Se
necesita una ley agraria que revitalice la institucionalidad
agropecuaria y permita un desarrollo rural sustentable social y
ecológicamente y respetuoso de la diversidad étnica y cultural.
 ¿Burbuja de Tierra en vez de Empresa Agrícola y Pecuaria? Héctor Mondragón Grupo de Agricultura y Comercio – Alianza Social Continental
En el proyecto de ley del Plan Nacional de Desarrollo
aparecieron sorpresivamente los artículos 45, 46 y 47 que modifican la
legislación de tierras en lo referente a la posibilidad de pasar por
alto las unidades agrícolas familiares (UAF) y de usar el leasing para
adquirir tierras. Para sustentar estos artículos se ha dicho que son
necesarios para fomentar la inversión en empresas agrícolas, principalmente en los Llanos Orientales. Sin embargo, su efecto, de ser aprobados, sería exactamente el contrario.
En Colombia como resultado del acelerado proceso de concentración de la propiedad de la tierra,
los precios de las fincas han subido en forma extraordinaria. La
Sociedad de Agricultores de Colombia SAC, que agrupa a los empresarios,
realizó un estudio comparativo de los costos en Colombia, Ecuador,
Costa Rica y Brasil y si bien encontró que los precios de los
fertilizantes y los fletes influyen en los altos costos en Colombia,
encontró además, que a pesar que en Colombia podría ser el país donde
es más barata la tierra, por sus condiciones de violencia, resultó todo
lo contario: la tierra es mucho más cara y hasta 4 y 5 veces más en
condiciones similares. [1]
La firma LMC International realizó un
estudio que demostró que en Colombia se paga uno de los precios más
altos del mundo por hectárea de caña cosechada, 82% más que China, 75%
más que en Brasil, 63% más que en Guatemala, 42% más alto que en
Tailandia; 28% más que en Australia y 6% más que en Sudáfrica. El
presidente de Procaña, José Vicente Irurtia informó que los precios de
la tierra y particularmente en el Valle del Cauca, son de los más
elevados del mundo. [2]
En correlación con el alto precio de la
tierra, no se siembran grandes extensiones de tierra útil para la
agricultura: “Existe una subutilización de tierras óptimas para la
agricultura, lo que se evidencia en que del total de la superficie con
vocación agrícola y silvoagrícola, 21’500.000 de hectáreas sólo se
utilizan 4’900.000 de hectáreas”. [3] Mientras se desperdician las
tierras en las grandes propiedades, han surgido algunas plantaciones
supuestamente exitosas porque se establecen en tierras usurpadas a los desplazados, imponiéndose el despojo como forma de “ahorrarse” el costo de tierra, robándola de hecho a los campesinos y comunidades negras.
Para
contrarrestar esta situación y estimular la inversión agrícola
productiva, se necesita frenar la especulación con los precios de la
tierra, garantizar el retorno de los desplazados a sus tierras
y proteger la producción nacional agropecuaria. Los cambios que
provocaría la aprobación de los tres artículos propuestos en el Plan de
Desarrollo, aumentarían la especulación con la tierra:
La unidad
agrícola familiar (UAF) es un límite, diferente para cada municipio,
que se aplica únicamente para la adjudicación de baldíos a colonos que
los han trabajado previamente y para la adquisición de tierras
con subsidios del Incoder.
En Colombia no existe límite para la
cantidad de tierra que una persona natural o una empresa puede tener en
propiedad, este límite solamente se aplica en los casos en que el
estado traspasa un baldío previo aprovechamiento económico, al colono
que lo trabaja o cuando se compra un predio con un subsidio del Estado.
Entonces
si se “flexibiliza” la UAF (artículos 45 y 46), se trata de permitir
que inversionistas compren las tierras que el Estado adjudicó o
subsidió a campesinos. El inversionista comprador vería cómo
rápidamente la finca que compró sube de precio “como por arte de magia”
y aunque su objetivo inicial sí fuera producir, se desviaría hacia un
negocio mejor, la valorización de la finca. Aunque en el mejor de los
casos se creara una empresa agrícola, el efecto macro de pasar al
mercado financiero la tierra, terminaría siendo un obstáculo cada vez
mayor para la inversión agropecuaria en el resto del país. Se
incrementaría lo que Keynes llama la “prima a la tenencia de la
tierra”, desalentando la inversiones productivas. [4]
Un efecto
similar, tendría la conversión de los eventuales contratos de inversión
en las zonas de desarrollo empresarial, en contratos de leasing
(artículo 47), que transferirían finalmente la propiedad de la finca a
la empresa que invierte en producción. Se terminaría sustituyendo el
necesario estímulo a la producción agropecuaria por un estímulo a la
acumulación de tierra en propiedad y al paso la especulación con la
tierra en el mercado financiero internacional.
La carestía de alimentos
en el mercado mundial ha hecho que los inversionistas se vuelquen a
buscar tierras para producirlos. La FAO estima que en el mundo hay
cerca 2.600’000.000 de ha aprovechables para la agricultura, que no
están siendo utilizadas para cultivos. De ellas, 900’000.000 están
ubicadas en siete países: Brasil, República Democrática del Congo,
Angola, Sudan, Argentina, Bolivia y… ¡Colombia! [5]
Colombia
puede aprovechar la coyuntura para impulsar su desarrollo agropecuario,
tanto con empresarios como también con los pequeños productores campesinos,
campesinas, indígenas y afros que durante años han sostenido la
producción nacional de alimentos en las condiciones más difíciles.
Pero, el Gobierno de Colombia puede volver a equivocarse como ya se
equivocaron los gobiernos anteriores cuando cayeron en el dumping de
las transnacionales y abrieron la importación de alimentos que ahora
están muy caros en el mercado internacional, como la cebada, el trigo y
el maíz y el 2008 en plena alza de los precios internacionales, atrapó
al país con un descenso de la producción agrícola especialmente la de
estos cultivos.
En vez de estimular una burbuja de los precios
de la tierra, que crearía un crecimiento financiero temporal, el Plan
de Desarrollo debería incluir políticas y planes de inversión
tendientes a desinflar las altas rentas de la tierra.
En vez de tratar de legalizar el despojo de tierras
con figuras como el “derecho a la superficie”, incluido en el proyecto
de ley de víctimas y que impide el reintegro de los desplazados a sus
propias tierras cuando abusivamente se han establecido en ellas
empresas, lo que se necesitan son políticas para que los grandes
terratenientes no encarezcan la tierra.
En vez de castigar a los
productores con la competencia de los cereales, jugos y partes aves que
provocaría la vigencia del TLC con Estados Unidos y con la de los
lácteos que provocaría la vigencia del TLC con la Unión Europea,
debería protegerse la producción nacional agropecuaria.
Se necesita no solamente una ley de tierras en esa dirección sino una ley agraria
que revitalice la institucionalidad agropecuaria y permita un
desarrollo rural sustentable social y ecológicamente y respetuoso de la
diversidad étnica y cultural.
Estamos frente una encrucijada.
¡Qué bueno sería que el Gobierno retirara los actuales artículos 45, 46
y 47 del proyecto de ley y que la ley de víctimas garantizara la plena
restitución de las tierras despojadas y se abriera ya el debate clave
de la ley agraria!
Entonces habría la oportunidad de beneficiar
al país, no solamente con más inversión empresarial productiva, sino
con desarrollo social y buen vivir, en vez de inflar una burbuja de
tierra.
Edición N° 00247 - Semana del 18 al 24 de Marzo de 2011
[1]
Portafolio (2011) “El mundo toma medidas por escasez de alimentos; se
estudia posibilidad de restricciones a las exportaciones”, 11 de enero
de 2011.
[2] El País (2007) “Amargo debate por precio de la caña”; El País, Cali, 23 de febrero de 2007.
[3]
DNP (2010) “Bases del Plan Nacional de Desarrollo 2010-2014:
Prosperidad para todos”. Bogotá: Departamento Nacional de Planeación,
p. 171.
[4] Keynes, John Maynard (1936) Teoría general de la
ocupación, el interés y el dinero. México: Fondo de Cultura Económica,
quinta edición, 1958, p. 232.
[5] DNP (2010) loc. cit.
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