Impacto Empresarial sobre Pueblos Indígenas
El
Observatorio de Multinacionales en América Latina y la Asociación Paz
con Dignidad han dado a la luz en diciembre de 2008 un estudio de la
mayor utilidad: Atlas de la Energía
de América Latina y Caribe. Las inversiones de las multinacionales
españolas y sus impactos económicos, sociales y ambientales. He
aquí un informado panorama de la presencia de las empresas españolas en
el sector energético de Latinoamérica y un incisivo análisis de sus
impactos en los ámbitos económicos, sociales y ambientales o impactos,
más concisamente, naturales y, en definitiva todos ellos, humanos, no
dejándose de prestar atención a los efectos diferenciados sobre
indígenas. Pues estimo que, aun con todo el esfuerzo desplegado y todo
el resultado conseguido, hay problemas de procesamiento y evaluación de
datos, quiero considerar la forma cómo se presta atención a indígenas.
Impacto Empresarial sobre Pueblos Indígenas
Bartolomé Clavero Miembro del Foro Permanente de Naciones Unidas para las Cuestiones Indígenas
El Observatorio de Multinacionales en América Latina (http://www.omal.info) y Paz con Dignidad-Asociación de Solidaridad, Derechos Humanos y Cooperación para el Desarrollo (http://www.pazcondignidad.org) han dado a la luz en diciembre de 2008 un estudio de la mayor utilidad: Atlas
de la Energía de América Latina y Caribe. Las inversiones de las
multinacionales españolas y sus impactos económicos, sociales y
ambientales (http://www.omal.info/www/article.php3?id_article=1843). El Atlas se presentó en el Foro Social Mundial de Belém, Pará, Brasil, a finales de enero.
Su
valor es indudable. He aquí un informado panorama de la presencia de
las empresas españolas en el sector energético de Latinoamérica y un
incisivo análisis de sus impactos en los ámbitos económicos, sociales y
ambientales o impactos, más concisamente, naturales y, en definitiva
todos ellos, humanos, no dejándose de prestar atención a los efectos
diferenciados sobre indígenas. Pues estimo que, aun con todo el
esfuerzo desplegado y todo el resultado conseguido, hay problemas de
procesamiento y evaluación de datos, quiero considerar la forma cómo se
presta atención a indígenas.
A lo largo de la puesta en
evidencia de una actuación empresarial de carácter todavía o de nuevo
colonial aparecen casos de actividades corporativas, no siempre
necesariamente españolas, que afectan esencial y gravemente a
comunidades y pueblos indígenas. Así van compareciendo en una primera
parte del Atlas que se dedica
al trazado del panorama: comunidades Wayuu, Barí y Yukpas en Venezuela
o la comunidad Wayuu del Cerrejón en Colombia versus empresas mineras;
diversas comunidades frente a construcciones de presas como la Chixoy
en Guatemala, la de Urrá en Colombia, la de Itaipú en Brasil y la de
Ralco en Chile; acoso y deterioro de los territorios del pueblo
Huaorani en el Ecuador, de los pueblos Ashaninka, Shuar Machiguenga,
Ynes y Shipibo en el Perú, del pueblo Guaraní en Bolivia, de las
comunidades Kaxipayiñ y Paynemil del pueblo Mapuche en Argentina, de
los pueblos U’wa y Guahibo en Colombia, etc.
Una segunda parte del Atlas
presenta responsabilidades más específicas frente a comunidades y
pueblos indígenas por parte de empresas españolas: las de Repsol YPF
por Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia; las de Iberdrola por
Bolivia, Guatemala y México; las de Endesa por Chile, Colombia, Panamá
y Guatemala; las de Unión Fenosa por Colombia y Panamá; las de
Pluspetrol, prácticamente hoy filial de Repsol YPF y líder del
Consorcio Camisea, por Perú y Argentina… Los pueblos y comunidades
indígenas afectados se intentan identificar por el Atlas
particularmente cuando los impactos consumados o inminentes son o se
auguran como especialmente graves, cual sea el caso por ejemplo de los
que gravitan sobre los pueblos Ngöbe y Kuna en Panamá por obras en
curso de Endesa para el proyecto SIEPAC (Sistema de Interconexión
Eléctrica para América Central). La totalidad de comunidades y pueblos
indígenas seriamente perjudicados ahora por el colonialismo económico
español no se identifican ni yo sabría hacerlo.
¿Cabría hacerse? Debería hacerse el intento en un Atlas
de este tipo. La falta de celo al respecto constituye, a mi juicio, un
indicio de los problemas que se arrastran en el procesamiento y el
análisis de los datos por cuanto interesa a indígenas. En primer lugar,
falta relieve, comenzando por el que el índice confiere, índice en el
que no hay ningún registro indígena. El de la segunda parte, la que se
dedica a responsabilidades específicas de las empresas españolas,
consiste en la secuencia de los Estados latinoamericanos. Respecto a
cada uno se hace un repaso de empresas y cuestiones, las cuestiones de
“Principales impactos”, con epígrafes ulteriores como éstos: “Sobre
derechos humanos”, “Sobre los derechos laborales y sindicales”, “Sobre
los derechos económicos y sociales”, “Sobre el medio ambiente”, a veces
“Sobre el medio ambiente y las poblaciones indígenas”, mientras que
otras aparece esto último como rubro distinto: “Sobre los pueblos
indígenas”. Cuando estos pueblos no figuran en epígrafe, suelen
considerarse, no en el de derechos humanos, sino en el de medio
ambiente.
Considérese la lógica subyacente, no otra que la que
suele contenerse en la usual expresión de “impactos ambientales y
culturales”, entendiéndose en lo segundo los que aquejan a comunidades
indígenas, como si sólo se afectase a sus culturas, no a sus
territorios y recursos, y como si ello fuese secundario respecto al
efecto sobre el medio o como si se incluyese en una misma dimensión del
daño directo y específico a la naturaleza más que a la humanidad. Hay
por supuesto otras formas de considerar una presencia humana como la
indígena. La que resulta más apropiada desde la perspectiva de los
derechos se refleja también, aunque incidentalmente, en este Atlas.
He aquí una cita de lo más interesante al propósito: “se está pasando
por alto el Derecho a la Libre Determinación de los Pueblos para
decidir sobre su territorio y sus recursos naturales”, refiriéndose a
indígenas (p. 116). La consecuencia con esta observación hubiera
requerido la agregación de datos, así como también la confección de
gráficos y mapas, no sólo por Estados o en su caso por actividades o
por empresas, sino también y sobre todo, junto a los Estados, por
Pueblos, los indígenas, así identificándoseles y significándoseles.
No
se trata de una mejor desagregación dentro de cada Estado o respecto a
cada empresa, como tampoco de sustituir una agregación por otra, la de
Estados por la de Pueblos. La de Estados guarda sentido también en lo
que interesa a los pueblos indígenas. El acoso se acomete y la
depredación se comete por las empresas no sólo por sí mismas, sino
también por la cooperación, el respaldo, la complicidad, el
encubrimiento, la receptación, la habilitación o la acción directa en
beneficio empresarial por parte y obra de los Estados. Los pueblos se
encuentran en condiciones muy diversificadas de cara a las empresas
según la legislación, la jurisprudencia y las políticas del Estado en
suerte. A esto no deja de haber referencias en el Atlas,
pero no es asunto que se aborde sistemáticamente con la debida
distinción y de forma analítica. El índice tampoco lo facilita. Parece
con todo que hubiera procedido una doble agregación de datos, por
Estados y por Pueblos, cuyo mismo cruce habría conducido al tratamiento
más completo de las políticas públicas en relación a las formas
perniciosas de introducirse y actuar las empresas privadas en medios
indígenas.
Naturalmente, el problema no es el de que se
emprendan proyectos como el referido del SPIAC y tantos otros ni el de
que participen en ellos empresas foráneas, sino el de que todo esto se
haga sin respeto a la presencia indígena y atropellándose sus derechos,
comenzándose por el de libre determinación y prosiguiéndose por el de
la exigencia de contarse con su consentimiento libre, previo e
informado, conforme a la Declaración de Naciones Unidas sobre los
Derechos de los Pueblos Indígenas. El Atlas,
que registra este extremo de la libre determinación como hemos visto,
no deja de contener alguna referencia a sucedáneos: “A pesar de la
imagen verde que proyecta en sus anuncios y en su política de
Responsabilidad Social Corporativa (…), no ha respetado (Iberdrola) los
derechos territoriales de los pueblos indígenas” (p. 62).
Si las
empresas partiesen del respeto a los derechos humanos y, con ello,
conforme al actual derecho internacional, a los derechos de los pueblos
indígenas, abandonando de este modo coartadas tan reiteradas como la de
que el derecho internacional de los derechos humanos concierne sólo a
los Estados, ¿qué otra responsabilidad social corporativa
iba a hacerles falta? ¿Qué mejor código de conducta podrían tener? De
adoptarse, la presencia española en América podría por fin dejar de ser
colonial y llegaría a hacerse innecesario un Atlas de este tenor fundadamente denunciatorio.
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