Encuentro
de Sensibilización SUR-Norte
“..Bolivar
que camina…por América Latina..”
7 y 8 de abril
2006.
Casa de Cultura. La Pola. Siero-Asturias.
“Sin Cuba no habría hoy una
Revolución como la que hay en Venezuela”
x Belén Gopegui
Había que empezar por el principio. Había
que contar las cosas fundando, de tal modo que un paso llevara
al siguiente, y ese al siguiente paso.
Aquel periodista observaba la plaza de la Revolución, las
más de doscientas mil personas que habían asistido
a la entrega del premio José Martí de la UNESCO
al presidente Hugo Chávez, mientras pensaba en cuál
sería el titular para su artículo, en cuál
de todas aquellas cosas que estaba escuchando sería la
que mejor podría transmitir el significado de aquel momento.
Porque aquel periodista no era de Cuba ni procedía de un
país latinoamericano. Aquel periodista venía de
Madrid y se preguntaba por dónde empezar. Palabras como
integración latinoamericana, palabras como lucha contra
el imperialismo, palabras como misión Barrio Adentro, misión
Milagro, palabras como territorio libre de analfabetismo eran
importantes para el periodista porque él procedía
de un país del llamado Primer Mundo donde aún había
algo de analfabetismo y donde había cifras preocupantes
de analfabetismo funcional. Procedía de un país
donde la atención médica, pese a ser universal,
estaba siendo cada día más desatendida debido a
una perversa —pensaba el periodista— perversa voluntad
de deteriorarla con el fin de estimular la medicina privada. Y
donde el desamparo era un extraño derecho, un derecho inhumano;
pero vigente en multitud de barrios y de vidas.
La integración latinoamericana era, pensaba el periodista,
un primer paso de algo que un día sería aún
más grande: la defensa de la patria común, la defensa
de la Humanidad a la que el periodista pertenecía como
pertenecían tantos millones de personas del continente
latinoamericano. Pero aún se preguntaba por dónde
empezar.
El periodista escuchó las palabras de Fidel después
de hacer la entrega del premio. El Comandante y Presidente decía:
“es salvaje saber que solo uno de cada cinco niños
termina la escuela primaria”, refiriéndose a la situación
en que se encontraba Venezuela antes de la Revolución Bolivariana.
El conocimiento a veces podía ser salvaje si no venía
seguido por la acción. Y el periodista tomaba notas de
las palabras de Fidel, y el cuaderno se le iba llenando de titulares.
Pero él solo podía escoger uno. Él disponía
de muy poco espacio si es que llegaba a disponer de alguno porque
el suyo era en cierto modo un país salvaje en donde había
espacio para conocer el terror y permanecer indiferente, pero
apenas si había espacio para conocer aquellos lugares en
donde se luchaba por paliar el terror, por doblegarlo, en donde
se luchaba para que desapareciera.
Fue entonces cuando el periodista oyó decir a Chávez:
“Sin Cuba no habría hoy una Revolución como
la que hay en Venezuela, esa es la verdad, esa es la más
pura verdad”. Y el periodista supo que ese sería
su titular. Pues había que empezar por el principio. Había
que contar las cosas fundando, de tal modo que un paso llevara
al siguiente, y ese al siguiente paso. Y la verdad que había
dicho Hugo Chávez no era apenas conocida en su país.
Había quien admiraba la Revolución Bolivariana y
tenía miedo de Cuba, sin saber, sin haber podido conocer
otras historias que no fueran las mentiras de los grandes medios.
Pensó que decir “sin Cuba” era decir también
sin socialismo, era decir también sin otra forma de soñar
la condición humana. Pensó que en la frase de su
titular debiera estar también el tono de voz, pues la frase
no había sido dicha alzando la voz como quien quiere llegar
a la última fila de la frase, sino bajándola como
quien quiere que la última fila de la plaza y del mundo
llegue hasta la frase. Chávez había bajado la voz,
había hablado más despacio durante unos segundos,
y al hablar no había pretendido quitar el mérito
a una sola de las personas que en Venezuela y en otros lugares
del mundo estaban contribuyendo a la Revolución. Pero había
dicho una verdad y era como haber dicho que, a riesgo de perecer,
la humanidad no podía desconocer el sueño que había
germinado en Cuba.
7
y 8 de abril 2006.
Casa de Cultura. La Pola. Siero-Asturias.
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