Madres de la Plaza

Queridas Madres: 32 años.
 
pachakuti estuvo en la Plaza.
 
“QUERIDOS HIJOS, ESTAMOS ENAMORADAS DE TODOS USTEDES”

La Asociación Madres de Plaza de Mayo conmemoró, el pasado jueves 30 de abril, los 32 años de lucha de las Madres.

32 infinitos años de resistencia, de sueños paridos, de no dar ni un paso atrás, de vivir combatiendo la injusticia, de sueños compartidos, de puño combativo. 1617 jueves consecutivos de marchas en la Plaza, reclamando la Aparición con Vida de los 30.000 y luchando contra la injusticia.


Desde temprano, la Plaza se fue llenando de compañeros y compañeros, de jóvenes, y de chicos que fueron convocados por la Asociación para pintar la historia, en una jornada histórica.
Luego, cuando las Madres llegaron a su Plaza todo fue alborot

o, orgullo, emoción. Ellas y todos y todas los que las acompañan comenzaron a marchar, como cada jueves. Trabajadores de los obradores de la “Misión Sueños Compartidos”, estudiantes y docentes de la Universidad Popular, oyentes y trabajadores de La Voz de las Madres, militantes, compañeros, compañeras: todos marchando junto a las Madres en la Plaza que las parió, mientras decenas de niños pintaban, algunos con sus uniformes escolares puestos, la Casa Rosada, la Pirámide, las palomas, las banderas, a las Madres,…


Tras la marcha, fue el turno de la murga “Las Estrellas del Ceibo”, formada por chicos de dos a quince años del barrio El Ceibo, del norte del Conurbano, quienes bailaron y murguearon al ritmo de los tambores y generaron cientos de aplausos entre todos los presentes.


A continuación, Pedro Lanteri, director de La Voz de las Madres (AM 530), que transmitió en directo la actividad, convocó a Demetrio Iramain, autor de “Canción para las Madres”, una poesía en homenaje a las Madres, para que la leyera desde el escenario montado frente a ellas.


“Las mujeres de ayer no salían del comedor.
Pero el tiempo de las Madres es hoy.
La revolución es para valientes.
Ellas no mienten.
Con el pañuelo blanco parecen
el peón con hambre de un alfil.
En las marchas dan ese perfil.
Algo sin embargo las delata:
En sus ojos los hijos
dan la lata.
¡Arriba las manos, esto es un asalto!
Las Madres desvalijan el cielo más alto.
Gustosas comparten con su pueblo el botín:
nacerlos de nuevo, volverlos a vivir.

Por principios y/o costumbre
nunca lo adulan a uno.
Me gustan porque a ninguno
piden gracias ni dan perdón.
‘Vayan a cobrarle a la revolución’,
se justifican.
Lo que es injusto lo critican
sin importarle a quién le toca.
No se llenan la boca contra el Estado y
después se casan por civil.
Para ellas eso sería como decir:
‘Acompaño su dolor, pero que
sea la última vez, eh’.
Yo al revés.
De las Madres sé que
el grito abriga y resfría el llanto.
Por ellas canto”.

El poema, con futuro destino de canción, no hizo más que colocar la emoción en ese lugar donde ya se hace imposible disimularla. Pero había más. Numerosas adhesiones, algunas de ellas leídas como forma representativa por Pedro Lanteri, como expresión de la enorme cantidad de saludos llegados desde los cuatro puntos cardinales; un diploma sorpresa de los trabajadores de la Misión Sueños Compartidos: ‘Queridas Madres, porque compartimos los mismos sueños agradecemos los 32 años de lucha con trabajo y libertad. Compañeros y compañeras del obrador de Los Piletones’, podía leerse en el diploma que llevaba la firma de los compañeros.

Además, los trabajadores de la cooperativa textil Pigüé, le obsequiaron a las Madres una hermosa plaqueta tallada en madera.


Luego, fue el turno del discurso de Hebe de Bonafini, Presidenta de la Asociación:


“Bueno compañeros y compañeras, estuve pensando mucho que iba a hablar, qué iba a decir hoy aquí en este lugar que hace 32 años que nos cobija. Pensé mucho porque hay niños, pensé mucho porque hay gente que viene por primera vez… Pensé mucho porque esos días primeros aquí en la Plaza eran de grandes esperanzas, y no es que estábamos haciendo grandes cosas, sino que nos preguntábamos: ¿tenés alguna dirección? ¿a quién le escribiste? ¿tenés alguna dirección nueva? ¿a quién le escribiste? ¿tenés algún cura a quien pedirle? Y todo era eso, nuevas cartas, nuevas esperanzas, nuevas ilusiones, esperar que nos atiendan. La esperanza crecía, no decrecía, crecía día a día. Sí, así si nos juntamos seguro que los vamos a encontrar. Y salíamos de la Plaza con más ilusión a recorrer comisarías, cárceles, cuarteles, con la bolsita con la ropa, con la bolsita con los medicamentos, con la bolsita con el cepillo de dientes; porque nos preocupaba mucho que a los hijos no se les pusieran mal los dientes. Era tal la ingenuidad, tal la ingenuidad.
Y nos fuimos endureciendo en esta Plaza. Cuando se llevan a nuestras compañeras hubo que empezar de nuevo. Éramos pocas las que queríamos seguir en la Plaza, al otro jueves casi nadie volvió a la Plaza. Hubo que ir con unas cuantas, recorrer otra vez casa por casa, decir ‘Madres tenemos que volver, ahora tenemos hijos y madres desaparecidas, no puede ser que nos quedemos en la casa, hay más compromiso, más responsabilidad’. Esta Plaza como yo le decía hoy a un periodista, a mí no me parecía tan grande como es ahora. Cuando vine las primeras veces me parecía pequeñita. Me parecía que la Plaza era el banco donde nos sentábamos. No veía la dimensión que tiene hoy la Plaza, porque es realmente grande, pero también por todo lo que se ha construido aquí en esta Plaza.


No se puede explicar que es lo que uno siente cuando le secuestran los hijos. No se puede explicar qué nos pasa, qué pasa por nuestro cuerpo y por nuestra cabeza cuando empezamos a ver que no los encontramos más, que no están ni en la mesa, ni en la casa, ni en el trabajo. Muchos dicen que las heridas se curan con el tiempo, tal vez se curen, pero dejan unas cicatrices muy profundas, unas cicatrices muy grandes, que abarcan todo el cuerpo. A veces nos dicen algunos amigos, ‘no te preguntamos por tus hijos porque no te queremos hacer acordar’. Compañeros, todo el día, todos los días, todas las horas, todos los minutos están nuestros hijos en nuestra cabeza.


También muchos nos dicen, ‘y cuando no estén más las Madres qué va a pasar’. Las Madres estamos preparando todo para cuando no estemos más. Somos conscientes que la vida se termina, por eso todo lo que hacemos está en manos de los jóvenes. La Universidad está en manos de los jóvenes, la Librería, el Café Literario, la Radio está en manos de los jóvenes. Sueños Compartidos, gracias Patricia y gracias Sergio que hoy se quedaron en Rosario para firmar el convenio para hacer el barrio toba a la entrada de Rosario. Hemos conseguido sacar esa villa infame. Y ellos se quedaron allá y nos hicieron este regalo hoy, las Madres vamos a construir en Rosario el barrio toba, Sueños Compartidos también para nuestros compañeros los tobas. Como dije antes, todo está en manos de los jóvenes. Y esa Editorial y esa Imprenta que trabajan, ahora están en la Feria, tenemos un stand, se han editado un montón de libros. Y el ECuNHi, esa maravilla que dirige Teresa Parodi, ya hay cientos y cientos de alumnos inscriptos, en eso que será una gran Universidad de Arte, seguro, estamos convencidas.


Todo está en manos de los jóvenes, cuando no estemos más las Madres seguirá todo esto, no sé si la Plaza, pero sí todo lo que nuestros hijos sembraron en nosotras, en nuestros cuerpos. Siempre decimos que ellos nos parieron a esta lucha, pero estamos embarazadas de su ejemplo, de su entrega, de su fuerza, de su generosidad, embarazadas para siempre. Estamos preparando muchísimo trabajo, ya estamos preparando los 35 años. ¡Miren ustedes que optimistas que somos! Estamos preparando para cuando cumplamos 35 años en la lucha.


Por eso compañeros, tenemos que mirar que tenemos mucho más de lo que esperábamos. Hay muchos que se quejan por lo que no hay. Es verdad falta mucho, hay hambre, hay desocupación, hay miseria, el capitalismo se cae a pedazos. Pero esto que nos pasa, esta Presidenta y el Presidente Kirchner que tuvimos, son lo mejor que nos ha pasado, mejor que esto no hay. Miremos para atrás, Alfonsín, Menem, Cavallo, Duhalde, De La Rúa. Todos esa basura, y la izquierda que no la vota nadie. Esto es lo mejor que hemos conseguido, no es todo lo que queremos, ni todo lo que nos hace falta, pero la obligación es de nosotros. Construir, el pueblo tiene que construir. Nosotros, nuestras manos, nuestras cabezas, nuestros cuerpos. Construir para nosotros, repetir hasta el cansancio que el otro soy yo. Que nuestros hijos, no importa cómo se llamen, todos quisieron lo mismo, todos peleaban por lo mismo. Jamás llevaremos el nombre de nuestros hijos, ni en el pañuelo, ni en la foto. Son como el Che, representan a todos los revolucionarios de Latinoamérica. Amamos la vida, por eso en el ECuNHi les ganamos, les ganamos a los milicos. Instalamos la vida donde hubo muerte. Y hoy, en esa galería de rostros revolucionarios, ahí van a quedar nuestros hijos, ahí están. Ese es el triunfo, nuestros hijos les ganaron, les ganaron a los milicos. No las batallas que se desarrollaron acá, sino las otras, las del corazón, las de las ideas, las del pensamiento, las del conocimiento. Y ahí estamos, poniendo el cuerpo, poniendo la fuerza, poniendo las ganas. Jamás vamos a morir, ni nuestros hijos ni nosotras porque lo que hemos hecho y lo que han hecho nuestros hijos es muchísimo para esta Patria que amamos que está regada con la sangre de los nuestros y que también va a estar regada con nuestras cenizas. Sí, porque nuestras cenizas van a estar acá, en nuestra Patria, en nuestro lugar, en nuestra Plaza.
Por eso compañeros, este día de hoy es un día de felicidad, porque las Madres sin pensar, sin proponernos siquiera logramos que el mundo entero acompañe esta lucha, que el mundo entero sepa que las Madres fuimos capaces de enfrentar con todas nuestras fuerzas. No importa cuánto nos pegaron, cuántas veces nos metieron presas, no importa cuántas veces nos quemaron las casas, nos quemaron los libros, las bibliotecas, se llevaron lo mejor que teníamos que eran nuestros hijos. No soñaron que nosotras íbamos a estar acá después de 32 años, cada jueves, gota a gota, paso a paso, latido a latido, corazón a corazón. Y hoy estuvo muy claro, nos precedieron los niños en la marcha. Ellos son el futuro de esta Patria por la cual nuestros hijos dejaron su vida y nosotras también estamos dispuestas a dejarla. Gracias compañeros.”

La Plaza, a esta altura de la tarde, desbordaba de gente, de aplausos, de banderas. Los pañuelos blancos, una vez más, habían marcado el rumbo. Luego, y tal como estaba previsto, las Madres fueron al Espacio Cultural Nuestros Hijos (ECuNHi) para inaugurar la “Galería de los Rostros Revolucionarios”, con las fotos de sus Hijos, los de los 30.000, allí donde los militares se creyeron dueños de todo.

Una vez arribadas al ECuNHi y ser recibidas por su directora, Teresa Parodi, y por los compañeros que trabajan allí, las Madres inauguraron la Galería, en uno de los momentos más emocionantes, históricos e impactantes de su larga historia. Las Madres hicieron su ingreso en un silencio respetuoso y conmovedor, sólo interrumpido por el lógico disparo de las cámaras fotográficas, que inmortalizaron ese momento.

En la “Galería de los Rostros Revolucionarios” las fotos de los desaparecidos penden del techo de la galería y allí pueden verse esos rostros revolucionarios, firmes, altos, en movimiento, de un lado y del otro. Además, completan el espacio las fotos de la muestra “Atrevidas Madres” y frases del Che, Scalabrini Ortíz, Martí, Nanterre, Evita, entre otros.

La emoción de las Madres, reflejada en cada uno de sus rostros, dio la bienvenida triunfante a sus Hijos, con el amor que sólo una madre es capaz de sentir y de expresar.

Allí, una visiblemente emocionada Hebe, incapaz, como todos los allí presentes, de ocultar la conmoción, expresó:

“Queridos hijos: Treinta y dos años, luchando y peleando, con fuerza, con ganas, siempre pensando en ustedes. Siempre soñando con este triunfo, de traerlos aquí, sonrientes, felices como eran ustedes.

Queridos, hemos ganado una batalla, una batalla muy fuerte. Ellos ¡jamás! van a poder ser entronizados como ustedes. Están acá para que los amemos, para que todo el que venga a este lugar los ame, por encima de todo. Para que los vean ¡estos son, los que abrieron el camino! Son ustedes los que nos enseñaron. Cuántas veces nos dijeron, mirá mamá, no importa cuantos años viva, prefiero vivir tres años de pie y no cincuenta de rodillas. Y siempre estuvieron de pie y hoy están más de pie que nunca. Están aquí, firmes ¡altos! ¡Únicos!. Lo mejor.

Están aquí, en este lugar, que nadie creía, que íbamos a poder estar.

Parir un hijo, es dar vida. ¡Parir 30.000! Cuánto hemos pujado para que en estos treinta y dos años nos hayan nacido otros hijos, que están sacando fotos, que están filmando, que nos están acompañando. Si, nacieron otros, otros que son como ustedes, que quieren mejorar el país, que sienten que se puede y por eso nos acompañan.

No fueron únicos, en esa época sí, pero hoy ya no se imaginan cuántos que hay. ¿Quieren que les cuente? Chicos, hay muchos. Y no voy a esperar que me digas: ‘gordita, vamos a tomar un mate’ No tenemos un mate, hoy, de por medio. Pero les quiero contar que hay muchísimos, que escriben, que pintan, que filman, que sacan fotos, que hacen la radio, que hacen la universidad. Que otros están en la Feria del Libro, con un stand, donde también están ustedes.

Pero, acá era más importante, así ¡altos! ¡bien altos! Estamos, cada vez más enamoradas de ustedes. No es Edipo, les juro que no, es verdad. Estamos enamoradas de todos ustedes.

¡Cuánto que aprendimos chicos! y creo que lo aprendimos bastante bien. Ustedes saben que hablo muchas veces con ustedes, me nutren, me acompañan y ahora se mueven. Se mueven con el viento, se mueven para mirarlos. ¿A ver? muchas Madres están mirando a ver si están sus hijos. No están todas las fotos, nos faltan algunas, pero van a estar. Pero no importa que rostro estemos mirando si todos querían lo mismo. ¡Todos! dieron su vida por los demás, todos estaban felices con lo que hacían.
Se mueven y de repente veo a uno, veo a otro, es maravilloso. Aquí en este lugar ¡quién lo hubiera soñado! Que ustedes estén expresados aquí y desde aquí nos van a seguir acompañando.
Y les voy a seguir contando, hay gente que vino de Mar del Plata, hay Madres que vinieron de Tucumán, periodistas, el nieto de Pablo Guayasamín, que esta admirado de lo que estamos haciendo las Madres, está Teresa (Parodi) que dirige este lugar.
¿Saben chicos? Todos los días les voy a ir contando un poquito más, porque yo estoy segura que ustedes me escuchan.”

Por única vez, tras las palabras de Hebe no hubo aplausos sino un silencio abrumador que tuvo intención de guardar sus palabras y el registro de ser testigos de un nuevo parto de estas Madres paridoras y luchadoras.

Ya con esa sensación dentro de cada uno, la actividad continuó con un majestuoso recital de Liliana Herrero, también emocionada, en el que se hizo gigante arriba del escenario, cantando con esa voz tan suya pero también con el alma, esa que todos los presentes sentían plena de orgullo, alegría y emoción por los 32 años de esas Madres eternas.







































fotos: Candela Guerrero, de Llanera.