qué diria el Che de haber estado en la Cumbre de la FAO..?

Las conclusiones de la Cumbre de la FAO
El hambre

http://www.rebelion.org/noticia.php?id=68568

Ahmed Saifi Benziane
Le Quotidien

Traducido por Caty R.

Ya no se trata de saber quién pasa hambre ni quién morirá de hambre en el futuro, sino más bien de saber quién llegará el primero a la fase de la locura a fuerza de no tener nada qué comer, como el personaje-escritor que describe su situación en la novela Hambre, del noruego Knut Hamsun.

La locura ya está en las calles africanas, asiáticas y latinoamericanas; y si Europa se alarma, es simplemente debido a los ejércitos de clandestinos que surcan las calles de las ciudades europeas, llevados por los suyos a través de carreteras y mares en primer lugar, y después por las policías del mundo libre por haber invadido un terreno que no soporta sus olores ni sus colores. Un mundo blanco como la nieve.

La cumbre mundial de Roma sobre el estallido de los precios de los productos alimentarios no es, por lo tanto, ni más ni menos que una sesión informativa de los gobernantes de los pobres relativa a las medidas adoptadas para ayudar al norte a que siga impoluto y sus calles tranquilas. El sur seguirá siendo un vertedero bajo el sol, un cementerio de cuerpos errantes en busca de las migajas a las que sus gobernantes los condenaron. Ni los estudios sobre la pobreza, ni las cumbres de la tierra, ni los objetivos fijados en horizontes que se van alejando cada vez un poco más, consiguieron detener el sufrimiento. Por supuesto, no faltan argumentos para explicar lo inexplicable, lo evidente. La sequía, la capa de ozono, el medio ambiente y todos los artificios de los discursos pronunciados protocolariamente en los espacios lujosos, ocupan lo esencial de la argumentación.

Lo inexplicable, lo que se calla, es precisamente el sistema liberal pervertido por la búsqueda de más beneficios en favor de algunos, siempre los mismos; en detrimento de los otros, los desesperados, siempre los mismos. El beneficio sigue barriendo todas las religiones, todos los actos. La globalización tiene un precio: el hambre.

¿Cuál es el dictamen de las instituciones financieras internacionales? Dejar hacer, el mercado dispone de mecanismos suficientes para equilibrarse. La tragedia es que sigue desequilibrándose entre un dólar arrogante y un precio del petróleo que sólo beneficia a las clases dirigentes. El resto del mundo, literalmente, perece de hambre; sin otro refugio aparente que el de los motines, la rebelión, el lanzamiento de piedras sobre los símbolos del Estado y las férreas instituciones de sus maquinarias represivas.

¿La FAO? Un organismo condenado al tormento de Sísifo por la gracia de las multinacionales y sus guardianes, tanto del norte como del sur. En norte tienen la influencia sobre las campañas electorales, en el sur simplemente compran y colocan a los hombres apropiados, inmutables. Cuando el hambre haya dejado algunos fantasmas vagando por los páramos del sur, las enfermedades se encargarán de aniquilarlos. Los gobernantes habrán tomado sus medidas para seguir vivos y desempeñar el único papel que les corresponde: enterradores.

En Roma han optado por hablar de algunos sacos de arroz y dejar la perspectiva de una muerte cierta en un horizonte que cada vez se vuelve más evidente.

Original en francés: http://www.lequotidien-oran.com/?news=5104712

Ahmed Saifi Benziane es argelino, profesor de Socioeconomía en la Université des Sciences et de la Technologie d'Oran (USTO), escritor y poeta. Ha escrito la novela L'autre maîtresse, Dar El Gharb, Oran, 2004.

Caty R. pertenece a los colectivos de Rebelión, Cubadebate y Tlaxcala. Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y la fuente.


http://www.insurgente.org/modules.php?name=News&file=article&sid=13839

InSurGente reproduce la intervención de Cuba en la Cumbre de la FAO, para erradicar el hambre en el mundo

InSurGente.- Intervención del Jefe de la Delegación Cubana, José Ramón Machado Ventura (en la imagen), en la Conferencia de Alto Nivel sobre la "Seguridad Alimentaria Mundial. “El hambre y la desnutrición son consecuencias de un orden económico internacional que sostiene y profundiza la pobreza, la desigualdad y la injusticia. Lo peor es que si todo sigue como hasta hoy, la situación se hará aún más grave”. La intervención completa en "Leer más".


Señor Presidente:

En esta misma sede, hace 12 años, la comunidad internacional acordó erraadicar el hambre en el mundo. Se estableció entonces el objetivo de reducir el número de personas desnutridas a la mitad para el año 2015. Aquella meta, tímida e insuficiente, parecería hoy una quimera.

La crisis alimentaria mundial no es un fenómeno circunstancial. La gravedad de sus recientes manifestaciones, en un mundo que produce suficientes alimentos para todos, es un claro reflejo de su naturaleza sistémica y estructural.

El hambre y la desnutrición son consecuencias de un orden económico internacional que sostiene y profundiza la pobreza, la desigualdad y la injusticia.

Los países del Norte tienen una indiscutible responsabilidad en el hambre y la desnutrición de 854 millones de personas. Ellos impusieron la liberalización comercial entre actores claramente desiguales y las recetas financieras de ajuste estructural. Provocaron la ruina de muchos pequeños productores en el Sur y convirtieron en importadores netos de alimentos a países que antes se autoabastecían e, incluso, exportaban.

Los gobiernos de los países desarrollados se niegan a eliminar los escandalosos subsidios agrícolas, mientras imponen sus reglas al comercio internacional. Sus voraces transnacionales establecen precios, monopolizan tecnologías, imponen injustas certificaciones y manipulan los canales de distribución, las fuentes de financiamiento, el comercio y los insumos para la producción mundial de alimentos. Controlan, además, el transporte, la investigación científica, los fondos genéticos y la producción de fertilizantes y plaguicidas.

Lo peor es que si todo sigue como hasta hoy, la situación se hará aún más grave. Los patrones de producción y consumo de los países desarrollados aceleran el cambio climático, que amenaza la existencia misma de la humanidad. Es preciso sustituirlos. La pretensión irracional de perpetuar ese funesto consumismo, empujó la siniestra estrategia de convertir granos y cereales en combustibles.

Los Países No Alineados llamamos en la Cumbre de La Habana a establecer un mundo pacífico y próspero y un orden mundial justo y equitativo. Este es el único camino para alcanzar una solución verdadera a la crisis alimentaria.

La alimentación es un derecho humano inalienable. Por iniciativa de Cuba, así quedó confirmado desde 1997 por sucesivas resoluciones adoptadas en la antigua Comisión de Derechos Humanos y después en el Consejo, y por la Asamblea General de Naciones Unidas. Nuestro país, en representación de los países no alineados, y con el copatrocinio de más de dos tercios de los miembros de Naciones Unidas, promovió también la convocatoria de la séptima sesión extraordinaria del Consejo de Derechos Humanos, que acaba de instar a la adopción de medidas concretas para la solución de la crisis alimentaria global.

El hambre y la desnutrición no pueden ser erradicadas con la adopción de medidas paliativas. Tampoco con donativos simbólicos que, seamos honestos, no cubrirán las necesidades ni serán sostenibles.

Se requiere al menos reconstruir y desarrollar la producción agrícola de los países del Sur. Los países desarrollados cuentan sobradamente con los recursos para ello. Lo que se necesita es la voluntad política de sus gobiernos.

Si los gastos militares de la OTAN en un año, fueran reducidos en solo un 10%, se liberarían casi 100 000 millones de dólares.

Si se condonara la deuda externa de los países en desarrollo, que ya hemos pagado más de una vez, los países del Sur dispondrían de 345 000 millones de dólares anuales que hoy dedican a su servicio.

Si los países desarrollados cumplieran su compromiso de destinar el 0.7 % de su Producto Interno Bruto a la Asistencia Oficial al Desarrollo, los países del Sur dispondríamos de al menos 130 000 millones de dólares adicionales cada año.

Si se destinara a la producción de alimentos, solo una cuarta parte del dinero que cada año se derrocha en publicidad comercial, casi 250 000 millones de dólares podrían dedicarse a combatir el hambre y la desnutrición.

Si se destinara al desarrollo agropecuario en el Sur, el dinero que se utiliza para subsidios agrícolas en el Norte, nuestros países dispondrían de alrededor de mil millones de dólares diarios para invertir en la producción de alimentos.

Señor Presidente:

Este es el mensaje de Cuba, ferozmente bloqueada pero erguida en sus principios y en la unidad de su pueblo: sí se puede enfrentar con éxito esta crisis alimentaria, pero hay que ir a la raíz del problema, abordar sus causas profundas y rechazar la demagogia, la hipocresía y las falsas promesas.

Concluyo recordando las palabras de Fidel Castro ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, en Nueva York, en octubre de 1979:

"El ruido de las armas, del lenguaje amenazante, de la prepotencia en la escena internacional debe cesar. Basta ya de la ilusión de que los problemas del mundo se pueden resolver con armas nucleares. Las bombas podrán matar a los hambrientos, a los enfermos, a los ignorantes, pero no pueden matar el hambre, las enfermedades, la ignorancia."