Umaña en Asturias

Las Altisonancias del Silencio.  

Rescate de la Memoria.    

Así se intitula el libro escrito por el joven abogado Camilo Eduardo Umaña Hernández, que vino a presentar a Asturias.  

En el prólogo, el premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel , compañero de caminada del militante de la vida  José Eduardo Umaña Mendoza, escribe que la violencia es el miedo a los ideales de los demás.  

Camilo Eduardo, fiel seguidor de la estirpe de los Umaña, ha escrito este libro a los diez años del asesinato de su padre, el prestigioso abogado defensor de los DDHH, defensor de sindicalistas, defensor de presos políticos.  

Y ha promovido un video, con imagenes de su padre en distintos momentos de su actividad, como eficiente defensor de las víctimas del asalto al palacio de Justicia, de los desaparecidos, de los petroleros, de los dominicanos presos, como propagandista del estado de derecho, de los derechos elementales, como jurista internacional y hombre humanista consecuente.  

En ese video, en uno de los homenajes aparece también el abuelo de Camilo. El catedrático Eduardo Umaña Luna, referente ineludible para leer y tratar de comprender la violencia en Colombia: en la imagen el doctor Umaña Luna se hace responsable de la muerte de su hijo. ¿por qué?, provoca en la pregunta..Por haber mamado en la familia los valores de la solidaridad, del humanismo, de la dignidad humana..  

El asesinato (cronica anunciada de su muerte , en las propias denuncias cursadas por Umaña sobre agentes de la CTI, Brigada XX del ejército y directivos de Ecopetrol)  sigue en la total  y tenebrosa Impunidad.  

Escribe sin embargo Pérez Esquivel: Aquellos que quisieron silenciar su palabra y pensamiento, pensaron que, con su asesinato lo silenciaban. Que las denuncias que efectuaba y su acción como abogado dejarían de manifestarse. Sus verdugos se equivocaron, no lograron su objetivo.  

A continuación, la intervención de Camilo Eduardo, en el Llar Solidariu de Oviedo:  

Escudos de Flores . (en alusión a los escudos de flores que portaban los estudiantes, frente a los escudos de la policia, en el Homenaje a su papá).    

ESCUDOS DE FLORES

Los 6,5 metros de un puente y sus luces doradas prologaron el tótem maravilloso del cielo acariciado por picos rocosos que parecían untados de nieve.

 

Adivinando en las nubes la forma de un país -el mío-, un avión envidioso surcó mi figura con chorros arremolinados, blanquecinos como lágrimas de leche; desdibujadas, las camas de algodón vaporoso, se acurrucaron al sol que se arrulló con su chispa en la tierra revuelta por la máquina y el labriego.

 

Paredes como de barro, flores rojas y amarillas, un camión con letrero “todos gomez”, tanques de agua y más tanques, paneles de sol erguidos y radiantes, y nada..., nada de mi país... aquel del nunca jamás.

 

Será mejor cerrar un poco los ojos y recordar, y persistir:

 

Hay un libro que se llama “las palabras andantes” de Eduardo Galeano, quien se lo brindó a mi padre personalmente dedicándoselo así: “estas diabluras de un Eduardo para el otro”. El texto puntual que les quiero referir es el siguiente:

 “Ventana sobre la memoria:

¿Un refugio?

¿una barriga?

¿un abrigo para esconderte cuando te ahoga la lluvia, o te parte el frío, o te voltea el viento?

¿Tenemos un espléndido pasado por delante?

Para los navegantes con ganas de viento, la memoria es un puerto de partida”.

 

Con el viento en el rostro, de ese que casi no da espacio al respiro, hoy desde Gijón, A ustedes todos, hago de sonido, de garganta, de músculo, de espíritu y cuerpo; A ustedes todos lo que no les puedo contar porque el sentimiento desborda la letra:

 

los noventas huelen a humo de silenciador. Silenciador de bala, de calle, de pasamontañas, de orejas, sentidos, ojos, de niños y ancianos.

 

Los dos mil, saben salado lágrima, cansado desplazado, dormido conciencia.

Diez años con humos que obscurecen los horizontes y sinsabores que apestan las voces. Diez años de nuevos viejos caminos a los olvidos. Nuevo siglo que no es el mismo pero es igual; nuevo siglo con más cruces, más agonías.

 

Diez razones que son más de mil siendo sólo tres: verdad, memoria, justicia.

 

Desde las aulas de clase, los barrios y barriadas, los estrados judiciales y las plazas públicas, en fin, desde el pensamiento y lucha sociales, la vida por la vida de los demás está allí, como significado, como sendero de dignidad, como ideología antes que iconografía. En ese camino, con ese convencimiento, con las miradas cicatrizando la sangre que ve llover, con los cuentos infantiles a modo de instructivos de guerra, con las entrañas palidecidas, con los unos y con los otros: sin los nuestros, ha sido este un proceso de incidencia del derecho humano a la dignidad, y su memoria, a la verdad.

 

No mucho sentido tiene hablar de memorias extranjeras y nacionales; las de acá de museos, tapas y tablados; las de allá de guayabas y curubas, de chirimías y vallenatos.

Más vale decir de memorias humanas, en contextos eso sí: tiempos, lugares...

 

La oficialidad nos ha negado derechos que no nos pueden negar: la memoria y la verdad.

No nos los pueden negar porque antes de ser derechos, son humanidad: son de todos, son sociales y, como tales, humanos; su construcción es colectiva, no hay memorias oficiales, no hay verdades oficiales: participamos todos en su discusión y conformación. Ahora bien, es preciso decir sí que, como derecho, el acceso a la justicia hace parte de la garantía social a esa construcción y, en últimas, a la garantía de no repetición puesto que esta radica en la posibilidad social de generar no sólo recordación de los hechos de violencia sino, también, conciencia sobre los detonantes de esos hechos, sus contextos históricos y sus modos.

En suma: se nos pueden negar el acceso a la discusión judicial de la memoria y la verdad en la barbarie de la sin-razón a modo de razón de Estado, pero nunca se nos puede negar la verdad y la memoria como elemento de humanidad, como identidad cultural.

 

El estar sin estar. Los grandes silencios y los pequeños silenciados. Los desaparecidos, los torturados, los muertos, los vilipendiados, los segregados, los marginados, los olvidados, en fin, los que contienen nuestros motivos, las razones del pensamiento en sociedad como lucha por justicia social como condición para la paz.

 

Esto, como la vida de José Eduardo Umaña Mendoza, contiene la paradoja de que la contra-dicción, en nuestro país y en tantos otros, es lucha y no elemento de la democracia. El aislamiento del ‘otro’ como enemigo: la oposición como agresión.

 

De ahí las soledades, los aislamientos y los silencios: en una de sus muchas charlas y conferencias, José Eduardo Umaña Mendoza, clareaba esto con el triste ejemplo de las celdas de aislamiento que se han aplicado como métodos de represión en el mundo a ‘contradictores’ del sistema: en cámaras “de aislamiento” de unos 2 metros cuadrados, durante meses, sin letrinas, con la alimentación estrictamente necesaria para sobrevivir, a los presos se les ponía y se les pone en calabozos[1], algunos de cristal, donde el encarcelado no tiene siquiera un reloj y es iluminado con luz blanca las 24 horas -pierde la noción del tiempo-; no puede recibir visitas ni tener contacto con otro recluso o guardia -pierde el contacto social-; no tiene acceso a documentos o libros -pierde el ejercicio intelectual-; soporta alteraciones de temperatura, es sometido a altísimas o bajísimas sensaciones térmicas, humedades; en fin: siendo ser humano pierde las condiciones de ser-humano.

 

No obstante, anotaba Umaña Mendoza, lo más terrible en términos vivenciales para el preso, asombrosamente no eran las condiciones de crueldad que padecía el internado, sino la pérdida de identidad humana que lo hacía centro de indiferencia: el punto de la locura para el ‘aislado’ no se cimienta en todo lo que pierde materialmente, sino en sentir que los que están alrededor lo han olvidado, que ya no existe para ellos, que puede hacer toda suerte de maromas y acrobacias y ya nadie lo nota y que así será hasta el último de sus días...

 

Esa es, en cierta medida, la respuesta a un sinnúmero de problemáticas nacionales: una prisión tal sería terrible, como lo es; no obstante, lo peor de todo es la actitud y posición de ‘los demás’ frente a un encierro tal, aquel de todos los días, al de acostumbrarnos a ver morir y a ver matar, el que, en últimas es el de acostumbrarnos a morir con los que mueren y matar con los que matan.

 

Qué decir de Colombia donde la cárcel no es sólo física sino mental, donde no hay dinamita que demuela las barreras inmersas en el código del aprendizaje social de la violencia.

 

En cuántas celdas nos encierran y nos encerramos, qué desesperanza alimenta la lágrima que gotea en el acariciar del piano.

 

Esas fronteras mentales que también son físicas, parten en el miedo y llegan a la autocensura: Eduardo Umaña Mendoza, decía que la mayor expresión de la represión de Estado es la autocensura, porque es cuando se ha interiorizado como un valor ese tipo de violencia, un valor de temor que, además, es condición de la oportunidad a otras tantas ‘garantías’ como lo puede ser la participación en una dinámica económica que, a su vez, afianza otros valores de simplismo ético como el del dinero y la democracia a lo democradura como diría Eduardo Galeano.

 

Hoy, sin simplismos éticos, sin miedos, censuras, o locuras (bueno: sólo las locuras necesarias, esas que, al decir de Silvio Rodríguez, “no valen la pena curar”), libertamos la memoria de José Eduardo Umaña Mendoza de la urna hermética de las altifrecuencias del callar social y la traemos a los nuevos caminos como vida, como semilla, como enseñanza, como actuación humana, solidaria, desprendida.

 

Diez años después del asesinato de José Eduardo Umaña Mendoza, defensor insigne de los Derechos Humanos, Administrador de Empresas y Doctor en Derecho, catedrático[2], defensor de presos políticos y de cientos de víctimas[3], asesor, gestor, y colaborador de diversas instancias internacionales[4], rescatamos las voces que destellan de su silencio, por la defensa de los Derechos Humanos y la autodeterminación de nuestros pueblos, por, en últimas, “morir por algo antes que vivir por nada”.

 

Allá, allí, acá, aquí, ha ocurrido de todo y no ha ocurrido nada, pasó la vida en tropel y, la muerte,... a la muerte no le ha pasado nada.

 

Después de todo el mundo sigue siendo igual: El ingreso total de los 500 individuos más ricos del mundo es superior al ingreso de los 416 millones más pobres, de los que, quienes viven con menos de 2 dólares al día, unos 2.500 millones de personas obtienen sólo el 5% del ingreso mundial. Así, de acuerdo con Álvarez Maya  y Martínez Herrera, “la distancia entre el país más rico y el más pobre era de 1 a 11 en 1913, de 1 a 35 en 1950, de 1 a 44 en 1963, y de 1 a 72 en 1992”[5].

 

Después de todo, Colombia sigue siendo igual: El Programa Mundial de Alimentos, para el año 2006, expuso que el 88.6% de los hogares entrevistados en 8 departamentos colombianos se encuentran en algún nivel de inseguridad alimentaria.

 

En Colombia, de acuerdo con el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, el 0.06% de los propietarios poseen 44 millones de Hectáreas del territorio registrado catastralmente, esto es, el 53.5%. En contraste, 2.2 millones de propietarios, el 55.6% de los propietarios, tienen un 1.7% del territorio registrado catastralmente[6]. Así, entonces, mientras menos del 1% de la población colombiana posee más de la mitad del territorio registrado catastralmente, más de la mitad de la población colombiana sólo tiene acceso a menos del 2% de las tierras.

Según la PNUD y 8 universidades de diferentes regiones del país, para el 2007, 17 millones de colombianos viven en situación de pobreza, es decir, el 44% de la población nacional.

 

Con todo igual, con la muerte intacta, hoy bien vale la pena decir, desde Guijón,que a 10 años del magnicidio de mi padre exijo justicia y verdad!

 

Hoy, no más impunidad!,

Hoy: vida, justicia y dignidad!:

Hoy.............hoy te despido una vez más, pero te quedas

Hoy te saludo además

Pero, de una forma no estás

 

“Hoy” (una pequeña rima del libro)

 

Cómo salvarnos de nosotros mismos

Cómo hacer mutis por el foro al que asistimos

Cómo comenzar de cero

Cómo contigo, cómo con tantos otros, cómo con lo que quiero

 

Hoy, devuélvase del estado en que le dejó la muerte,

Véngase a morir con los vivos, a vernos y verte

Deslabre las cadenas de la infinitud

Que, igual, todo lo que veo me suena a su quietud

 

O si no, márchese del todo,

Que las causas no lo recuerden

Que no auroren del cielo el toldo

Que ni los amigos queden

 

Que cuando dormitante el fin me despierte

sólo reste la suma de la voz que consienta,

y hoy, y ayer, y después, quiéralo o no lo quiera,

 

con odio lacrimal y miradas de hielo

mear las paredes del cielo

con eso de clamar descorazonadamente:

¡ Quién carajos me ha matado con la muerte !

 

Hoy: una invitación a morir: Más vale morir por algo que vivir por nada. José Eduardo Umaña Mendoza.

 

Muchas Gracias. COSAL, muchas gracias Soldepaz.

 

En mi país, lo más grave no es el conflicto caliente y sus modos de pacificación (ya no tanques de agua, sino de guerra, cañones), sino aquellas gigantes guerras que se visten de paz, que profundizan las periferias, y adornan la represión, que atesoran los gemidos de la llamada violencia estructural.

 

Qué es eso?, complejo pero descriptible: un testaferrato social que se oculta tras novedosas formas de control que, envueltas en un discurso pacificador, avivan una misma trillada lógica de beneficios y poder, un río que ha cambiado en su color y en los peces que lo habitan, pero cuyas aguas se arremolinan para arreciar en una misma vieja dirección.

 

Ello se puede apreciar en la reflexión que trae Arjun Makhijani[7] sobre la paradoja de las víctimas del hambre en India: este país, en su época Victoriana, vivió una terrible hambruna a finales del siglo XIX que causó, solamente en el periodo entre 1876 y 1878, alrededor de 7 millones de muertes como resultado de la política imperialista de exportar comida de la India para mejorar las dietas de los británicos y mantener estables los precios de los granos, además de recolectar duros impuestos aún en tiempos de sequía. En años recientes, mientras que la India se adapta para acomodarse a la era del mercado, la Corte Suprema de Justicia de India debió intervenir en septiembre de 2007 para obligar al gobierno a distribuir el excedente de arroz y trigo entre los famélicos de una población nacional de 1.000 millones de habitantes[8].

 

Lo cierto es que hoy, con la paz tan extraviada, tan en la mira del fusil, se pierde lo más preciado, lo cotidiano, lo “normal”, lo “aburrido”, (...) y los recuerdos se hacen más profundos y lo natural se vuelve imprescindible, lejano y doloroso[9]. Aquí, es donde, hablar de la paz de los débiles y la paz de los fuertes adquiere significado, para hablar de la paz como un proceso, ya no humano, sino excluyente de los primeros y exclusivo de los últimos.

 

Aquí no hablamos de una guerra, hablamos de una violencia estructural que constituye un conflicto social tan arraigado en las estructuras de poder que arañan al mundo que es su forma de paz, un orden que le confunde con estabilidad.

 

Quién oculta una violencia como la pobreza, el racismo, el sexismo, y las violaciones de los derechos humanos y de los pueblos.

 

El ingreso total de los 500 individuos más ricos del mundo es superior al ingreso de los 416 millones más pobres, de los que, quienes viven con menos de 2 dólares al día, unos 2.500 millones de personas obtienen sólo el 5% del ingreso mundial. Así, de acuerdo con Álvarez Maya  y Martínez Herrera, “la distancia entre el país más rico y el más pobre era de 1 a 11 en 1913, de 1 a 35 en 1950, de 1 a 44 en 1963, y de 1 a 72 en 1992”[10].

 

La tensión tantas veces analizada entre la igualdad jurídica y las desigualdades materiales se manifiesta, por ejemplo, como un desencuentro fatal entre los derechos sociales y el derecho de la propiedad. La discrepancia entre ellos se traduce como desigualdad en la distribución de la riqueza y del ingreso, que se refleja a su vez en desigualdades en el poder e influencias que se tiene, en el uso de los derechos políticos[11]. Sobre ello, en Colombia, de acuerdo con el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, el 0.06% de los propietarios poseen 44 millones de Hectáreas del territorio registrado catastralmente, esto es, el 53.5%. En contraste, 2.2 millones de propietarios, el 55.6% de los propietarios, tienen un 1.7% del territorio registrado catastralmente[12]. Así, entonces, mientras menos del 1% de la población colombiana posee más de la mitad del territorio registrado catastralmente, más de la mitad de la población colombiana sólo tiene acceso a menos del 2% de las tierras.

 

Esta concentración de las tierras no es propia de una coyuntura colombiana, sino que es un problema mundial de tipo estructural. El latifundismo, en nuestro país, ha generado desplazamientos con su destrucción cultural y su implementación de esquemas de violencia, así como destrucción del medio ambiente en aras del crecimiento de modelos de producción como los monocultivos que atentan contra la diversidad ecológica y que han generado pérdida de soberanía alimentaria e incremento de la pobreza, todo en la lógica política de que no se combate la pobreza se combate a los pobres.

 

Adicionalmente, este fenómeno de la mano con la concentración de la renta, ha sido el motor histórico del hambre. No es, como muchas veces se ha expuesto, consecuencia de escasez de tierra ni mucho menos de escasez de alimentos. Así, por ejemplo, la producción de alimentos en América Latina y el Caribe, en el bienio 2001-2003, excedió en un 30% las necesidades de proteínas y calorías para satisfacer los requerimientos energéticos la población de la región; mientras que, al mismo tiempo, la región registra 52,4 millones de personas, 10% de la población, sin acceso suficiente a alimentos[13].

 

Y es que, estamos en un Mundo en el que más de 800 millones de personas padecen hambre que mata diariamente a 25.000 de ellas, es decir 1 persona cada 3,5 segundos. Eso significa que cada 5 segundos, intervalo en el que se desechan casi 12 toneladas de alimentos, 1 niño muere en alguna parte del mundo. De estos 800 millones de personas, cerca de 60 millones están destinadas a morir de hambre[14]. Y esta situación de hecho, para ustedes y nosotros que hablamos tanto de derechos humanos desconoce instrumentos como la Declaración Universal de Derechos Humanos[15], el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales[16], la Carta de las Naciones Unidas[17], la Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación Contra la Mujer, etcétera, etcétera...

Cómo revertir esta situación y trascender el discurso,

 

Ese es parte del dilema de los defensores y defensoras de los derechos humanos... un poco el de Eduardo Umaña Mendoza, mi padre...



[1] El ejemplo clásico de la contemporaneidad es la prisión de Guantánamo. Para profundizar sobre el tema es importante el documento AMNISTÍA INTERNACIONAL Estados Unidos. Guantánamo: Tortura y malos tratos
Diciembre de 2006. Índice AI: AMR 51/189/2006.

[2] Dictó diversos cursos de derecho público, derecho penal e instituciones políticas de las universidades, en universidades como: Nacional de Colombia, Javeriana, Externado de Colombia, Santo Tomas, INCCA, entre otras.

[3] Participó como representante judicial de los familiares de los desaparecidos en la toma del Palacio de Justicia; había asumido la reapertura de la investigación del asesinato del caudillo y candidato a la Presidencia de la República Jorge Eliécer Gaitán

[4] Entre las que se encuentran: ACNUR, Consejo de Administración de la Organización Mundial Contra la Tortura, Comisión de Investigación de Atentados a los Periodistas, CIAP; Federación Latinoamericana de Periodistas, FELAP, Tribunal Permanente de los Pueblos, entre muchas otros.

[5] El desafío de la pobreza. Siglo del hombre editores. 2001, Bogotá. Citado en RODRÍGUEZ, Francisco. La pobreza como un proceso de violencia estructural. Revista de Ciencias Sociales (Maracaibo), Vol. X, no. 1 (Ene - Abr. 2004); Pág 44.

[6] INSTITUTO GEOGRÁFICO AGUSTÍN CODAZZI Y CORPOICA. Zonificación de los conflictos de uso de las tierras en Colombia. Bogotá, 2002. CID, Bien-estar y Macroeconomía, 2006. Bogotá. 2006.

[7] En MAKHIJANI, Arjun. Íbidem.

[8] DEVRAJ, Ranjit.  INDIA: Hambre en medio de la abundancia. Nueva Delhi (IPS). Tierramérica, PNUD, PNUMA. 14 de Octubre de 2007.

[9] SAN GINÉS AGUILAR, Pedro. Íbidem. Pág 51.

[10] El desafío de la pobreza. Siglo del hombre editores. 2001, Bogotá. Citado en RODRÍGUEZ, Francisco. La pobreza como un proceso de violencia estructural. Revista de Ciencias Sociales (Maracaibo), Vol. X, no. 1 (Ene - Abr. 2004); Pág 44.

[11] BARAHONA, Manuel. SAUMA, Pablo. TORRES-RIVAS, Edelberto. Democracia Pobreza y Desigualdades en Centroamérica, Panamá y República Dominicana. Guatemala, 2004. Pág 5.

[12] INSTITUTO GEOGRÁFICO AGUSTÍN CODAZZI Y CORPOICA. Zonificación de los conflictos de uso de las tierras en Colombia. Bogotá, 2002. CID, Bien-estar y Macroeconomía, 2006. Bogotá. 2006.

[13] Datos extraídos de CEPAL, Oficina Regional de la FAO Para América Latina y El Caribe, Oficina Regional del PMA para América Latina y El Caribe. Hambre y Cohesión Social en América Latina, Cómo Revertir la Relación entre Inequidad y Desnutrición. 2007.

[14] Programa Mundial de Alimentos, En [http://documents.wfp.org/stellent/groups/public/documents/liaison_offices/wfp065781.pdf]

[15] Artículo 25. 1. Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios(...).

[16] Artículo 11. 1. Los Estados Partes en el presente Pacto reconocen el derecho de toda persona a un nivel de vida adecuado para sí y su familia, incluso alimentación, vestido y vivienda adecuados, y a una mejora continua de las condiciones de existencia. Los Estados Partes tomarán medidas apropiadas para asegurar la efectividad de este derecho, reconociendo a este efecto la importancia esencial de la cooperación internacional fundada en el libre consentimiento. 2. Los Estados Partes en el presente Pacto, reconociendo el derecho fundamental de toda persona a estar protegida contra el hambre, adoptarán, individualmente y mediante la cooperación internacional, las medidas, incluidos los programas concretos, que se necesiten para: a) mejorar los métodos de producción, conservación y distribución de alimentos mediante la plena utilización de los conocimientos técnicos y científicos, la divulgación de principios sobre nutrición y el perfeccionamiento o la reforma de los regímenes agrarios de modo que se logren la explotación y la utilización más eficaces de las riquezas naturales; b) asegurar una distribución equitativa de los alimentos mundiales en relación con las necesidades, teniendo en cuenta los problemas que se plantean tanto a los países que importan productos alimenticios como a los que los exportan.

[17] Artículo 55: Con el propósito de crear las condiciones de estabilidad y bienestar necesarias para las relaciones pacíficas y amistosas entre las naciones, basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, la Organización promoverá: a) niveles de vida más elevados, trabajo permanente para todos, y condiciones de progreso y desarrollo económico y social; b) la solución de problemas internacionales de carácter económico, social y sanitario, y de otros problemas conexos; y la cooperación internacional en el orden cultural y educativo; y c) el respeto universal a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión, y la efectividad de tales derechos y libertades.