AL:
Autonomías Indígenas en América
(Por Francisco
López Bárcenas)
Ircamericas.org
– 7 de febrero.- De la demanda de reconocimiento a su construcción.
"La lucha por esta América Latina liberada, frente
a las voces obedientes de quienes usurpan su representación
oficial, surge ahora con potencia invencible, la voz genuina de
los pueblos, voz que se abre paso desde las entrañas de
sus minas de carbón y estaño, desde sus fábricas
y centrales azucareras, desde sus tierras enfeudadas, donde rotos,
cholos, gauchos, jíbaros, herederos de Zapata y de Sandino,
empuñan las armas de la libertad."
- Ernesto Che Guevara, En respaldo a La declaración de
la Habana, 1960
En
América Latina se viven tiempos de autonomías. De
autonomías indígenas. El reclamo se posicionó
como demanda central de los movimientos indígenas nacionales
en la década de los noventas del siglo XX y se consolidó
a principios del siglo XXI.
No es que antes no existiera, al contrario, desde la época
de la conquista -española en unos casos, portuguesa en
otros- hasta la consolidación de los estados nacionales,
desde las rebeliones de Tupac Amaru, Tupac Katari y Bartolina
Sisa, en tierras andinas, hasta las de Jacinto Canek en tierras
mayas contra el poder colonial.
Pasando por las de el Willka Pablo Zárate en Bolivia, o
las de Tetabiate y Juan Banderas entre los yaquis de México,
durante la época republicana, o las de Emiliano Zapata
en México y Manuel Quintín Lame en Colombia, durante
el siglo XX, hasta la rebelión zapatista también
en tierras mayas, a finales del siglo XX y principios del siglo
XXI, las luchas de resistencia y emancipación de los pueblos
indígenas han estado permeadas por las reivindicaciones
autonómicas.
Estas luchas han incluido los mismos proyectos utópicos
que pasan por ser pueblos con derechos plenos, territorios, recursos
naturales, formas propias de organización y de representación
política ante instancias estatales, ejercicio de la justicia
interna a partir de su propio derecho, conservación y desarrollo
de sus culturas y elaboración y ejecución y puesta
en práctica de sus propios planes de desarrollo, dentro
de sus demandas mas significativas.
El asunto no es para menos. Así lo ha entendido la misma
Agencia Central de Inteligencia Americana (CIA), quien desde principios
del siglo XX advertía que los movimientos indígenas
serían uno de los principales desafíos a los gobiernos
nacionales en los próximos 15 años, los cuales,
desde su punto de vista, se incrementarían "facilitados
por redes transnacionales de activistas de derechos indígenas,
apoyados por grupos internacionales de derechos humanos y ecologistas
bien financiados", "Las tensiones -añadía
el informe- se intensificarán en un área desde México
a través de la región del Amazonas".1
Más recientemente, el representante de los Estados Unidos
para América Latina en Asuntos Hemisféricos, John
Dimitri Negroponte, refiriéndose al triunfo del aymara
Evo Morales Ayma en las elecciones presidenciales de la república
de Bolivia, afirmó que los movimientos subversivos están
haciendo mal uso de los beneficios de la democracia y eso pone
en peligro la estabilidad de los Estados nacionales en toda América
Latina.
Los movimientos de los pueblos indígenas y su lucha por
la autonomía son una preocupación para los grupos
económicos y políticos dominantes, porque forman
parte de otros movimientos sociales de América Latina que
resisten a las políticas neoliberales y sus efectos sobre
la humanidad, pero también son parte integrante de los
amplios sectores sociales que impulsan propuestas alternativas
que nos ayuden a remontar la crisis en que se encuentra el mundo.
Sólo que a diferencia de los demás, los que protagonizan
los pueblos indígenas y sus organizaciones son más
radicales y profundos en sus planteamientos, tanto por los métodos
de lucha que han utilizado para hacerse presentes -la mayoría
de las veces de manera pacífica pero cuando esto no es
posible de manera violenta- pero también porque sus demandas
para ser posibles requieren de una transformación profunda
de los Estados nacionales y sus instituciones, que prácticamente
nos llevaría a la refundación de los Estados nacionales
en Latinoamérica.
El reclamo del los pueblos indígenas del reconocimiento
de su autonomía tiene otro componente que pone a pensar
a las clases hegemónicas que detentan el poder en cada
uno de los estados de América Latina donde suceden.
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