Zedillo que te pillo
Los caracoles de la historia. ¿se acuerdan de Acteal? era el final del año 1997.. los Zapatistas habian insurgido contra el mal-gobierno el primero de enero de 1994. La matanza de 45 indigenas tzotziles pro-zapatistas propició una manifestación por las calles de Xixón. Desde entonces , 14 años buscando justicia. Detenidos, liberados, triquiñuelas, Impunidad. Hace
un año moría el Obispo Tatic de los indíxenas de Chiapas, d. Samuel
Ruíz, premiado en Siero. D. Samuel habia sido figura clave de las
negociaciones y firma de Acuerdos de San Andrés, entre el gobierno de
Zedillo y el EZLN. Unos acuerdos que el presidente mexicano, y sus
sucesores, desconocieron e incumplieron de inmediato, eternizando y
ninguneando las demandas de las comunidades indígenas de Chiapas. El
sobreviviente Antonio Gutierrez Pérez, de la comunidad de las Abejas,
la afectada por la matanza de Acteal y la Injusticia permanente,
visitaba también en marzo de 2010 el ayto de Siero, y daba charlas en
Oviedo, Gijón, Mieres, Langreo y Siero, era recibido en el
Parlamento asturiano, la Axencia Asturiana de Cooperación al
Desarrollu, la Procuraduría General de Asturias y la Universidad de
Oviedo, y participaba en una Eucaristía en la iglesia de las Esclavas
(Oviedo), recordando y encomendando especialmente a los masacrados en
la llamada Matanza de Acteal. Las vueltas y caracoles de
la historia han llevado de nuevo al ex-presidente de los Estados Unidos
Mexicanos al banquillo. Aun cuando salga, seguramente, de nuevo impune,
el dedo de esos caracoles le seguirá acusando por sus crimenes. Zedillo que te pillo.. http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2012/01/07/(...) Zediilo pide inmunidad en USA, donde vive.. http://www.jornada.unam.mx/2012/01/07(...) en la Revista Rebeldía, escribe el subcomandante Marcos (jefe militar del EZLN) estos días, sobre el comandante Moisés: III.- El Poder y la Práctica de la Resistencia
Municipio
Autónomo Rebelde Zapatista San Andrés Sacamchen de Los Pobres, Altos de
Chiapas. La mañana del 26 de septiembre del 2011, el comandante Moisés
se dirigió a trabajar a su cafetal. Como todos los dirigentes del EZLN,
no recibía salario o prebenda alguna. Como todos los dirigentes del
EZLN, tenía que trabajar para mantener a su familia. Lo acompañaban sus
hijos.
24El vehículo en el que viajaban se despeñó. Todos
quedaron golpeados, pero las heridas que sufrió Moisés fueron mortales.
Cuando llegó a la clínica de Oventik ya era finado.
Ya en la
tarde, como es costumbre en San Cristóbal de Las Casas cultivar
rumores, la muerte de Moisés atrajo periodistas carroñeros que pensaron
que el muerto era el Teniente Coronel Insurgente Moisés. Cuando
supieron que no era él, sino otro Moisés (el Comandante Moisés),
perdieron todo interés. A ninguno de ellos podía importarles alguien
que no había aparecido en público como dirigente, alguien que siempre
había estado en la sombras, alguien que aparentemente era sólo un
indígena zapatista más…
En el calendario debe haber sido en
1985-1986. Moisés supo del EZLN y decidió sumarse al esfuerzo
organizativo cuando en los altos de Chiapas los zapatistas se contaban
con los dedos de las manos... y sobraban dedos.
Junto a otros
compañeros (Ramona entre ellos), comenzó a caminar por las montañas del
sureste mexicano, pero entonces con una idea de organización. De entre
la niebla salía su pequeña figura a los parajes tzotziles en la zona
Altos. Y su palabra reposada iba desglosando el dilatado historial de
agravios en contra de quienes son el color que son de la tierra.
“Hay que luchar”, concluía.
La
madrugada del primero de enero de 1994, como un combatiente más, bajó
de las montañas a la altanera ciudad de San Cristóbal de Las Casas.
Participó en la columna que tomó la presidencia municipal, rindiendo a
la fuerza gubernamental que la custodiaba. Junto a los otros
integrantes tzotziles del CCRI-CG, se asomó al balcón del edificio que
daba a la plaza principal.
Atrás, en las sombras, escuchó la
lectura que uno de sus compañeros hacía de la llamada “Declaración de
La Selva Lacandona” a una multitud de mestizos incrédulos o escépticos,
y de indígenas esperanzados. Junto a su tropa se replegó a las montañas
cuando corrían las primeras horas del 2 de enero de 1994.
Después
de resistir los bombardeos e incursiones de las fuerzas
gubernamentales, volvió a bajar a San Cristóbal de Las Casas como parte
de la delegación zapatista que participó en los llamados Diálogos de Catedral con representantes del supremo gobierno.
Regresó y siguió caminando los parajes para explicar y, sobre todo, para escuchar.
25“El gobierno no tiene palabra”, concluía.
Junto a miles de indígenas, levantó el Aguascalientes II, en Oventik, cuando el EZLN aún sufría la persecución zedillista.
Fue
uno más de los miles de indígenas zapatistas que, con sus manos
desnudas, se enfrentaron a la columna de tanques federales que querían
posicionarse en Oventik en los días aciagos de 1995.
En 1996, en los diálogos de San Andrés velaba, como uno más, por la seguridad de la delegación zapatista, cercada como estaba por cientos de militares.
De
pie, en las heladas madrugadas de Los Altos de Chiapas, resistía la
lluvia que hacía huir a los soldados a buscar techo y refugio. No se
movía.
“El Poder es traidor”, decía como disculpándose.
En 1997, junto a sus compañeros, organizó la columna tzotzil zapatista que participó en la llamada “Marcha de los 1,111”, y recabó
información vital para esclarecer la matanza de Acteal, el 22 de
diciembre de ese año, perpetrada por paramilitares bajo la dirección
del general del ejército federal, Mario Renán Castillo, y con Ernesto
Zedillo Ponce de León, Emilio Chuayfett y Julio César Ruiz Ferro como
autores intelectuales.
En 1998 organizó y coordinó el
apoyo y la defensa que, desde Los Altos de Chiapas, se dio a l@s
compañer@s desalojad@s por los ataques contra los municipios autónomos
por parte del “Croquetas” Albores Guillén y de Francisco Labastida
Ochoa.
En 1999 participó en la organización y coordinación de la
delegación indígena tzotzil zapatista que participó en la consulta
nacional, cuando 5 mil zapatistas (2500 mujeres y 2500 hombres)
cubrieron todos los estados de la República Mexicana.
En el
2001, después de la traición de toda la clase política mexicana a los
llamados “Acuerdos de San Andrés” (entonces se aliaron PRI, PAN y PRD
para cerrar la puerta al reconocimiento constitucional de los derechos y la cultura de los pueblos originarios de México),
continuó andando por los parajes tzotziles de Los Altos de Chiapas,
hablando y escuchando. Pero entonces, al terminar de escuchar, decía:
“Hay que resistir”.
Moisés había nacido el 2 de abril de 1956, en Oventik.
26Sin
proponérselo siquiera y, sobre todo, sin tener ninguna ganancia, se vio
convertido en uno de los jefes indígenas más respetados en el EZLN.
Apenas
unos días antes de su muerte, lo vi en una reunión del Comité
Clandestino Revolucionario Indígena- Comandancia General del EZLN,
donde se analizó la situación local, nacional e internacional, y se
discutieron y decidieron los pasos a seguir.
Explicamos que una
nueva generación de zapatistas estaba llegando a los cargos de
dirección. Jóvenes y jóvenas que nacieron después del alzamiento,
que se formaron en la resistencia, y que se educaron en las escuelas
autónomas, son ahora elegidos como autoridades autónomas y llegan a ser
miembros de las Juntas de Buen Gobierno.
Se
discutió y acordó el cómo apoyarlos en sus tareas, acompañarlos. Cómo
construir el puente de la historia entre los veteranos zapatistas y
ellos. Cómo nuestros muertos nos heredan compromisos, memoria, el deber
de seguir, de no desmayar, de no venderse, de no claudicar, de no
rendirse.
No había nostalgia en ninguno de mis jefes y jefas.
Ni
nostalgia de los días y las noches en los que, en silencio, forjaron la
fuerza de lo que mundialmente sería conocido como “Ejército Zapatista
de Liberación Nacional”.
Ni nostalgia por las jornadas en que nuestra palabra era escuchada en muchos rincones del planeta.
No había risas, es cierto. Había rostros serios, preocupados en encontrar juntos el camino común.
Había, eso sí, lo que Don Tomás Segovia llamó alguna vez “nostalgia del futuro”.
“Hay
que contar la historia”, dijo el Comandante Moisés, a modo de
conclusión, al final de la reunión. Y se fue el Comandante a su champa
en Oventik.
Esa mañana del 26 de septiembre del 2011, salió de su casa diciendo “vengo luego”, y se fue a su trabajadero para conseguir de la tierra el sustento y el mañana.
-*-
Al
escribir de él me duelen las manos, Don Luis. No sólo porque estuvimos
juntos en el inicio del alzamiento y luego en días luminosos y frías
madrugadas. También y sobre todo, porque al hacer este rápido trazo de
su historia, me doy cuenta de que estoy hablando de la historia de
cualquiera de mis jefas y jefes, de ese colectivo de sombras que nos
marca el rumbo, el camino, el paso.
De quienes nos dan identidad y herencia.
Tal vez a los rumorólogos
coletos y demás fauna, no les interese la muerte del Comandante Moisés
porque sólo era una sombra más entre los miles de zapatistas.
Pero
a nosotros nos deja una deuda muy grande, tan grande como el sentido de
las palabras con las que, sonriendo, se despidió de mí en aquella
reunión:
“La lucha no acaba”, dijo mientras recogía su morraleta. | 










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