Hola a todas, De
vuelta del Foro Social Mundial de Dakar, he recuperado el vídeo
del discurso de Thomas Sankara ante la Unión Africana en Addis Abeba,
el 29 de julio de 1987, "Un frente unido contra la deuda". Thomas
Sankara ha sido una referencia constante en el foro en los espacios de
la lucha contra la deuda, ya que fue asesinado tres meses después de
pronunciar esde discurso, en el que llamaba al NO PAGO de la deuda por
parte de los países africanos. Iolanda Fresnillo.
Discurso de Thomas Sankara Un frente unido contra la deuda
El 29 de julio de 1987,
Thomas Sankara participaba en Adís-Abeba en los trabajos de la vigésimo
quinta Conferencia en la Cumbre de los países miembros de la OUA.
Pronunció allí el siguiente discurso. Este texto es una transcripción a
partir de una grabación. El presidente de la sesión era Kenneth Kaunda,
de Zambia.
Señor presidente,
Señores jefes de las delegaciones:
Querría que en este momento pudiésemos hablar de esta otra cuestión que
nos inquieta: la cuestión de la deuda, la cuestión de la situación
económica de África. Tanto como la paz, es una condición importante de
nuestra supervivencia. Y por eso he creído deber imponeros unos minutos
suplementarios para que hablemos de ello.
Burkina Faso querría expresar de entrada su preocupación. La
preocupación de ver que las reuniones de la OUA se suceden, se
asemejan, pero hay cada vez menos interés en lo que hacemos.
Señor presidente:
¿Cuántos son los jefes de Estado aquí presentes, cuando todos han sido
debidamente convocados para venir a hablar de África en África?
Señor presidente:
¿Cuántos jefes de Estado están prestos a saltar a París, a Londres, a
Washington cuando desde allí son convocados a una reunión, pero no
pueden venir a una reunión aquí, a Addis Abeba en África? Esto es muy
importante. [Aplausos] Sé que algunos tienen razones válidas para no
venir. Es por ello, señor presidente, por lo que querría proponer que
establezcamos un baremo de sanciones para los jefes de Estado que no
responden ¡presente! a la convocatoria. Hagamos de manera que por una
suma de puntos de buena conducta, los que asisten regularmente, como
nosotros, por ejemplo, [Risas] puedan ser apoyados en algunos de sus
esfuerzos. Ejemplos: los proyectos que sometemos al Banco Africano de
Desarrollo (BAfD) deben ser afectados de un coeficiente de africanidad.
[Aplausos] Los menos africanos serían penalizados. Así todo el mundo
vendría a las reuniones.
Quisiera decir, señor presidente, que la cuestión de la deuda es una
cuestión que no sabríamos ocultar. Usted mismo sabe algo de esto en su
país, donde habéis tenido que tomar decisiones valientes, temerarias
incluso. Decisiones que no parecen en absoluto estar en relación con su
edad y sus cabellos blancos. [Risas] Su excelencia, el presidente Habib
Bourguiba, que no ha podido venir, pero que nos ha hecho llegar un
importante mensaje, ha dado otro ejemplo a África, cuando en Túnez, por
razones económicas, sociales y políticas tuvo que tomar decisiones
valientes.
Pero, señor presidente, ¿vamos
a dejar que los jefes de Estado busquen individualmente soluciones al
problema de la deuda con el riesgo de crear en su país conflictos
sociales que podrían poner en peligro su estabilidad, y hasta la
construcción de la unidad africana? Estos ejemplos que he citado
—hay muchos más— merecen que las cumbres de la OUA aporten una
respuesta tranquilizadora a cada uno de nosotros en cuanto a la
cuestión de la deuda.
Consideramos que la deuda se ha de analizar empezando por su origen. Los orígenes de la deuda se remontan a los orígenes del colonialismo. Quienes nos han prestado dinero son los mismos que nos colonizaron. Son los mismos que gestionaban nuestros Estados y nuestras economías. Son
los colonizadores los que endeudaron a África con los prestamistas, sus
hermanos y primos. Nosotros somos ajenos a esta deuda. Por lo tanto no
podemos pagarla.
La deuda es el neocolonialismo o los colonialistas transformados en «asistentes técnicos».
En realidad, deberíamos decir asesinos técnicos. Y son ellos los que
nos propusieron las fuentes de financiación, los prestamistas o
«proveedores de fondos». Una expresión que se emplea cada día como si
hubiera hombres cuya «provisión» fuera suficiente para crear el
desarrollo en otros países. Estos prestamistas nos fueron aconsejados,
recomendados. Nos presentaron dossiers y montajes financieros
fantásticos. Nos endeudamos por cincuenta años, sesenta años, y más
aún. Es decir, nos han llevado a comprometer a nuestros pueblos durante
cincuenta años o más.
La deuda en su forma actual es una reconquista de África
sabiamente organizada, para que su crecimiento y su desarrollo
respondan a unos niveles, a unas normas que nos son totalmente
extrañas. De manera que cada uno de nosotros se convierta en un esclavo financiero,
es decir, simplemente un esclavo de quienes han tenido la oportunidad,
la astucia, la trapacería de invertir sus fondos en nuestros países con
la obligación de que los reembolsemos. Nos dicen que honoremos la
deuda. No se trata de una cuestión moral. No es una cuestión de ese
pretendido honor de reembolsar o no reembolsar.
Señor presidente:
Hemos escuchado y aplaudido a la primera ministra de Noruega cuando
intervino aquí mismo. Dijo, ella que es europea, que toda la deuda no
puede ser reembolsada. Yo quisiera simplemente completar y decir que la
deuda no puede ser reembolsada. La deuda no puede ser reembolsada porque, en primer lugar, si no pagamos, los prestamistas no se van a morir. Estemos seguros de esto. En cambio, si pagamos, somos nosotros los que vamos a morir.
Estemos seguros igualmente de ello. Los que nos han conducido al
endeudamiento han jugado como en un casino. Mientras ellos ganaban no
había debate. Ahora que pierden en el juego, nos exigen el reembolso. Y
se habla de crisis. No, señor presidente, ellos jugaron, ellos
perdieron, es la regla del juego. Y la vida continúa. [Aplausos]
Nosotros
no podemos reembolsar la deuda porque no tenemos nada que pagar. No
podemos reembolsar la deuda porque no somos responsables de ella. No
podemos pagar la deuda porque, al contrario, nos deben lo que las
mayores riquezas nunca podrán pagar, esto es, la deuda de sangre. Es
nuestra la sangre que ha sido derramada.
Se habla del Plan Marshall, que rehizo la Europa económica. Pero no se
habla del Plan Africano que ha permitido a Europa hacer frente a las
hordas hitlerianas cuando sus economías estaban amenazadas, su
estabilidad estaba amenazada. ¿Quién ha salvado a Europa? Fue África.
Se habla poco de esto. Se habla tan poco que no podemos, nosotros, ser
cómplices de ese silencio ingrato. Si los otros no pueden cantar
nuestros elogios, nosotros tenemos al menos el deber de decir que
nuestros padres fueron valientes y que nuestros ex combatientes
salvaron Europa y finalmente permitieron al mundo desembarazarse del
nazismo.
La deuda es también la consecuencia de los enfrentamientos. Cuando hoy
nos hablan de crisis económica, se olvidan de decirnos que la crisis no
llegó de forma súbita. La crisis existe de siempre y se irá agravando
cada vez que las masas populares sean más conscientes de sus derechos
frente a sus explotadores.
Actualmente hay crisis porque las masas rechazan que las riquezas se
concentren en las manos de unos pocos. Hay crisis porque unos pocos
depositan en los bancos en el exterior, unas sumas colosales que serían
suficientes para desarrollar África. Hay crisis porque frente a estas
riquezas individuales que se pueden nombrar, las masas populares se
niegan a vivir en los ghetos y los barrios bajos. Hay crisis porque por
doquier los pueblos se niegan a ser Soweto frente a Johannesburgo. Hay
lucha y la exacerbación de esta lucha produce inquietud a los que
retienen el poder financiero.
Nos piden ahora que seamos cómplices de la búsqueda de un equilibrio.
Equilibrio a favor de los que tienen el poder financiero. Equilibrio en
detrimento de nuestras masas populares. ¡No!
Nosotros no podemos ser cómplices. ¡No! Nosotros no podemos acompañar a
los que chupan la sangre de nuestros pueblos y viven del sudor de
nuestros pueblos. Nosotros no podemos acompañarlos en sus maniobras
asesinas.
Señor presidente:
Oímos que hablan de clubs —Club de Roma, Club de París, Club de
cualquier lado—. Oímos que hablan del Grupo de los Cinco, de los Siete,
del Grupo de los Diez, tal vez del Grupo de los Cien. ¿Qué más puedo
decir? Es normal que nosotros tengamos también nuestro club y nuestro
grupo. Hagamos que desde hoy Addis Abeba sea igualmente la sede, el
centro de donde partirá el soplo nuevo del Club de Addis Abeba. Tenemos el deber de crear hoy el Frente Unido de Addis Abeba contra la deuda.
Sólo de este modo podremos decir hoy que negándonos a pagar no venimos
con intenciones belicosas sino, al contrario, en una actitud fraternal
para decir lo que es.
Además, las
masas populares de Europa no se oponen a las masas populares de África.
Los que quieren explotar a África son los mismos que explotan a Europa.
Tenemos un enemigo común. Por ello, nuestro Club de Addis Abeba
tendrá que decir igualmente a unos y a otros que la deuda no se pagará.
Cuando nosotros decimos que la deuda no se ha de pagar no significa que
estamos contra la moral, la dignidad, el respeto a la palabra. Nosotros
consideramos que no tenemos la misma moral que los otros. Entre el rico
y el pobre no hay la misma moral. La Biblia, el Corán no pueden servir
de la misma manera a quien explota al pueblo y al que es explotado.
Tendrá que haber dos ediciones de la Biblia y dos ediciones del Corán.
[Aplausos]
Nosotros no podemos aceptar su moral. No podemos aceptar que nos hablen
de dignidad. No podemos aceptar que nos hablen del mérito de los que
pagan y de la pérdida de confianza en los que no pagarán. Al contrario,
nosotros debemos decir que hoy es normal que se prefiera reconocer que
los ladrones más grandes son los más ricos. Un pobre, cuando roba no
comete más que un hurto, apenas un pecadillo para sobrevivir y por
necesidad. Los ricos, son ellos los que roban al fisco, a las aduanas.
Son ellos los que explotan al pueblo.
Señor presidente:
Mi propuesta no tiende sólo a provocar o a hacer un espectáculo. Quiero
decir lo que cada uno de nosotros piensa y desea. ¿Quién, aquí, no
desea que la deuda sea simple y llanamente anulada? El que no lo desee
puede retirarse, tomar su avión y dirigirse directamente al Banco
Mundial a pagar. [Aplausos] No querría que se tomara la declaración de
Burkina Faso como si proviniera de parte de jóvenes inmaduros, sin
experiencia. Pero tampoco querría que se piense que sólo los
revolucionarios pueden hablar de este modo. Querría que se admita que
es simplemente objetividad y obligación.
Puedo citar los ejemplos de aquellos que han dicho que no se pague la
deuda, tanto revolucionarios como no revolucionarios, tanto jóvenes
como viejos. Citaré, por ejemplo a Fidel Castro. Ya dijo que no hay que
pagar. Aunque no tiene mi edad, es un revolucionario. También François
Mitterrand ha dicho que los países africanos no pueden pagar, que los
países pobres no pueden pagar. Citaré a la primera ministra de Noruega.
No sé su edad y no quisiera preguntársela. [Risas y aplausos] Así mismo
querría citar al presidente Félix Houphouët-Boygny. No tiene mi edad.
Sin embargo ha declarado oficial y públicamente que, al menos en lo que
concierne a su país, no se podrá pagar la deuda. Y eso que Costa de
Marfil esta clasificada como uno de los países más desahogados del
África francófona. Por eso, por otra parte, es normal que pague aquí
una contribución mayor. [Aplausos]
Señor presidente:
No se trata por lo tanto de una provocación. Yo querría que con
sensatez nos propusieran soluciones. Querría que nuestra conferencia
adoptara la necesidad de decir con claridad que no podemos pagar la
deuda. No con un espíritu belicoso, belicista. Esto es para evitar que
nos hagamos asesinar aisladamente. Si Burkina Faso, solo, se negara a pagar la deuda, ¡yo no estaré presente en la próxima conferencia! En cambio, con
el apoyo de todos, que mucho necesito, [Aplausos] con el apoyo de todos
podríamos evitar pagar. Y evitando el pago podríamos dedicar nuestros
magros recursos a nuestro desarrollo.
Querría terminar diciendo que podemos tranquilizar a los países, a los
que decimos que no vamos a pagar la deuda, advirtiéndoles que lo que
ahorremos no se irá en gastos de prestigio. No queremos más de eso. Lo
que se ahorre irá al desarrollo. En particular, evitaremos endeudarnos
para armarnos, porque un país africano que compre armas no puede
hacerlo más que contra otro país africano. ¿Qué país africano puede
armarse para protegerse de la bomba nuclear? Ningún país es capaz de
hacerlo. Desde los más equipados a los menos equipados. Cada vez que un
país africano compra un arma, es contra un africano. No contra un
europeo. No contra un país asiático. En consecuencia, en el impulso de
la resolución sobre la cuestión de la deuda debemos también encontrar
una solución al problema del armamento.
Yo soy militar y llevo un arma. Pero, señor presidente, querría que nos
desarmemos. Porque yo llevo el único arma que poseo. Otros han ocultado
las armas que tienen. [Risas y aplausos] Entonces, queridos hermanos,
con el apoyo de todos, podremos hacer la paz entre nosotros.
Igualmente podremos utilizar las inmensas potencialidades de África
para desarrollarla, porque nuestro suelo y nuestro subsuelo son ricos.
Tenemos lo suficiente y tenemos un mercado inmenso, muy vasto, de norte
a sur, de este a oeste. Tenemos la suficiente capacidad intelectual
para crear o al menos tomar la ciencia y la tecnología allí donde
podamos encontrarlas.
Señor presidente:
Actuemos de manera que pongamos a punto este Frente Unido de Addis
Abeba contra la deuda. De manera que sea a partir de Addis Abeba que
decidamos limitar la carrera armamentista entre países débiles y
pobres. Los garrotes y los machetes que compramos son inútiles.
Actuemos de modo que el mercado africano sea un mercado de los
africanos. Producir en África, transformar en África y consumir en
África. Produzcamos lo que necesitamos y consumamos lo que producimos
en lugar de importarlo.
Burkina Faso vino a exponer aquí la cotonada, producida en Burkina
Faso, tejida en Burkina Faso, cosida en Burkina Faso para vestir a los
burkinabés. Mi delegación y yo mismo somos vestidos por nuestros
tejedores, nuestros campesinos. No hay ni un solo hilo que provenga de
Europa o de América. [Aplausos] No organizo un desfile de moda sino
simplemente quiero decir que debemos aceptar vivir como africanos. Es
la única manera de vivir libre y de vivir con dignidad.
Gracias, señor presidente.
¡Patria o muerte, venceremos! [Largos aplausos]
Thomas Sankara fue asesinado el 15 de octubre de 1987.
Fuente: Tomás Sankara, «Oser inventer l’avenir», la parole de Sankara, presentado por David Gakunzi, Pathfinder/L’Harmattan, París, 1999.