el Hambre tiene cura
http://www.cadtm.org/El-hambre-es-obra-del-hombre-y
El hambre es obra del hombre y puede ser eliminada por la humanidad
Jean Ziegler, Eric Toussaint
Jean Ziegler , ex relator especial de NNUU sobre el derecho a la alimentación, entrevistado por Éric Toussaint.
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1.- ¿Qué relación establece usted entre el endeudamiento de los países
más industrializados y el hambre que atenaza una parte importante de la
población africana?
Antes de responder a su pregunta, quisiera hablar sobre la extensión del desastre. La masacre anual de decenas de millones de seres humanos producida por el hambre es el escándalo de nuestro siglo.
Cada cinco segundos muere de hambre un niño de menos de 10 años, 37.000 personas mueren de hambre cada día y 1.000 millones, sobre los 7.000 que somos, quedan mutilados por la subalimentación permanente…y eso en un planeta que desborda de riquezas.
El
informe sobre la inseguridad alimentaria en el mundo producido por la
FAO, que da las cifras de las víctimas, dice que la agricultura mundial
en la etapa actual podría alimentar normalmente (2.200 calorías por
individuo adulto por día) a 12.000 millones de personas, o sea, casi el
doble de la actual población mundial.
En el umbral de este nuevo milenario, por lo tanto no existe ninguna fatalidad, ninguna penuria objetiva. Un niño que muere de hambre cae asesinado.
Durante ocho años, fui relator especial de las Naciones Unidas para el derecho a la alimentación. Este libro, Destruction massive. Géopolitique de la faim, es el relato de mis combates, de mis fracasos, de mis ocasionales y frágiles victorias, y también de mis traiciones.
El
problema de los que sufren hambre no es la disponibilidad general de
alimentos en el planeta, sino su propio acceso a los alimentos, y
esencialmente su falta de poder adquisitivo para comprarlos. El hambre
estructural es la que mata cotidianamente debido a las fuerzas de
producción insuficientemente desarrolladas en los campos del hemisferio
sur. El hambre coyuntural, por el contrario, golpea cuando una economía
se desploma bruscamente, a causa de una catástrofe climática o una
guerra.
Vuelvo sobre su pregunta. La relación entre la deuda y
la destrucción por el hambre es particularmente evidente en el combate
contra el hambre coyuntural.
Entre 2008 y 2010, el Programa Alimentario Mundial perdió prácticamente la mitad de su presupuesto:
era de 6.000 millones de dólares en 2008, y ahora es de 3.200 millones.
Los Estados industriales se endeudaron masivamente para refinanciar sus
bancos… y han borrado o reducido fuertemente sus contribuciones al PAM.
Pero el PAM es el encargado de la ayuda alimentaria urgente en caso de
catástrofe climática o de guerra.
En consecuencia: el Programa
Alimentario Mundial no puede comprar suficientes alimentos para la
ayuda urgente en caso de hambruna, como pasa ahora en el Cuerno de
África, donde los funcionarios de la ONU rechazan la entrada cada día
de centenares de familias, refugiadas del hambre, en sus 17 campos de
acogida instalados en la región. La deuda es responsable de la destrucción de millares de seres humanos.
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2.- ¿ Bajo la misma perspectiva, ¿qué relación establecería usted entre
la crisis bancaria y económica que estalló en los años 2007-2008 en los
países más industrializados y la crisis alimentaria mundial, casi
simultánea?
La crisis financiera de 2007-2008 provocada por la delincuencia bancaria
tuvo en especial dos consecuencias. La primera: los fondos
especulativos (hedge funds) y los grandes bancos se trasladaron después
de 2008, abandonando los mercados financieros para orientarse hacia
mercados de bienes primarios, principalmente agrícolas. Si observamos
los precios de los tres alimentos básicos (maíz, arroz y trigo), que
cubren el 75 % del consumo mundial de alimentos, vemos que éstos
aumentaron de forma explosiva. En 18 meses, el precio del maíz aumentó
un 98 %, la tonelada de arroz pasó de 105 dólares a 1.010 dólares y la
tonelada de trigo para harina dobló su precio desde septiembre de 2010,
pasando a 271 euros. Esta explosión de precios
produce beneficios astronómicos para los especuladores, pero mata en
los barrios miserables a centenares de miles de mujeres, hombres y
niños.
La segunda consecuencia es la carrera de los hedge funds y otros especuladores por las tierras cultivables del hemisferio sur.
Según el Banco Mundial, el año pasado, 41 millones de hectáreas de tierras cultivables fueron acaparadas
por fondos de inversiones y multinacionales únicamente en África, con
el resultado de la expulsión de los pequeños campesinos. Lo que se debe
denunciar es el papel del Banco Mundial, y también del Banco Africano de Desarrollo, que financian estos robos de tierras.
Para justificarse, estas organizaciones enuncian la teoría perniciosa
de decir que la productividad agrícola en África es muy baja. Cosa
cierta. Pero se debe aclarar de que no es porque los campesinos
africanos sean menos competentes o menos trabajadores que los
campesinos franceses. Es porque esos países están estrangulados por su
deuda externa. No tienen dinero para constituir reservas para casos de
catástrofes ni para invertir en la agricultura de subsistencia. Es
falso decir que la solución vendrá por la cesión de tierras a las
multinacionales.
Lo que hay que hacer, es que esos países sean
capaces de invertir en agricultura y de dar a los campesinos los
instrumentos mínimos para aumentar su productividad: herramientas,
riego, buenas semillas, abonos.
Un ejemplo: el 3,8 % de las
tierras africanas son regadas. En todo el continente sólo existen
250.000 animales para el trabajo agrícola y algunos miles de tractores.
Los abonos minerales, las semillas seleccionadas están, en gran medida,
ausentes.
- 3.- ¿Cuál es la tesis central de vuestro libro Destruction massive. La géopolitique de la faim?
El hambre es obra del hombre y puede ser eliminado por los hombres. Los principales enemigos del derecho a la alimentación son la decena de sociedades transcontinentales privadas que dominan casi con exclusividad el mercado alimentario.
Fijan los precios, controlan los stocks y deciden quién vivirá y quién morirá, porque solamente los que tienen dinero tendrán acceso a los alimentos. El año pasado, por ejemplo, Cargill
controló más del 26 % de todo el trigo comercializado en el mundo. Pero
estos monopolios disponen además de organizaciones mercenarias: la Organización Mundial del Comercio, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial.
Estos son los tres caballeros del Apocalipsis. Si bien reconocen que el
hambre es terrible, estiman que cualquier intervención en el mercado es
un pecado. Para ellos, reclamar una reforma agraria, un salario mínimo
o la subvención de alimentos básicos, por ejemplo, para salvar las
vidas de los más pobres es una herejía. Según estos grandes trusts que,
en forma conjunta, controlan cerca del 85 % del mercado alimentario, el
hambre solamente será vencida en el momento en que se produzca la
liberalización total del mercado y la privatización de todos los
sectores públicos.
Esta teoría neoliberal es mortífera y
oscurantista. La Unión Soviética implosionó en 1991 (fue una buena
cosa). Hasta ese momento, uno de cada tres hombres vivía bajo un
régimen comunista y el modo de producción capitalista estaba limitado
regionalmente. Sin embargo, en 20 años, el capitalismo financiero se
extendió como la peste a través del mundo. Y engendró una instancia
única de regulación: el mercado mundial, la dichosa mano invisible. Los
Estados perdieron su soberanía y la pirámide de los mártires ha
crecido. Si los neoliberales tuvieran razón, la liberalización y la
privatización habrían debido reabsorber el hambre. Ahora bien, se
produjo justamente lo contrario. La pirámide de mártires no deja de crecer. La muerte colectiva por hambre se vuelve cada día más terrorífica.
Pero a pesar de su título —Destruction massive— mi libro es un libro de esperanza.
No
hay impotencia en democracia. Existen medidas concretas que nosotros,
ciudadanas y ciudadanos de los Estados democráticos de Europa,
podríamos imponer de inmediato: prohibir la especulación en la bolsa de los productos alimentarios, hacer que se detenga el robo de tierras cultivables por las sociedades multinacionales, impedir el dumping agrícola, conseguir la anulación de la deuda externa
de los países más pobres para que puedan invertir en la agricultura
para la alimentación local, terminar con los agrocarburantes… Se puede
obtener todo eso si nuestros pueblos se movilizan. Escribí Destruction
massive. Géopolitique de la faim para fortificar la conciencia de los
ciudadanos. Y lo repito, mientras discutimos, cada cinco segundos muere
de hambre un niño de menos de diez años. Las fosas están allí. Y los
responsables son identificables.
Además,
tuvieron lugar enormes insurrecciones de campesinos —totalmente
ignoradas por la prensa de Occidente—en numerosos países del Sur: en
Filipinas, en Indonesia, en Honduras, en el norte de Brasil. Los
campesinos invaden las tierras robadas por las sociedades
multinacionales, luchan, mueren, pero a veces son también victoriosos.
George Bernanos escribió: «Dios no tiene otras manos que las nuestras».
El orden caníbal del mundo puede ser destruido y la felicidad material asegurada para todos. Tengo confianza: en Europa, la insurrección de las conciencias está próxima.
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4.- Desde hace años, en particular, como vicepresidente del Comité
Consultivo del Consejo de los Derechos Humanos de la ONU, usted actúa
con el fin de que sea adoptado un pacto internacional u otro
instrumento legal internacional que garantice los derechos de los
campesinos a escala planetaria. ¿Hasta dónde se ha llegado, actualmente?
El
proyecto de una convención internacional que proteja los derechos de
los campesinos (derecho a la tierra, derecho a las semillas, derecho al
agua, etc.) será sometido en junio a la Comisión de los Derechos
Humanos. La convención materializaría el principio de la obligación
extraterritorial de los Estados. En concreto: el Estado francés podría
ser considerado responsable de las violaciones de los derechos de los
campesinos cameruneses o de Benín por las sociedades Vincent Bolloré o
Vilgrain. La batalla es incierta.
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5.- ¿Qué utilidad pueden tener los análisis y las acciones del CADTM en
el combate por el derecho a la alimentación y, más allá, para un cambio
radical en materia de derechos humanos?
El oscurantismo
neoliberal envenena la mayor parte de los gobiernos y una gran parte de
la opinión pública. Los análisis y los combates del CADTM son
esenciales. Jean-Paul Sartre escribió: «Conocer al enemigo, combatir al
enemigo». Esta doble exigencia está magníficamente asumida por el CADTM.
Traducido por Griselda Pinero
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