crisis capitalista
Descolonizar el pensamiento.
Ana Esther Ceceña, en el Foro Social Mundial.
Complementó
la mexicana Ester, en una de las miles de mesas del Foro Social Mundial
en Belem do Pará, los aportes realizados por el ecuatoriano Alberto
Acosta, y le contradijo en algunos aspectos.
Para ella la crisis
civilizatoria del capitalismo no significa que vaya a superarse o
suprimirse el capitalismo, incluso puede llevarnos al desastre global.
Hay empresas que están creciendo mucho y apropiándose de territorios, absorbiendo empresas nacionales, al calor de la crisis.
Existe
también una supuesta sustitución de empresas norteamericanas por otras
de corte europeo…pero si se mira con detalle su composición en esas
también existe capital norteamericano, y en general lo que hay es un
“capital mundial” sin adscripción nacional.
El capitalismo cambia sus espacios de interés, sus reservas de control territorial.
Se
crean unas “zonas grises” que no están reguladas ni por el estado ni
por la sociedad: son las empresas de mercenarios, por ejemplo.
Con
miles de inversiones en Iraq, en Afganistán, en Colombia. Entonces,
aunque las guerras aparenten estar “reguladas” por los gobiernos que
las provocan, estas empresas tienen autonomía ( o sea fuera del control
de los parlamentos) y coordinan con el Pentágono y la Secretaria de
Estado sus acciones.
Son también las empresas de seguridad, que
producen la vigilancia global de la ciudadanía, eliminando los derechos
ciudadanos, y considerando a todos como sospechosos.
Pertenecen a esas zonas grises muchas de las empresas mineras, que entran a saquear territorios antes de que exista regulación.
Y
hay una toma de decisiones “supranacionales” para control energético,
de seguridad, extractivista.. es el caso del IIRSA, superando las
fronteras de los países, como un entramado de intereses de control
energético.
Entonces lo que hay en crisis es un cierto modelo
capitalista, pero otro se está remodelando, incluso rompiendo con el
sistema financiero, que le queda estrecho.
Y ante eso, el
momento es de resistencia. Estamos al borde de una catástrofe, y urge
cambiar el modelo, y no quedar en la marginalidad de la toma de
decisiones como parias.
Urge tomar un camino, una bifurcación, y
nuestro deber sería ayudar a que se rompa el capitalismo, no
preocuparnos un ápice por el quiebre financiero.
Para ello
habría que descolonizar el pensamiento: nuestros lideres quitarse de la
cabeza el modelo desarrollista, el llamamiento a las inversiones
privadas, porque eso agrava la crisis.
Tampoco existe un único modelo latinoamericano, sino diversos, variados, que deberían tener todos peso.
Siempre que se quiera construir condiciones dignas de vida, con aumento de la autogestión.
Hacia el buen vivir de los indígenas, pero no un buen vivir en un país y en los demás no: el buen vivir en todos los países.
Y limitar y restringir los capitales extranjeros.
Esta claro que el terreno desertificado de la Amazonía no puede construirse Otro Mundo.
Con
la entrada masiva de capital extranjero y aliados nacionales en la
Amazonía, que seguirá expulsando a los Pueblos, se imposibilita
construir Otro Mundo.
Las bases militares alrededor de las
fronteras de la Amazonia, complementa la propuesta de “patrimonio de la
humanidad” como excusa de apropiación de empresas extranjeras, porque
esas empresas serían llamadas a gestionar, en vez de los Pueblos y
Organizaciones de la Amazonía.
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