| Victor
escribe a otro músico, mexicano..
“Santiago,
septiembre 23 (mes del triunfo)
Querido hermano Rubén:
Qué quieres que te diga. ¿Qué habrías
hecho tú la noche del triunfo de Allende? estoy seguro que
lo mismo que hicimos todos. Llorar, saltar, cantar, gritar, correr,
jugar a la ronda de alegría que nunca antes Santiago había
visto.
Hermanito, son tantos los años de postergación, miseria
y engaño. La noche del triunfo estuve al lado de algunos
viejos capos (vocablo que quiere decir tremendo) de la Unidad Popular
y no podían creer que fuera verdad. Haber vencido la fabulosa
campaña de la reacción y los americanos fue una verdadera
patada en el culo.
Lo cómico de todo es que con la campaña del terror
comunista les salió el tiro por la culata, porque ahora son
ellos los despavoridos y espantados, que con sus histerias creen
que van a causar pánico general. Son muy huevones.
El
pueblo como nunca está como tabla de firme frente a todo
tipo de artimaña sediciosa o financiera. Sabemos que estos
carajos tratarán de hacer lo imposible y me imagino que técnicos
norteamericanos están haciendo funcionar sus computadoras
para tejer futuro.
El 24 de octubre es la decisión definitiva del Congreso pleno
y hasta esa fecha la cosa está tensa, pero no creo que vaya
más allá que simples estallidos histéricos.
Hermanito por fin el pueblo al poder. Cuba poderosa ilumina fuerte.
Hemos sabido de las repercusiones en el continente y los gorilas
están cagados de susto por la voz que se alzó desde
el otro extremo. Perú está feliz; bien para estos
milicos ‘sui generis’ era muy importante el triunfo
de la Unidad Popular.
Rubén, comprenderás que ha sido un año lleno
de trabajo, inquietud y nervios. Razón por la que me disculpo
no haberte escrito antes, cuando recibí esos fantásticos
regalos, el estupendo disco y la cinta con tu voz y la de tu compañera
que se oye por ahí. Curioso, ya me eres muy familiar. Ya
eres Rubén y Los Folkloristas. Ya están aquí
felices junto a nosotros.
Felices
y con ganas de hacer muchas cosas para comenzar a construir una
nueva patria. Te confieso, mano (dicho mexicano) que soy muy malo
para escribir. Así que disculpa estos silencios prolongados
y esta exuberancia por el triunfo popular.
Por aquí llegaron, auspiciados por la Embajada de tu país
‘Los cantores de América’ fui a ver el recital
y después un señor moreno y muy afable me invitó
a que fuera a tomar unos tragos junto a este conjunto, a su casa.
El señor era su Agregado Cultural, allá estaban el
Embajador y su Embajadora y los amigos de la Embajada con sus coches
insolentemente grandes, al lado, afuera de los jardines de la casa
del Sr. Agregado Cultural.
Lo bueno es que a pesar de todo esto, resultó una reunión
muy agradable gracias a la espontaneidad de estos cabros que me
hablaron de ustedes como sus ‘competidores’. Te digo
que no le tengan ningún miedo a estos rivales. Están
muy por debajo de ustedes desde todo punto de vista. Uno de ellos
te conoce y aprecia mucho. Con él te envío esto, aprovechando
un contacto directo.
Seguramente te gustaría oír mi opinión sobre
ellos y su recital. Aunque es apresurada no creo que profundizando
más van a borrar el primer impacto negativo. Es raro que
cantando música popular (en el buen sentido) parezcan y suenen
como un conjunto de cámara de la corte de Luis XV. Sutiles,
finos y delicados el huayno boliviano, el bambuco, el son jarocho,
o el joropo suenan igualitos, sutiles, finos, delicados con refinados
toques de atonalidad.
Me
parece que América está dejando de pertenecer a Los
salones y vuelve cada vez más huracanada, a las manos de
su único dueño El Indio; que era algo más que
sutil, fino y delicado; era y es barro, puño, dolor y sangre,
grito o risa estallada y cada vez más conciente de su poder.
Escuchándolos a ustedes, después de ellos, la diferencia
se nota. Siento que ustedes cantan más verdaderamente a América.
Y podemos estar contentos. Creo que el camino que hemos escogido
es difícil y tremendamente importante. Por eso cada paso
debe ser hecho con verdadero peso.
Queridos amigos Folkloristas y tú Rubén recibe mis
mejores saludos y esta hermosa alegría que te ofrezco. El
triunfo de los trabajadores chilenos. Te prometo, que de a poco,
nuestras canciones se irán uniendo en un solo canto. La cinta
y tus canciones están en mis sentimientos.
Tu amigo: Víctor
Piacenza 1144. Santiago – Chile”
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