ASAMBLEA GENERAL DE LAS NACIONES UNIDAS PANEL SOBRE LA CRISIS FINANCIERA
François Houtart 2008
Señoras y señores delegados, queridos amigos,
El
mundo requiere alternativas y no solo regulaciones. No es suficiente
rehabilitar un sistema, se trata de transformarlo. Es un deber moral y
para comprenderlo, adoptar el punto de vista de las víctimas,
permite a la vez hacer una constatación y expresar una convicción; la
constatación que en conjunto las crisis, financiera, alimentaria,
energética, hídrica, climática, social, provienen de una causa común, y
la convicción de que podemos transformar el curso de la historia.
La constatación
Cuando
850 millones de seres humanos viven debajo de la línea de pobreza y que
su número aumenta, cuando cada 24 horas decenas de millares de personas
mueren de hambre, cuando desaparecen día tras día etnias, modos de
vida, culturas, poniendo el patrimonio de la humanidad en peligro,
cuando el clima se deteriora y que surge la pregunta si vale la pena
vivir en Nueva Orleans, en El Salvador, en Sahel, en las Islas del
Pacífico, en Asia Central y en la orilla de los océanos, no se puede
contentar con hablar solo de crisis financiera.
Las
consecuencias sociales de esta crisis se sienten ya más allá de las
fronteras de su propio origen: desempleo, vida costosa, exclusión de
los más pobres, vulnerabilidad de las clases medias y ampliación, con
el tiempo, del listado de las víctimas. Seamos claros, no se trata
solamente de un accidente en el recorrido o de un abuso cometido por
algunos actores económicos que requieren ser sancionados, estamos
confrontados a una lógica que atraviesa toda la historia
económica de los últimos dos siglos. De crisis a regulaciones, de
desregulaciones a crisis, el desenvolmiento de los hechos responde
siempre a la presión de las tasas de ganancia: en aumento se desregula,
en disminución se regula, pero siempre a favor de la acumulación del
capital, ella definida como motor del crecimiento. Lo que se vive hoy
en día no es entonces nuevo. No es la primera crisis del sistema
financiero y algunos dicen que no será la última.
Sin embargo,
la burbuja financiera creada durante los últimos decenios, gracias,
entre otros, al desarrollo de nuevas tecnologías de información y de
comunicaciones, ha sobredimensionado todos los datos del problema. La
economía se ha vuelto cada vez más virtual y las diferencias de
ingresos han aumentado exageradamente. Para acelerar las tasas de
ganancia, una arquitectura compleja de productos derivados ha sido
puesta en marcha y la especulación se ha instalado como un modo de
operación del sistema económico. Y lo nuevo es que todos los
desequilibrios que se viven hoy mundialmente convergen en una misma
lógica.
La crisis alimentaria es un ejemplo de eso. El aumento
de los precios no fue en primer lugar el fruto de la disminución de la
producción, sino más bien el resultado de una combinación entre la
disminución de los stock, las maniobras especulativas y la extensión de
la producción de agrocarburantes. La vida de las personas humanas ha
sido entonces sometida por la obtención de ganancias. Las cifras de la
bolsa de Chicago así lo ilustran.
Por
su parte, la crisis energética va mucho más allá de la explosión
coyuntural de los precios del petróleo. Esta señala el fin del ciclo de
la energía fósil barata (petróleo y gas), pues su mantenimiento a un
precio inferior provocó una utilización inconsiderada de energía, a
favor de un modo de crecimiento acelerado, que permitió una rápida
acumulación de capital a corto y mediano plazo. La sobreexplotación de
los recursos naturales y la liberalización de los intercambios,
especialmente desde los años 70, multiplicó el transporte de las
mercancías y fomentó los medios de movilidad individual, sin considerar
las consecuencias climáticas y sociales. La utilización de derivados
del petróleo como fertilizantes y pesticidas se generalizó en el marco
de una agricultura productivista. El modo de vida de las clases
superiores y medias se construyó sobre el derroche energético. En esta
área también, el valor de intercambio se privilegió sobre el valor de
uso.
Hoy, ante esta crisis que amenaza con perjudicar seriamente
la acumulación del capital, aparece la urgencia de buscar soluciones.
Sin embargo, según esa perspectiva, estas deben respetar la
lógica de base: mantener el nivel de tasas de ganancias, sin tomar en
cuenta las externalidades, lo que no entra en el cálculo del capital y
que debe ser soportado por las colectividades e individuos. Es el caso
de los agrocarburantes y sus consecuencias ecológicas: destrucción por
el monocultivo de la biodiversidad, de los suelos y de las aguas
subterráneas, y sus consecuencias sociales: expulsión de millones de
campesinos que van a poblar los cinturones de miseria de las ciudades y
a empeorar la presión migratoria.
La
crisis climática, de la cual la opinión pública mundial no ha tomado
conciencia en toda su gravedad, es según el GIEC (Grupo Internacional
de Expertos del Clima), resultado de la actividad humana. Nicolas
Stern, antiguo colaborador del Banco Mundial, no vacila en decir que:
“los cambios climáticos son el mayor fracaso de la historia de la
economía de mercado”. En efecto, aquí como en la situación anterior, la
lógica del capital no conoce “las externalidades”, menos cuando estas
empiezan a reducir las tasas de ganancia.
La era neoliberal que
hizo crecer las tasas de ganancias, incidió igualmente en el incremento
de la emisión de gases de efecto invernadero y del calentamiento
climático. Tanto el incremento de la utilización de materias primas y
del uso de los transportes, como la desregulación de las medidas de
protección del ambiente, aumentaron las devastaciones climáticas y
disminuyeron el potencial de regeneración de la naturaleza. Si nada se
hace en un futuro cercano, entre el 20% y el 30% de todas las especies
vivas podrían desaparecer en el próximo cuarto de siglo. El nivel y la
acidez de los mares aumentará peligrosamente y se registrarán entre 150
y 200 millones de refugiados climáticos a partir de la mitad del siglo
XXI.
La
crisis social se ubica en este contexto. Es más provechoso para la
acumulación privada a corto y mediano plazo, desarrollar al máximo el
20% de la población mundial, la que es capaz de consumir bienes y
servicios con alto nivel de valor añadido, en vez de responder a las
necesidades de base de los que tienen un poder de adquisición reducido
o nulo. En efecto, estos son incapaces de producir valor añadido,
tienen poca capacidad de consumo y son tan solo una multitud inútil, a
lo sumo, susceptible de ser objeto de políticas asistenciales. El
fenómeno se ha acentuado con la predominancia del capital financiero.
Una vez más, la lógica de acumulación se ha impuesto sobre las
necesidades de los seres humanos.
Todo este conjunto de
disfuncionamientos desemboca en una verdadera crisis de la
civilización; caracterizada por el riesgo de un agotamiento del planeta
y de la extinción del ser vivo, lo que significa una crisis de sentido.
Entonces, regulaciones? Sí, mientras estas constituyan las etapas de
una transformación radical y permitan una salida de la crisis, que no
sea la guerra. No, si ellas solo prolongan una lógica destructiva de la
vida. La humanidad que renuncia a la razón y abandona la ética, pierde
el derecho a existir.
Una Convicción
Desde
luego, el lenguaje apocalíptico no es portador de acción. Pero una
constatación de la realidad puede conducir a reaccionar. La búsqueda y
la puesta en marcha de alternativas es posible, pero no sin
condiciones. Suponen, en primer lugar, una visión a largo plazo, la
utopía necesaria; después medidas concretas, escalonadas en el tiempo,
y finalmente, actores sociales portadores de proyectos, en el marco de
un combate cuya dureza será proporcional al rechazo del cambio.
La
visión de largo plazo puede articularse alrededor de unos ejes mayores.
En primer lugar, un uso renovable y racional de los recursos naturales,
lo que supone otra filosofía de la relación con la naturaleza: no más
explotación sin límites de una materia, el objeto en este caso de la
ganancia, sino el respeto de lo que es fuente de vida. Las sociedades
del socialismo llamado real, poco innovaron en esta materia
En
segundo lugar, privilegiar el valor de uso sobre el valor de cambio, lo
que significa otra definición de la economía: no más producción de un
valor añadido, fuente de acumulación privada, sino la actividad que
garantiza las bases de la vida, material, cultural y espiritual de
todos los seres humanos en todo el mundo. Las consecuencias lógicas son
considerables. Desde este momento, el mercado sirve de regulador entre
la oferta y la demanda, en vez de incrementar las tasas de ganancias de
una minoría. El derroche de materias primas y de energía, la
destrucción de la biodiversidad y de la atmósfera, son enfrentadas,
tomando en consideración las “externalidades” ecológicas y sociales.
Las prioridades de la producción de bienes y servicios cambian de
lógica.
Un
tercer eje es la generalización de la democracia, no solo aplicada al
sector político por una democracia participativa, sino también dentro
del sistema económico, en todas las instituciones, y entre los hombres
y las mujeres. Una concepción participativa del Estado se deriva
necesariamente de esto, así como una reivindicación de los derechos
humanos en todas sus dimensiones, individuales y colectivas. La
subjetividad vuelve a encontrar un lugar.
Finalmente, el
principio de multiculturalidad entra a complementar estos tres ejes. Se
trata de permitir a todos los saberes, aún tradicionales, de participar
en la construcción de alternativas, a todas las filosofías y las
culturas, quebrando el monopolio de la occidentalización, a todas las
fuerzas morales y espirituales capaces de promover la ética necesaria.
Entre las religiones, la sabiduría del hinduismo en su relación con la
naturaleza, la compasión del budismo en sus relaciones humanas, la
búsqueda permanente de la utopía del judaísmo, la sed de justicia en la
corriente profética del islam, las fuerzas emancipadoras de una
teología de la liberación en el cristianismo, el respeto de las fuentes
de vida en el concepto de la madre tierra de los pueblos autóctonos de
América Latina, el sentido de solidaridad expresado en las religiones
de Africa, constituyen las contribuciones potenciales importantes, en
el marco evidentemente de una tolerancia mutua garantizada por la
imparcialidad de la sociedad política.
Utopías
solo utopías! Pero el mundo necesita utopías, a condición que estas se
traduzcan en la práctica. Cada uno de los principios mencionados es
susceptible de aplicaciones concretas, que ya han sido objeto de
propuestas de parte de numerosos movimientos sociales y de
organizaciones políticas. La nueva relación con la naturaleza
significa, entre otros, la recuperación por los Estados de la soberanía
sobre sus recursos naturales y la no apropiación privada; el cese de
monocultivos y la revalorización de la agricultura campesina, la
ratificación y la intensificación de las medidas de Kyoto y de Bali
sobre el clima.
Privilegiar el valor de uso conlleva a la no
mercantilización de los elementos indispensables para la vida: las
semillas, el agua, la salud, la educación; el reestablecimiento de los
servicios públicos; la abolición de los paraísos fiscales; la supresión
del secreto bancario; la anulación de las deudas odiosas de los Estados
del Sur; el establecimiento de acuerdos regionales, no sobre la base de
la competitividad sino de la complementariedad y de la solidaridad; la
creación de monedas regionales, el establecimiento de multipolaridades
y muchas otras medidas todavía. La crisis financiera constituye una
ocasión única de poner en práctica estas medidas.
Democratizar
las sociedades pasa por la organización de la participación local desde
la gestión de las materias económicas y hasta la reforma de las
Naciones Unidas. La multiculturalidad se expresa por la abolición de
las patentes sobre el saber, por la liberación de la ciencia del
dominio de los poderes económicos, por la supresión de los monopolios
de la información, por el establecimiento de la libertad religiosa.
Pero
quien será el portador de este proyecto? Es verdad que la genialidad
del capitalismo es que transforma sus propias contradicciones en
oportunidades. How global warming can make you wealthy?, (como el
calentamiento global puede hacerle rico?) se podía leer en una
publicidad del US Today al principio de 2007. El capitalismo podría
llegar a renunciar a sus propios principios? Es evidente que no: solo
una nueva relación de poderes lo logrará, lo que no excluye que actores
económicos contemporáneos se adhieran. Pero una cosa es clara: el nuevo
actor histórico portador de proyectos alternativos es hoy plural. Son
los obreros, los campesinos sin tierra, los pueblos indígenas, las
mujeres primeras victimas de las privatizaciones, los pobres de las
ciudades, los militantes ecologistas, los migrantes, los intelectuales
vinculados a movimientos sociales: su conciencia de ser actor colectivo
empieza a emerger. La convergencia de sus organizaciones esta apenas
empezando y a menudo faltan todavía relaciones políticas. Algunos
Estados, especialmente en América latina, han creado ya condiciones
para que las alternativas nazcan. La duración y la intensidad de las
luchas de estos actores sociales dependerán de la rigidez del sistema
vigente y de la intransigencia de sus protagonistas.
Ofrezcanles
entonces, dentro de las Naciones Unidas, un espacio para que puedan
expresarse y presentar sus alternativas. Eso sera su contribución a la
inversión del curso de la historia, indispensable para que el género
humano vuelva a encontrar un espacio de vida y pueda, de esta manera,
reconstruir la esperanza.
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