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24/03/2008
3- BRASIL: RICARDO GEBRIM, REFRENTE DE “CONSULTA POPULAR”
“Construir un proyecto
transformador más allá de la esquizofrenia pro o
anti Lula”
Boletín quincenal Nº84 - Prensa De Frente en San Pablo.
Corría
el año ´97 y el neoliberalismo arrasaba con todo
en el continente. En Brasil, la fortaleza del gobierno de Fernando
Henrique Cardoso, el rumbo que perfilaba el PT absorbido por la
lógica electoral y una apatía generalizada formaban
un combo de impotencia para cualquier ilusión revolucionaria.
Pero una iniciativa del Movimiento Sin Tierra desafía la
realidad con una histórica marcha que llega a Brasilia
con más de 100 mil personas, atrayendo a toda una militancia
desencantada que encuentra una chispa de esperanza. Una reunión
posterior y la pregunta “¿y ahora qué hacemos?”
son el germen de Consulta Popular, que de a poco se fue transformando
en una organización política que aglutina militantes
de diversos movimientos sociales y fuerzas de izquierda pero “evitando
ser una clásica correa de transmisión porque es
imprescindible que los movimientos conserven su autonomía”.
Ricardo Gebrim, de la Coordinación Nacional de CP, explica
el proceso que fueron dando y los desafíos de una izquierda
brasileña atomizada, principalmente, por cómo pararse
frente al gobierno de Lula.
- ¿En qué consistía la propuesta
inicial de Consulta Popular?
- La cuestión central era -y sigue siendo-, a grandes rasgos,
generar un proyecto popular para el Brasil, que más que
un programa es la combinación de la organización,
la formación, la lucha, en torno a una propuesta de futuro,
de horizonte, de transformación. A la primera etapa la
llamamos en broma “el período de la gasolinera”
porque la CP era el espacio donde la militancia se iba a abastecer
de ideología, de concepción política táctica
y estratégica. La acumulación en ese tiempo de reflujo
exigía el cumplimiento de tres tareas centrales, que hasta
hoy intentamos desarrollar: 1) la formación (el neoliberalismo
había producido la interrupción de una generación
de cuadros que se iban formando, la idea de la transformación
revolucionaria estaba desaparecida); 2) hacer lucha de masas,
que son las únicas que pueden cambiar la correlación
de fuerzas y las únicas formas de la verdadera formación
política porque sino formamos sólo intelectuales;
3) aprender a volver a organizarnos: no para la disputa electoral
como la izquierda estaba acostumbrada sino como un espacio de
transformación revolucionaria, de construcción colectiva.
Este período va hasta que Lula gana las elecciones de 2002.
- ¿Cómo vivieron entonces la frustración
por el rumbo que eligió el gobierno? ¿Qué
efectos tuvo en las organizaciones de izquierda?
- En verdad nosotros nos decepcionamos antes que Lula asumiera,
nuestra ilusión era proporcionalmente menor. También
cometimos errores de evaluación, pensábamos que
aunque Lula no iba a encabezar un proceso de transformación
las masas lo iban a empujar... Igual nos decepcionamos porque
no esperábamos que fuera tanto. Pero la gran parte de la
izquierda no percibía eso, había toda una mitificación
en torno a Lula.
Entonces la frustración tuvo un efecto paralizador en la
izquierda brasileña. Una parte, ante la decepción,
optó por rebajar su horizonte estratégico diciendo
“no es posible más de lo que Lula está haciendo”,
y perdieron la referencia de clase. El otro extremo pasó
de un amor irrestricto al odio mortal (muchos de los que formaron
el PSOL) y toda su táctica está puesta en pegarle
a Lula. El proceso de profundización de esa paralización,
de esa ruptura, es creciente y cada intento de unidad enfrenta
esa dificultad: un sector que intenta legitimar a un gobierno
que ya ni se preocupa por legitimarse y otro que está preocupado
sólo en destruir a Lula.
- ¿Y qué lectura hacen sobre cómo
pararse en esta coyuntura?
- Creemos que el gobierno Lula es un episodio trágico,
frustrante en nuestra historia, pero no es el fin de nuestra historia.
La cuestión es construir un proyecto de izquierda no anti-Lula
ni pro-Lula sino entorno a un programa transformador. Romper esa
lógica esquizofrénica entre el odio o el amor a
Lula y construir un programa de lucha unitario. Ese es el debate
ideológico de las fuerzas de izquierda, esa es nuestra
pelea, nuestro desafío en este momento.
El gobierno Lula es una frustración, pero la alternativa
que la burguesía tiene es peor; Lula es un traidor pero
nuestro enemigo central es la burguesía. Además,
la explicación de “Lula nos traicionó”
queda corta, la vida es mucho más compleja y las relaciones
son dialécticas, y en un momento de tanta complejidad es
importante entender la profundidad del proceso.
- Volviendo al desarrollo de Consulta Popular, ¿cuáles
fueron los debates y avances que se dieron en estos últimos
años?
- A partir de 2004 comienza un nuevo período para la CP,
ya no alcanzaba la “gasolinera”. Este campo político
que nucleaba a militantes y dirigentes de diversos movimientos,
que avanzaba en otras iniciativas (el periódico Brasil
de Fato, la editorial Expresâo Popular), exigía un
instrumento político con una estrategia más clara
y que fuera un polo central de organización colectiva en
el campo de las definiciones políticas. En 2005 se realiza
la 2ª Asamblea Nacional y se aprueba que la CP buscaba ser un
instrumento político, no proclamado sino en construcción.
A diferencia de lo que marcaba la tradición, que un grupo
de cuadros construye un programa y empieza a penetrar en las organizaciones,
con un punto central que hace una irradiación, nosotros
hacemos un proceso al revés, partimos de cuadros que ya
están en los movimientos sociales y avanzamos en la construcción
de una organización política.
En 2007 damos un nuevo salto: concluimos un proceso de dos años
donde todos los núcleos regionales fueron discutiendo y
aprobamos una estrategia en la que pasamos a caracterizarnos como
una organización con naturaleza partidaria. Palabra difícil
para rescatar porque para las nuevas generaciones la palabra Partido
estaba totalmente asociada con un formato puramente electoral,
pero la idea es la construcción de una organización
que elabore colectivamente una táctica a partir de los
objetivos de transformación, de una evaluación de
la estructura de clases, de quién es el enemigo central,
de qué sectores están dispuestos a esa transformación
más profunda. Ese es el proceso que estamos construyendo.
- La idea de “naturaleza partidaria” podría
interpretarse como una mayor subordinación de los movimientos
sociales. ¿Cómo plantean la relación entre
los movimientos y la organización política?
- Los propios movimientos van percibiendo que hay cierto agotamiento
en cuanto herramientas, un movimiento social es una herramienta
específica que tiene su límite, el MST es una excelente
herramienta para la Reforma Agraria pero tiene su límite.
La idea es la necesidad de una herramienta política cuyo
límite es la transformación revolucionaria. También
se irá transformando constantemente, adaptándose
a cada coyuntura, sin una estructura fija. Partido en cuanto centro
organizador de ideas que se irradian y posibilitan la incidencia
de ideas transformadoras. En ese sentido utilizamos ese concepto
aunque en los últimos años causa confusión
y se comprende de maneras diversas.
Tenemos la preocupación de que la CP no trabaje con los
movimientos siendo una clásica correa de transmisión
porque pensamos que una de las grandes contribuciones que los
movimientos tienen es su autonomía, que no puede ser una
cosa hipócrita, irreal. Respetamos y luchamos por la autonomía
de los movimientos sociales. Las decisiones del MST son tomadas
en las instancias del MST y la CP no influye, aunque en la medida
en que muchos integrantes de CP son los principales dirigentes
del MST hay una influencia política. Eso sí: no
trazamos líneas para los movimientos, es un principio político.
Por otro lado, creemos que el formato de cada organización
y el término que se utilice para nombrarla está
determinado por las condiciones y las necesidades políticas
de su lugar y contexto histórico, un concepto de organización
“ni estático ni dogmático”.
- Y en cuanto a la relación con el Estado y a la
disputa de espacios institucionales, ¿tienen definiciones
al respecto?
- La cuestión del Estado fue uno de los puntos centrales
de nuestro debate estratégico, es una cuestión compleja
porque en los últimos años surgieron algunas teorías
que desarrollaron la idea de que el Estado se tornó una
cuestión prescindible para la transformación. Nosotros
partimos del concepto de que el Estado es la principal forma de
organización de las clases dominantes, forma parte de toda
una estrategia de dominación del Imperio. O sea, así
como en algún momento el imperio impulsó dictaduras,
hoy tiene como propuesta de dominación estas democracias
burguesas. Tenemos claro que nuestra estrategia para la transformación
revolucionaria pasa por el enfrentamiento con el Estado democrático
burgués. Entonces la cuestión del Estado es central.
La lucha electoral sigue siendo un espacio importante de acumulación
porque la gente, aunque cada vez más desilusionada, sigue
interfiriendo en esos procesos. Lo que pasa es que la trampa de
la lucha electoral es muy poderosa: toda vez que la izquierda
se involucró en la disputa electoral, aún con intenciones
de acumulación táctica, pensando tener un brazo
en el Parlamento, de a poco el brazo se fue convirtiendo mayor
que el cuerpo, porque la lógica de la lucha electoral tiene
una capacidad de cooptación que se paga con un precio terrible,
terminan poniendo los mejores cuadros, sus gastos principales,
toda su dedicación a eso.
- ¿Qué perspectivas de articulación
vislumbran con los movimientos sociales de América Latina?
- Somos muy optimistas con la propuesta que Chávez presentó
sobre la construcción de un Consejo Social del ALBA. El
ALBA va a funcionar en tres instancias: una que reunirá
a los presidentes, otra a los gobernantes de representaciones
locales y otra de los movimientos sociales. Puede ser un aporte
decisivo a la capacidad de organización de los movimientos
en nuestro continente. Si empezamos a discutir asuntos que nos
interpelen a todos, a pensar una agenda común, va a ser
un espacio de construcción estratégica fundamental
y una posibilidad de avance muy grande para la articulación
de las fuerzas sociales.* Ricardo Gebrim tiene 49 años,
empezó a militar a fines de los ´70 en el movimiento
estudiantil, actualmente es miembro de la Coordinación
Nacional de Consulta Popular. Además preside el Sindicato
de Abogados de San Pablo.
entrevista nuestra hace tres años: http://www.pachakuti.org/Pachakuti/FSM2005/gebrim.htm