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Declaración de la Naturaleza
Hacia una Declaración de Derechos de la Naturaleza
Norma Aguilar Alvarado
ALAI
AMLATINA, 20/11/2009.- Ante el inminente fracaso de la Cumbre de
Copenhague, urge cambiar radicalmente la relación con la Pachamama.
Estados
Unidos y China han advertido que la 15º Conferencia de las Partes
(COP15) del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio
Climático que se reunirá en Copenhague, Dinamarca, en diciembre
próximo, no logrará un acuerdo sobre las metas de reducción de
emisiones de gases de efecto invernadero. El fracaso de la reciente
reunión de Barcelona ya había hecho prever este panorama desalentador.
El
problema es de enfoque. Todos saben que el planeta está en peligro y
que si no se toman medidas radicales y efectivas, la vida desaparecerá.
Pero mientras se siga viendo a la Tierra solo como el depósito de
recursos para la acumulación individual, todo intento de diálogo
conducirá, como máximo, a medidas paliativas y no a soluciones
efectivas. De lo que se trata, entonces, es de replantear las
relaciones con la naturaleza.
Debemos entender que la naturaleza
es un ser vivo y nosotros somos parte de ella. Los pueblos indígenas
dicen: “la Pachamama nos cría y nosotros la criamos a ella”. Y es que
los pueblos indígenas no trabajan para la acumulación individual sino
para satisfacer las necesidades de todos. Por eso el trabajo es una
fiesta, una forma más de diálogo entre los miembros de la comunidad y
con la naturaleza.
La biodiversidad –en peligro por el
calentamiento global- es la mayor riqueza de este planeta y es la que
dio origen a la inmensa diversidad cultural que la habita. Los seres
humanos y los pueblos se formaron en su relación con ella, en su
cuidado, en su crianza, en una eterna reciprocidad por los bienes que
nos ofrece para sobrevivir. Pero las invasiones de Europa al Abya Yala
(hoy América) y otros continentes, cortaron abruptamente estas
civilizaciones que supieron vivir en armonía con la Madre Tierra
durante decenas de milenios, para, en solo quinientos años de saqueo,
mercantilización y depredación de la naturaleza, conducirnos al borde
de un cataclismo climático global.
Si reconocemos a la
naturaleza como un ser vivo, la hacemos sujeto de derechos. Hay un
vasto movimiento social en todo el mundo que comparte la propuesta de
redactar y adoptar en el seno de las Naciones Unidas una Declaración de
los Derechos de la Naturaleza. Y algunos gobiernos de la región
(Bolivia, Ecuador) han hecho suya esta iniciativa.
La ONU y el planeta
La
preocupación por el cuidado de la naturaleza no es nueva en la
comunidad internacional. En 1982, la Asamblea General de las Naciones
Unidas aprobó la Carta Mundial de la Naturaleza. Cinco años después, la
Comisión Mundial de Medio Ambiente y Desarrollo emitió el Informe
“Nuestro Futuro Común”, conocido como Informe Brundtland, cuyo llamado
principal es precisamente a la creación de una Carta que contenga los
principios fundamentales para una vida sostenible.
El 9 de mayo
de 1992, la ONU adopta la Convención Marco sobre el Cambio Climático,
que entró en vigencia en 1994. Ese mismo año, en Río de Janeiro,
Brasil, se reúne la primera Conferencia sobre Medio Ambiente y
Desarrollo, que dio lugar a la Agenda 21, un Plan de Acción que los
Estados deberían llevar a cabo para transformar el modelo de desarrollo
actual, basado en una explotación de los recursos naturales como si
fuesen ilimitados y en un acceso desigual a sus beneficios, en un nuevo
modelo de desarrollo que satisfaga las necesidades de las generaciones
actuales sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras. Diez
años después se reúne la segunda Conferencia en Johannesburgo,
Sudáfrica.
Entre ambas conferencias, conocidas como “Cumbres de
la Tierra”, los países industrializados se reúnen el 11 de diciembre de
1997 en Kioto, Japón, y se comprometen a ejecutar un conjunto de
medidas para reducir los gases de efecto invernadero, fijándose metas
hasta el año 2012. Estados Unidos retiró su firma de este documento,
llamado Protocolo de Kioto. La Cumbre de Copenhague, en diciembre,
debería asumir nuevos compromisos en este campo para el 2013 en
adelante, pero ya los países poderosos adelantaron que no habrá acuerdo.
La Carta de la Tierra
Mientras
todo este proceso se desarrollaba, también se iba gestando un documento
que intentaba ser una Carta Magna o Constitución del planeta. Y el 29
de junio del 2000 es lanzada oficialmente la Carta de la Tierra en La
Haya, Holanda. Se trata de una declaración solidaria que afirma que es
posible vivir y disfrutar de la Tierra sin destruirla y sin causar
daños a las comunidades humanas ni al conjunto de seres vivos que la
habitamos. Y que reconoce y advierte que para lograrlo se necesita un
cambio de mentalidad y de corazón.
La Carta de la Tierra está estructurada en cuatro principios angulares que contienen 16 principios generales, a saber:
I. Respeto y cuidado de la vida.
1. Respetar la Tierra y la vida en toda su diversidad.
2. Cuidar la comunidad de la vida con entendimiento, compasión y amor.
3. Construir sociedades democráticas que sean justas, participativas, sostenibles y pacíficas.
4. Asegurar que los frutos y la belleza de la Tierra se preserven para las generaciones presentes y futuras.
II. Integridad ecológica
5.
Proteger y restaurar la integridad de los sistemas ecológicos de la
Tierra, con especial preocupación por la diversidad biológica y los
procesos naturales que sustentan la vida.
6. Evitar dañar como el mejor método de protección ambiental y, cuando el conocimiento sea limitado, proceder con precaución.
7.
Adoptar patrones de producción, consumo y reproducción que salvaguarden
las capacidades regenerativas de la Tierra, los derechos humanos y el
bienestar comunitario.
8. Impulsar el estudio de la
sostenibilidad ecológica y promover el intercambio abierto y la extensa
aplicación del conocimiento adquirido.
III. Justicia social y económica
9. Erradicar la pobreza como un imperativo ético, social y ambiental.
10.
Asegurar que las actividades e instituciones económicas, a todo nivel,
promuevan el desarrollo humano de forma equitativa y sostenible.
11.
Afirmar la igualdad y equidad de género como prerrequisitos para el
desarrollo sostenible y asegurar el acceso universal a la educación, el
cuidado de la salud y la oportunidad económica.
12. Defender el
derecho de todos, sin discriminación, a un entorno natural y social que
apoye la dignidad humana, la salud física y el bienestar espiritual,
con especial atención a los derechos de los pueblos indígenas y las
minorías.
IV. Democracia, no violencia y paz
13.
Fortalecer las instituciones democráticas en todos los niveles y
brindar transparencia y rendimiento de cuentas en la gobernabilidad,
participación inclusiva en la toma de decisiones y acceso a la justicia.
14.
Integrar en la educación formal y en el aprendizaje a lo largo de la
vida, las habilidades, el conocimiento y los valores necesarios para un
modo de vida sostenible.
15. Tratar a todos los seres vivientes con respeto y consideración.
16. Promover una cultura de tolerancia, no violencia y paz.
Así,
en resumen, la Carta de la Tierra muestra que la protección del medio
ambiente, los derechos humanos, el desarrollo equitativo de los pueblos
y la paz son interdependientes e indivisibles. Todos los problemas
están relacionados: los ambientales, los sociales, los económicos, los
políticos y los culturales, lo cual invita a promover soluciones que
los tengan en cuenta conjuntamente.[]
Derechos de la Pachamama
¿Por
qué no retomar estos principios para, a partir de la Carta de la
Tierra, redactar y aprobar una Declaración de los Derechos de la
Naturaleza? El cambio de mentalidad y de corazón es posible, como
decíamos al inicio: basta con dejar de ver el planeta como un depósito
de recursos para ser saqueados, mercantilizados y servir al
enriquecimiento de unos pocos. Basta con volver a la armonía con
nuestra Pachamama. Se trata, sencillamente, de defender la vida, toda
la vida, con sus riquísimas diversidades biológicas y culturales.
El
año que termina ha sido rico para el movimiento indígena en este
camino. En mayo se reunió en Puno la IV Cumbre de Nacionalidades y
Pueblos Indígenas del Abya Yala, que tomó tres acuerdos centrales para
difundir las demandas y propuestas en torno al calentamiento global: la
Minga Global por la Madre Tierra, que se realizó en octubre; la
creación del Tribunal Internacional de Justicia Climática, que tuvo su
primera Audiencia en Cochabamba, Bolivia, en el marco de esta Minga
Global; y la realización de una cumbre paralela a la Conferencia de
Copenhague en diciembre.
La Coordinadora Andina de
Organizaciones Indígenas (CAOI), sus organizaciones integrantes y
diversas organizaciones del movimiento social del continente, Europa y
otras latitudes, participarán en esta Cumbre Alternativa, en cuyo marco
se desarrollará una nueva Audiencia del Tribunal Internacional de
Justicia Climática.
Como hijos de la Madre Naturaleza, la adopción de una Declaración de sus Derechos forma parte central de nuestra agenda.
- Norma Aguilar Alvarado, Área de Comunicaciones Coordinadora Andina de Organizaciones Indígenas - CAOI
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