hacia la Cumbre de los Pueblos en Río en junio
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=144642 Río+20 y la Cumbre de los Pueblos
Boaventura de Sousa Santos Carta Maior y Rebelión
Traducido por Antoni Jesús Aguiló
El tratamiento dado por los grandes medios de comunicación a dos acontecimientos recientes (el Foro Económico Mundial de Davos y el Foro Social Temático de Porto Alegre)
es revelador de los intereses que hoy en día controlan a la opinión
pública mundial. El primero recibió una gran cobertura informativa, a
pesar de no aportar nada nuevo: los consabidos análisis de la crisis
europea y la insistencia en rumiar sobre los síntomas, ocultando sus
verdaderas causas. El segundo se omitió por completo, a pesar de que allí se discutieron los problemas que están condicionando de forma más decisiva nuestro futuro:
el cambio climático,
el acceso al agua,
la calidad y cantidad de alimentos disponibles frente a la plaga del hambre y la desnutrición,
la justicia ambiental,
los bienes comunes de la humanidad
y la validez de los conocimientos populares, no eurocéntricos, en la búsqueda de la justicia ambiental.
La
selectividad mediática muestra claramente los riesgos que corremos
cuando la opinión pública se reduce a la opinión que se publica.
El Foro de Porto Alegre tuvo entre sus principales objetivos discutir sobre la cumbre Río+20,
la Conferencia de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre
Desarrollo Sostenible que se celebrará el próximo mes de junio en Río
de Janeiro (Brasil), veinte años después de la primera conferencia de
la ONU sobre el tema, celebrada en la misma ciudad,
una
conferencia pionera en alertar sobre los problemas ambientales que
enfrentamos y las nuevas dimensiones de injusticia social que conllevan.
Los
debates tuvieron dos vertientes principales. Por un lado, el análisis
crítico de los últimos veinte años y el modo en que se refleja en los
documentos preparatorios de la conferencia; por otro, la discusión de las propuestas que se presentarán en la Cumbre de los Pueblos,
la conferencia de organizaciones de la sociedad civil que se celebrará
de forma paralela a la conferencia intergubernamental de la ONU. Veamos
cada una de ellas.
Río+20: las críticas
Hace veinte años,
la ONU tuvo un papel importante en alertar sobre los peligros que la
vida humana y no humana corre si el mito del crecimiento económico
infinito sigue dominando las políticas económicas y si el consumismo
irresponsable no se controla: el planeta es finito, los ciclos vitales
de reposición de los recursos naturales están siendo destruidos y la
naturaleza “se vengará” en forma de cambios climáticos que pronto serán
irreversibles y afectarán especialmente a los más pobres, agregando así
nuevas dimensiones de injusticia social a las tantas otras que ya
existen.
Los Estados parecieron tomar nota de estas advertencias y se hicieron muchas promesas en forma de convenios y protocolos.
Las multinacionales, principales agentes de la degradación ambiental, parecieron haber quedado bajo vigilancia.
Lamentablemente, este momento de reflexión y esperanza se desvaneció pronto.
Estados
Unidos, que entonces era el principal país contaminante y hoy es el
principal contaminante per capita del mundo, rechazó asumir cualquier
tipo de compromiso vinculante para reducir las emisiones que producen
el calentamiento global. En lugar de disminuir, éstas aumentaron de
ritmo.
Los países menos desarrollados reclamaron su derecho a
contaminar, en tanto que los más desarrollados no se hicieran cargo de
la deuda ecológica histórica contraída por contaminar tanto desde hace tanto tiempo.
Las
multinacionales invirtieron con éxito en la formulación de las leyes y
tratados internacionales con el propósito de continuar con sus
actividades contaminantes sin grandes restricciones.
El
resultado se refleja en los documentos preparados por la ONU para la
Conferencia de Río+20. En ellos se recogen información importante sobre
innovaciones en cuidado del medio ambiente, pero las propuestas que
hacen (resumidas en el concepto de “economía verde”)
son escandalosamente ineficaces y hasta contraproducentes: convencer a
los mercados (siempre libres, sin restricciones) de las oportunidades
de beneficio económico que supone invertir en el medio ambiente,
calculando los costes ambientales (externalidades) y atribuyendo valor de mercado a la naturaleza.
En
el mundo de fantasía en el que se mueven estos documentos, los "fallos
de mercado" se deben únicamente a la falta de información y, una vez
superada, no faltarán las inversiones e innovaciones “verdes”. Es
decir, no hay otro tipo de relación entre los seres humanos y la
naturaleza que no pase por el mercado y la búsqueda del beneficio
individual. Una orgía neoliberal que parece extenderse desde el Norte a
los países emergentes.
La Cumbre de los Pueblos: las propuestas
Paralelamente
a la Conferencia de la ONU, la sociedad civil organiza en Río de
Janeiro la Cumbre los Pueblos, en la que podemos depositar cierta
esperanza.
Los debates preliminares en Porto Alegre dibujan las
líneas alternativas de acción que se presentarán y sobre las que habrá
que presionar para tratar que entren en las agendas políticas
nacionales e internacionales.
En primer lugar, la centralidad y
la defensa de los bienes comunes de la humanidad, implícita en el
concepto de “economía verde”, en respuesta a la mercantilización, la
privatización y la financiarización de la vida.
Los bienes
comunes de la humanidad son bienes producidos por la naturaleza o por
grupos humanos, de ámbito local, nacional o global, que deberían ser
propiedad colectiva, diferente de la privada y la pública (estatal), si
bien, en este último caso, compete al Estado cooperar en su protección.
La
primera mujer en ganar el Nobel de Economía, Elinor Ostrom, ha dedicado
todo su trabajo al análisis de la diversidad de los medios de gestión
de los bienes comunes, salvaguardando siempre el principio de que el
derecho a los bienes comunes es igual para todos.
Los bienes
comunes son el contrapunto del desarrollo capitalista, no sólo su
apéndice, como ocurre con el concepto de “sostenibilidad”. Más allá del
uso individual de los bienes comunes, teorizado por Ostrom, hay que
tener en cuenta los usos colectivos de comunidades indígenas y
campesinas.
Entre los bienes comunes se encuentran: el aire y la
atmósfera, el agua, los acuíferos, los ríos, los océanos, los lagos,
las tierras comunales o ancestrales, las semillas, la biodiversidad,
los parques y plazas, la lengua, el paisaje, la memoria, el
conocimiento, el calendario, Internet, el HTML [1], los productos
distribuidos con licencia libre, Wikipedia, la información genética,
las zonas digitales libres, etc.
Los bienes comunes presuponen
derechos comunes y derechos individuales de uso temporal. Algunos de
estos bienes pueden exigir o tolerar determinadas restricciones al
igual uso común, pero deben tener un carácter excepcional y temporal.
El
agua comienza a ser vista como el bien común por excelencia, y las
luchas contra su privatización en varios países son las que han tenido
más éxito, sobre todo cuando se combinan luchas campesinas y urbanas.
En segundo lugar, el cambio gradual de una civilización antropocéntrica a una biocéntrica, lo que implica reconocer los derechos de la naturaleza;
redefinir el significado de la calidad de vida y la prosperidad de manera que no dependan del crecimiento infinito;
promover
energías verdaderamente renovables (sin incluir los agrocombustibles)
que no impliquen la expulsión de campesinos e indígenas de sus
territorios;
diseñar políticas de transición para los países
cuyos presupuestos dependen excesivamente de la extracción de materias
primas, ya sean minerales, petróleo o productos agrícolas en régimen de
monocultivo con precios controlados por las grandes empresas
monopolistas del Norte.
En tercer lugar, defender la soberanía
alimentaria, el principio de que, en la medida de lo posible, cada
comunidad debe tener el control sobre los bienes alimentarios que
produce y consume, aproximando a consumidores y productores,
defendiendo la agricultura campesina, promoviendo la agricultura
urbana, la de tiempo libre, y prohibiendo la especulación financiera
con los productos alimentarios.
Junto con la idea de los bienes comunes, la soberanía alimentaria
exige la prohibición de la compra masiva de tierras (en particular en
África) por parte de países extranjeros (China, Japón, Arabia Saudita,
Kuwait) o multinacionales (el proyecto de la surcoreana Daewoo de
comprar 1,3 millones de hectáreas en Madagascar) en busca de reservas
alimentarias.
En cuarto lugar, un amplio programa de consumo responsable
que incluya una nueva ética del cuidado y una nueva educación para el
cuidado y el compartir: la responsabilidad ante quienes no tienen
acceso a un consumo mínimo que garantice la supervivencia; la lucha
contra la obsolescencia programada de los productos; la preferencia por
productos producidos por economías sociales y solidarias basadas en el
trabajo y no en el capital, en el florecimiento personal y colectivo y
no en la acumulación infinita; la preferencia por el consumo colectivo
y compartido siempre que sea posible; un mayor conocimiento sobre los
procesos de producción de los productos que consumimos para poder
rechazar consumir productos hechos a costa del trabajo esclavo , la
expulsión de campesinos e indígenas, la contaminación del agua, la
destrucción de lugares sagrados, la guerra civil o la ocupación de tipo
colonial.
En quinto lugar, incluir en todas las luchas y en
todas las propuestas alternativas las exigencias transversales de
profundización de la democracia y lucha contra la guerra, así como
contra la discriminación sexual, racial, étnica y religiosa.
Notas
*
El presente artículo es una versión ampliada del publicado
originalmente en portugués en Carta Maior, traducida y publicada en
Rebelión a petición expresa del autor. (N. T.)
[1] Siglas
del inglés Hypertext Markup Language (Lenguaje de Marcación de
Hipertextos). Lenguaje de programación mediante el que se crean páginas
web.
Boaventura de Sousa Santos es sociólogo y profesor
catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de Coímbra
(Portugal).
Artículo original del 8 de febrero de 2012. Fuente: http://www.cartamaior.com.br/templates/colunaMostrar.cfm?coluna_id=5450
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.
| 









|
|