Vereda Las Pavas,  lucha por la tierra en el Magdalena Medio.

Llega la Delegación en camioneta destapada por un camino donde la sequía, la ausencia de agua durante meses, coloca varios centímetros de polvo, y transcurre por km y km y km de plantaciones de palma aceitera, que ocupan las tierras más planas de la vega del río Magdalena….

…y cuando se aproxima a la vereda, varios km antes se observan los buldózer destrozando los árboles autóctonos, colocando sus troncos en fila, quemándolos, para seguir expandiendo el cultivo in-sostenible de la palma..

Un dolor de visión el destrozo galopante del campo, de las lagunas, de los humedales, que se agrava cuando la comunidad nos cuenta que esas tierras están en litigio..

..Están en litigio y no les dejan cultivar comida: pero los empresarios no han cesado en su destrucción, en su fortísimo impacto ambiental.

Llevan tiempo los campesinos en la lucha por el territorio, y han sufrido amenazas, ocupación militar, investigaciones policiales, presencia de antidisturbios en la finca, presiones diversas que no han logrado quebrar la lucha campesina, pero si han desalojado a golpes el lugar a la comunidad.

Los campesinos muestran las pruebas de árboles plantados por sus abuelos, y los ranchitos del campamento de ocupación, quemados y destruidos, cuyas huellas permanecen meses después como parte del símbolo del despojo.

Meses en que, desde el desalojo del 14 de julio de 2009, la comunidad permanece acampamentada en Buenos Aires, en el terreno facilitado por uno de los socios, mientras el proceso judicial (que siempre parecía decantarse a favor de los comuneros) sigue su lento curso, con la enorme presión del empresariado palmero, comprando favores en las audiencias, para cambiar a su favor los fallos de los funcionarios..

Especial énfasis ponen los campesinos al contar la historia, en la actitud de mando del abogado de la empresa en el DIA del desalojo: era él quien daba las órdenes a las autoridades  policiales y civiles, humillándolas, para ponerlas al servicio del empresario y contra el campesinado.

Uno de los viejitos del lugar, el señor Misael, presidente de la Asociación Campesina de Buenos Aires, relata la versión de esta lucha por la tierra, y otro de los veteranos, el Sr. Efraín, supera las dificultades de su vista perdida para escribir en letra grande la crónica, el documental, las canciones de esta colectividad campesina.

Don Efraín sufre por el destrozo de los humedales, de la biodiversidad por el cultivo palmero, y lo deja registrado en sus escritos, sobre la extinción del campesino a la par que la extinción de los humedales.

“Que quienes consuman agrocarburantes allá en Europa sepan cómo ese material  se hace con sangre campesina,  sepan que se fabrica con el hambre campesina”  es lo que piden a la delegación.