|
movimientos y su control
Movimientos, crisis, movimientos
Raúl Zibechi Rebelión
Luego del monumental trabajo coordinado por Giovanni Arrighi y Beverly Silver, Caos y orden en el sistema mundo moderno, hay argumentos suficientes para concluir acerca de la relación entre las crisis y las luchas sociales
y alumbrar algo más la situación actual del sistema capitalista. En
efecto, el estudio sostiene, con abundante información comparativa, que
la crisis (mal llamada) económica comienza a raíz de una oleada de
militancia obrera fabril en los años 60, que fue capaz de pulverizar el
modelo fordista-taylorista de sujeción y control de los trabajadores.
La actual coyuntura puede leerse, bajo esa óptica, como una
consecuencia de larga duración de aquella oleada de movimientos que
forzaron al capital a mudar, convirtiéndose en capital financiero
especulativo.
Más allá de un debate, siempre necesario, sobre
cuestiones teóricas, vale la pena detenerse en ese enfoque, ya que
puede contribuir a una mejor comprensión del movimiento real que está
sucediendo ante nuestros ojos, como apuntaba Marx. La primera cuestión
es que no son las crisis las que motivan la acción social sino al
revés: la movilización, la ruptura de los controles, es lo que provoca
reacomodos en el modo de dominación, forzando a los de arriba a
introducir cambios no sólo en el terreno de la economía sino cambios
societales que abarcan todos los terrenos de la vida. Por eso mismo no
podemos hablar, en rigor, solamente de crisis económica.
En la
década de los años 60, la oleada de militancia obrera fue apenas una
expresión, importante, decisiva, pero una más, de una profunda oleada
nacida en el subsuelo de las sociedades que pugnaba por la
transformación. Mujeres, niños, jóvenes, campesinos sin tierra, obreros
no calificados, indios, negros, y un largo etcétera, jaquearon los
modos de dominación establecidos en la familia, la escuela, la
localidad rural y urbana, la fábrica, la hacienda, la universidad... La
crítica al patriarcado se manifestó también en el rechazo al poder del
profesor, del capataz, del varón blanco de clase media, en fin, un
proceso democratizador antiautoritario que minó los modos de dominación
y, por tanto, de acumulación.
En segundo lugar, esa oleada nació
y se manifestó por fuera de los cauces establecidos y de las
instituciones, entre ellos los partidos comunistas y los sindicatos.
André
Gorz hablaba, en el terreno fabril, de la existencia de una verdadera
guerrilla obrera fuera del control sindical, que provocó ingentes
pérdidas a los empresarios.
En América Latina no sólo fueron
desbordados los partidos de derecha e izquierda sino los propios
sindicatos y las centrales burocratizadas. Algunos de los momentos más
críticos de la lucha obrera en Argentina, por poner apenas un ejemplo,
entre el cordobazo de 1968 y las Coordinadoras Fabriles de 1975, se dieron no sólo por fuera sino contra las estructuras sindicales.
Al
parecer, una verdadera oleada capaz de subvertir el orden no puede
canalizarse a través de lo ya establecido y debe crear otros cauces,
como fueron la CUT (central de trabajadores) y el MST (movimiento sin
tierra) en Brasil, y decenas de nuevas organizaciones en todo el
continente.
En tercer lugar, los ciclos de protesta y de
movilización no sólo cambian el escenario político-social sino también
a los propios movimientos.
Por eso, los movimientos que
protagonizan un ciclo suelen ser un obstáculo en el ciclo siguiente, ya
que se han institucionalizado, pasaron a formar parte de la cultura del
poder, han incrustado sus mejores cuadros en el sistema que un día
combatieron.
Un verdadero ciclo rebelde crea nuevas
organizaciones, pero también nuevos modos de luchar y, sobre todo,
nuevos paradigmas para concebir el cambio social, o la revolución, o
como cada uno quiera llamarle.
Los procesos profundos y
verdaderos nacen de y en las periferias, nunca en el centro del
sistema, tanto a escala planetaria como en cada país.
Los zapatistas han acuñado el concepto del más abajo para referirse a ese sector social donde nace la revuelta.
Así
como en los años 60 fueron los obreros no calificados, las mujeres y
los jóvenes la fuerza motriz de las luchas, en América Latina en el
periodo neoliberal fueron los sin (sin derechos, sin tierra, sin
trabajo, etcétera) los que estuvieron a la cabeza de la deslegitimación
del modelo. En el lenguaje de Marx, los que no tienen nada que perder.
¿Quiénes serán los principales protagonistas durante la actual crisis?
Aquí
aparece un nuevo tema, ya que el sistema ha trasladado los modos de
control fuera de los espacios de disciplinamiento tradicionales, como forma de dominar los territorios de la pobreza, allí donde no llegan los estados, ni los partidos, ni los sindicatos.
Estas nuevas formas de control, por lo menos en América Latina, se llaman planes sociales.
Son
herederos de las políticas focalizadas hacia la pobreza creadas por el
Banco Mundial para contrarrestar el desmontaje de los estados
benefactores durante el periodo más crudo de las privatizaciones.
Ahora
se han ampliado y perfeccionado. Alcanzan a alrededor de 100 millones
de personas sólo en Latinoamérica (50 de ellas en Brasil), o sea el
núcleo de los más pobres, de los que ahora tienen para perder
miserables bonos de 30 a 60 dólares mensuales, suficientes para no
morir de hambre pero no para salir de la miseria.
Los gestores de esos planes son a menudo cientos de miles de ONG que conocen en detalle los territorios de la pobreza, que son a menudo los territorios de la resistencia.
Son la punta de lanza de estados capilares que buscan desorganizar e impedir levantamientos y sublevaciones sociales.
Por
lo tanto, serán aquellos colectivos y sujetos capaces de neutralizar el
control que ejercen los planes sociales, los que vayan a protagonizar
las nuevas, necesarias e imprescindibles oleadas de protesta, porque,
bien sabemos, la crisis no tiene salidas económicas sino políticas.
Una
política desde abajo, enraizada en las periferias urbanas y rurales;
una política diferente, no institucional, asamblearia, tumultuosa,
incierta. http://www.jornada.unam.mx/2009/05/22/index.php?section=opinion&article=025a1pol
| 





 |
|