuerto:
entrá nomás, estás en Nicaragua
Managua, febrero de 1980.
5 de agosto de 1961
Punta del Este
El
Che durante la Conferencia de Punta del Este
La letrinocracia
Después del fracaso del desembarco de los soldados en Cuba,
los Estados Unidos anuncian un gran desembarco de dólares
en América Latina.
Para aislar a los barbudos, el presidente Kennedy ofrece a los
latinoamericanos torrentes de donaciones, préstamos, inversiones:
—Cuba es la gallina de los huevos de oro —comprueba
el Che Guevara, en la conferencia panamericana de Punta del Este.
El Che denuncia este proyecto de soborno como una tomadura de
pelo. Para que nada cambie, se desencadena la retórica del
cambio. Suman medio millón las páginas de los informes
oficiales de la conferencia, y no hay página que no hable
de revolución, reforma agraria y desarrollo. Mientras los
Estados Unidos tumban los precios de los productos de América
Latina, prometen letrinas a los pobres, a los indios, a los negros:
no maquinarias, ni equipos, sino letrinas:
—Para los señores técnicos —acusa
el Che—, planificar es planificar la letrina. Si les hicieramos
caso, Cuba podría ser… ¡un paraíso de
la letrina!
nota pachakuti: En esa época
aun no habia oenegés..¿se refería el Che a
ellas de manera premonitoria, o simplemente al Banco Mundial y otros
instrumentos de las multinacionales..?
Nuestro ejemplo fructificará en el Continente como lo hace
ya, en cierta medida en Guatemala, Colombia y Venezuela.
No hay enemigo pequeño ni fuerza desdeñable, porque
ya no hay pueblos aislados. Como establece la Segunda Declaración
de La Habana: «Ningún pueblo de América Latina
es débil, porque forma parte de una familia de doscientos
millones de hermanos que padecen las mismas miserias, albergan los
mismos sentimientos, tienen el mismo enemigo, sueñan todos
un mismo mejor destino y cuentan con la solidaridad de todos los
hombres y mujeres honrados del mundo.
Esta epopeya que tenemos delante la van a escribir las masas hambrientas
de indios, de campesinos sin tierra, de obreros explotados; la van
a escribir las masas progresistas, los intelectuales honestos y
brillantes que tanto abundan en nuestras sufridas tierras de América
Latina. Lucha en masas y de ideas, epopeya que llevarán adelante
nuestros pueblos maltratados y despreciados por el imperialismo,
nuestros pueblos desconocidos hasta hoy, que ya empiezan a quitarle
el sueño. Nos consideraban rebaño impotente y sumiso
y ya se empieza a asustar de ese rebaño, rebaño gigante
de doscientos millones de latinoamericanos en los que advierte ya
sus sepultureros el capital monopolista yanqui.
La hora de su reivindicación, la hora que ella misma se
ha elegido, la vienen señalando con precisión también
de un extremo a otro del Continente. Ahora esta masa anónima,
esta América de color, sombría, taciturna, que canta
en todo el Continente con una misma tristeza y desengaño,
ahora esta masa es la que empieza a entrar definitivamente en su
propia historia, la empieza a escribir con su sangre, la empieza
a sufrir y a morir, porque ahora los campos y las montañas
de América, por las faldas de sus sierras, por sus llanuras
y sus selvas, entre la soledad o el tráfico de las ciudades,
en las costas de los grandes océanos y ríos, se empieza
a estremecer este mundo lleno de corazones con los puños
calientes de deseos de morir por lo suyo, de conquistar sus derechos
casi quinientos años burlados por unos y por otros. Ahora
sí la historia tendrá que contar con los pobres de
América, con los explotados y vilipendiados, que han decidido
empezar a escribir ellos mismos, para siempre, su historia. Ya se
los ve por los caminos un día y otro, a pie, en marchas sin
término de cientos de kilómetros, para llegar hasta
los «olimpos» gobernantes a recabar sus derechos. Ya
se les ve, armados de piedras, de palos, de machetes, en un lado
y otro, cada día, ocupando las tierras, afincando sus garfios
en las tierras que les pertenecen y defendiéndolas con sus
vidas; se les ve, llevando sus cartelones, sus banderas, sus consignas;
haciéndolas correr en el viento, por entre las montañas
o a lo largo de los llanos. Y esa ola de estremecido rencor, de
justicia reclamada, de derecho pisoteado, que se empieza a levantar
por entre las tierras de Latinoamérica, esa ola ya no parará
más. Esa ola irá creciendo cada día que pase.
Porque esa ola la forman los más, los mayoritarios en todos
los aspectos, los que acumulan con su trabajo las riquezas, crean
los valores, hacen andar las ruedas de la historia y que ahora despiertan
del largo sueño embrutecedor a que los sometieron.
Gaspar:
El Tiempo Nuevo.
Oye mi consejo:
Preparate para la lucha
Edifica la iglesia
Con piedras que no teman la muerte,
Que no usen parapetos
De sofismas cobardes.
Que sea profetica
Que grite sin desmayo
La llegada del anticristo
El oro y el poder
De la sinagoga.
Amigo,
Te darán muerte
Como en los tiempos del Romano Imperio
Serás triturado como trigo.
Gaspar:
Cundo ganemos la guerra
No vengais compungidos a mi tumba
Con rosas y claveles
Rojos como mi sangre derramada.
Os juro que me levantaré
Y os azotaré con ellos.
Sólo admitiré violetas
Como mi carne macerada
Como el dolor de mi madre
Como el hambre campesina
De mi América Latina.. |













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