Encuentro
de Sensibilización SUR-Norte
“..Bolivar
que camina…por América Latina..”
7 y 8 de abril
2006.
Casa de Cultura. La Pola. Siero-Asturias.
EL RUGIR DE LA MULTITUD:
LEVANTAMIENTO DE LA CIUDAD AYMARA DE EL ALTO Y CAIDA DEL GOBIERNO
DE SÁNCHEZ DE LOZADA
Pablo Mamani R*. pwillka@yahoo.com
octubre de 2003
Introducción
El Alto es parte importante de la historia de la lucha social
y política de los pueblos indígenas en la colonia
y la república. En 1781 Tupaj Katari-Bartulina Sisa habían
construido uno de los “cuarteles indígenas”
para cercar la ciudad de La Paz (Del valle de Siles, 1990). En
1899 los aymaras en El Alto han contribuido en la conformación
de una muralla humana para hacer frente al posible ingreso de
las tropas “constitucionales” de Fernández
Alonso en la guerra federal (Condarco, 1983). En 1952 “se
convierte en el escenario político para confirmar el triunfo
de la Revolución Nacional” (Fernández, 1993).
El espacio-territorio de la actual ciudad de El Alto resume una
larga historia de las luchas sociales indígenas. Y nuevamente
hoy se ha convertido parte de nueva historia de las luchas sociales.
Hay una memoria de estas luchas sociales en la ciudad de El Alto
que se convierte en una fuerza de acción colectiva. Es
una de las ciudades importantes con características indígenas-populares
aymara, esto por su constitución demográfica, social,
cultural, política, lingüística, y urbanística.
Sobre esta base hoy se ha convertido parte de las nuevas luchas
políticas y culturales. Esto desde un levantamiento social
indígena-popular de grandes magnitudes. El mismo ya se
observa en los años 2000 y 2001 cuando “existe...en
las protestas sociales,...formas de manifestación aimara
en el lenguaje de la vestimenta y significados: la pollera, sombreros
y el lenguaje de los símbolos, yatiri, coca, pututus y
wiphalas que desde una posición de destierro social gestan
actos y ritualidades alternas a los elementos simbólicos
al Estado” (Mamani, 2001).
Así se ha empezado ha tejer un nuevo configuramiento sociopolítico
desde sentidos de identidad indígena urbana, mismo que
se acrecienta y se agiganta por la agresión estatal-municipal
del alcalde José Luis Paredes y gubernamental-estatal de
Gonzalo Sánchez de Lozada durante las últimos semanas.
Esto se demuestra en las recientes movilizaciones entre los días
lunes 15 y martes 16 de septiembre de 2003 contra los formularios
maya y paya diseñados por la alcaldía de esta ciudad
y anuladas finalmente por la lucha social. Durante estos dos días
se ha podido observar un desdoblamiento de tejidos sociales y
culturales para inmovilizar la ciudad. Entre la primera y segunda
semana de octubre se ha masificado más este hecho. Barrio
en barrio, zona por zona y distrito por distrito ha recorrido
un sentimiento de autoafirmación propia sobre la construcción
urbana indígena de esta ciudad. Esto porque El Alto es
una ciudad construida por sus vecinos en cuanto al aporte de su
mano de obra y capital económico para la construcción
de sus calles, avenidas, mercados, canchas de fútbol, etc.
Además, hay una construcción social propia de la
vida cotidiana fundamentadas en amplias relaciones de parentesco,
compadrazgos dispersos en el espacio urbano, amistades Inter.-barriales
de los jóvenes, relaciones más o menos comunes de
procedencia desde los ayllus y comunidades del altiplano, los
valles y regiones subtropicales de los andes. Es decir, hay una
construcción social de la realidad que se manifiesta en
acciones colectivas contundentes. Sobre la base de este conjunto
de hechos como cimientos sociales se pone en práctica un
tramado de acciones colectivas. Esto en el bloqueo de las avenidas,
la toma de las calles, y multitudinarias manifestaciones, discursos
politizados de sus dirigentes, mismos que se convierten en fuerzas
alternas al estado que en el último tiempo se las percibe
a éstas como invasores a la autoconstrucción urbana
de la ciudad indígena de la ciudad de El Alto. Por eso
el día lunes 13, después de sufrir el domingo 12
de octubre una violenta masacre de parte de las fuerzas del gobierno-estado
de Gonzalo Sánchez de Lozada con más de 25 muertos,
se moviliza de manera gigantesca hacia la cuidad de La Paz para
exigir la renuncia del presidente de la república, sin
dejar de descuidar los barrios porque una parte importante de
sus habitantes se han quedado en la ciudad de El Alto.
El propósito del artículo entonces es mostrar el
levantamiento indígena-popular de la ciudad de El Alto
desde los sentidos de autoconstrucción urbana indígena
de la ciudad y el desdoblamiento de éstos en tejidos sociales
y culturales que se manifiestan en los bloqueos, movilizaciones
y enfrentamientos con las fuerzas del estado. Para ver esto vamos
a tomar como referente empírico los hechos ocurridos desde
el día miércoles 8 hasta viernes 17 de octubre de
2003 cuando los alteños protagonizan un gigantesco levantamiento
indígena-popular que se inicia a partir de un paro cívico
indefinido, primero, en contra de la no venta del gas, el no ingreso
de Bolivia al ALCA, y segundo, la renuncia del presidente Gonzalo
Sánchez de Lozada. Haremos una descripción del mismo
y un análisis sociológico de su constitución.
Tramado cultural y levantamiento de la ciudad de El Alto
La ciudad de El Alto es uno de los centros urbanos más
poblados del país. Tiene una población de 649.958
habitantes que corresponde al 28% (INE, 2002) del total de la
población del departamento de La Paz. En el censo de población
y vivienda de 2001, el 81,29% (INE, 2002) de esta población
se ha autoidentificado como indígenas. Estos datos nos
permiten afirmar de que ciudad de El Alto es una ciudad indígena-popular
y fundamentalmente aymara. Y esta población es la que sufre
una pobreza estructural. La pobreza urbana en el departamento
de La Paz, de acuerdo al mismo censo de población y vivienda,
es de 50.9%. La ciudad de El Alto es parte de esta pobreza. Es
decir, más de la mitad de esta población es pobre
porque no tiene satisfecho las necesidades más básicas
como el agua, salud, educación, vivienda. Estos datos muestran
las condiciones estructurales en la que vive la ciudad de El Alto
y parte de las laderas de la ciudad de La Paz. El levantamiento
social es un reflejo de estas condiciones. Para entender el levantamiento
indígena-popular de esta ciudad es importante preguntarse,
¿cómo se construye el levantamiento indígena-popular?
¿Qué tipo de estrategias se tejen y cómo
se construyen las barricadas humanas, las barricadas de adoquines,
vidrios, piedras con quema de llantas viejas y alambres púas?
¿Qué significa enfrentarse a las fuerzas del estado?.
¿Qué es un levantamiento indígena-popular?.
En principio un levantamiento social es una acción colectiva
que tiene la finalidad de incidir o en su caso cambiar las políticas
públicas y de dominación étnica con estrategias
de lucha más o menos planificados y direccionados. Son
acciones diversas con una orientación colectiva para decidir
o incidir en el cambio o reforma de las políticas hidrocarburíferas
y de recursos naturales en manos de las transnacionales como es
la no venta de gas por puertos chilenos. Es un levantamiento social
que termina exigiendo la renuncia del presidente Sánchez
de Lozada. Es una construcción colectiva de las acciones
que apunta a tomar el espacio social y territorial para desde
ese lugar y condición incidir o cambiar el curso de las
actuales condiciones de crisis del sistema político y la
dominación étnica en confrontación con el
gobierno, el estado y los agentes encargados de esta dominación.
Los acontecimientos. El antecedente inmediato para entender el
actual levantamiento de la ciudad de El Alto, es el paro cívico
realizado el día jueves 2 de octubre en contra del masacre
de Warisata. Aquel día se produce un paro casi total en
esta ciudad. Después de esta experiencia o repertorio de
acción se determina nuevamente un nuevo paro cívico
desde el día miércoles 8 de octubre. Este paro tiene
una relación inmediata con las recientes experiencias de
lucha social contra los formularios maya y paya en la tercera
semana de septiembre de 2003.
El inicio del paro cívico indefinido. El día miércoles
8 de octubre desde las primeras horas de la mañana se observa
una importante movilización desde los barrios alejadas
y cercanas a la ceja de El Alto para tomar las avenidas, sus plazas,
barrios y así inmovilizar la ciudad. Durante este día
no hay actividades en el comercio, la banca, el transporte, etc.
Se tejen durante el día comentarios en los distintos espacios
de la vida social cotidiana urbana sobre lo que significa el nuevo
paro cívico. Se exige y se comenta en las calles y en los
lugares donde se realizan gigantescos bloqueos sobre la no venta
del gas. Además, se comenta de que el gobierno de Sánchez
de Lozada “es un gobierno hambreador” que debe dejar
el palacio. Así poco a poco se amplía y se refuerza
el tejido social basado en agrios comentarios contra el gobierno
y bromas y risas para hacer más sociable el levantamiento,
por otro, mismo que se manifiesta como una acción firme
de paralizar la ciudad por el tiempo indefinido. El primer día
trágico de este levantamiento social es el día jueves
9 de octubre. Este día a las 10:30 de la mañana
aproximadamente, en Ventilla, las comunidades de Amachuma, Tuni,
Chañocahua, Parcopata, Icapa y Ayma sufren una violenta
agresión de parte de policías y militares. Hay dos
heridos de gravedad: Cristina Mamani y Norberto Condori (de mayor
gravedad). Senkata y Ventilla se convierten de pronto en verdaderos
campos de batallas de piedras y gases y fusiles. Es uno de los
primeros escenario de la masacre gubernamental. Durante este día
los vecinos en esta zona y en otras gritan a viva voz: “No
queremos ver al gringo vendepatria” (El Alteño, 09/10/03).
Las zonas o lugares más aguerridos durante este día
fueron: Villa Adela, 1º de mayo, Villa Avaroa, Cruce Viacha, Senkata,
Ventilla, 16 de Julio, ex tranca de Rió Seco, etc. Así
dentro de estas relaciones se gesta la toma directa de los barrios
para preparar trincheras y fogatas. En algunas zonas se pone en
escena la wiphala multicuadriculada como señal de un posicionamiento
político e identitario indígena. Hay una construcción
de los símbolos del poder que se visibiliza como protesta.
Asimismo se intercambian informaciones sobre lo que pasa entre
una zona y otra a través de la gente que camina a pie o
en bicicleta de un lugar a otro. Y se teje un complejo tramado
de acciones colectivas en cada espacio de la ciudad de El Alto.
En esa relación muchos de los que protagonizan los bloqueos
y manifestaciones no se conocen, auque sean de barrios vecinos,
pero al calor y circunstancia de la realización de fogatas,
se construyen amistades, solidaridades y hermandades significativas
para crear un mayor peso en las acciones colectivas de protesta.
Las mujeres de polleras participan cargados de sus hijos/as a
través del habla en aymara o castellano y se sienten parte
de una misma realidad. Se comentan de que “no hay trabajo,
cuando hay, no tiene un pago” de acuerdo a las condiciones
económicas actuales. Las “obras con empleo”
no se sienten para muchas familias. Así se amplía
un tramado de sentidos de pertenencia urbana de una ciudad indígena
postergado desde mucho tiempo atrás.
El día que ha mostrado tener mayor agresividad desde la
posición de los vecinos alteños, fue el día
viernes 10 de octubre. Esto porque el día anterior, el
jueves 9 de octubre, en Ventilla nuevamente hay una violenta represión
de las fuerzas del estado. Muere un minero: José Luis Atahuichi
y un vecino de esta ciudad, Ramiro Vargas. En el día anterior
habían arribado hasta Ventilla los mineros procedentes
desde Huanuni. Los mineros vuelven a anunciar su lucha como en
el antaño. En ese momento se juntan dos fuerzas, una la
de los mineros y la otra de los indígenas urbanas y rurales
del lugar. Es impresionante observar durante este día,
que ante la noticia de la muerte de mineros y el vecino de la
ciudad de El Alto, se produce un enfurecimiento y una movilización
gigantesca de las zonas del sector sur de la ciudad de El Alto.
El camino a Oruro es prácticamente tomado por los vecinos.
La avenida 6 de marzo se ha convertido en otro escenario de guerra.
Los militares y policías, ante este hecho, tienen que abrirse
el paso a balazos y gases lacrimógenos. Por ejemplo en
el cruce de la Avenida Bolivia se produce una avalancha humana
de la zona Santiago II (barrio minero) y otros barrios aledaños
para controlar la avenida 6 de marzo o camino a Oruro. Para el
día siguiente, el viernes 10 de octubre, la ciudad de El
Alto es una cuidad totalmente tomada por los alteños, pese
a la militarización y un estadio de sitio de facto que
vive esta ciudad. Durante este día y el día anterior
se recolecta agua de las casas de la zona o distrito dos para
ser enviados hacia Ventilla donde se encuentran los mineros. Al
mismo tiempo se recolecta alimentos, particularmente en Santiago
II como parte de una efectiva forma de ampliar sentidos de solidaridad.
En Kenko y barrios del lugar también hay una preocupación
para enviar agua y alimentos hacia Ventilla.
Así hay una toma directa de las calles y avenidas de la
ciudad del El Alto, esto desde los mismos barrios. Hay trincheras
construidas con adobes, piedras, latas y vidrios. Se observa en
el paisaje de la ciudad salir humos negros de los distintos lugares
y calles como si se hubiera producido un bombardeo. Se queman
llantas viejas y desperdicios o basura de las calles. En todo
estos espacio, antes del día domingo 12, no hay policía
ni ningún otro poder del estado. Aunque ésta es
una realidad de todos los días. Hay una autoorganización
total con acciones colectivas autónomas. Es interesante
observar además de cómo las mujeres, los niños
y hombres adultos mantienen un control incluso de las pequeñas
calles por donde no hay la circulación de las movilidades.
Con esto se quiere demostrar la toma directa del territorio urbano
al que pertenecen los alteños/as. Asimismo en las noches
hay muchos preparativos como para hacer frente a un eventual ingreso
de las fuerzas represivas dentro de estos territorios. Hasta altas
horas de la noche y la madrugada del día viernes 10 se
mantiene este control. En ese sentido hay una indignación
generalizada que se manifiesta en acciones de toma directa de
las calles, avenidas y plazas. Nuevamente se observa durante este
día flamear las wiphalas y la bandera de Bolivia como señal
de rechazo de lo que la gente ha empezado a llamar: “la
instauración de un gobierno chileno en La Paz”.
Durante este día no hay ninguna actividad comercial, bancaria,
de servicio de transporte. Incluso se han cerrado las tiendas
más pequeñas de los barrios alejados de la ceja
de El Alto. La gente se ha sumado decididamente a la movilización
y toma de sus barrios para tejer y mantener un control y autoorganización
propia. Es una movilización densa que articula estrategias,
sentidos y dignidades colectivas, mismo que se manifiestan en
acciones coordinadas y por turnos al interior de las familias,
zonas y distritos e incluso entre organizaciones diversas que
existe en el territorio urbano de la ciudad de El Alto.
Otro de los días aún más trágicos,
es el día sábado 11 de octubre porque en la noche
en todo el sector de Senkata y avenida Bolivia hay, primero, duros
enfrentamientos entre vecinos y policías-militares y, segundo
o pasado este primer momento, hay una violenta represión
de parte de estos a los vecinos del Santiago II, Rosas Pampa en
donde muere, Felix Mollirecona, un niño de cinco años.
Hay una cantidad de heridos que no son atendidos de forma inmediata.
Las ambulancias no llegan a estos lugares. Este hecho empezó
aproximadamente a las cuatro de la tarde. En esas condiciones
las carretillas y bicicletas se han convertidos en ambulancias
improvisadas. Incluso se había cortado la luz en la toda
la avenida 6 de marzo. Como reacción ante la agresión
policial-militar, los vecinos del lugar han cavado profundas zanjas
sobre la misma Avenida 6 de marzo. La capa asfáltica fue
levantado y se ha procedido a cavar profundas zanjas de una profundidad
de 80 cm. en ambas vías del camino. Hay una construcción
de una trinchera de guerra, que la gente empieza a llamar la “guerra
civil”. Al norte de la ciudad de El Alto, en Ballivián,
se producen en este día, nuevas y violentas represiones
por parte de los militares ante las protestas y bloqueo persistentes
de las calles y avenidas del lugar. En toda esta aérea
también se ha construido zanjas y barricadas y hay una
movilización general. En este lugar muere otro alteño,
Walter Huanca. Es decir, el sábado 11 es la antesala del
masacre del día domingo 12 de octubre.
El día domingo 12 de octubre es uno de los días
más trágicos hasta este momento. Hay una masacre
incalificable porque han muerto en el día 25 civiles y
1 soldado. En el sector de Senkata*, el gobierno para trasladar
combustible hacia la ciudad de La Paz que ya sentía carencia
de este elemento, hace un primer acto de la masacre de este día
donde mueren tres personas a causa de balas de guerra, Carmelo
Mamani, Vidal Pinto, Efraín Mita. El hospital Corazón
de Jesús de esta zona se llena de muchos heridos. Muchos
de ellos son trasladados en camas, carretillas porque nuevamente
no existe las ambulancias.
La zona o región norte de la ciudad de El Alto durante
este día es la que más ha sufrido porque hay una
mayor cantidad de bajas indígenas. Los fallecidos en la
zona Ballivián son, José Miguel Torres, Efrain Mamani.
En la zona los Andes, Marcelino Carvajal, Constantino Quispe,
Marcelo Machicado. En Rió Seco, Jhonny Mamani, Máximo
Vallejos, Luis Villalba, Carmelo Mamani, Vicente Pinto. En hospital
de Clínicas, Augusto Lari, NN (recogido de la Av. Bolivia).
Villa Ingenio, Daniel Luna, Adolfo Huanca, Richar Charcas, Felix
Calle, NN. (sexo masculino), NN. (sexo masculino), NN. (sexo masculino).
Zona Puerto Mejillones, NN. NN. (sin datos sobre el sexo), y el
soldado Cigmar García (La Razón, 13/10/03). Este
es uno de los días más sangrientos en la historia
de los últimos veinte años de democracia. La decisión
presidencial de oficializar la militarización de la ciudad
de El Alto “generó ayer la jornada más sangrienta
en la historia de la joven ciudad y una de las cruentas del periodo
democrático” (La Razón, 13/10/03). Ante tal
magnitud de los acontecimientos se escucha y observa en las radios
emisoras y en algunos canales de televisión de la existencia
de una cantidad heridos y pedidos de auxilio que no reciben una
atención inmediata. Se ha disparado indiscriminadamente
contra la humanidad de los manifestantes. Las calles y avenidas
de esta ciudad se tiñen de sangre humana indígena-popular.
Incluso han caído niños que no eran parte de las
movilizaciones. Hubo una arremetida militar indescriptible incluso
en las propias casas. Se ha actuado como contra un ejército
regular cuando se trataba de una población desarmada. Se
escucha al día siguiente comentarios sobre que el ejército
ha actuado como en los mejores tiempos o peor que en las dictaduras
militares sin respetar a la población indefensa y fundamentalmente
a los niños, ancianos o enfermos. Es una verdadera carnicería
humana la que se ha producido ese día. Las calles, avenidas
y plaza se llenan de cadáveres y de un dolor humano colectivo
que no es fácil de expresar. Se generaliza una indignación
total que se irradia rápidamente hacia otras ciudades como
es la cuidad de La Paz, vecinas de El Alto.
En resumen hay un bullicio o rugir de la multitud con la que se
construye y reconstruye sentidos de rebelión como un hecho
inédito en la historia urbana de la ciudad de El Alto.
Se intensifica las construcciones de barricadas de fuego y adoquines
en distintos lugares. Se han cavados en muchos lugares o calles
nuevas zanjas para evitar todo movimiento de los motorizados militares-policiales.
Esto es importante porque es la única manera de frenar
el ingreso de las tropas militares. Se construyen como campos
“minados” para inmovilizar la represión y el
ingreso de delincuentes que de uno u otro modo se aprovechan de
la situación. Las juntas vecinales de cada zona se han
convertido en microgobiernos territoriales porque toda acción
se coordina a través de estas instancias.
A este conjunto de hechos lo llamamos el levantamiento de la ciudad
de El Alto porque es una acción colectiva que se enfrenta
al poder establecido y tiene la finalidad de hacer renunciar al
presidente de la república y la no exportación del
gas por puertos chilenos. Son acciones que tiene algunas similitudes
con los levantamientos indígenas aymaras de Achakachi y
Patamanta del año 2000, 2001 y 2003. Esto porque hay una
variada construcción de barricadas, y se pone en escena
la wiphala multicuadriculada, se tejen y refuerzan sentidos de
pertenencia territorial e identitaria indígena y se producen
liderazgos locales, gobiernos comunales o barriales o gobiernos
barriales.
Así se juntan dos hechos importantes: a) la exigencia de
la renuncia del presidente Sánchez de Lozada y el cambio
del actual modelo económico adversa a los intereses sociales,
y b) se tejen sentidos de pertenencia colectiva indígena
urbana con acciones de confrontación violenta con las fuerzas
del estado. Es en este contexto que los alteños construyen
su ciudad de acuerdo a sus capacidades culturales y sociales.
Se amplían redes sociales y solidaridades interbarriales
y organizacionales. Es un hecho, por ello, sin precedentes en
la ciudad de El Alto que de algún modo refleja su eslogan:
“El Alto de pie, nunca de rodillas”.
Esta construcción urbana de las identidades indígenas-populares
se manifiesta también en la ciudad de La Paz en la jornada
del día lunes 13 de octubre. Este día es nuevamente
parte de una sangrienta jornada y levantamiento social porque
según el periódico El Diario (El Diario, 14/10/03)
existe otros 25 muertos en distintas partes de las ciudades de
El Alto y La Paz.
Una multitudinaria marcha baja de la ciudad de El Alto hacia la
hoyada o la ciudad de La Paz para exigir la renuncia del presidente
Sánchez de Lozada. La zona sur o los barrios marginales
de este sector de la ciudad de La Paz y el centro de la ciudad
se convierten en nuevos escenario de violencia junto a la zona
norte de la ciudad de El Alto. Chasquipampa, Ovejuyo, Cota Cota,
Obrajes, Mallasa, Garita de Lima, plaza Eguino, San Francisco,
Av. 16 de Julio y los alrededores del palacio de gobierno se producen
nuevos enfrentamientos y una nueva masacre indígena de
parte del estado. Los fallecidos durante la jornada de 13 de octubre
en la ciudad de La Paz, son: Arturo Mamani (Apaña), Jacinto
Benavente (Ovejuyo), Raún Huanca (Ovejuyo), Marcelo Cusi
(Ovejuyo), Germán Carvajal (Uni), Domingo Mamani (Apaña),
Feliciano Condori (Apaña), NN (zona sur), Roberto Parrin
(de la zona los Andes, El Alto), Roxana Apaza (zona Los Andes,
El Alto), NN (calle sagarnaga). En la ciudad de El Alto, Fidel
Ticona (zona Alto Lima), Luis Chillca (zona Tupaj Katari), Victor
Ticona (sin especificar), NN (Alto Mariscal Sucre), NN. y NN (explosión
de gasolinera en Rio Seco), Lucio Gandarilla, Renato Poma, Edgar
Lechona (lugares no especificados), tres niños en el hospital
del niño, y los heridos del domingo 12 de octubre, Raúl
Huanca (El Alto), Felix Quispe (El Alto), (El Diario, 14/10/03).
En San Julián del departamento de Santa Cruz, también
fallece Juan Barrientos. Se denuncia al día siguiente de
que los muertos serían mucho más de lo que se ha
registrado y habría incluso desaparecidos producto de la
violencia y masacre del gobierno. En esta relación desde
septiembre cuando se inicia las movilizaciones sociales desde
las áreas rurales existe aproximadamente entre 62 a 76
fallecidos y 400 heridos. Los datos recopilado hasta aquí
de los medios de comunicación son preliminares.
En la masacre de este día se ha desnudado una vez más
las relaciones de dominación étnicas en Bolivia.
Las zonas residenciales se han hecho visibles socialmente como
los archipiélagos físicos del poder dominantes.
Fueron fuertemente custodiados por efectivos militares y policiales.
En uno de los medios de comunicación se hace conocer los
preparativos de los habitantes de ésta parte de la ciudad
de La Paz ante un posible ingreso de los manifestantes a estas
zonas. Dña. Susana de la zona La Florida al que entrevista
el periodista de La Prensa, afirma: “La zona no está
acostumbrada a estas situaciones, nos están apuntando (los
conflictos) y no podemos permitir que las marchas lleguen a nuestra
zona, preferimos pagar a ver el caos en este lugar, incluso La
Florida y todo Obrajes hemos entregado dinero al Distrito Policial
para que se resguarde eficientemente este sector. Sabemos que
los campesinos de Río Abajo quieren ingresar por aquí
(La Florida) a Calacoto y a la zona central, y los de la zona
central también quieren eso” (La Prensa, 12/10/03).
De la entrevista se desprende una especie de psicosis social de
los blanco-mestizos porque se percibe de que todo indígena
y manifestantes es destructor de la propiedad privada. Hay una
un imaginario que separa entre el mundo indígena-popular
y el mundo social de las élites blanca-mestizas. Se redescubre,
así, ese día de que las zonas residenciales son
también territorios ajenos para los indios. Recrudece las
fronteras étnicas y territoriales al interior de una misma
ciudad.
En este contexto, este día Sánchez de Lozada se
dirige a la nación con un discurso televisado en la que
manifiesta: “yo no voy renunciar” (En defensa de la
democracia, mensaje del presidente de la república, 13
de octubre de 2003). Se nota en el discurso del presidente de
que hay una abierta confrontación contra la multitud de
la población que exige su renuncia. Al discurso de Sánchez
de Lozada de este día se suman los sectores empresariales
y las fuerzas armadas. Y nuevamente se visibiliza, pero esta vez
socialmente las fronteras que separan entre los gobernantes y
los gobernados, entre el estado y la sociedad indígena-popular.
Porque el discurso presidencial más que alivianar el conflicto
político, enardece aún más. La gente en las
calles grita: “ya es intolerable ver y escuchar a Sánchez
de Lozada y debe renunciar”. El discurso del presidente
parecía, además, como una declaración de
guerra abierta y autorización pública de la masacre
indígena-popular. No tiene el discurso presidencial un
contenido para solucionar los problemas sociales estructurales
que sufre las poblaciones indígenas y populares en Bolivia.
El gobierno en esas condiciones ha empezados a perder el control
político y social y solamente tiene control del monopolio
de la violencia física. Esto porque se suman a las violentas
movilizaciones de El Alto y La Paz, otras ciudades como Oruro,
Cochabamba, Sucre, Potosí y Santa Cruz. Además,
el vicepresidente de la república Carlos Mesa, expresa
nuevamente su no acuerdo con las acciones de Sánchez de
Lozada, que es uno de los duros golpes para el poder político
del presidente. Renuncia en el día el ministro de Economía,
Jorge Torres. El gobierno poco a poco se quiebra.
Ante estos últimos acontecimientos en el gobierno y la
masacre perpetrada, se habla en la ciudad de El Alto de que todos
los fallecidos deben ser declarados como los “héroes
de la guerra del gas y dignidad indígena-popular”.
En esas condiciones se ha refortalecido los sentidos de identidad
indígena urbana aymara tanto en la ciudad de El Alto y
las laderas de la ciudad de La Paz. No hay mucha diferencia cultural
y económica entre los alteños y los habitantes que
viven en las laderas de la ciudad de La Paz. Tienen una procedencia
común de las áreas rurales. Así se tejen
profundamente sentidos de hermandad étnica. Esto porque
muchos de los soldados que han sido traslados de otras regiones
(Tarija, Beni y Santa Cruz y otras) han insultado a los manifestantes
diciéndoles “indios de mierda”. Se escucha
en las radios testimonios de que los soldados han actuado con
una brutalidad impresionante. Con esto se ha sembrado nuevamente
un antecedente social bastante peligroso porque se percibe de
parte de la población andina de que los soldados “cambas”
han venido a masacrar a la ciudad de El Alto y La Paz.
Dentro de este contexto el día martes 14, la ciudad de
El Alto vive una tensa calma y se entierran los héroes
indígenas-populares caídos en distintas zonas de
la cuidad de El Alto y la zona sur de la ciudad de La Paz. Así
hay un dolor colectivo que enraíza profundamente en la
vida social urbana y rural de las regiones indígenas de
Bolivia. La ciudad de El Alto y las casas particulares se encuentran
embanderado junto con la wiphala indígena a media asta
con crespón negro en señal de luto e indignación.
Muchos niños/niñas y mujeres han quedado sin padres
y esposos. Hay una expresión de dolor porque muchos de
ellos han quedado huérfanos y no habrá quien sostenga
económicamente la familia y la vida familiar. Hay más
400 heridos. Son momentos de rabia e impotencia colectiva. Y así
la ciudad de El Alto es un verdadero campo de redefinición
y refortalecimiento sociopolítico indígena-popular.
Hay llamamientos en las radios emisoras en el sentido de que los
aymaras de todas partes deben estar unidos para luchar juntos.
Dentro de este difícil escenario, el día martes
14 se tumba tres o cuatro de las gigantes pasarelas que se encuentran
construidas sobre la avenida Juan Pablo II y Río Seco.
Los militares y policías se habían apostado en estos
lugares para desde estos controlar estratégicamente a los
manifestantes. Hay una reconstrucción de estos lugares
como una especie de panóptico para hacer un control y castigo
de los cuerpos que se movilizan en contra del poder establecido.
Incluso se denuncia, de que se han hechos disparos a los manifestantes
desde los puentes, por lo que la los vecinos movilizados han procedido
a tumbarlos como parte de una efectiva acción preventiva
de la muerte. Los mismos, además, se han convertido para
el fortalecimiento de las barricadas construido sobre todo el
territorio urbano de la ciudad de El Alto. Es decir, la ciudad
de El Alto es un territorio “minado” o de guerra porque
hasta el día miércoles 15 de octubre se han extendido
el cavado de zanjas, barricadas y vigilia organizados por turnos,
zona por zona, cuadra en cuadra. Hay vigilias durante las noches
enteras y todos los días. Se ha movilizado las mismas estructuras
sociales de la vida social. Muchos aportan un poco de dinero para
comprar petardos, otros aportan maderas y viejas llantas y palas
y picos, etc.
El día miércoles 15, después de la tensa
calma del día martes, nuevamente se reinician preparativos
y movilizaciones o manifestaciones sociales en la ciudad de El
Alto. En este día llegan los caminantes o marchistas cocaleros
de los yungas hacia Villa Fátima y de allí hacia
el centro de la ciudad de La Paz. Los cocaleros vienen bloqueando
los caminos de los yungas desde hace más de dos semanas.
Asimismo se anuncia la llegada de miles de marchistas indígenas
o “campesinas” desde la aguerrida región de
Omasuyus, que desde hace un mes mantienen un bloqueo indefinido
en toda la región del altiplano y valles norte de La Paz.
Por su parte hay otra columna de mineros cooperativistas que viene
desde Oruro que fueron violentamente reprimidas por las fuerzas
militares acantonados en Patacamaya. En esta intervención
militar murieron otros tres mineros o vecinos de la localidad
de Patacamaya: Zenón Arias, Eloy Pillco, Filomena Leon
(El Diario, 16/10/03). También se anuncia la llega de 14
mil indígenas del altiplano central, particularmente de
Aroma. La ciudad de La Paz y particularmente las zonas residenciales
a las que apunta las movilizaciones, se encuentran cercados. Es
un cerco con alimentos, con murallas humanas y piedras. Las memorias
y miedos del cerco de La Paz por Tupaj Katari-Bartulina Sisa en
1781 se vuelven a repetir.
En esta relación, al interior de la ciudad de El Alto hay
nuevos preparativos para una nueva movilización hacia la
ciudad de La Paz y exigir la renuncia inmediata de Sánchez
de Lozada y su gobierno. Incluso en algunos de los sectores se
pide la cabeza del presidente. En esta relación hay una
decisión tomada socialmente. Sánchez de Lozada “debe
renunciar”. Ante tal decisión, los dirigentes de
la COR-El Alto, Roberto de la Cruz y presidente de la FEJUVE-El
Alto, Mauricio Cori y el representante de los Gremialistas, Braulio
Rocha no están autorizados para dialogar con el gobierno.
Este un pedido generalizado. Entonces hay varias fuerzas que acechan
al gobierno y a las zonas residenciales de La Paz. Los mineros,
los gremialistas, los indígenas o “campesinos”,
los maestros, intelectuales y fundamentalmente los alteños.
El gobierno-coalición en este día emite un manifiesto
basado en cuatro puntos: Referéndum Consultivo por departamento
para la exportación de gas, revisión de la ley de
Hidrocarburos, Asamblea Constituyente, y Preservación de
la Democracia (Manifiesto al pueblo de Bolivia, gobierno de responsabilidad
nacional y cambio, 15 de octubre de 2003). El manifiesto no es
bien recibido por los distintos sectores sociales, entre ellos
la central obrera boliviana, la COR de El Alto, las organizaciones
campesinas-indígenas y ciudadanos alteños. Todos
coinciden en afirmar de que “es muy tarde” la propuesta
del gobierno. Y una vez más el gobierno se equivoca. Al
parecer no conoce la forma y sentido de rebelión que tiene
las poblaciones indígenas aymara o qhiswa de la gran región
andina. Cuando se toma una decisión de forma colectiva,
no se retrocede. Es lo que han hecho los manifestantes.
En el interior del país, en Cochabamba y Chapare se incrementan
los bloqueos de los caminos. La ciudad de Cochabamba nuevamente
amenaza convertirse en campos de batalla al igual que en la guerra
del agua del año 2000. En Oruro y Potosí hay una
creciente inquietud y movilizaciones. Se informa de una creciente
escasez de productos alimenticios en estas ciudades y se acrecienta
los pedidos de renuncia del presidente de la república.
El día jueves 16 de octubre, después de nueve días
de paro cívico indefinido de El Alto y cuatro de la ciudad
de La Paz, se produce una nueva y multitudinaria movilización
que baja desde la El Alto hacia la oyada. Desde tempranas horas
de la mañana y desde distintos barrios y distritos se observa
una agitada movilización con preparativos de pancartas
donde se expresan: “Goñi asesino”, “el
gas no se vende”, “renuncia de Goni”, “Goñi
carnicero”, etc. Las columnas de marchistas salen desde
dos grandes regiones urbanas, la zona norte y sur. Desde cruce
Villa Adela, unos, y otros, desde la altura del cruce el Kenko
se van acercando columnas de marchistas muchos de ellos agarrados
palos y wiphalas y bandera de Bolivia. Desde la región
norte, Río Seco, Villa Ingenio y otros, de igual forma
se aproxima muchas columnas, unos, para bajar por Ballivián,
otros por la Ceja de El Alto y los demás por Faro Murillo
y Pasanqueri. Cada grupo que baja hacia la oyada hace permanentes
llamados a los vecinos que no se han sumado todavía a la
marcha. Dos helicópteros sobrevuelan permanentemente sobre
los marchistas. Estos han sido denunciados como los portadores
de franco tiradores.
Al bajar por las laderas oeste de La Paz hemos podido observar
un recibimiento jubiloso de los vecinos. Unos echaban agua desde
las ventanas de sus casas para refrescarse en señal de
solidaridad y apoyo a la multitudinaria marcha. Otros ofrecían
refrescos en bolsitas de nailon y vasos y uno que otros botaban
galletas, u otro tipo de comidas. El bullicio de la multitud es
impresionante. Se observa columnas multitudinarias que poco a
poco se acercan hacia la oyada. Ya estando en el centro de la
ciudad de La Paz en la plaza San Francisco, la Av. 16 de Julio,
El Prado, Av. Camacho se inicia, desde las cuatro esquinas, el
cerco de la Plaza Murillo donde se encuentra el palacio de gobierno.
Los policías en la primera línea de las murallas
de seguridad del palacio y los militares en la segunda y tercera
línea, ven con mucho nerviosismo de cómo la multitud
gritaba, “Goñi asesino”, “Goñi
ya no te queremos”. Las manifestaciones durante este día
fueron pacíficas. Y de esa manera se desmiente la versión
del gobierno en el sentido de que los manifestantes provocan acciones
violentas con destrucción de propiedades privadas. La plaza
de San Francisco ante la multitud politizada ha quedado muy pequeño
porque no hay espacio para el resto de la multitud que marcha
en los alrededores o sus adyacentes. Algunos medios de comunicación
han calculado que habrían unos 50 mil manifestantes, pero
fue más de 150 mil manifestantes porque hay muchas otras
columnas que marchaban fuera de la plaza de San Francisco, unos
bajando hacia abajo y otros subiendo hacia la plaza y otros recién
se acercaban a la plaza San Francisco como los de Huayna Potosí
ladera oeste de La Paz. Es ensordecedor el bullicio de la multitud
que no se había visto desde hace veinte años atrás.
Este bullicio de la multitud se muestra, además, capaz
de tumbar o traspasar murallas infranqueables del poder. El gobierno
al parecer no había imaginado tal magnitud de las acciones
de protesta social. Y finalmente se ve obligado el gobierno a
dimitir ante el poder de la multitud y su bullicio ensordecedor
que ha traspasado las fronteras internacionales e internas.
Recrudece la falta de alimentos. Los mercados, tiendan, abarrotes
se encuentran cerrados desde hace cuatro días. Mucha gente
de la ciudad de La Paz se siente desesperado porque no hay una
lógica de almacenamiento preventivo de los alimentos secos
como aún se practica en la ciudad de El Alto. En los ayllus
y comunidades se almacena en las pirwas: ch’uñu,
quinua, cañahua, maíz para tiempos de sequía.
Y mucha gente de la ciudad de El Alto aún practica este
sistema preventivo de alimentación. Ante la falta de alimentos
y gas licuado, la gente multiplica sus pedidos de inmediata renuncia
del presidente. Incluso se han sumado a las movilizaciones sociales
los sectores tradicionalmente favorecidos o administradores del
estado, la zona sur de poblaciones no indígenas o lo que
los aymaras llaman, los q’aras.
En este día nuevamente el vicepresidente Carlos Mesa se
pronuncia en contra de la administración de Sánchez
de Lozada en el sentido de que no es “partidario de matar
a la gente”. Posición que es recibida en el gobierno
como parte de una actitud no democrática. Se resquebraja
más el gobierno, y no tiene la solidez política
y social. Y no es creíble los mensajes que envía
a la población. Así poco a poco y parte por parte,
como ha sido construida, va cayendo el gobierno. Los soportes
políticos e intelectuales, morales no funcionan. En el
día se multiplican los pedidos de renuncia de Sánchez
de Lozada desde acciones como la huelga de hambre que inicia (el
día anterior) la ex defensora del pueblo, Ana Maria de
Campero. Las iglesias católicas poco a poco se llenan de
huelguitas de hambre que exigen el inmediato alejamiento del gobierno
de Sánchez de Lozada. La situación ya es insostenible
para el gobierno y su perdurabilidad se hace cada vez más
incierta. Incluso según los manifestantes el gobierno “tiene
las horas contadas”, hecho que ocurre finalmente el viernes
17 de octubre a las 9:40 de la noche.
En esta relación, las multitudinarias manifestaciones indígenas-populares
expresan su apoyo a la democracia. El gobierno había denunciado
días anteriores de que las movilizaciones sociales eran
parte de un complot contra la democracia. Las multitudinarias
movilizaciones sociales se encargan de desmentir porque en las
calles se expresa un total apoyo a la democracia. De esta forma
se rechaza la denuncia de Sánchez de Lozada a la prensa
internacional de que en Bolivia hay un movimiento narco sedicioso
que tiene la finalidad de atentar contra la institucionalidad
democrática. Por el contrario se hace muy notorio de que
es el gobierno el que ha atentado contra la democracia porque
hay más 76 muertos en nueve días. Además,
esta denuncia presidencial es recibida por los manifestantes como
un insulto inaceptable. Mucha gente en las calles de El Alto expresa
su malestar porque las movilizaciones sociales no tiene que ver
con narcos o algún otro poder no legítimo.
Un anuncio esperado. El día viernes 17 de octubre a medio
día se anuncia de una posible renuncia de Sánchez
de Lozada a la presidencia. La noticia se esparce como rehiero
de pólvora sobre el campo o sobre los territorios movilizados
de los centros urbanos y rurales de Bolivia. Hay iniciales expresiones
de júbilo, particularmente de la ciudad aymara de El Alto.
Esto porque en la mañana Manfred Reyes Villa de NFR (Nueva
Fuerza Republicana) anuncia su alejamiento del gobierno. Los tres
ministros de este partido renuncian inmediatamente. En la tarde
Jaime Paz Zamora hace lo propio. El gobierno del MNR (Movimiento
Nacionalista Revolucionario) ante esta nueva realidad política
no tiene otra alternativa y se precipita en pedazos. No tiene
legitimidad como en el inicio de su gobierno. Esto contrariamente
al manifiesto del MNR. MIR, NFR. del día miércoles
15 de octubre en el sentido de que la coalición estaba
unida y firme. Las horas no pasan rápido y la espera se
hace tensa, esto particularmente en la ciudad de El Alto que se
convierte parte de un espacio de emociones incontenibles. Es una
espera de una final dramática de la caída del gobierno
de Sánchez de Lozada al que los alteños han empezado
llamarlo el “carnicero” por la masacre perpetrado
el 12 de octubre.
Durante este día una parte importante de la multitud todavía
se moviliza en la Plaza San Francisco y expresan en las radios
emisoras su alegría ante la inminente caída del
gobierno. Hay que destacar que el día viernes 17 hay otra
multitudinaria movilización en la ciudad de La Paz porque
muchos de ellos han llegado desde las provincias de La Paz. Unos
desde Aroma, otros desde Omasuyus-Achakachi, Muñecas, Los
Andes, incluso han llegado desde Oruro, la organización
de los ayllus, Jach’a Karangas. En la tarde de este día
llegan también los cooperativistas mineros de Huanuni hacia
El Alto. Se concentra una gran cantidad de manifestantes en El
Alto y La Paz. De persistir mantenerse en el gobierno, Sánchez
de Lozada, hubiera provocado una acción mucho más
radical de todos estos sectores como el ingreso a la zona sur
no indígena y al propio palacio de gobierno pero a un costo
humano muy alto. La clase política de algún modo
ha buscado una salida política menos dramático para
los sectores dominantes.
A las 9:40 de la noche aproximadamente se lee en el parlamento
oficialmente la carta de renuncia del presidente. En la carta
de renuncia, Sánchez de Lozada vuelve acusar a las organizaciones
sociales de ser parte de “la desintegración nacional,
(de) el autoritarismo corporativista y sindical y (de) la violencia
fratricida” (Mensaje al H. Congreso Nacional, 17 de octubre
de 2003). Sánchez de Lozada se muestra como un hombre soberbio
hasta el final. En la votación los parlamentarios aceptan
la renuncia de Sánchez de Lozada por un margen de 97 votos
a favor de la renuncia contra 30 votos en contra. Ante la oficialización
de la renuncia del presidente, la ciudad de El Alto y parte de
la oyada estalla en júbilo. Se escucha y se observa el
reventón de petardos y dinamitas hasta la media noche de
este día. Mucha gente se ha concentrado en los alrededores
de las plazas, calles y avenidas para gritar: “¡Goñi
cayó!”. Esto se muestra como parte de una lucha social
conjunta entre distintos sectores, pero fundamentalmente de parte
de los indígenas urbanos y rurales y sectores populares.
En este sentido la renuncia de Sánchez de Lozada es un
logro de las acciones colectivas de los alteños y comunidades
indígenas. Mucha gente expresa su alegría porque
se sostiene de que la decidida acción colectiva tomada
con movilizaciones sociales “han valido la pena”.
En este sentido no hay gobierno que valga si no respeta a las
poblaciones indígenas-populares en Bolivia. Entre distintos
sectores, por ello, el día domingo 19 se abrazan y se despiden
en la ceja de El Alto. Y anuncian de que volverán a La
Paz cuando sus demandas sean burladas. Entre ellos están
los mineros y los indígenas de las áreas rurales
e indígenas urbanos o alteños. Hay una autoidentificación
de cada uno de ellos como parte de una misma realidad.
Después de media hora aproximadamente de iniciado las sesiones
del congreso se posesiona al vicepresidente Carlos de Mesa Gisbert
como presidente constitucional de la república. El nuevo
presidente hace conocer, primero, de que se va hacer un referéndum
vinculante para la exportación o no de gas, una atención
primordial de las mayorías marginadas, una asamblea constituyente,
revisión de la ley de hidrocarburos. A la misma hora se
informa desde Santa Cruz de que Sánchez de Lozada sale
en un vuelo de Lloy Aéreo Boliviano rumbo a Miami, Estados
Unidos, acompañado por Carlos Sánchez Berzaín
(ex ministro de Defensa), Yerko Kukoc (ex ministro de la presidencia)
y Javier Goitia (ex ministro de salud).
El discurso emitido en el congreso nacional por Carlos Mesa, sin
embargo, no deja claro en cuanto a la vigencia del modelo de libre
mercado y del decreto 21060 que han profundizado la pobreza urbana
y rural en Bolivia. Del discurso presidencial se desprende de
que el modelo de libre mercado podría ser reformado, pero
no cambiado. Asimismo es importante hacer notar de que la clase
política denominada corrupta no cayó junto a Sánchez
de Lozada, sino sobrevivió al levantamiento indígena-popular.
También es importante hacer notar que ante la no claridad
de la nueva situación política sobre qué
pasará con las leyes de seguridad ciudadana, ley de hidrocarburos,
el 21060, la ley de capitalización, la tenencia de la tierra,
y una profunda reforma política y social de la constitución
política del estado, las fuerzas sociales indígenas-populares,
manifiestan su atenta mirada al nuevo gobierno. Esta claro a estas
alturas de que si no se implementa medidas estructurales y coyunturales
a favor de las poblaciones indígenas y populares, podrían
en el tiempo nuevamente poner en acción el conjunto tramado
de estrategias de acción social y sentidos de pertenencia
identitaria indígena-popular urbana y rural como fuerzas
alternas a las sociedades dominantes en Bolivia.
A manera de conclusión
La ciudad de El Alto es una ciudad indígena-popular aymara
que ha sufrido una de las masacres nunca vista en la historia
de la joven ciudad. Se ha hecho un uso indiscriminado de la fuerza
militar para tratar de acallar e inmovilizar el levantamiento
social de la ciudad. Hecho explicable de algún modo por
la construcción estatal y social de un racismo histórico
contra esta población. Desde los espacios del poder se
imagina y se construye a la ciudad de El Alto como una Otra Ciudad,
la ciudad de los indios. Hay relaciones de discriminación
étnica muy fuertes que se perciben incluso desde las mismas
poblaciones dominadas como legitimas. Esto se nota en la vida
social cotidiana cuando se escucha decir en las radios emisoras
de que: “El Alto es una ciudad sucia y desordenada”.
También se observa esto en los minibuces que transitan
entre La Paz y El Alto. Cuando las señoras o caballeros
“distinguidos” toman estas movilidades suelen usar
en casos extremos perfumes desodorantes tratando de hacer desaparecer
el olor y posiblemente el color del resto de los pasajeros que
ocupan el minibús. Asimismo en algunos casos se observan
gestos nada amables cuando uno lleva un pequeño bulto y
peor sí ésta está sucio. Hay una construcción
social y cultural de fronteras étnicas históricas
que se manifiestan como hábitus. Es lo que Bourdieu llama
la distinción (Bourdieu, 1991). En una oportunidad una
mujer aymara que trabajaba como empleada doméstica en la
zona sur me había comentado que “los caballeros y
los evangelistas después de dar la mano para despedirse
a media cuadra saben lavarse con el alcohol”. Es decir,
hay una construcción racial de las relaciones sociales
entre los indios y algunos sectores blanco-mestizos que de tiempo
en tiempo se manifiestan en violencia simbólica y física.
La masacre estatal-gubernamental de la ciudad de el Alto, el 12
de octubre de 2003 a 511 años de la llegada de los Pizarros
y Almagros, es un acto político y militar de estas construcciones
racistas del poder en Bolivia. Sánchez de Lozada con una
educación norteamericana se observa que tiene una construcción
racial de las relaciones de poder político y social. Y
sobre esa base actúa sin medir consecuencias para las poblaciones
y pueblos indígenas, parecido a los darwinistas del siglo
pasado - entre ellos Nicomedes Antelo-, que exigían a los
gobernantes el exterminio de la raza indígena. La masacre
del 12 de octubre de algún modo es parte de estos mecanismos
de violenta estatal anti-indígena o india y parte directa
de los deseos de exterminio de los indígenas. Sin embargo,
los indios han sido capaces de construir una nueva ciudad y desde
ese espacio reconstruyen sentidos de identidad indígena-popular
con control de sus espacios territoriales o barriales. Así
en estas relaciones chocan dos lógicas contrapuestas: la
una dominante y la otra dominada. Se han tejido, desde las sociedades
indígenas-populares, formas sociales y culturales de autoafirmación
propia sobre sí mismas en relación con los grupos
de poder blanco-mestizos, como mecanismos de autodefensa colectiva
ante los permanentes actos de agresión estatal-gubernamental
y estatal-municipal.
Se puede entonces concluir haciendo énfasis de dos hechos
importantes. Por una parte hay una construcción identitaria
indígena de la ciudad y por otro hay un desdoblamiento
de esa identidad en tejidos sociales y en manifestaciones de las
acciones colectivas de protesta y el levantamiento social. Estos
dos hechos tienen importancia sociológica y antropológica
porque constituyen una manera de establecer la vida social urbana
con características propias de las sociedades indígenas
del mundo andino. Esto porque la ciudad de El Alto es un espacio-territorio
en la que se realiza una gran cantidad de actos rituales indígenas.
Esto en lugares como Waruq Achachila o Apacheta, Alto Lima, Corazón
de Jesús y en las casas particulares como parte de los
tejidos religiosos andinos que estructuran sentidos de la vida
social y sagrada. Éstos se complementan con las relaciones
de parentesco bastante fuertes, tejidas de barrio a barrio y distrito
en distrito. Las familias establecen la vida social cotidiana
a través de estas relaciones de parentesco, que de un modo
u otro dan una cierta seguridad, en espacios muchas veces inseguros
como son los barrios marginales de esta ciudad. Además,
los alteños hablan en sus casas la lengua aymara combinada
con castellano. Asimismo hay asociaciones barriales y equipos
de fútbol con los que se amplían y consolidan las
relaciones sociales y comerciales. En resumen, hay un complejo
tramado de sentidos de pertenencia urbana indígena que
está relacionado con la memoria de las comunidades y ayllus
de donde proceden la gran mayoría de los alteños.
Por otra parte hay una especie de organización imaginaria
dual del espacio urbano entre los del norte y los del sur de la
ciudad, que de algún modo hace referencia al manejo de
los espacios-territoriales del mundo andino entre alasaya (arriba)
y masaya (abajo). En estas relaciones se configuran sentidos de
competencia entre los del norte y sur, esto especialmente cuando
hay manifestaciones sociales de protesta para confluir todos hacia
la Ceja de El Alto.
Cada uno de estos mecanismos de construcción social de
la vida urbana, se constituyen como referentes de la capacidad
de movilización y de las acciones colectivas contundentes
como hemos podido observar y participar durante una semana y dos
días. Son fuerzas que se basan en este conjunto de hechos
y elementos constitutivo de identidad territorial urbana. Cuando
hay una agresión violenta de parte del estado o algún
grupo de poder como ha ocurrido durante las ultimas semanas se
recurre inmediatamente a este conjunto de tramados sociales y
culturales. Por eso es un espacio-territorio urbano complejo e
interesante. El levantamiento social de la ciudad de El Alto se
ha basado en este conjunto de tejidos culturales, por eso ha tendido
la fuerza de paralizar una ciudad e incidir en el resto del país.
Por otra desde estos mecanismos de acción colectiva, pues,
se ha expresado un malestar generalizado ante el conjunto de los
hechos en los espacios del poder públicos como los descarados
cuoteos en el congreso para el nombramiento del Defensor del Pueblo,
las masacres o genocidios estatales permanentes y una corrupción
sistemática en el sistema político.
Las movilizaciones sociales de la ciudad de El Alto de esta manera
se ha convertido en uno de los baluartes para la defensa e industrialización
y la no venta del gas como materia prima a Estados Unidos y México.
Esto es parte de una activa defensa de la soberanía indígena-popular
pese a que sufre grados de dominación étnica histórica.
Además, se ha mostrado que tiene la capacidad incluso de
tumbar un gobierno. En resumen tiene fuerzas internas estratégicas
con capacidad de movilización social. Es un espacio urbano
indígena que tiene una constitución propia, pese
a que tiene archipiélagos urbanos no indígenas-populares
como es la ciudad Satélite y parte de Villa Adela. Es parte
de un espacio-territorio compleja, dinámica.
Los nevados de Illimani, Mururata y Huayna Potosí son los
apus mayores o sagrados de la región a la que los habitantes
alteños piden su clemencia y su fuerza para vivir una vida
digna, colectiva y humana. Esto se demuestra de algún modo
cuando los alteños reciben la visita, el día sábado
18 de octubre en la avenida 6 de marzo, al nuevo presidente de
la república Carlos Mesa sin hacer referencia a la diferencia
étnica y social. Pero de mantenerse las abismales diferencias
económicas entre el mundo indígena-popular y blanca-mestiza,
podría nuevamente producirse una violenta ruptura entre
el estado y la sociedad indígena y hablar de procesos revolucionarios
de mayor alcance político y social.
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7
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Incripciones: soldepaz.pachakuti@nodo50.org
fax: 985990119 telf.
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