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feminismo desde los Andes
Autor: Rosalía Paiva
Fuente: www.willkapampa.org
Fecha: 2009-05-20
Feminismo Paritario Indígena Andino
Por Rosalía Paiva
El concepto género es patrimonio de las ciencias sociales como
categoría de análisis; y su construcción teórica es parte de un proceso
social y académico distante a los Andes. Sin embargo reconocemos su
importancia, la misma que radica en la capacidad de analizar las
relaciones entre hombres y mujeres indígenas en la sociedad actual.
El concepto género es patrimonio de las ciencias sociales como
categoría de análisis; y su construcción teórica es parte de un proceso
social y académico distante a los Andes. Sin embargo reconocemos su
importancia, la misma que radica en la capacidad de analizar las
relaciones entre hombres y mujeres indígenas en la sociedad actual.
Bajo este marco el género nos es útil, porque nos permite señalar el
conjunto de características diferenciadas que la cultura Tawantinsuyana
(hoy Andina) y la cultura Occidental , cuales son las características
que estas culturas asigna a mujeres y a hombres, pues define la
existencia de las personas al asignar conductas, formas de actuar y
pensar que dan sentido a la vida. No es biológico, sin una construcción
cultural de la sexualidad (sexo social), que también puede ser definida
en función del tiempo. Irene Silverblat (1987) sostiene: “Los sistemas
de género legitiman lo que significa ser el varón o la mujer, y estamos
conscientes ahora de que las ideologías de género sobrepasan las
identidades macho y hembra y se extienden a todos los aspectos de la
vida social; llegan a imbuir todas las experiencias humanas,
extendiéndose hasta nuestra percepción del mundo natural, del orden
social y de las estructuras de prestigio y poder”. Por ello Género es
conjunto de fenómenos determinantes de la vida social, colectiva e
individual, adquiridos en el proceso de la crianza; se trata de
características socialmente construidas que definen y relacionan los
ámbitos del ser y del quehacer femenino y masculino dentro de la
comunidad. Es posible concebirlo como una red de símbolos culturales,
conceptos normativos, patrones institucionales y elementos de identidad
subjetiva que a través de un proceso de construcción social, diferencia
los sexos y al mismo tiempo los articula dentro de relaciones de poder
sobre el acceso a los recursos, que permite delimitar espacios de poder
y de subordinación.
Nos permite ver esta diferencia Javier Lajo en “Qhapaq ñan, la Ruta de
la sabiduría Inka”. Dice: “la cultura occidental asume como abstracción
global del origen de todo la UNIDAD. Pero en la concepción de lo real,
de lo concreto, se trata de la concepción o cosmovisión de un cosmos
impar en donde la estructura cosmogónica o complejidad se dá por
emanación, enajenación, alineación o clonación de la unidad”. Desde esa
visión lo diferente es invalidado con guerra eterna contra lo
diferente, enajenando todo lo que se cruce en el camino, no necesita
cotejarse o consultar a nadie, no interesa el medio o el método, sólo
interesa su verdad e imponerla como sea a cualquier precio, su voluntad
como poder absoluto es el reflejo de ese macrocosmos unitario, impar.
En cambio la cosmovisión indígena andina establece que “el origen de
todo es la PARIDAD como el principio de todo, compuesto por dos
elementos diferentes, dos esencias que son complementarias y
proporcionales componen dos cosmos paralelos pero combinados en donde
la unidad no existe en tanto que tiene un correlato o contraparte que
lo equipara y lo desequipara según el momento de que se trate, pues el
tiempo tiene dos momentos y oscila en dos sentidos” a lo que se da la
unión de los opuestos complementarios, de allí que una condición básica
de la conciencia de la identidad humana es de que uno solo puede
conocerse solo en relación con los otros.
Por ello la concepción occidental enajena a la hembra, la señala como
una copia imperfecta del varón inventando con esto el sistema
Patriarcal.
La concepción Andina Indígena señala lo masculino y femenino, es la
manera de hacerse y ser; y da como resultado la Paridad Cósmica clave
de la vincularidad como relación obligatoria entre ellos y el cosmos
por ello todo esta separado en paridad que se completan.
El tema de género en las culturas andinas está reflejado en la
configuración y el ordenamiento espacial que planteamos líneas arriba.
Podría decirse que el espacio es el espejo en el que la sociedad se
refleja. Para Quechuas y Aymaras, en los Andes se reconoce a través de
una lectura que atribuye a los cerros (montañas) y todas lo que existe
una condición de género: unos son urqu (macho) y otros qachu (hembra),
algunos también son señor y señora; especialmente las montañas son
personas, antepasados míticos de ayllus y markas, fuente de
conocimiento a donde acuden constantemente los sabios yatiri o lugares
de donde emana saberes y conocimientos.
En la cultura andina ancestral "ni hombre ni mujer, adquieren el status
de persona adulta y plena socialmente, si es que no ha sido reunido por
la sociedad con su pareja, completando la unidad de la persona social
Kgari en Runa Simi(lengua del humano) Kgari -warmi(hombre-Mujer) es
decir que se proyecta al universo simbólico y organizativo más amplio,
reflejado en el dualismo en la organización de los ayllus según mitades
complementarias y jerarquizadas (arriba-abajo; alasaya-manqhasaya;
aransaya-urinsaya) asociado con lo masculino y femenino. No es primero
el hombre, tampoco es primero la mujer son los dos al mismo tiempo, es
la pareja la base fundamental en la cultura andina, porque la
reciprocidad, dualidad y complementariedad constituyen un principio
fundamental en la cosmovisión paritaria andina. Esta complementariedad
en el mundo andino tiene su fundación en el mundo mítico de las
deidades espirituales, por ejemplo como TaytaInti (Padre sol) y
MamaKilla(Mamaluna), deidades masculinas y deidades femeninas;
Mamakilla es particularmente importante por la significación y
simbolismo que tienen al establecer el rol económico de la mujer.
Esta relación intrínseca de pareja se materializa en el proceso social
en “Taqikunas panipuniw akapachanxa” (en este mundo todo es par) pues
sólo son jaqi-persona-/Kgari (hombre -warmi Mujer), cuando ya se han
casado y tienen su propio terreno agrícola o “chacra”, la que es
entendida “no sólo como el espacio agrícola, sino como el escenario de
la crianza y del florecimiento de todas las formas de vida” (Grimaldo
Rengifo Vasquez). Para merecer tener voz y voto en la comunidad tiene
que ser pareja; lo mismo para ser autoridad, la pareja de esposos
conforma jaqi/runa, Kgari warmi,(hombre-mujer) es la unidad social y
colectiva, así, la identidad de género sólo es comprensible a través de
los status y roles que un individuo, hombre o mujer, adquiere durante
el proceso de la crianza que luego se completa con el matrimonio. Son
sujetos activos de la sociedad en tanto son Kgari /warmi y son capaces
de cualquier reto. Su fuerza y vigor necesariamente deben expresarse a
través del matrimonio; entonces, esa energía irá en beneficio de la
sociedad.
Jaqicha,(matrimonio) otorga identidad, sexo socialmente reconocido, que
se expresa como pertenencia. Así, una mujer u hombre nombra a su
cónyuge nayankiri, el que es mío/la que es mía. Como sujeto, ego,
él/ella, es el/la que me pertenece, pues no se dice jamás nayax
jupankiri (yo de él/ella), ni siquiera existe en el vocabulario. Es el
ego que otorga identidad de género a la pareja, de manera indistinta si
es hombre o mujer. Jaqicha, asimismo, connota humanización, cultura. El
matrimonio tiene la facultad de transformar en “lo más cercano a la
noción occidental de persona parece ser la pareja estable, socialmente
reconocida”según Alejandro Ortiz Rescaniere. Es decir, es gente, es
individuo, que siendo parte de la tama (comunidad, sociedad) cumple con
normas establecidas de convivencia.
La percepción del universo andino y su sociedad está compuesta por
entidades complementarias pero a la vez opuestas: masculino, femenino;
alto, bajo; lo maduro y lo joven; lo moderno y lo antiguo; lo viejo y
lo nuevo; lo duro y lo suave, todo tiene sexo definido y actúa en su
condición de carácter sexual. Entre los pares hay equivalencias:
masculino y femenino; cada uno tiene sus propias cualidades, se
complementan pero a la vez se oponen con su par; hay contemplación hay
relaciones ricas; en la cultura occidental compiten y buscan asegurar
la superioridad del macho frente a lo femenino. “La dinámica de la
sociedad andina está basada en la competencia entre pares que se
perciben como complementarios, pero desiguales” (Alejandro Ortiz,
2001:117).
Kgari es identidad de género de hombre casado, así también Warmi es de
mujer casada; no se nombra warmi a una niña o a muchacha joven, como
tampoco Kgari a un varón soltero. Los atributos de Kgari y Warmi están
ligados a la función de reproducción biológica de la especie y al rol
social del ayllu. Al mismo tiempo de ser padres y madres biológicas
asumen también la función de padres sociales: awki-tayka (padre y
madre) autoridades paritaria: mallku-talla.
Actualmente en las comunidades andinas indígenas los mallkus asumen
tomas de decisiones, la responsabilidad, muchas veces sin tallas ellos
sostienen que no pueden asistir como autoridad paritaria a la reunión
comunitaria, pues si los dos asisten al evento quien se queda al
cuidado de los asuntos y responsabilidades familiares, por ello la
talla (autoridad mujer) es la que asume este trabajo mientras el marido
asiste como Mallku, antes no existían esos problemas por cuanto “era la
comunidad quién asumía el trabajo de las tierras de las autoridades,
ahora ya no es así”, es el marido quien se ve obligado a cumplir con la
comunidad, en tanto que las esposas, mama t’allas, únicamente asumen el
rol de la representación ritual, o cuando se hace necesario la
representación en su calidad de complementación, hoy esta situación es
una falta de equidad ocasionado por el sistema y en el caso de que
tenga que trasladarse bastante lejos como autoridades también ira solo
uno de los dos por falta de dinero para los dos y generalmente es el
marido o Mallku.
Por esta experiencia sabemos que sólo cuando el ejercicio del poder es
paritario podemos decir que hay igualdad de condiciones; suelo amplio
para el desarrollo en armonía de los géneros. Actualmente tenemos
encima todo un sistema reacio al cambio y aun mas a aceptar esta
particular forma de vida armónica con nuestros pares que nos
permitiría, planear, plantear muchas cosas entre ellas la sinergia
intergeneracional entre mujeres y sus pares.
El desarrollo de la civilización andina Tawantinsuyana se caracterizo
por su notable éxito en el manejo del espacio, desde una relación
particular con la Pacha (espacio –tiempo) la cual se manifiesta
cosmogónicamente/ espiritualmente a través del culto a la Pachamama
(mama: generadora de vida). Es en el Tawantinsuyu (Confederación de
Pueblos Incas, hoy territorio Suramericano) un modelo de civilización y
de organización, multiétnica y plurilingüe que tuvo como base de
desarrollo a los ayllus (Ayllu unidad comunitaria compuesta por varias
familias entre si) y como base de desarrollo y política de Estado, el
trabajo comunitario de hombres y mujeres en igualdad de condiciones o
Ayni; que es la reciprocidad entre miembros del Ayllu y/o comunidad;
con la finalidad de generar el y por el bien común. El Ayni fue
practicado entre familias, comunidades, pueblos, para luego pasar a
niveles regionales o suyos (región).Todo en el mundo andino es AYNI y
este igual a reciprocidad. Para el hombre andino, el Cosmos /
naturaleza siempre funcionó y siempre funcionará basado en el Ayni.
Este modelo todavía se practica en algunas comunidades indígenas. Un
ejemplo de ello: la tierra alimenta a las plantas, las cuales a su vez
generan oxígeno el cual sostiene la vida de animales, hombres, mujeres
los cuales también cumplen funciones especificas haciendo que se cumpla
una armonía total. Para el mundo andino todo elemento de la naturaleza
DA y RECIBE para contribuir a un bien común, LA VIDA en armonía. El
resultado fue el autosostenimiento económico en todos los rincones del
Tawantinsuyo (Tawa = cuatro /Suyu =Region) con provisiones que
garantizaban el bienestar y alta nutrición de cada uno de sus
habitantes.
Esta adaptación humana fue trastocada de manera violenta por la
colonización europea, cuya visión fue la apropiación y despoblamiento
de los pueblos indígenas. El sumac Kausay o buen vivir: bienestar
social, económico y político; dejó de ser parte de la filosofía estatal
del Tawantinsuyu con esta irrupción, pasando ha convertirse en un
pensamiento de resistencia indígena; y, es así como la inequidad
impuesta a nuestros ancestros y ancestras tomó carácter de legalidad y
legitimidad hasta hoy, traducido
en particulares formas de exclusión, subordinación e invisibilidad
colectiva, principalmente de la mujer indígena.
El colonialismo occidental impuso en nuestras naciones originarias una
serie de códigos y costumbres por la fuerza las cuales se practican a
la fecha como si fueran propias, para algunos “costumbres
tradicionales” y son violentas, opresivas; costumbres impuestas a
sangre y fuego por el colonialismo opresor dirigidas especialmente en
contra de las mujeres indígenas, las cuales han sido
aprendidas/asumidas por nuestros hombres y la comunidad porque los
privilegia como genero en desmendro del genero femenino en el
transcurso del tiempo a través del aculturamiento y se continua a
través de sus múltiples expresiones culturales discriminativas y
ofensivas a las mujeres indígenas no dando le la oportunidad de
expresarse inclusive en las asambleas comunales y otros aspectos por
ejemplo un hombre come mas no porque trabaje mas sino por ser hombre,
solo por eso.
La globalización expresa su mayor impacto en la vida de los pueblos
indígenas especialmente en la mujeres y los niños en Latinoamérica a
través de la feminización de la pobreza, lo que significa un trato
cruel y desastroso para la vida de las mujeres indígenas y no indígenas
en pobreza económica, se aúna a esto la misoginia dirigido a las
mujeres indígenas especialmente, un ejemplo de ello son los crímenes de
Ciudad Juárez en México, Guatemala, Canadá; cuyas victimas son mujeres
indígenas. Traducido en odio a las mujeres y al querer destruirlas,
desaparecerlas.
Se profundiza el problema de desigualdad que sentimos las mujeres
indígenas cuando vemos el despojo sistemático de nuestras tierras,
territorios y recursos naturales, lo cual ocasiona la destrucción de
nuestra comunidades indígenas que son la base material de nuestra
identidad; los estados nacionales implementan nuevas políticas y leyes
del régimen agrario constitucional y provocan en la práctica graves
danos a las tierras, territorios y recursos naturales de las
Comunidades Indígenas y dejan de ser inalienables, inembargables e
imprescriptibles, violando con ello Instrumentos internacionales,
aceptados y aprobados por los gobiernos de los estados partes (Convenio
169 de OIT) .
Continua el exterminio cultural y educativo de los pueblos indígenas
que es provocado por la persistencia crónica de un solo sistema
educativo nacional, que esta sellado por una inercia histórica
homogeneizante que nos conduce a todos a la castellanización en el
idioma y a la occidentalización en la cultura pues la educación
indígena es sometida a clandestinidad forzada y con ello las mujeres
indígenas y sus pueblos van perdiendo su cultura. La falta de
reconocimiento legal y carencia de los espacios jurídicos y políticos
para las instituciones indígenas por parte de los estados nacionales
las legislaciones favorecen totalmente a las sociedades no-indígenas en
detrimento de las sociedades indígenas de ahí que se profundiza el
aprovechamiento, abuso y usurpación de los bienes materiales y
culturales de los pueblos indígenas y con la consecuente
invisibilizacion de la vida indígena.
No es posible entender los movimientos políticos amplios si no
consideramos las dinámicas locales por las que están pasando las
mujeres indígenas. Con la extracción de los hidrocarburos, petróleo,
minería de la década de los setenta, la escasez de tierras cultivables,
influye a que muchos hombres indígenas migren a las zonas mineras,
petroleras, etc, dejando a sus mujeres al frente de la economía
familiar. Estos procesos de monetarización de la economía indígena han
sido analizados como factores que le restaron poder a las mujeres al
interior de la familia, al influir en su trabajo doméstico cada vez
fuera y menos indispensable para la reproducción de la fuerza de
trabajo. Sin embargo, para muchas mujeres se trató de un proceso
contradictorio, pues a la vez que se reestructuró su posición al
interior de la unidad doméstica, al incorporarse al comercio informal
entraron en contacto con otras mujeres indígenas y se iniciaron
procesos organizativos a través de comedores populares, vaso de leche
para los niños, club de madres, cooperativas, organizaciones de lucha
para lo sobre vivencia familiar indígena que con el tiempo se
convirtieron en espacios de reflexión colectiva.
La migración de las parejas maridos y/o compañeros y propia es siempre
un problema pero las mujeres indígenas han sacado experiencias
positivas de esta desgracia , transformándolas en experiencias
organizativas, y han influido en cierto modo en la manera en que los
hombres y las mujeres indígenas han reestructurado sus relaciones al
interior de la unidad doméstica y han replanteado sus estrategias de
lucha aunque en muchos casos, algunos grupos partidarios, gobiernos de
turno han capitalizado políticamente los votos de las mujeres indígenas
para lograr “aceptación o popularidad” en base a chantaje, el hambre,
la miseria, la pobreza extrema (Perú, Argentina, etc.) es decir se nos
usa como ciudadanas de relleno.
La Iglesia Católica y otras han jugado un papel preponderante; en
algunos haciendo promoción de espacios de reflexión, y en otros de
asimilación al sistema dominante y adormecimiento de conciencias como
como ser social y adormecimiento de las demandas como pueblos y
movimientos indígenas en el trabajo por la liberación de un sistema
completamente oportunista y explotador de lo indígena en que se han
convertido los estados nacionales a través de los gobiernos de turno .
El liderazgo de la mujer en los distintos espacios, se da viviendo
todos los días ante la presión y desigualdad sistémica hacia nuestros
pueblos, hacia nuestra cultura y ha nosotras mismas como mujeres, y nos
hace ver del porque ésta invisibilizacion de los estados nacionales.
Este despertar es una muestra de la recuperación de la autoestima,
pasando de la demanda a la propuesta, del ejercicio de la ritualidad a
la política, ese trabajo de las mujeres indígenas viene surgiendo.
Contribuye también con el proceso de reflexión y concientisacion las
diferentes acciones autogestionarias de las propias mujeres indígenas a
favor de la auto promoción a través de cursos, talleres y acerca de las
desigualdades sociales y racismo de la sociedad dominante, pero todavía
falta mucho mas porque no es un proceso homogéneo. Es así que poco a
poco las mujeres indígenas empiezan a cuestionar las desigualdades de
género que se vivencia al interior de sus propias casas, comunidades,
pero principalmente las desigualdades que asumen los estados
nacionales. En los años 70 para adelante las mujeres indígenas
empobrecidas económicamente vienen formando organizaciones de
sobrevivencia, este es un vehículo que sirve para comprender su
posición . En 1994, escuchamos a mujeres activistas indígenas en el
Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN), en igualdad con su
pares levantan la voz en espacios públicos y desde la clandestinidad de
la lucha indígena para apoyar las demandas como parte de sus pueblos,
representando los intereses de sus comunidades, para exigir el respeto
a sus derechos específicos como mujeres. Esto es realmente alentador y
marca el inicio de las voces de las hijas de la tierra en el continente
latinoamericano para protestar la exclusión sistémica de los estados
nacionales y por el reconocimiento de los derechos de los pueblos y
como mujeres indígenas. Hoy con gran alegría vemos presencia de mujeres
indígenas en espacios democráticos de participación política de algunos
congresos en los estados nacionales de: Bolivia, Ecuador, Perú,
Venezuela, Bolivia, Colombia, Guatemala, etc.
Al reconocemos como movimiento social de mujeres indígenas nos
permitimos ver las relaciones jerárquicas entre los sexos en multitud
de ámbitos, que opera transformando la sensibilidad social ante
determinados fenómenos y los conceptúa en problemas de desigualdad, al
conceptuarlos los politiza exigiendo demandas y soluciones políticas ya
que la falta de inclusión sistémica requiere igualar las condiciones
entre los géneros. Es así que el feminismo es el espacio de libertad y
de dignidad como mujer, es asumir su honor de mujer independientemente
del honor del varón. Interrumpe la dinámica del patriarcado en sus
diferentes expresiones una de ellas es separar a las mujeres de ellas
mismas y hacer que se odien entre las mismas, posibilitando sea mas
difícil que colaboren entre si, lo cual es contrario a nuestra
cosmovisión paritaria.
Las mujeres indígenas en sus organizaciones de supervivencia y
resistencia empiezan ha trabajar la agenda, para denunciar la opresión
económica, extracción exagerada de recurso naturales, propiedad
intelectual, apropiación de las tierras y territorios indígenas,
judicializacion, criminalizacion de los lideres y liderezas, guerra,
racismo, discriminación y exclusión como culturas, pueblos y como
mujeres; frente a todo esto marca la falta de voluntad política de los
gobiernos nacionales para insertar a nuestros pueblos indios en los
planes y proyectos de los estados nacionales, falta de voluntad
política para lograr la resolución de conflictos mediante el dialogo y
llaman a los movimientos indígenas con epíteto “fundamentalistas” por
el solo hecho de reclamar inclusión, transparencia gubernamental,
justicia social y respeto.
De otro lado las mujeres indígenas al interior de sus organizaciones y
comunidades trabajan por cambiar aquellos elementos de la "tradición"
sembrada e impuestas por ese colonialismo patriarcal occidental que nos
ha excluido e invisibilizado y sigue oprimiendo nuestras vidas como
mujeres y pueblos.
El trabajo es lento, las dificultades son muchas, no hay recursos
logísticos y persiste la extinción histórica de nuestros pueblos
indígenas traducido en niveles de vida por debajo de lo vital, la
pobreza extrema que soportan las mujeres y su familia indígena es una
pandemia. Se incrementa la migración interna y masiva del campo a la
ciudad, a las que en algunos casos los gobiernos le han puesto el
nombre de familias “desplazadas” claro esa palabra para nosotras es un
disfraz. El deterioro crónico de la fuerza de trabajo comunal, las
altas tasas de mortalidad infantil y morbilidad en general. Todo esto
se suma a los planes y campañas de esterilización forzada y reducción
de la natalidad de nuestras poblaciones indígenas, que ha sido objeto
de denuncias (PERU, GUATEMALA).
Este es el contexto económico y cultural en el que las mujeres
indígenas en los Andes construyen sus vidas y es allí, desde esa
realidad donde vamos construyendo nuestras identidades de género, y es
el compás que marca las formas específicas de nuestras luchas, y
concepciones sobre la "dignidad de la mujer" y las maneras de plantear
alianzas políticas entre nuestros pares. Es también la lucha por
recuperar nuestra cultura de igualdad de condiciones ancestralmente
vivenciada en nuestros pueblos y comunidades.
Las identidades étnicas, y de género, han determinado nuestras
estrategias de lucha como mujeres indígenas y hemos optado por
incorporarnos a las luchas más amplias de nuestros pueblos y sus
movimientos, pero a la vez hemos creado espacios específicos de
reflexión sobre nuestras propias experiencias de exclusión e
invisibilización como mujeres y como indígenas. Nosotras sabemos que un
Pueblo con identidad es un pueblo que toma las riendas de su destino
pues gana autoestima se reafirma. También reconocemos nuestros miedos y
silencios forzados con muerte y dolor, vamos rompiendo poco a poco; a
fuego lento, sabemos que es un proceso que nos corresponde pasar y es
por ello, que reconocemos que la necesidad de la creación de espacios
de reflexión como estos. A las andinas el trabajo de organización por
la sobrevivencia nos ha permitido hacer visibles nuestras demandas a
nivel de nuestra propia vida en nuestras casas, comunidades, en
nuestras organizaciones y como integrante de nuestras Naciones
indígenas, por lo menos en la CONAIP (Confederación de nacionalidades
indígenas de Perú), reconocemos que no es posible entender la fuerza
actual de los movimientos indígenas sin considerar la participación de
las mujeres y sus experiencias diversas en las luchas indígenas y
campesinas.
Es los años setenta y ochenta se empieza a cuestionar el discurso
oficial Nación homogénea negando la plurinacionalidad real que existe
en nuestros países, el discurso indígena plantea demandas de tierra,
demandas culturales y políticas, posteriormente en los 90 la lucha por
la autonomía, autodeterminación y lucha por la sobrevivencia de
nuestros pueblos indígenas aquí se suceden cambios importantes en la
economía doméstica con espacios de reflexión colectiva a los que se
incorporan las mujeres indígenas. A la par que venimos reconociendo
nuestros problemas como pueblos también venimos reconociendo nuestros
problemas como genero y emplazándolos lentamente empezamos cuestionar
al estado la invisibilizacion en que nos tiene postrados como pueblos
desde las llamadas independencias .
Pese a todo esta participación activa, acompañamiento de mujeres
indígenas no aparecemos en los trabajos de sistematización allí solo se
habla de los lideres hombres pero no de las mujeres liderezas no se
mencionan cual es la participación de las mujeres en esta serie de
activismos, siempre hemos sido las encargadas de la logística de
marchas, plantones y encuentros, caminatas reclamaciones y protestas en
general, muchas veces hasta se nos ha negado la palabra, pero no esta
escrito, el trabajo, la labor de las mujeres indígenas y se nos
continua invisibilizando en la historia de nuestros propios
movimientos, eso también es una muestra de cómo el sistema patriarcal
colonial y occidental ha penetrado y tiene presencia en la transmisión
de valores excluyéndonos en la historia.
Nuestros pueblos han olvidado muchas tradiciones de nuestra cultura
ancestral beneficiosas para la armonía entre los géneros. Menos mal que
esto viene cambiando como proceso a través de practicas del mismo
pueblo en sus comunidades y aunque todavía es muy poco esta saliendo a
luz el conocimiento de nuestros ancestros con fuerza, y se viene
retomando y reactivando la sabiduría de nuestros ancestros y ancestras
lo cual vemos con mucha satisfacción la presencia paritaria en la
Cumbre Indígena en Bolivia 2006.
Lo positivo de las estas acciones de lucha conjunta es que compartir
experiencias entre mujeres indígenas de distintas regiones y pueblos.
Es allí donde podemos priorizar acciones en torno a nuestras
concepciones: que es primero, cual debe ser nuestra tarea y que hacer
frente a todo esto, pues lo invisible se viene haciendo visible.
La reconstrucción de relaciones equitativas entre hombres y mujeres se
ha convertido en un punto medular en la lucha de las mujeres indígenas
hoy. El concepto feminismo no ha sido tocado aun, ni reivindicado
dentro del discurso político indígena. Este concepto sigue estando
identificado con el feminismo liberal urbano, para muchas mujeres
indígenas tiene connotaciones separatistas que se alejan de nuestras
concepciones de la necesidad de una lucha conjunta con nuestros
compañeros indígenas por tierra, territorio, autodeterminación como
pueblos, sabemos que eso es prioritario y ocupa nuestra agenda y es la
vida misma de nosotras como mujeres indígenas y de nuestras familias y
comunidades pues es la forma natural de nuestra vida indígena.
Quienes como indígenas llegamos al feminismo tras una experiencia de
activismo en organizaciones estudiantiles, universitarias, sindicales,
sabemos sobre la fuerza ideológica negativa que han tenido los
discursos que representan al feminismo como una "ideología burguesa,
divisionista e individualista" que separa a las mujeres de las luchas
de sus pueblos. Las experiencias del feminismo liberal anglosajón, que
de hecho si partieron de una visión muy individualista de los "derechos
ciudadanos", han sido utilizadas para crear una representación
homogeneizadora del "feminismo". Lo cual no se ajusta a nuestra visión
y concepción comunitaria indígena con una cosmovisión paritaria.
El feminismo como conjunto de teorías sociales y practicas políticas
con apertura crítica de relaciones sociales históricas, pasadas y
presentes, motivadas principalmente por la experiencia femenina en
general, con una crítica a la desigualdad social entre mujeres y
hombres, proclama la promoción de los derechos de las mujeres y
cuestionan la relación entre sexo, sexualidad, y el poder social,
político y económico .
Tal vez un día nos apropiarnos de este concepto, por el momento es
prioritario trabajar por nuestra dignidad de mujer indígena, por
inclusión como cultura, porque de no hacerlo viene el exterminio de
nuestros Pueblos, por eso trabajamos primero por nuestra vida desde
nuestra cosmovisión de lo que para nosotras significa la vida sin
embargo como parte del colectivo de mujeres indígenas creemos que este
cambio será parte del trabajo futuro. Por el momento hablamos sobre la
dignidad de la mujer indígena y su derecho a ser diferente proclamamos
la participación paritaria en nuestras organizaciones y comunidades la
promoción de las mujeres indígenas el derecho de las mujeres indígenas
a la participación política y a los puestos de dirección, el derecho a
una vida libre de violencia sexual y violencia en la casa, el derecho a
decidir cuantos hijos tener y cuidar, el derecho a un salario justo, el
derecho a elegir con quien casarse, a buenos servicios de salud y de
educación, entre otros.
Nos interesa el contenido de los instrumentos internacionales, las
políticas nacionales como símbolo de posibilidades a una vida mejor
para las mujeres indígenas. También cuestionamos el discurso
homogenizador del feminismo citadino/occidental que enfatizan el
derecho a la igualdad sin considerar la manera en que la clase y la
etnicidad marcan las identidades de las mujeres.
De frente al movimiento indígena, estas nuevas voces han puesto en el
tapete las perspectivas de las culturas de origen prehispánico,
discutiendo las desigualdades que caracterizan las relaciones entre los
géneros. A la vez, han puesto en tela de juicio la dicotomía entre
tradición y modernidad que ha reproducido el indigenismo oficial, y que
en cierta medida comparte el movimiento indígena independiente
nacional, según la cual sólo hay dos opciones: permanecer mediante la
tradición impuesta a sangre y fuego o cambiar a través de la
modernidad. Las mujeres indígenas reivindicamos nuestro derecho a
cambio y aceptación de la diferencia cultural y, a la vez, demandamos
el derecho a cambiar aquellas tradiciones que nos oprimen y/o excluyen.
Paralelamente, las mujeres indígenas estamos cuestionando las
generalizaciones sobre "La Mujer " que se han hecho desde el discurso
feminista occidental en el deseo de imaginar un frente unificado de
mujeres contra el "patriarcado", muchos análisis feministas han negado
las especificidades históricas de las relaciones de género en las
culturas no occidentales. En este sentido es importante retomar la
crítica al feminismo radical y liberal por presentar una visión
homogeneizadora de la mujer, sin reconocer que el género se construye
de diversas maneras en diferentes contextos históricos. Con este aval
algunas feministas urbanas con concepción occidental del feminismo en
muchas ocasiones han tenido una falta de sensibilidad cultural frente a
la realidad de las mujeres indígenas, asumiendo que nos une una
experiencia común frente al patriarcado y se han olvidado de las
diferencias y la diversidad. La formación de movimientos amplios de
mujeres indígenas y criollas/mestizas-citadinas o urbanas se ha
dificultado por esta falta de reconocimiento a las diferencias
culturales.
Consideramos conveniente analizar críticamente las estrategias del
feminismo occidental para crear puentes de comunicación con las mujeres
indígenas. A pesar de que algunas mujeres indígenas están muy
capacitadas, son las mujeres no indígenas quienes asumen los puestos de
liderazgo en las jerarquía de cargos y de poder en los estados
nacionales y en algunos casos las no indígenas ocupan relatorías acerca
de la problemática de las mujeres indígenas quienes al no tener claro
la vida de las indígenas dejan fuera las detalladas descripciones de
las mujeres indígenas sobre nuestros problemas cotidianos, incluyendo
sólo las demandas generales. Consideramos que sólo acercándose a estas
nuestras experiencias y en nuestros zapatos podrán entender la
especificidad de nuestras demandas y luchas. Es importante reconocer
que las desigualdades étnicas, aunque sea de manera no intencionada,
las mujeres no indígenas, con un mejor manejo de la lengua occidental y
de la lecto-escritura, tiendan a hegemonizar la discusión cuando se
trata de espacios conjuntos. Por ello, resulta fundamental respetar la
creación de espacios propios y esperar el momento propicio para la
formación de alianzas. Pues las mujeres indígenas, estamos viviendo
nuestros propios tiempos y procesos, que no siempre confluyen con los
tiempos, procesos y agendas del feminismo de las mujeres no indígenas.
Otro de los aspectos que miramos las mujeres indígenas es sobre el
impacto de la globalización en nuestros pueblos y nuestras vidas, lo
cual es terriblemente desolador y trágico para nuestro futuro
inmediato, porque viene ligado a la militarización y la extracción
exagerada de los recursos naturales, la contaminación de nuestros
ecosistemas de nuestros pueblos, traen muerte generalizada; migración
forzada de nuestros pueblos, significa salir de nuestras casas dejarlo
todo y partir sin nada en las manos, partir sin rumbo fijo,
preocuparnos y luchar por el derecho a vivir donde queremos y somos
felices en nuestros pueblos sentimos que para nosotras eso es
prioritario, porque es prioritario la sobrevivencia de los hijos, de la
tierra donde podemos sembrar y comer de la tierra, también es nuestra
preocupación como planeta o casa universal: nuestra Pachamama y esto no
es un problema indígena, sino que se convierte en problema de todos y
todas, pero no lo vemos en la agenda feminista con visión occidental.
El reto de nuestra diversidad esta en la reivindicación de un
"feminismo paritario indígena" desarticulado y desestructurado por el
colonialismo. Recuperar el feminismo paritario vivenciado por nuestras
ancestras y ancestros será posible en la medida en que las mujeres y
hombres indígenas nos apropiemos de él.
Otro aspecto importante es la justicia de género, dentro de la justicia
comunitaria cuya base son valores ancestrales vigentes, la
autodeterminación y la soberanía como temas importantes para el
movimiento de mujeres indígenas, junto con el derecho a la tierra y a
los territorios ancestrales, a la propiedad intelectual y la identidad
cultural estos temas no son parte de la agenda feminista
citadina/urbana/occidental.
Las mujeres indígenas estamos preñando nuestro feminismo paritario
desde nuestra cosmovisión paritaria base y raíz de nuestra cultura
basada en la paridad de los opuestos complementarios y proporcionales;
priorizando la lucha por la vida misma; de nuestras comunidades y
pueblos, reconociendo nuestras identidades y trabajando nuestra
autoestima, confiando y valorándonos nosotras mismas y entre nosotras,
para que conjuntamente con nuestros pares lo entendamos: el respeto a
nuestros derechos colectivos como base comunitaria de lo que entendemos
el desarrollo paritario, es decir el derecho paritario. Este es un
trabajo político muy importante, no solo en contra de la
homogenización, la asimilación, el colonialismo, el patriarcado, sino
también por el respeto a la diferencia y diversidad esa es la bandera
que alzamos como mujeres indígenas; pues el gobierno paritario nunca
fue discutido en el mundo originario andino, porque la vigencia y
actualidad de la circularidad, la alternabilidad, la paridad, la
complementariedad, la espiritualidad, el comunitarismo, la inclusión,
la solidaridad, la reciprocidad y el consenso son los cimientos sólidos
en el ejercicio político de nuestras naciones originarias tradicionales
basados en los principios relacionalidad del todo, el principio de
correspondencia, el principio de reciprocidad.
Así lo viene entendiendo nuestras organizaciones y movimientos quienes
han puesto en su agenda la participación paritaria(hombre/mujer), pues
sabemos que la inclusión y liberación del colonialismo occidental como
pueblos, requiere igualdad entre hombres y mujeres , requiere escribir
sobre su participación e integración como paridad es tiempo que las
mujeres indígenas asumamos cargos de dirección, planeamiento y
activismo político indígena en igualdad de condiciones con nuestros
pares, es decir retornar la esencia cultural de nuestras raíz como
pueblos andinos, reapropiarnos de lo nuestro, recuperando nuestra
identidad cultural plena, recuperar el comunitarismo (ayllu) y a través
del Ayni, los derechos colectivos. Sabemos que, sin el aporte de las
mujeres como pares de genero, no lograremos los objetivos de liberación
cultural e inclusión cultural dentro de los estados por ello deberemos
trabajar un movimiento paritario indígena.
Tenemos argumentos ancestrales fuertes basados en el valor de la
igualdad como sentimiento moral, idea-fuerza con capacidad
clarificadora y transformadora; a la luz de ello, es como podemos
percibir los fenómenos de desigualdad en todos los niveles de la
sociedad en que se producen y se reproducen, y genera una sensibilidad
social en la que cualquier manifestación de desigualdad resulta
chirriante e intolerable. Creemos que esto es importante para generar
una demanda social capaz de presionar, como ya está ocurriendo en el
continente con la insurgencia indígena. Esa sinergia entre las
intervenciones políticas y la labor social generaran las políticas de
igualdad, pero sin la sensibilidad social correspondiente serán vacías,
una sensibilidad social que no se plasme en intervenciones políticas
corre el riesgo de ser ciega.
Sabemos que feminismo y la democracia nacieron de un mismo parto y
ahora que la democracia se encuentra en una situación difícil, en
algunos ámbitos por la intransigencia y en otros por la indiferencia,
la posición de las mujeres es el test definitivo de la democracia. Por
ello el feminismo tiene que dejar la actitud de supremacía cultural de
occidente, precisamente porque occidente hace un uso despótico y a su
medida de ciertos postulados colonialistas y opresores, la tarea va a
contrapelo de curso del mundo y nosotras como indígenas lo sentimos a
flor de piel. Las mujeres tenemos algo común por encima de las
diferencias: ellos, los masculinos, saben siempre que han de pactar y
cómo pactar, nosotras deberíamos educarnos en la cultura del pacto y
ejercitarlo.
Llegará un momento de hacer las alianzas entre mujeres indígenas con
feminismo paritario y feministas que hayan avanzando en sus
concepciones inclusivas de la diversidad y allí tendremos la
oportunidad de crear un movimiento amplio, justo, equitativo en
igualdad, justicia y paz, es nuestro paradigma. Las mujeres no podemos
vivir bien en países que no tengan asegurada la democracia y la paz.
Las mujeres sufren siempre las mayores consecuencias de la violencia
que les hace regresar a sus papeles más primarios. www.ecoportal.net
* Canadá, 22 de febrero de 2007
International Campaign for Indigenous Dignity
"The fight for the independence continue".
Bibliografía:
* Carter E., William y Mamani P. Mauricio.
1982 Irpa Chico. Individuo y comunidad en la cultura aymara. La Paz: Ed.
* Javier Lajo Lazo
Qhapaq Ñan: La Ruta Inka de Sabiduría (2004-03-30) Primera edición
.Lima Perú.
*Alejandro Ortiz Rescaniere
La pareja y el mito. Estudios sobre las concepciones de la persona y de
la pareja en los Andes, Fondo Editorial de la Pontificia Universidad
Católica del Perú, Lima, 2001.
* Grimaldo Rengifo Vasquez.
El Ayllu, ensayo Lima . Mayo l996.
* Silberblatt, Irene
1987 Moon, sun and witches: gender ideologies and class in Inca and
colonial Peru. Washington: Ed. Princeton University Press.
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