CAMPAÑA: EN DEFENSA DE LA SEGURIDAD Y LA SOBERANÍA ALIMENTARIA. LUCHA CONTRA EL HAMBRE. LA FAO ¿SOLUCIÓN O PROBLEMA? 13ª ENTREGA
Arturo Ruíz
LAS ONGS Y LA LUCHA CONTRA EL HAMBRE
DEL COLONIALISMO AL NEOCOLONIALISMO. TERCERMUNDISMO, ANTIIMPERIALISMO Y ONG'S
Desde
comienzo del siglo XX dos corrientes de pensamiento van a interesarse
por los territorios y los pueblos, aún bajo control de los países
coloniales (metrópolis).
Por un lado una sensibilidad religiosa,
alimentada por misioneros que aspiran a transmitir el progreso técnico
a quienes son más pobres. Estos misioneros añaden a su vocación
evangelizadora una función de apoyo a la administración (enseñanza).
Sin embargo, su compromiso no impugna las políticas conservadoras
pro-coloniales.
Por
otro lado, las corrientes políticas agrupadas en torno a la lucha
anticolonial. Aunque, ancladas en la izquierda, estas corrientes se
desmarcan de la izquierda clásica que en los países coloniales y por
emulación en los países dependientes, piensan que el combate principal
debe ser contra el sistema capitalista. Desde esta óptica, los pueblos
de las colonias no constituyen una apuesta primordial: se beneficiarán,
a través de la integración política, de los progresos sociales
conseguidos en Europa. Los Frentes Populares europeos fracasarán, así,
en sus relaciones con los Movimientos de Liberación Nacional. La
postura en favor del libre derecho de autodeterminación de los pueblos
colonizados tiene pocos seguidores.
La denominación
“Organizaciones no Gubernamentales” surge del vocabulario de las
Naciones Unidas. Su campo de actuación va desde la protección de la
naturaleza, la educación para la paz y la defensa del consumidor hasta
las asociaciones preocupadas por el desarrollo y las relaciones con el
tercer mundo.
Para asistir a una notable evolución de una parte
de la opinión a favor de los pobres, hay que esperar en plena “Guerra
Fría”, a diversos acontecimientos en los años cincuenta, como son: a)
el traumatismo provocado por las guerras populares revolucionarias y
por la independencia de Indochina y Argelia que significaron el
principio del fin del colonialismo y preludio de la oleada
independentista africana, b) nacimiento del “Movimiento de los No
Alineados” (MNOAL) en la conferencia de Bandung (Indonesia) en abril de
1955.
“El Movimiento de los No Alineados” no aparecía como un
término medio entre capitalismo y socialismo o una supuesta tercera vía
de desarrollo, tampoco como un bloque de países enfrentados a los dos
bloques existentes. No se sitúa en el centro de la lucha de clases a
escala mundial. Sin embargo, frente a las contradicciones principales
del mundo contemporáneo, se define por la independencia de los pueblos
y por la lucha contra la explotación practicada por la burguesía
imperialista sobre los dos tercios de la humanidad. El no alineamiento
es una visión global de las relaciones internacionales en el ámbito
político, militar, económico y cultural para el conjunto de países
dependientes y proporciona una política de estado para relacionarse con
otros estados. La historia del no alineamiento oscila entre la ruptura
necesaria y la negociación realista. Sus cumbres son las dos cosas al
mismo tiempo: una tribuna para las nuevas burguesías del tercer mundo y
un foro donde se escucha el grito de los pueblos oprimidos. Desde su
primera conferencia conformada por 29 estados ha pasado a 180 en la
actualidad.
En este contexto nacen los comités para la “Campaña
Mundial Contra el Hambre” apadrinados por la FAO y posteriormente los
“Comités Católicos contra el Hambre” impulsados por la Iglesia Católica
a través de la encíclica “Mater et Magistra” de 1961. Las principales
ONGs nacieron en el transcurso de esta década. La publicación, a partir
de 1961, de la revista mensual de inspiración cristiana “croissance de
jeunes nations” (Crecimiento de las Naciones), así como la creación de
nuevas ONG sin referencias confesionales, van a aumentar la
sensibilización de la opinión pública de los países coloniales,
respecto a la situación de subdesarrollo de los pueblos y las naciones,
previamente empobrecidas y esquilmadas por sus propios gobiernos.
Las
imágenes de niños famélicos sobre fondos de tierra seca permiten
recoger importantes sumas de dinero, especialmente entre las clases
medias recientemente urbanizadas y, por ello, menos ligadas a las
parroquias. La utilización de estas imágenes refuerza la percepción
fatalista y demográfica del hambre, ya muy arraigada en la mentalidad
urbana. Según este esquema parece imponerse una doble política: el
hambre sólo puede remediarse mediante el envío de ayuda alimentaria y
la limitación de nacimientos. La toma de conciencia no supera el
estadio psicológico individual y no se cuestiona el modelo de
desarrollo de los países industrializados. El paternalismo, la
culpabilidad y los microproyectos seguirán siendo los sentimientos y
actuaciones predominantes incluso en la izquierda.
Por el
contrario, la corriente nacida en apoyo a los movimientos de
liberación, inscribe su práctica en un contexto político. El apoyo a
los frentes de liberación y, muy en particular, a los combatientes
vietnamitas contra Francia y Estados Unidos, va acompañado de una
denuncia de las potencias imperialistas. Cristianos de izquierda,
antiimperialistas y tercermundistas van a actuar durante años,
paralelamente, sin puntos de contacto. Las organizaciones
tercermundistas desconfían de los militantes políticos, casi siempre
jóvenes, muy dispuestos a utilizar en sus discursos los términos
acabados en “ismo” (capitalismo, imperialismo), mientras ellos trabajan
lo concreto, envían voluntarios y fondos, llegando a un amplio público.
Por su parte, los antiimperialistas consideran sospechosos a esos
“encantadores” donantes, que se “acantonan” en proyectos locales y que
rechazan en su mayoría cualquier análisis que conduzca a compromisos
políticos.
En los años setenta se da una mayor integración de la
acción política tercermundista. Esa aparente radicalización va a
permitir una aproximación a la corriente antiimperialista. A ello
concurren: a) la influencia de algunos intelectuales (Josué de castro,
René Dumont, Samir Amin), b) el compromiso recientemente marcado de una
parte de la iglesia latinoamericana del lado de los desheredados, c)
las primeras desilusiones de la corriente antiimperialista, tras la
llegada al poder de los antiguos movimientos de liberación y d)
parecidas desilusiones de numerosos cooperantes.
Comienzan a
aparecer nuevos grupos locales cuyos análisis van a asociar el
subdesarrollo del sur al desarrollo del norte. De ahí la importancia
otorgada por estos grupos a un compromiso en los mismos países
dependientes, lo que conlleva que muchos hagan de las acciones sobre la
opinión pública su objetivo principal, máxime cuando lo que esperan
dichos países aparte de apoyo económico, es apoyo político e
información veraz sobre sus luchas.
A finales de los años
setenta ya no se distingue entre ambas corrientes. Si la capacidad de
movilización pública disminuye, a la par que el movimiento
antiimperialista que la impulsaba, la acción de los grupos “pro tercer
mundo” se arraiga más en las regiones receptoras de ayuda. Los comités
de apoyo especializado (África austral y América Central), antiguos
bastiones de la corriente antiimperialista, trabajan ahora en estrecha
vinculación con las ONGs tercermundistas. Como el movimiento ecologista
algunos años más tarde, el tercermundismo parece tener viento en popa y
sufre, menos que otras corrientes, una crisis de militancia.
COMPASIÓN Y TERCERMUNDISMO
La ayuda de urgencia.
Con
la movilización de medios materiales ante catástrofes como la invasión
de Camboya en 1970, el terremoto en Nicaragua en 1972 o las posteriores
hambrunas en Etiopía, las ONGs adquieren reputación de seriedad. Su
flexibilidad para el envío de alimentos, abastecimiento de medicinas,
equipos médicos de urgencia, les vale el apoyo de gobiernos que se
beneficiaran, por este canal, de procedimientos más rápidos que los
propios de la administración. Sin embargo, aún contribuyendo a resolver
problemas dramáticos, su actividad plantea inadecuaciones en el medio
receptor, como son, la medicina occidentalizada en un medio no
preparado para ella, la llegada de la ayuda sin acuerdo con la
población local, o el peligro de apropiación de los recursos por una
minoría detentadora del poder político local, como es el caso de
Nicaragua durante la dictadura del Somoza.
El problema principal
es: si la ayuda de emergencia no permite atacar las causas a largo
plazo, ¿para que sirve una ayuda enviada a las poblaciones si al mismo
tiempo importamos de sus territorios una cantidad de proteínas superior
a la que les ofrecemos? Las situaciones “de urgencia” se perpetúan: 4
millones de refugiados palestinos en cinco países desde hace 40 años,
2,5 millones de refugiados afganos en 4 países durante 20 años, todos
ellos sin esperanzas de retorno a corto plazo. Ante estas situaciones,
surge entre las ONGs la obligación de vincular la “Ayuda de Urgencia” a
los “Proyectos de Desarrollo”. El intento de desarrollar la
agricultura, la artesanía o cualquier proyecto de medio o largo plazo
en los campos de refugiados es percibido por los países de acogida como
una incitación al arraigo, algo que las autoridades de dichos países de
acogida no quieren de ninguna manera.
Los proyectos de desarrollo.
La
colecta de fondos para abrir un pozo en un pueblecito pobre de India,
sigue siendo un potente argumento publicitario, al ser un analgésico
barato y fácil para la mala conciencia de los donantes de clases medias
y corresponderse con una necesidad real e inmediata. Ciertas
asociaciones continúan asegurando que la totalidad de las sumas
recogidas va al proyecto, mientras otras mantienen el principio de que
una parte del dinero debe consagrarse a la sensibilización de la
opinión europea. Con los años, los proyectos de desarrollo han ido
evolucionando como soporte de acción de muchos grupos.
La ayuda
al desarrollo para los países del tercer mundo se rige más por las
razones de los Ministerios de Comercio de los países donantes, que
venden a crédito productos excedentes de sus empresas. Canalizada a
través los gobiernos receptores, desemboca casi siempre en una mayor
injusticia en la distribución de la riqueza. Sin embargo, no se tiende
a concentrar los recursos, en países que hayan demostrado una voluntad
de atajar las causas estructurales de la pobreza, ni a canalizar la
mayor proporción de ayuda hacía los proyectos de las organizaciones
populares en contacto directo con los últimos beneficiarios.
Con
la idea de la futura ayuda, el grupo local no piensa en resolver sus
problemas con sus propias fuerzas sino que pone su esperanza en la
ayuda prometida. La concesión de los proyectos a través de contactos
azarosos con los “buscadores de proyectos”, agudiza la competencia
entre los pueblos que ya reciben dicha ayuda y los que todavía no han
tenido esa suerte.
Los donantes imponen sus criterios en lugar
de escuchar. En el Sahel, franja semidesértica al sur del Sahara,
conformada por Mauritania, Níger y Malí, se pedía un proyecto escrito o
una petición de ayuda bien elaborada incluso a campesinos analfabetos”.
Un donante del norte exigirá que los pozos que financia sean perforados
antes del final de su ejercicio presupuestario, recurriendo incluso a
una empresa privada y no dejando a las poblaciones afectadas el tiempo
para organizarse.
La autenticas raíces del hambre.
En
la década de los ochenta, a medida que crecía la oposición al
neoliberalismo, los gobiernos europeos y estadounidense, así como sus
fundaciones occidentales y el Banco Mundial, aumentaron su financiación
y alentaron a las ONGs con el fin de cubrir el desmantelamiento de la
protección social del Estado. Estas ONGs criticaban al estado desde una
perspectiva de “izquierda” defendiendo a la sociedad civil. Mientras,
la derecha hacía lo mismo en nombre del mercado. Al tiempo que el
neoliberalismo devastaba las estructuras comunitarias y sociales, las
ONGs fueron financiadas para promover “proyectos de autoayuda”, de
“educación popular” y de “capacitación laboral” para absorber
temporalmente a grupos pequeños de pobres y captar lideres locales,
socavando así las luchas en contra del sistema, complementando su
trabajo de desarticulación política con proyectos locales.
Desgraciadamente muchos en la izquierda enfocaron sus luchas contra la
“cara comunitaria” del neoliberalismo desde arriba y afuera (FMI y
Banco Mundial), sin enfrentar el neoliberalismo desde abajo y adentro
(ONGs y microempresas) lo que llevó a muchos antiimperialistas a la
fórmula y la práctica de las ONGs. Descomponer al Estado fue la base
ideológica de tránsito de una política de clase a una política de
“desarrollo comunitario”, del antiimperialismo a las ONGs
Los
políticos neoconservadores del norte entienden las ONGs (asociaciones,
corporaciones y fundaciones) como necesarias para el apuntalamiento en
el proceso de reconstrucción y desmantelamiento del estado social. Los
banqueros, grandes empresas y políticos en su versión europea las
entienden como la posibilidad de descargar sobre la buena voluntad de
un ejército de voluntarios, los costes de las devastaciones que la
economía capitalista produce. El enfoque de estos poderes fácticos, y
cada vez más de las instituciones, es que resuelvan lo que el mercado y
el estado expulsan, tanto en nuestras sociedades como en otros
continentes, con el fin último de mantener las estructuras de
dominación y las tasas de ganancias.
Los
planes de ajuste estructural fomentados por los centros impulsores de
la economía capitalista (FMI, BM, BIRD) tuvieron como objeto cambiar el
flujo del capital Norte-Sur a Sur –Norte, es decir, los países pobres
terminan financiando a los países ricos. Según datos de la CEPAL, en la
década de los ochenta, las transferencias netas de recursos desde
América Latina al centro del sistema fueron seis veces mayores a los
flujos de ayuda externa recibidos. Y en esa década se transfirieron 927
mil millones de dólares desde el norte hacia el sur, mientras que en
sentido contrario, la cantidad fue de 1,4 billones de dólares.
Tanta
charlatanería sobre ayuda y cooperación tiene una función ideológica,
ya que la lógica del capitalismo crea desigualdad y explotación. En el
discurso de los gobiernos del norte contra la pobreza, ciertas ONGs y
el Banco Mundial presentan gran heterogeneidad y pluralismo, hablando
de políticas de participación, medio ambiente, “capital humano”, ONGs,
de reformar el estado, la “sociedad civil” o luchar contra la pobreza y
el hambre. Se pretende que ONGs y transnacionales, centros financieros
y comunidades locales, ecologistas y grandes constructoras, se dediquen
al común negocio de la erradicación de la pobreza y, tal vez, del
desarrollo, todo ello mediante la coordinación del propio Banco mundial.
Se
propone un juego imposible de mediación entre los intereses económicos
de las clases dirigentes del primer mundo y las necesidades de los
países pobres o en “vías de desarrollo” combinando juegos liberatorios
con juegos de dominación donde el tablero está inclinado con
antelación. En el año 2008 quedo sobrepasada, por primera vez en la
historia, la cifra de los mil millones de hambrientos.
¿COEXISTENCIA CON TRANSGÉNICOS?, ¡NO, NO Y NO! NI CONSUMIDOS, NI IMPORTADOS, NI PRODUCIDOS. ¡PROHIBICIÓN!
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