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que no nos roben el Bicentenario
Hacia la Comisión Bicentenaria de los Pueblos de Nuestra América QUE NO NOS ROBEN EL BICENTENARIO Por Fernando Ramón Bossi
El
presente año se conmemora, en varios países de nuestra América, el
Bicentenario de la instalación de los primeros gobiernos patrios.
Dentro del período de ofensiva contra el colonialismo español, 1810 fue
un año clave en el avance de las ideas independentistas que venía
configurándose, por lo menos desde tres décadas atrás.
¿Año o período Bicentenario?
Hablamos
de período y no de año Bicentenario considerando que la ofensiva
anticolonialista comienza con la gran insurrección indígena-popular
liderada por Tupac Amaru allá en 1780, en los Andes centrales, con
epicentro en la provincia de Tinta y que se extiende por
veinticuatro provincias, desde el Cusco hasta las fronteras de Tucumán
al sur y hasta parte del Virreinato de Nueva Granada al norte. Todo el
antiguo Tahantinsuyo se conmueve ante la rebelión india, que incluye,
por sus proclamas antiesclavistas, a negros, zambos y mestizos no
asimilados. Más de cien mil hombres y mujeres se levantaron bajo las
banderas de Tupac Amaru y Micaela Bastidas primero, y de Tupac Katari y
Bartolina Sisa después.
Paralelamente, en 1781, la insurrección
de los Comuneros en Nueva Granada sacude la estructura política
colonial. Bajo el liderazgo de Manuela Beltrán y luego de José Antonio
Galán y con epicentro en la ciudad de El Socorro, los sectores más
pobres de la región se levantan contra los abusos del poder colonial.
Ambas
insurrecciones serán aplastadas a sangre y fuego por las tropas
colonialistas. Sus líderes ejecutados salvajemente, y la “pacificación”
sólo llegará en base a la aplicación del método del terror.
Si
bien estas dos insurrecciones no planteaban directamente la
independencia de la metrópolis, sí cuestionaban profundamente el orden
colonial, incluyendo en sus demandas medidas de corte democrático como
también reivindicaciones de hondo contenido social. Los pueblos no
toleraban más las formas de explotación a que eran condenados por el
gobierno español.
Pero ante la derrota de los indios andinos y
los mestizos neogranadinos, aparece victoriosa la insurrección de
los negros esclavizados de Haití, quienes el 1 de enero de 1804
declaran la independencia tras derrotar a los ejércitos colonialistas
de Francia, España e Inglaterra.
La ofensiva anticolonialista
había comenzado en nuestra América, desde lo más profundo de las clases
populares y desde el “interior” hacia las capitales del poder político.
Desvincular estas insurrecciones del proceso independentista, o
solamente ubicarlas como “antecedentes”, es un error mayúsculo que
conlleva a no comprender el proceso revolucionario. Sería parecido a
intentar entender la actual Revolución Bolivariana sin incorporar al
Caracazo como inicio de la actual fase histórica.
Una etapa dentro de la ofensiva anticolonialista
Claro
que los sucesos en la península, con la invasión francesa y la
deposición del rey, fueron los detonantes para la conformación de los
primeros gobiernos patrios en la América española. Mas la restauración
de Fernando VII y el retorno al sistema colonialista fue el elemento
definitorio para levantar sin ambigüedades las banderas
independentistas. Pero la ofensiva la habían iniciado los pueblos 30
años antes, acumulando en esas insurrecciones 300 años de resistencia
continua.
La confluencia del pensamiento liberal criollo
(influenciado por el liberalismo francés, español, inglés y
norteamericano) y las masas populares insurrectas se configurará recién
en la primera década del siglo XIX, en un proceso de encuentros y
desencuentros, pero que culminará en la conformación de un vasto
movimiento popular independentista conducido por figuras de la talla de
Simón Bolívar, José de San Martín, José Gervasio Artígas, Miguel
Hidalgo, Antonio José de Sucre, Antonio Nariño, Bernardo O’Higgins,
Gaspar Rodríguez de Francia, José María Morelos, Mariano Moreno, entre
otros.
El momento de madurez de la gesta independentista, en
este período, alcanza su máxima expresión en los campos de Ayacucho. La
“alianza plebeya”, anticolonialista, democrática y de profundo
contenido popular, luego de derrotar a los ejércitos realistas,
comienza a ser carcomida por los intereses de las viejas y nuevas
oligarquías criollas, que temían más a las masas populares que a sus
antiguos amos europeos. El período de esta ofensiva anticolonialista
terminará con la derrota del proyecto bolivariano y la balcanización
suramericana.
En síntesis: el período de ofensiva
anticolonialista para nuestros pueblos comienza a finales del siglo
XVIII y culmina con la muerte de Bolívar en 1830. La era Bicentenaria,
de lo que podríamos llamar la primera gran ofensiva anticolonialista,
comenzó hace 30 años y lo que ahora celebramos es la etapa de
conformación del amplio frente nacional de liberación, de las
declaraciones de independencia e instalaciones de gobiernos soberanos.
La etapa en que los criollos se incorporan de lleno a la Revolución,
con el insoslayable aporte que eso significa, pero también con las
limitaciones que un sector de ellos imprimirá al proceso por su
condición de clase.
De los criollos –por educación, recursos
económicos y conocimientos militares-, emergerán los principales
conductores de la gesta independentista, pero asimismo ellos
incorporarán al frente nacional anticolonialista, a través de su franja
más encumbrada, a los propios sepultureros del proceso revolucionario.
La lucha por la independencia continúa
Entonces,
las fechas Bicentenarias que este año celebraremos, se refieren a esa
etapa de la ofensiva anticolonialista. A una etapa en particular,
teniendo en cuenta que esa fase histórica involucra 50 años de lucha.
Esto es importante aclararlo porque analizando la historia desde la
perspectiva de los pueblos, de las masas populares, debemos de ser
concientes que esa lucha por la independencia aun no ha culminado. No
hay primera y segunda independencia, sino que es un mismo proceso de
ofensiva y repliegue, donde en aquellos 50 años de finales del Siglo
XVIII y principios del Siglo XIX se dio una formidable alza de masas
pero que no alcanzó plenamente sus objetivos. De lo que podemos hablar
es de una primera gran ofensiva independentista, la que estamos
celebrando en su etapa más difundida, en la que se constituyeron los
primeros gobiernos patrios, y una segu nda gran ofensiva que es la que
actualmente transitamos con los actuales gobiernos revolucionarios en
Venezuela, Bolivia, Cuba, Nicaragua y Ecuador. Pero estas dos ofensivas
son parte de un mismo proceso revolucionario, independentista y por la
unidad de nuestra América.
De ahí que el Comandante Hugo
Chávez ha señalado, refiriéndose al 19 de abril de 1810 y el 5 de julio
de 1811: “… celebraremos los 200 años de esa revolución que es la misma
que hoy llevamos a cabo, yo quiero insistir en esto, no es que aquella
fue una Independencia y esta es una segunda Independencia, no, desde mi
criterio desde mi punto de vista no es eso; no creo que debamos hablar
de una segunda Independencia, es la continuación del mismo proceso de
Independencia en todo caso una segunda fase histórica del mismo proceso
independentista venezolano, suramericano, nuestro americano”.
La historia y el proceso revolucionario
“Nosotros
no podemos perdonarnos ignorar no ya nuestra historia, sino incluso la
historia de América Latina; nosotros no nos podríamos perdonar ignorar
siquiera la historia del mundo porque están asociadas. Seríamos
incompletos, estaríamos mutilados desde el punto de vista cultural si
ignoramos la historia del mundo. Esas tres historias tienen que estar
muy presentes”, afirmaba Fidel Castro en 1992, cuando la prédica
imperialista nos hablaba del “fin de la historia”.
Hoy más que
nunca, y aprovechando este período Bicentenario es que debemos
profundizar en la historia, reinterpretar nuestra historia y releerla a
la luz de los desafíos del presente. “Un pueblo que no conoce su
historia no tiene nada que buscar en el futuro y nosotros casi
desconocemos nuestra historia. Fortalezcámosla y estaremos
fortaleciendo nuestra fuerza para construir”, ha expresado el
Comandante Chávez, agregando, “no es una obsesión, pero casi, es decir,
estamos aferrados a la historia, la historia es la tabla de salvación…
mientras no terminemos de descifrar los códigos del pasado no
terminaremos tampoco de descifrar los códigos del futuro”.
Y
estas reflexiones, tanto de Fidel Castro como de Hugo Chávez, tienen
que hacernos recapacitar a los revolucionarios nuestramericanos en
estas celebraciones Bicentenarias. En primer lugar es fundamental
apropiarnos de nuestra historia, la de los pueblos, la de la revolución
en marcha. En segundo lugar, reconocer que la tarea inconclusa debe de
ser culminada en la actual etapa y que la experiencia anterior es
fuente inagotable de enseñanzas y experiencias. Decía al respecto
Rodolfo Walsh: “Nuestras clases dominantes han procurado siempre que
los trabajadores no tengan historia, no tengan doctrina, no tengan
héroes y mártires. Cada lucha debe empezar de nuevo, separada de las
luchas anteriores: la experiencia colectiva se pierde, las lecciones se
olvidan. La historia parece así como propiedad privada cuyos dueños son
los dueños de t odas las otras cosas”. En tercer lugar, tener
claro que la lucha por la independencia es una asignatura pendiente,
por lo tanto, debemos volcar todos los esfuerzos en alcanzar el
objetivo con las herramientas y armas con que hoy disponemos,
fundamentalmente el ALBA. Y cuarto, combatir la visión de la historia
de las clases dominantes para evitar que esta se imponga como historia
oficial a favor de la contrarrevolución y el imperialismo. Un
revolucionario argentino, Arturo Jauretche, afirmaba. “La falsa
historia (la historia oficial) comienza a funcionar no sólo por la
desvirtuación del pasado... sino como sistema destinado a mantener esa
desvirtuación y prolongarla en lo sucesivo imponiéndola para el futuro
por la organización de la prensa y la enseñanza, de la escuela a la
universidad, con una dictadura del pensamiento que hiciera imposible
esclarecer la verdad y encontrar en el pasado los rumbos de una
pol&iac ute;tica nacional”.
Es por esto que cuando
analizamos la historia desvinculada del presente y de la política,
estamos entregando el campo al enemigo, a la reacción, a las fuerzas
históricamente adversas a la liberación nacional y social. A los
académicos e historiadores del sistema, les disgusta mucho la ya famosa
frase: "la historia es la política pasada y la política es la historia
presente”. Pero esa frase tiene que esgrimirse cotidianamente desde el
campo de la Revolución, ya que, como decía Orwell: “Quien controla el
pasado controla el futuro”.
¿Por qué a los enemigos históricos de nuestra América les interesa el Bicentenario?
Desde
diferentes tribunas de opinión e información se percibe claramente que
el tema del Bicentenario está presente. Tanto la cadena CNN como la BBC
y el diario El País de España están dando un espacio destacado a las
celebraciones del Bicentenario. ¿Estadounidenses, españoles e ingleses
acompañándonos en la necesaria reflexión y debate que generará el
recuerdo de estas fechas? Sí, ante la imposibilidad de ignorar el
hecho, los agentes de la colonización cultural intentarán,
inteligentemente, neutralizar las ideas anticolonialistas, patrióticas,
unionistas, democráticas y populares que acarrea una reflexión seria
sobre nuestro pasado y nuestro porvenir.
El gobierno español, a
través de toda su plana mayor (el presidente José Luis Rodríguez
Zapatero, el ex presidente Felipe González, el Canciller Miguel Ángel
Moratinos y el rey Juan Carlos), es quien juega más fuerte al respecto,
incorporándose de lleno en el Grupo Bicentenario y financiando parte de
las celebraciones en América Latina.
En un documento elaborado
por uno de los tantos Think Tank financiados por el imperialismo, se
advierte la conciencia que ellos tienen de la importancia del
Bicentenario para nuestros pueblos. En el texto se lee: “…en varios
países de América Latina y el Caribe, las celebraciones del
Bicentenario en 2009 y 2010, que marcan el comienzo de las revoluciones
que los independizaron de España, representarán un momento altamente
simbólico que estimulará la introspección y el debate sobre sus roles
en el mundo”. Inmiscuirse en ese momento de “introspección y debate”
con el fin de manipular las conclusiones en beneficio de sus intereses,
que no son precisamente los de nuestros pueblos, es su objetivo.
El
documento que hacemos mención se llama “Replanteando las Relaciones
entre Estados Unidos y América Latina, una Alianza Hemisférica para un
Mundo Turbulento”, elaborado por la Comisión Alianza para las Américas
Institución Brookings, de noviembre de 2008. Analizar someramente la
trayectoria de algunos de los firmantes de este informe, exime de mayor
explicación sobre las intenciones del grupo. Entre otros, firman:
Thomas R. Pickering, ex subsecretario de Asuntos Políticos de Estados
Unidos; Ernesto Zedillo, ex presidente de México; Mauricio Cárdenas,
Director de Iniciativa para América Latina Brookings, Ricardo Lagos, ex
presidente de Chile; John Deutch, ex Secretario Adjunto de Defensa y
Director de la Agencia Central de Inteligencia; Jorge Quiroga, ex
presidente de Bolivia; Jeffrey Davidow, Presidente del In stituto de
las Américas.
¿Qué conclusiones debería acarrear la reflexión
sobre la gesta independentista de los siglos XVIII y XIX en nuestra
América? Según los ideólogos del imperialismo la necesidad de “madurar”
políticamente, asumir el “orden internacional actual”, favorecer la
inversión extranjera, abrirnos a los mercados, entrar en una suerte de
“modernidad” despojándonos de ideas nacionalistas, “populistas” o
socializantes. Que las conclusiones políticas a que lleguemos sean
precisamente aquellas de contrasentido a la dirección que trazaron
nuestros libertadores.
El Director del Instituto de Estudios
Latinoamericanos de la Universidad de Londres -hoy Instituto de las
Américas-, John Lynch, habla sin ambigüedad sobre el tema, “haciendo
política” desde la página web del Bicentenario del gobierno español.
Allí el profesor inglés se despacha contra el comandante Chávez ante la
pregunta si le parece bien que el presidente venezolano haya
cambiado el nombre de su país por el de República Bolivariana de
Venezuela, invocando a Bolívar como modelo. Dice Lynch: "Para responder
menciono tres cuestiones: en primer lugar, se llama a sí mismo un
"revolucionario bolivariano" y habla de establecer un Estado
socialista. Bolívar nunca promovió una revolución social ni pretendió
hacerlo. La redistribución de la tierra, la igualda d racial, la
abolición de la esclavitud, los decretos a favor de los indios eran las
políticas de un reformista, no de un revolucionario. Bolívar era
demasiado realista para creer que podía cambiar la estructura de la
sociedad de América del Sur por la imposición de leyes o políticas
inaceptables para los principales grupos de interés. La segunda
cuestión se refiere a las relaciones internacionales. Bolívar cultivó
el apoyo de las grandes potencias, no de los países marginales. Mantuvo
cierto recelo hacia Estados Unidos pero admiraba cómo este país había
encarnado los ideales de igualdad y libertad. Fue deferente hacia el
poder imperial de Gran Bretaña. El comercio y las inversiones
británicas los vio como un beneficio, no como una amenaza. La tercera
cuestión es tal vez la única que le da la razón a Chávez. Una de las
ideas má ;s controvertidas de Bolívar era que los presidentes debían
servir de por vida y tener el poder de nombrar a su sucesor. Y el
historial de Chávez muestra que él siempre está hambriento de poder".
Conclusión inducida: Bolívar era un reformista, nunca
revolucionario, pragmático y conformista; dócil ante los intereses de
las grandes potencias, pero con un defecto, al igual que Chávez, ¡un
dictador! La argumentación de Lynch es un modelo de la discusión que
pretende imponer el imperialismo en el debate Bicentenario.
Pero
quien ha planteado el tema sin ningún tipo de reparos ha sido el
investigador Carlos Malamud del Real Instituto Elcano, organismo que
integra la Comisión Nacional para la Conmemoración de las
Independencias de las Repúblicas Iberoamericanas del Gobierno de
España. Dicho catedrático ha alertado sobre "la emergencia del
populismo y la fuerte presencia del nacionalismo en la región,
exacerbado todavía más por el primero, asociados a las conmemoraciones
de los Bicentenarios de la independencia, suponen una serie de riesgos
para España". Agregando: "el riesgo más inmediato se desprende de una
serie de embates contra la imagen de España y de sus empresas…”.
¿Tendrá algo que ver la presencia de altos dirigentes de empresas
españolas en la financiación de las celeb raciones Bicentenarias?
Que
los latinoamericanos caribeños no aprovechemos el Bicentenario para
cuestionar los grados de dependencia que aun mantenemos con las
potencias imperialistas, es la idea en el involucramiento de España,
Estados Unidos e Inglaterra. Ellos perciben con meridiana claridad el
“riesgo” que representa una celebración con profundo contenido popular
y patriótico.
Una Comisión Bicentenaria desde los pueblos de nuestra América
"No
es en Europa que debe estar la dirección de la comisión (de
conmemoración del Bicentenario); es aquí donde tenemos que conmemorar
el grito de rebeldía y de rebelión de nuestros pueblos, contra ellos
precisamente", señaló el Presidente Hugo Chávez en declaraciones a la
prensa.
Y esa categórica afirmación merece una reconsideración
sobre el tema. Hasta el momento las comisiones de conmemoración de los
Bicentenarios en cada uno de los países está designada por los
gobiernos correspondientes. Si tenemos presente que durante el 2010 se
celebrará la fecha en Venezuela, Argentina, Chile, Colombia y México y
que en los tres últimos países mantienen regimenes neoliberales
sometidos a los dictámenes imperiales (en Chile hay serias
posibilidades que la derecha gane las elecciones), es lógico suponer
que la reflexión y el debate se orientará hacia la línea
contrarrevolucionaria antes señalada.
Una mezcla de aburrida
Historia Oficial, opiniones de reciclados historiadores de academias,
“saludos a la Bandera” y “show bicentenarios” parece ser lo que veremos
este año, y no nos podemos resignar a eso. Un dato más que confirma
esta posición lo indica que el ilegítimo gobierno mexicano ha
contratado al estadounidense Phil Green, fundador de la empresa
Autonomy, aquella que se encargó del espectáculo de inicio de los
Juegos Olímpicos de Pekín, para la producción y supervisión del trabajo
de la celebración del Bicentenario y Centenario de la Revolución
Mexicana ¡Una verdadera afrenta a Hidalgo, Morelos, Zapata y Villa!
Una propuesta: Comisión Bicentenaria de los Pueblos de Nuestra América
¿Nos
dejaremos robar el Bicentenario? Sabemos que en Venezuela y Argentina
no será así, pero la celebración o tiene carácter nuestroamericano o se
diluye en la balcanización que precisamente es producto de la derrota
de esa ofensiva anticolonialista que ahora celebramos. La propuesta
puntual es que se conforme una Comisión Bicentenaria desde los Pueblos
de Nuestra América, constituida por las organizaciones sociales y
políticas comprometidas en la lucha por la definitiva independencia y
unidad latinoamericana caribeña.
Como decía Martí: “¿Adónde va
la América, y quién la junta y guía? Sola, y como un solo pueblo, se
levanta. Sola pelea. Vencerá, sola”.
Fernando Ramón Bossi es Presidente de la Fundación Emancipación y Director del Portal ALBA. Cofundador del Congreso Bolivariano de los Pueblos y de la Red Popular Humanitaria Misioneros del Milagro Correo-e: fernandoramonbossi@hotmail.com
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