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Se
celebró, en la plaza Porlier de Oviedo, actividad con Teatro
de calle, dentro de la Semana Contra la Deuda Externa.
Perro Flaco Teatro, representó un concurso
del FMI, señalando contradiciones de la Deuda con la sobrevivencia
del Planeta.
La Coordinadora Asturiana de ONGD recordó
que, en esta Semana de Acción Global, y en este día
contra el Cambio Climático, son señaladas las responsabilidades
de las Instituciones Financieras Internacionalas, IFIs, por obligar
e imponer politicas que destruyen el entorno.
En tal sentido, se animó a considerar
estas dos Cartas:

CARTA
DEL INDIO SALVAJE
El
gran Jefe de Washington ha mandado hacernos saber que quiere comprarnos
las tierras, junto con palabras de buena voluntad.
Mucho agradecemos este detalle, porque de sobra conocemos la poca
falta que le hace nuestra amistad.
Queremos considerar el ofrecimiento, porque también sabemos
de sobra que si no lo hiciéramos los rostros pálidos
nos arrebatarían las tierras con armas de fuego.
¿Pero como podéis comprar o vender el cielo o el calor
de la tierra? ...
Esta idea no resulta extraña, ni el frescor del aire, ni
el brillo del agua son nuestros, ¿cómo podrían
ser comprados?.
Tenéis que saber que cada trozo de esta tierra es sagrado
para mi pueblo, la hoja verde, la playa arenosa, la niebla en el
bosque, el amanecer entre los árboles, los pardos insectos,
son sagradas experiencias y memorias de mi pueblo. Los muertos del
hombre blanco olvidan su tierra cuando comienzan el viaje a través
de las estrellas,
Nuestros muertos en cambio, nunca se alejan de la tierra, que es
la madre. Somos una parte de ella y la flor perfumada, el ciervo,
el caballo el águila majestuosa, son nuestros hermanos, las
escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del
cuerpo del caballo y el hombre. Todos pertenecen a la misma familia.
El agua cristalina que corre por los ríos y arroyuelos no
es solamente agua, sino, que también, representa la sangre
de nuestros antepasados. Si os la vendiésemos tendríais
que recordar que son sagradas y así recordárselo a
vuestros hijos. También los ríos son nuestros hermanos
porque nos liberan de la sed, arrastran nuestras canoas y nos procuran
los peces, además cada reflejo fantasmagórico en las
claras aguas de los lagos cuentan los sucesos y memorias de la vida
de nuestras gentes.
El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.
Sí, gran jefe de Washington, los ríos son nuestros
hermanos y sacian nuestra sed, son portadores de nuestras canoas
y alimento de nuestros hijos.
Si os vendemos nuestra tierra, tendréis que recordar y enseñar
a vuestros hijos que los ríos son nuestros hermanos y que
también lo son suyos, y por lo tanto deben tratarlos con
la misma dulzura con que se trata a un hermano. Por supuesto que
sabemos que el hombre blanco no entiende nuestra forma de ser, tanto
le da un trozo de tierra u otro, porque no la ve como hermana, sino
como enemigo, cuando ya la ha hecho suya la desprecia y sigue caminando,
deja atrás la tumba de sus padres sin importarle. Secuestra
la vida a sus hijos y tampoco le importa. Tanto la tumba de sus
padres como el patrimonio de sus hijos, son olvidados. Trata a su
madre la tierra, y a su hermano el firmamento como objetos que se
compran, se explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores.
Su apetito devora la tierra, dejando detrás solo un desierto.
No lo puedo entender, vuestras ciudades hieren los ojos del hombre
piel roja. Quizás sea porque somos salvajes y no podemos
comprenderlo.
No hay un sitio tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ningún
lugar donde se pueda escuchar en la primavera el despliegue de las
hojas o el rumor de las alas de un insecto. Quizás es porque
soy un salvaje y no comprendo bien las cosas.
El ruido de la ciudad es un insulto para el oído, y yo me
pregunto: ¿Que clase de vida tiene el hombre que no es capaz
de escuchar el grito solitario de la garza o la discusión
nocturna de las ranas alrededor de la balsa?.
Soy un piel roja y no lo puedo entender. Nosotros preferimos el
suave susurro del viento sobre la superficie de un estanque, así
como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía
o perfumado con aroma de pinos.
Cuando el último piel roja haya desaparecido de la tierra,
cuando no sea más que un recuerdo su sombra, como el de una
nube que pasa por la pradera, entonces todavía estas riberas
y estos bosques estarán poblados por el espíritu de
mi pueblo, porque nosotros amamos nuestro país como ama el
niño los latidos del corazón de su madre. Si decidiese
aceptar vuestra oferta, tendría que poneros una condición,
que el hombre blanco considere a los animales de estas tierras como
hermanos.
Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. Tengo vistos millares
de búfalos pudriéndose abandonados en las praderas,
muertos a tiros por el hombre blanco. Soy un salvaje y no comprendo
como una maquina humeante puede importar más que el búfalo
al que nosotros matamos solo para sobrevivir
¿Que puede hacer el hombre sin los animales?. Si todos los
animales desapareciesen, el hombre moriría en una gran soledad,
todo lo que pasa a los animales muy pronto le sucederá también
al hombre. Todas las cosas están ligadas.
Debéis enseñar a vuestros hijos, lo que nosotros hemos
enseñado a los nuestros, que la tierra es nuestra madre.
Todo lo que le ocurre a la tierra le ocurrirá a los hijos
de la tierra, si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí
mismos.
De una cosa estamos bien seguros. La tierra no pertenece al hombre,
es el hombre el que pertenece a la tierra. Todo va enlazado, el
hombre no tejió la trama de la vida; él es solo un
hilo. Lo que hace con la trama, se lo hace a sí mismo. Ni
siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él
de amigo a amigo, queda exento del destino común. Después
de todo quizás seamos hermanos. Ya veremos.
Sabemos una cosa, que quizás el hombre blanco descubra algún
día:
Nuestro dios es el mismo Dios.
Vosotros podéis pensar ahora que él
os pertenece, lo mismo que deseáis que nuestras tierras os
pertenezcan, pero no es así. Él es el dios de todos
los hombres y su compasión alcanza por igual al piel roja
y al hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable par Él
y se daña y se provoca la ira del Creador. También
los blancos se extinguirán, quizás antes que las demás
tribus. El hombre no ha tejido la red de la vida solo es uno de
esos hilos y esta tentando la desgracia si osa romper esa red. Todo
está ligado entre sí, como la sangre de una misma
familia. Si ensucias vuestro lecho cualquier noche moriréis
sofocados por vuestros propios excrementos, pero vosotros caminareis
hacia la destrucción rodeados de gloria y espoleados por
la fuerza de Dios, que os trajo a esta tierra y que por algún
designio especial, os dio dominio sobre ella y sobre la piel roja,
ese designio es un misterio para nosotros, pues no entendemos porque
se exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes,
se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de
tantos hombres y se atiborra el paisaje de los exuberantes colinas
con cables parlanchines.
¿ Dónde está el bosque espeso? ... Desapareció
¿ Dónde está el águila ? ... Desapareció
Así se acaba la vida y solo nos queda el recurso de intentar
SOBREVIVIR.
Carta dirigida por el Jefe indio Seattle, Gran Jefe
de los Duwamish, al 14º presidente de los EE.UU, Franklin Pierce
.
Pronunció este discurso ante Isaac Stephens, Gobernador del
Territorio de Washington, en 1855, y que no se publico hasta 1887,
treinta y dos años después.



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Carta
del Cacique Guaicaipuro Cuatemoc: La verdadera deuda
… circula por los
senderos de Internet este supuesto discurso de un líder indio
ante la reunión de Jefes de Estado de la UE en Barcelona
.
Con lenguaje simple, que era trasmitido en traducción simultánea
a más de un centenar de Jefes de Estado y dignatarios de
la Comunidad Europea, el Cacique Guaicaipuro Cuatémoc logró
inquietar a su audiencia cuando dijo:
Señores:
Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatémoc he venido a encontrar
a los que celebran el encuentro.
Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América
hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la
encontraron hace sólo 516 años. Aquí pues,
nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca
tendremos otra cosa.
El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa
para poder descubrir a los que me descubrieron.
El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída
por Judas, a quien nunca autoricé a venderme.
El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con
intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros
sin pedirles consentimiento. Yo los voy descubriendo.
También yo puedo reclamar pagos y también puedo reclamar
intereses.
Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel,
recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el
año 1.503 y 1660 llegaron a Sanlúcar de Barrameda
185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes
de América.
¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque sería pensar
que los hermanos cristianos faltaron a su Séptimo Mandamiento.
¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme
que los europeos, como Caín, matan y niegan la sangre de
su hermano!
¿Genocidio? Eso sería dar crédito a los calumniadores,
como Bartolomé de las Casas, que califican al encuentro como
de destrucción de las Indias, o a ultrosos como Arturo Uslar
Pietri, que afirma que el arranque del capitalismo y la actual civilización
europea se deben a la inundación de metales preciosos!
¡No! Esos 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos
de plata deben ser considerados como el primero de muchos otros
préstamos amigables de América, destinados al desarrollo
de Europa.
Lo contrario sería presumir la existencia de crímenes
de guerra, lo que daría derecho no sólo a exigir devolución
inmediata, sino la indemnización por daños y perjuicios.
Yo, Guaicaipuro Cuatémoc, prefiero pensar en la menos ofensiva
de estas hipótesis.
Tan fabulosa exportación de capitales no fueron más
que el inicio de un plan 'Marshalltezuma', para garantizar la reconstrucción
de la bárbara Europa, arruinada por sus deplorables guerras
contra los cultos musulmanes, creadores del álgebra, el baño
cotidiano y otros logros superiores de la civilización. Por
eso, al celebrar el Quinto Centenario del Empréstito, podremos
preguntarnos:
¿Han hecho los hermanos europeos un uso racional, responsable
o por lo menos productivo de los fondos tan generosamente adelantados
por el Fondo Indo-americano Internacional?
Deploramos decir que no. En lo estratégico, lo dilapidaron
en las batallas de Lepanto, en armadas invencibles, en terceros
reichs y otras formas de exterminio mutuo, sin otro destino que
terminar ocupados por las tropas gringas de la OTAN, como en Panamá,
pero sin canal.
En lo financiero, han sido incapaces, después de una moratoria
de 500 años, tanto de cancelar el capital y sus intereses,
cuanto de independizarse de las rentas líquidas, las materias
primas y la energía barata que les exporta y provee todo
el Tercer Mundo.
Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de
Milton Friedman según la cual una economía subsidiada
jamás puede funcionar
y nos obliga a reclamarles, para su propio bien, el pago del capital
y los intereses que, tan generosamente hemos demorado todos estos
siglos en cobrar.
Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarle a nuestros
hermanos europeos la viles y sanguinarias tasas del 20 y hasta el
30 por ciento de interés, que los hermanos europeos le cobran
a los pueblos del Tercer Mundo.
Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos
adelantados, más el módico interés fijo del
10 por ciento, acumulado sólo durante los últimos
300 años, con 200 años de gracia.
Sobre esta base, y aplicando la fórmula europea del interés
compuesto informamos a los descubridores que nos deben, como primer
pago de su deuda, una masa de 185 mil kilos de oro y 16 millones
de plata, ambas cifras elevadas a la potencia de 300.
Es decir, un número para cuya expresión total, serían
necesarias más de 300 cifras, y que supera ampliamente el
peso total del planeta tierra. Muy pesadas son esas moles de oro
y plata.
¿Cuánto pesarían, calculadas en sangre? Aducir
que Europa, en medio milenio, no ha podido generar riquezas suficientes
para cancelar ese módico interés, sería tanto
como admitir su absoluto fracaso financiero y/o la demencial irracionalidad
de los supuestos del capitalismo.
Tales cuestiones metafísicas, desde luego, no nos inquietan
a los indoamericanos.
Pero sí exigimos la firma de una Carta de Intención
que discipline a los pueblos deudores del Viejo Continente; y que
los obligue a cumplir su compromiso mediante una pronta privatización
o reconversión de Europa, que les permita entregárnosla
entera, como primer pago de la deuda histórica.
Dicen los pesimistas del Viejo Mundo que su civilización
está en una bancarrota tal que les impide cumplir con sus
compromisos financieros o morales. En tal caso, nos contentaríamos
con que nos pagaran entregándonos la bala con la que mataron
al Poeta.
Pero no podrán. Porque esa bala es el corazón de Europa.
Cuando el Cacique Guaicaipuro Cuatémoc dio su conferencia
ante la reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Europea,
no sabía que estaba exponiendo una tesis de Derecho Internacional
para determinar LA VERDADERA DEUDA EXTERNA.

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