| Derecho
a alimentarse, derecho
a rebelarse
Victor
Ramos
Rebelión
Hace
muy poco tiempo, al caer las bombas en Iraq, en marzo del 2003,
las bolsas internacionales, principalmente las europeas y Wall Street,
reaccionaban con “euforia” (1) al sentir como
las bombas trituraban cuerpos de civiles y destruían, a modo
de solución democrática, las casas y las ciudades
de una civilización con miles de años de antiguad.
Al igual que muchos, debo advertir que no hay ironía en mis
palabras, relatar la esquizofrenia social que vivimos, describir
la psicopatía social en la búsqueda de la ganancia
y las utilidades nos llevan por pasajes realmente alucinantes, como
si irreales fueran. Repsol, Chevron. Total y Shell cotizaban al
alza, dirigentes del partido nacionalista católico español
PP, reconocían tiempo después, que España perdió
una gran oportunidad al retirar las tropas.
En septiembre de 1973, 30 años antes de Irak, bombas caían
sobre el palacio de la Moneda, cede del gobierno de Chile. En su
interior, un puñado de seres humanos resistía con
armas convencionales los misiles enviados por las fuerzas armadas
en todo su conjunto, para cambiar a un gobierno socialista por un
sistema capitalista a ultranza. “ El Registro Civil no
anota las defunciones, porque no caben en los libros, pero el general
Tomás Opazo Santander afirma que las víctimas no suman
más que el 0,01 por 100 de la población, lo que no
es un alto coste social, y el director de la CIA, William Colby,
explica en Washington que gracias a los fusilamientos Chile está
evitando una guerra civil. La señora Pinochet declara que
el llanto de las madres redimirá al país.” (2).
El precio del cobre, el principal recurso mineral de Chile se multiplica
por tres en Wall Street. Se inaugura la cruzada neoliberal de Milton
Friedman y el traspaso de todo lo público a poquitas manos
millonarias. A Latinoamérica le cuestan cientos de miles
de muertos y casi un millón de torturados abrir sus mercados
a los especuladores nacionales e internacionales. Wall Street triunfa
otra vez.
En
Wall Street se cotiza al alza cuando se aniquilan seres humanos,
eso lo aseguraba un Broker en el documental “La Corporacion”
(3), en un mundo donde cada vez más se disocia una Aristocracia
Global del resto de los mortales neoesclavos asalariados. El lujo
en el 5% más rico del mundo aumenta pese a la crisis. Diamantes,
coches de lujo, mansiones, yates, tecnología de punta personalizada,
móviles creados por diseñadores, etc, etc. Aumentan
los millonarios a escala planetaria, las personas que suman como
fortunas más de mil millones de dólares, al mismo
tiempo que aumenta el hambre. Jean Ziegler, levanta la voz cada
vez que puede para hablar que incluso pueden ser muchos más
de mil millones de seres humanos los que no tienen que comer (4),
porque las cifras las pone el Banco Mundial, institución
cómplice de la barbarie humanitaria que es el capitalismo.
En la última reunión de la ONU hace una semana para
resolver esta crisis, crisis que el mismo capitalismo con todas
sus instituciones financieras, ultraideologizadas por la religión
neoliberal, han creado bajo su lógica interna de comer hasta
reventar. Los países miembros se reunían, entre otras
cosas más importantes, para frenar la actual hambruna sin
comparación histórica en el mundo, bajo los objetivos
del milenio que se ha propuesto cumplir en el 2015 y han logrado
recaudar algunos fondos para combatir el hambre. Los países
miembros han recolectado a modo de limosna la cifra de 16 mil millones
de dólares “el Secretario General Ban Ki-moon dijo,"Hoy
hicimos algo especial. Reunimos una amplia coalición para
el cambio". La reunión "superó nuestras
expectativas más optimistas", declaró, señalando
que generó un estimado de $16.000 millones de dólares,
incluidos unos $1.600 millones de dólares para reforzar la
seguridad alimentaria, más de $4.500 millones de dólares
para la educación y $ 3.000 millones de dólares para
luchar contra la malaria”.
Ese
es el esfuerzo de la asamblea de todos los países para frenar
el dolor de la humanidad. A Wall Street y sus millonarios especuladores,
y a las personas para los que esos especuladores trabajan, en cuestión
de días se solicitan 700 mil millones de dólares.
Financiar a los mismos que han multiplicado por 10 sus acciones
en las empresas que se adjudican las concesiones en Irak bajo el
millón de muertos que ya cosecha su ambición legalizada.
La banca europea urge la medida. Angela Merkel en Alemania recomienda
aprobar rápido esos presupuestos. Pedro Solbes ministro de
economía de España en el congreso también.
En el colmo de la sumisión global de los burócratas
capitalistas a una despiadada Aristocracia Global.
Esta violencia económica recuerda los tiempos de la revolución
francesa y el desequilibrio flagrante entre las cortes y al pueblo
francés que carecía incluso de harina para comer pan.
Donde las ratas eran un banquete a las afueras de Paris. Ahora en
el 2008 Wall Street es el palacio de Versalles y las afueras de
Paris es todo el mundo que quiere derrocar a esta tiranía,
y reconstruir la humanidad que nos han robado al transformarnos
en consumidores, suicidas. Ziegler llama y clama por la aprobación
en la carta de las naciones unidas por la inscripción del
Derecho a la Alimentación. Los seres humanos no podemos esperar
mucho más por nuestro Derecho a Rebelión frente a
la tiranía. Para miles de millones de seres humanos en el
mundo no hay nada que perder. Con 700 mil millones de dólares
se termina el hambre y se financian los objetivos del milenio de
la ONU. La tierra tiene capacidad alimentaria sustentable todavía
para 12.500 millones de personas, somos la mitad. No se quiere porque
aun el que muere de hambre no es persona, es un consumidor defectuoso.
El hambre es necesaria para la acumulación capitalista y
la concentración de recursos en pocas manos. Hay que elegir
y tomar acciones.
Pese a lo dramático del panorama global y el poder del capitalismo
internacional, que despliega y seguirá desplegando toda su
fuerza criminal y persuasoria a través de los mass media,
hoy más que nunca cada ser humano puede tomar acciones que
permitan que no nos pasen por arriba una vez más, evitar
el shock que nos aturde y paraliza, y salir a las calles a revindicar
lo nuestro, la tierra y la vida. Renunciar a la pasividad del consumidor
y elegir la vitalidad de lo humano.

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