| La Europa
que nos desprecia
Por: Mariadela Linares
De Europa llegaron a Latinoamérica millones de hombres y
mujeres desplazados de sus países después que la Segunda
Guerra Mundial cubriera el viejo continente de ruinas y hambre.
Desde México hasta la Patagonia, esta América generosa
acogió como propios a esos emigrantes que vinieron sólo
con lo puesto encima.
Aquí echaron raíces y contribuyeron, justo es decirlo,
con el valioso aporte de su mano de obra. Ninguna puerta se les
cerró. A Venezuela, particularmente, arribaron enormes oleadas,
atraídas por las grandes oportunidades que ofrecía
un país pleno de riquezas naturales. Y se quedaron.
No conozco casos de inmigrantes que se hayan devuelto a sus naciones
de origen por malos tratos o porque les faltaron los espacios para
crecer. Todo lo contrario; estoy segura de que en su inmensa mayoría,
el arraigo que se produjo fue de tal naturaleza que pasaron a ser
considerados extranjeros en la propia Europa.
Ese ejército de emigrados ayudó con su trabajo y con
sus ahorros a la reconstrucción de Europa.
Las pesetas o las liras que se ganaban aquí iban, y siguen
yendo, a parar a los bancos de allá. Muchas ganancias se
reinvirtieron, pero para generar más riqueza. Sabemos de
muchos establecimientos comerciales, panaderías, supermercados,
tiendas, que son propiedad de esos prósperos empresarios.
No conozco de alguna escuela u hospital auspiciado como obra de
buena voluntad para con el país que tanta generosidad les
ha brindado.
Ahora la Unión Europea le devuelve con ingratitud a América,
África y Asia la hospitalidad dispensada. La Directiva Retorno
le permitirá tratar como criminales, hacerlos prisioneros
hasta por 18 meses y deportar, a los inmigrantes ilegales que vivan
en ese continente.
Claro, antes de tomar una medida de esa naturaleza se asegurarán
primero de que los albañiles, los que limpian las calles,
los que recogen la basura, los que hacen los trabajos indeseables,
tengan sus papeles en regla, y tampoco faltarán empresarios
dispuestos a pagarles la mitad del salario a ese enorme contingente
humano hambriento que ha ido a parar allá.
Cuando España no era aún un país respetado
por sus vecinos, cuando se le consideraba el patio trasero de Europa,
porque además de atrasada y subdesarrollada era gobernada
por un déspota, los venezolanos éramos para los españoles
unos nuevos ricos a los que adulaban y envidiaban. Ahora que ellos
a duras penas alcanzaron ser aceptados en la Unión Europea,
nos miran con desprecio y nos llaman despectivamente "sudacas".
Ya no nos necesitan.
Sobran los testimonios de miles de inmigrantes africanos y latinos
que han sido vejados en espacios públicos en el Metro de
Madrid, en las calles alemanas, en las vías francesas, en
las plazas italianas. La xenofobia y el racismo han cobrado fuerza
inusitada y las agresiones adquieren cada vez mayor dramatismo.
Este continente fue saqueado por los europeos hace quinientos años.
Asesinaron a nuestros aborígenes, se robaron nuestras riquezas
y destruyeron la cultura que aquí existía.
Años atrás nos usaron como caja chica para saldar
sus propias miserias. Ahora nos echan de allá como indeseables.
Ya va siendo hora de que digamos basta.
Mlinar2004@yahoo.es

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