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otra forma de medir los
tiempos.
En Lucha
Indígena, que dirige Hugo Blanco, se publica este articulo colectivo:
El
gran jubileo por los diez mil años de la cultura humana y por el inicio
del décimo pachakuti
¡LLANLLARISUN
POR TODO NUESTRO GRAN PUEBLO!
Puno Kullana Suyu Llaqta, Capac Raymi, Mosoq Wata 10.000
Esta es la primera parte de un texto más largo,
firmado por representantes de organizaciones sociales, culturales y de
mujeres: FIDCA, ANKC, MÍP, OMOSL, CONACANP, ONA, RUNA, JTCP, AMP,
APANMAY, ACKMPC, MITA.
En este mes del Cápac Raymí (o diciembre) se da inicio a un nuevo año
del solisticio de verano, en que se llevarán a cabo distintas
celebraciones
referidas al año 1,387 de los musulmanes, en tanto que los judíos
celebrarán 5,769 años de su vida religiosa y nuestros hermanos mayas
contabilizarán 5,121 años de su cultura. Por su parte, los
cristianos se preparan a conmemorar unos dudosos 2,009 años de su
vigencia; dudosos por varias razones, la primera es que, por un
capricho de los senadores romanos, un día optaron por dejar de celebrar
el año nuevo al comenzar la primavera para trasladarla al primero de
enero, la segunda es que para adecuar las celebraciones nórdicas a las
propias del cristianismo, un Papa romano en forma absolutamente
arbitraria estableció que Jesús tenía como fecha de su nacimiento un
día de la última parte del mes de diciembre, aunque jamás se pudo
determinar en que fecha se habría producido ese acontecimiento. Establecida de esta forma tan maniquea y falsa la fecha en que debía
conmemorarse la era cristiana, se empezó a contar una época que ahora llega al año 2009 o siglo XXI, ante lo cual, los
peruanos nos preguntamos, ¿cuál debe ser nuestra postura y posición
frente a tal celebración?
Para responder a esta interrogante es preciso anotar que el
cristianismo aportó al judaísmo un cierto tono distinto, expresado en
su actitud misional e intolerante, el cual, al ser asumido por el
emperador romano Constantino pronto se convirtió en el sustento
religioso y espiritual de un romanismo imperial que se afirmó en Europa
por obra de predicadores fanáticos y de agresivos gobernantes guerreros
que usaron tal religión para imponerse en todo ese continente. Así es
como se dio inicio a la llamada civilización cristiana del occidente,
que luego emprendería las grandes guerras de arrasamiento de pueblos
enteros, a los que se les denominó «cruzadas» destinadas a que Europa
dominara el área estratégica del medio oriente,
con el pretexto de apoderarse de Jerusalén, que es la ciudad en que
habría
nacido Jesús.
Ese espíritu de guerra brutal y religiosa es el que impulsó a los reyes
católicos de Castilla y Aragón, en la última etapa de sus luchas contra los musulmanes, y es el que guió la invasión genocida
que los invasores españoles ejecutaron contra los pueblos indígenas de
América. El
resultado de esta espantosa incursión se expresó en que aquí fueron
aniquilados entre 40 a 50 millones de nuestros grandes antepasados,
quienes habitaban tanto en las islas caribeñas como en las
tres partes del continente americano. Pero como en México y el Perú
habían florecido civilizaciones extraordinariamente avanzadas, (tanto,
que prácticamente en todos los planos superaban a
Europa), el efecto de la agresión europea contra los pueblos americanos
se tradujo no solamente en que América retrocedió profundamente sino en
que se perdió una preciosa oportunidad para que
toda la humanidad pudiera beneficiarse de los grandes logros alcanzados
por nuestros antepasados en todas las órdenes
de la vida social, económica, cultural y tecnológica.
A la vista de estos resultados históricos, ¿puede justificarse que se
celebre como si fuera algo positivo para la humanidad el transcurso de
los 2,009 años de un cristianismo que le dio a Europa el justificativo
religioso para sus aventuras imperiales y genocidas a través de todo el
mundo?
La respuesta es no.
Alguien podría explicar que en esos dos milenios la humanidad avanzó en
los planos científico y tecnológico.
Y la respuesta será que, efectivamente, la humanidad hizo avances en
los planos de la ciencia y la tecnología, pero es claro que ellos
habrían sido mayores si no se hubieran aplastado los fenomenales
avances en ingeniería hidráulica, en metalurgia, en navegación, en
ingeniería vial y urbana, en acondicionamiento territorial, en
destilería, en biogenética y en organización social
incásica. Más aún: al cabo de estos 2,009 últimos años la masa de los
marginados cubre más de las 3 cuartas partes de toda la población
mundial, al tiempo que la vida natural ha sido inconcebiblemente dañada
en todo nuestro planeta sagrado. ¿Puede ser este un motivo de algún júbilo o alegría? Definitivamente no.
Pero, en cambio, si hay otras razones por las que deberemos alegrarnos
en este Cápac Raymi (diciembre) del año 2009 de la era cristiana y del
año 10.000 de la cultura humana. Ellas son principalmente las que siguen:
(1o) la humanidad conmemorará 10.000 años del surgimiento de la cultura humana; y,
(2o) al iniciarse este décimo milenio está ya en curso un novísimo
Pachacuti, o gran retorno de los tiempos antiguos, el cual dará lugar a
que una nueva civilización transforme nuestra sociedad, haciendo que
ella discurra nuevamente por los cauces de la vida social fraterna, sin
pobreza ni marginación y en que retornará la coordinación armónica con
nuestra Pacha eterna e infinita.
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