| Indígenas
de Brasil : alianza
Sin Tierra-obispos-e Indias.
Amenazan
de muerte a un obispo brasileño por su defensa de los indígenas
Religión
Digital
Las amenazas de muerte contra monseñor Erwin Krautler, presidente
del Consejo Indígena Misionero (CIMI) y obispo de Altamira,
en el estado de Pará, Brasil, han aumentado en los últimos
días, denuncia Obras Misionales Pontificias. El prelado vive
amenazado desde varios años por su defensa a favor de los
pueblos indígenas y de los trabajadores rurales de su estado
y debe llevar protección policial.
En los dos últimos años, ha sido agredido en varias
ocasiones. En una de ellas, le manipularon el coche y sufrió
un accidente, que le costó la vida a un amigo y colaborador
que le acompañaba, el padre Salvatore Deiana.
Monseñor Erwin defiende los derechos de las comunidades campesinas
y la protección ambiental de la región amazónica.
Ha denunciado la explotación sexual de adolescentes por políticos,
el asesinato de niños, la situación de los latifundistas,
madereros y propietarios de hacienda que utilizan prácticas
esclavistas y destruyen el medio ambiente.
La organización que preside, el CIMI, ha pedido a la sociedad
brasileña el repudio a estas amenazas y exige al Ministerio
de Justicia, la Policía Federal y al Gobierno de Pará
que actúen urgentemente e investiguen las amenazas.
El Consejo Indígena Misionero (CIMI) es un organismo vinculado
a la Conferencia Episcopal Brasileña que en su actuación
misionera apoya el trabajo de la Iglesia Católica a favor
de los pueblos indígenas. Fue creado en 1972 cuando el estado
brasileño asumió abiertamente la integración
de los pueblos indígenas en la sociedad. El CIMI procura
favorecer y articular la relación entre aldeas y pueblos
defendiendo su derecho a la diversidad cultural.
Raposa Serra do Sol: la guerra
colonial en el siglo XXI
Paulo Maldos *
Revista Desacato
Traducción de Juan Luis Berterretche
"El
indio se perfila, como un enigma que al descifrarlo tiene el poder
de revelar nuestro rostro. Este rostro es con frecuencia, feo, mezquino,
arrogante, ambicioso, impersonal, violento. Delante de aquello que
es diferente de nosotros, somos obligados, en términos de
existencia, a cuestionar nuestra ilusión de omnipotencia
y la mentirosa hegemonía que nos transforma en usurpadores
y falsos señores del mundo."
(Helio Pellegrino, a partir de conversaciones con Noel Nutels, en
Lucidez Embriagada, Editora Planeta, São Paulo, 2004).
Relatos recientes de las comunidades indígenas de la Tierra
Indígena Raposa Serra do Sol dan cuenta de incursiones en
aquella área de extensas caravanas de hacendados en camionetas
"off road" protegidas por guardias armados en moticicletas.
Estas caravanas ingresan a la región y se detienen en lagos,
cascadas y otros lugares sagrados de los pueblos indígenas,
aparentemente para conocer, filmar y fotografiar. Entre los participantes
de esas caravanas exploratorias están los arroceros invasores,
principalmente su líder, Paulo César Quartiero.
Es importante recordar que estos invasores andan anunciando planes
de ampliación de la invasión de la tierra indígena,
habiendo Quartiero advertido, en más de una ocasión,
que ya compró y almacenó 8 mil postes de cerca con
el propósito específico de ampliar la invasión
tan pronto sea posible. En más de una ocasión ese
invasor también avisó que no va a aceptar un resultado
negativo para sus negocios por parte del Supremo Tribunal Federal.
"Voy aceptar ser robado sin reaccionar? responde Quartiero
al preguntarle lo que hará si el Supremo confirma que los
hacendados deben salir " (diario Valor Económico, 30/05/2008).
Está claro que la disputa por aquella tierra indígena
es vista por los hacendados del agronegocio y por sus fieles aliados
políticos y militares como una continuidad de la guerra colonial
en nuestro país. Se trata de conseguir volver a "reduzir
o gentio" en favor de la gran empresa económica neo-colonialista,
permitiendo la continuidad de la marcha inexorable del desarrollo
capitalista hasta las últimas fronteras de la región
amazónica.
Como, desde el punto de vista teológico, en los siglos XVI
y XVII se discutía si los indios "tenían alma",
hoy esta discusión está recolocada bajo el disfraz
ideológico de si los indios tienen condiciones o no de defender
la soberanía nacional en las fajas de frontera. En verdad,
la discusión subliminar es si los pueblos indígenas
poseen nuestra misma "alma nacional" verde-amarilla, blanca
y occidental y si son, por lo tanto, confiables a nuestra sociedad
y a nuestro Estado.
Lo que los invasores de Raposa Serra do Sol esperan, con su eventual
victoria en el Supremo Tribunal Federal, es una especie de "testimonio"
de la Suprema Corte de la Nación afirmando simbolicamente
que los pueblos indígenas "no poseen nuestra misma alma
nacional, no son confiables" y que debemos, por lo tanto, retomar
la guerra colonial para su reducción y dominación
definitivas. Tal guerra colonial comenzaría por el no reconocimiento
de su territorio tradicional -base y fuente primera de las sociedades
indígenas, de sus memorias, de sus mitos, de sus religiones
y de sus culturas.
Este "testimonio" deberá ser eficazmente utilizado
por invasores en todo el país, para multiplicar los recursos
y anulaciones de procesos administrativos de identificación,
de demarcación, de homologación y de registro de territorios
indígenas ya realizados. En total, 464 tierras indígenas
ya fueron identificadas, demarcadas u homologadas en Brasil. Acciones
judiciales buscando retomar esas tierras para el mercado deberán
proliferar, con vistas a un verdadero "El Dorado" para
el agronegocio, además de nuevas fortunas para los grandes
escritorios de abogacía.
Hacendados de varias partes de la Amazonia de Mato Grosso a Pará,
están preparando caravanas de camionetas "off road"
hasta Roraima, habiendo anunciado que se reunirán en Pacaraima
(Roraima), donde Paulo César Quartiero es alcalde, el día
11 de agosto próximo, para exigir una posición favorable
a sus intereses por parte del Supremo.
Este gesto de la clase propietaria rural tiene claramente un objetivo:
anunciar a la sociedad brasileña que la guerra colonial está
a punto de ser retomada, con la esperada decisión del Supremo
Tribunal Federal. Esta decisión sería una especie
de "señal", que daría inicio a una ampliación
sin límites de ese agresivo "movimiento neocolonialista"
agrario brasileño.
Las diversas caravanas de hacendados en camionetas "off road"
en el interior como fuera de la Tierra Indígena Raposa Serra
do Sol, anuncian que la era de los "bandeirantes" vuelve,
de esta vez modernamente motorizados, partiendo de Juína
(Mato Grosso) y otros municipios amazónicos y llegando a
Pacaraima; partiendo de las haciendas ilegales de arroz y llegando
a los lugares indígenas sagrados, lagos y cascadas, determinados
a atropellar en su pasaje los derechos constitucionaes de los pueblos
indígenas de Brasil.
Al final, por encima de todo, los hacendados del agronegocio no
admiten ser "robados por el Supremo Tribunal Federal".
Brasília, 30 de julio de 2008.
* Asesor Político del Consejo Indigenista Misionario (Cimi)
RAPOSA SIERRA DEL SOL: CUESTIÓN
DE JUSTICIA
Frei Betto
El
15 de abril de 2005 el presidente Lula firmó la homologación,
en un área continua, de la reserva indígena Raposa
Serra do Sol, en Roraima. Este año la Policía Federal,
en cumplimiento de la ley, se movilizó para retirar de la
reserva a seis arroceros. Los invasores de la zona, convencidos
de que el indio atrasa el progreso, reaccionaron con violencia,
incluyendo bombas. Hicieron un acto político capaz de inducir
al STF (Supremo Tribunal Federal) a suspender la medida legal y
reiniciar el doloroso camino ya transitado por los tres poderes
de la República.
Roraima contiene poco más de 400.000 habitantes en un territorio
de 224.298 km2 (poco menor que el Ecuador). Raposa Serra do Sol
es una zona de 1,67 millón de hectáreas situada al
nordeste del estado, en la frontera con Venezuela y Guyana. La zona
fue demarcada por el Ministerio de Justicia a través del
protocolo 820/98, en 1998, durante el gobierno de Cardoso. Del área
de Roraima, 46,35 % está reservada para los indígenas.
Allí ellos suman 46.106, distribuidos en 152 aldeas de los
pueblos yonomami (15 mil), macuxi, wapixana, wai-wai, ingaricó,
taurepang, waimiri-atrari y patamona.
Políticos y arroceros querían la demarcación
en un área discontinua, “islas” donde pudiesen
permanecer con sus tierras (invadidas) y propiedades (ilegales).
Fueron creados tres municipios dentro de la reserva indígena:
Normandia, Uiramutã y parte de Pacaraima.
Raposa Serra do Sol no es sólo una selva salpicada de tribus.
Allí actúan 251 profesores indígenas en 113
escuelas de enseñanza elemental y tres de enseñanza
media. Los indígenas manejan un rebaño de 27 mil cabezas
de ganado. Dentro de la reserva funciona la Escuela Agropecuaria
de Surumu, que profesionaliza técnicos de nivel medio. En
convenio con Funasa hay 438 agentes indígenas de salud y
100 indígenas técnicos en microcopio, trabajando en
187 puestos de salud y 62 laboratorios. Se valora la medicina tradicional
indígena.
Dentro del territorio demarcado, seis arrozales ocupan 6 mil hectáreas,
con tierras de regadío, en las márgenes de los ríos
Cotingo, Tacutu y Surumu. Todos en tierras apropiadas de la Unión.
Utilizan agrotóxicos, destruyen la vegetación folicular,
desecan lagunas y canales, abren surcos para canalizar el agua de
los ríos hacia sus tierras. La misma agua, contaminada con
agrotóxicos e inutilizable para el consumo, vuelve al río,
matando los peces.
En verano, impedidas de hacer uso del agua de los ríos, las
comunidades indígenas se ven obligadas a cavar pozos. Con
la destrucción de lagunas y de la vegetación folicular
desaparece la caza. Los aldeanos dentro de la reserva dan apoyo
a los ocupantes ilegales y eso hace que circulen las bebidas alcohólicas,
ofrecidas muchas veces a los jóvenes indígenas.
Los derechos de los pueblos indígenas están garantizados
por el artículo 231 de la Constitución, que les asegura
la posesión permanente y el uso exclusivo de sus tierras.
Una demarcación fraccionada de la zona favorecería
la invasión de forasteros, aumentaría la incidencia
de conflictos y pondría en riesgo la supervivencia de culturas
milenarias.
En la primera semana de enero del 2004 el Jornal Nacional mostró
la movilización de arroceros y latifundistas cortando carreteras
en su empeño por evitar la homologación de Raposa
Serra do Sol. Con el apoyo de líderes indígenas comprados,
secuestraron a tres misioneros católicos de la Misión
Surumu: los padres Ronildo Pinto França, brasileño,
César Avellaneda, colombiano, y el hermano español
Juan Carlos Martínez, todos ellos miembros del Instituto
Misión Consolata.
El ministro de Justicia, Márcio Thomaz Bastos, advirtió
al gobernador Flamarion Portela, de Roraima, que el gobierno federal
tomaría medidas para liberar a los rehenes y desmovilizar
la protesta. La Policía Federal actuó y liberó
a los secuestrados.
Eran las seis de la mañana del 23 de noviembre del 2004,
cuando la comunidad jaguari fue despertada por tiros, gritos y ruidos
de máquinas. Cuarenta hombres armados mataron gallinas, cerdos
y perros y le dieron dos tiros, uno de ellos en la cabeza, al macuxi
Jocivaldo Constantino. De allí se fueron a destruir las comunidades
indígenas Brilho do Sol, Retiro São José y
Homologação. En las cuatro aldeas derribaron con tractores
37 casas e incendiaron los escombros, sin dejar la iglesia, la escuela
y el puesto de salud; aislaron la zona y cerraron los caminos. 131
personas quedaron sin vivienda.
Retrotraer la homologación de Raposa Serra do Sol a un área
no continua representa un grave precedente jurídico en relación
a los demás procesos demarcatorios, y podría estimular
a los abusivos y oportunistas a realizar invasiones por el mismo
estilo de las habidas en Roraima. En cuanto a la Seguridad Nacional,
recuerdo que los pueblos indígenas históricamente
han desempeñado un papel fundamental en la preservación
y defensa de nuestros actuales límites territoriales. No
son los indios quienes promueven la degradación ambiental,
el contrabando, la proliferación de buscadores de oro y la
tala de maderas preciosas. La hipótesis de crear una franja
de 10 a 20 kms de anchura a lo largo de nuestras fronteras tiene
el peligro de traer a la región un intenso movimiento migratorio
de no-indios, causando degradación ambiental y social, deforestación
y contaminación de los ríos.
Le toca al STF hacer cumplir la Constitución, es decir confirmar
la homologación en un área continua, y al gobierno
trasladar la sede del municipio de Uiramutã hacia las márgenes
de la autovía BR-401 (que llega a la Guyana); promover la
regularización agraria de Roraima y reasentar a los habitantes
en zonas definidas por el Incra, pagándoles justas indemnizaciones;
y preservar las actuales autovías, como bienes públicos,
para uso de los ciudadanos sean indígenas o no.
Dividir Raposa Serra do Sol es dividir la Constitución Brasileña,
reforzar la discriminación de los indígenas y premiar
la obstinación de quienes apoyan los intereses de apenas
seis arroceros.
Frei Betto es escritor y asesor de movimientos
sociales, autor de “La mosca azul. Reflexión
sobre el poder”, entre otros libros.
BRASIL: Indígenas
en la OEA, con abogada propia
Por Mario
(IPS)
- Joenia Batista de Carvalho, primera abogada indígena de
Brasil, ni siquiera había nacido cuando comenzó la
lucha por la Reserva Raposa Sierra del Sol como territorio de su
pueblo, en el norteño estado de Roraima, en la frontera con
Venezuela y Guyana.
Ahora, con 30 años y conocida por haber ganado un premio
internacional, ella será la representante del Consejo Indígena
de Roraima (CIR) para denunciar al gobierno brasileño ante
la Comisión de Derechos Humanos de la Organización
de Estados Americanos (OEA).
La denuncia, por violación de los derechos de los indígenas
ingarikó, macuxi, patamona, taurepang y wapichana, será
presentada este lunes en Washington, sede de la OEA.
La Comisión decidirá si el caso debe ser juzgado por
la Corte Interamericana, ”con efectos jurídicos para
Brasil”, según la abogada, también conocida
como Joenia Wapichana, según una costumbre de indígenas
brasileños que usan el nombre de su grupo étnico como
apellido.
”Entendemos que nuestros derechos son también derechos
humanos, por eso queremos que la OEA convoque a Brasil a explicar
los motivos de la demora en homologar” la reserva, explicó
en una entrevista con Radio Nacional, de la Amazonia, antes de embarcarse
rumbo a Washington este viernes.
Raposa Sierra del Sol es un área cuya demarcación
preocupa a la Fundación Nacional Indigenista (Funai) desde
los años 70. Varios grupos de trabajo intensificaron estudios
antropológicos y territoriales a partir de 1977, hasta que
se aprobó en 1993 un informe que proponía demarcar
1,67 millones de hectáreas como tierras reservadas para los
indígenas.
Luego de algunos años de debate público y cuestionamientos
por parte de interesados, el entonces ministro de Justicia, Renán
Calheiros, acogió en 1998 la propuesta de la Funai, y declaró
a Raposa Sierra del Sol territorio en posesión permanente
de los cinco grupos indígenas locales, que suman cerca de
15.000 personas.
El gobierno de Roraima apeló al Poder Judicial para impedir
que se hiciera efectiva esa medida, pero el fallo final de la Corte
Suprema, en 2002, frustró tal intento. Desde entonces, el
proceso sólo depende de la homologación presidencial,
siempre prometida y postergada.
Roraima vivió dias de tensión el 6 de enero y los
días siguientes, cuando hacendados con apoyo de una minoría
indígena bloquearon carreteras, invadieron la oficina de
la Funai y otras sedes gubernamentales, secuestraron a tres sacerdotes
católicos y dañaron escuelas y puestos de asistencia
médica.
El objetivo era impedir la homologación, que había
sido prometida para enero por el actual ministro de Justicia, Marcio
Thomaz Bastos, y que no se produjo.
”Estamos recurriendo a la OEA, después de hacer todo
lo posible en el país”, dijo a IPS Jacir José
de Souza, coordinador del CIR, que encabeza la lucha por el territorio.
”Desde el año pasado esperamos una audiencia con el
presidente” Luiz Inácio Lula da Silva, acotó.
El gobierno tiene obligación de aclarar ”por qué
demora la homologación” que promete desde la asunción
de Lula en enero de 2003, en respuesta a una lucha de 35 años
y al ”gran sufrimiento de nuestros pueblos”, sostuvo
el lider macuxi.
El CIR prepara una manifestación en Brasilia, ”aún
no confirmada”, para el 15 de abril, que reuniría a
representantes de grupos indígenas de todo el país.
La esperanza es que Lula decida homologar la decisión sobre
Raposa Sierra del Sol el 19 de abril, Día Nacional del Indígena,
dijo De Souza.
Mientras, los indígenas siguen viviendo en Roraima bajo tensión
y en la incertidumbre, ”sin diálogo entre las partes
en conflicto”, señaló a IPS Luis Marques de
Brito, sacerdote católico portugués que actúa
en ese estado hace tres años, después de 10 años
en el sur de Brasil.
Los hacendados, en su mayoría productores de arroz, al igual
que los gobernantes del estado y de municipios, aspiran ante todo
a que se excluyan de Raposa Sierra del Sol áreas ocupadas
actualmente por cultivos y poblados, lo que significaría
dividir la reserva en cinco partes separadas entre sí.
Eso ocurre pese a que está previsto que los hacendados reciban
una indemnización por las tierras que cultivaban.
La división ”en islas significaría el fin de
los indígenas, porque perderían su identidad”,
y en poco tiempo serían asimilados por la cultura blanca,
evaluó De Brito. El deterioro de su vida sería dramático,
sometidos a los prejuicios que los consideran ”perezosos,
una basura”, pronosticó.
Una parte ”minoritaria, no mayor de 20 por ciento” de
los indígenas adhirió al movimiento de los hacendados
contra la reserva continua, e incluso participó en el alzamiento
de enero, admitió.
El gobierno central decidió que haya una reserva continua,
pero los aplazamientos de la homologación, ”prometida
para Navidad y luego para enero”, indican que vacila ante
las presiones de políticos y hacendados locales, según
el sacerdote.
Las presiones locales perdieron fuerza en los últimos meses
a causa de un escándalo de corrupción, que involucra
al gobierno estadual e incluso a algunos indígenas de ”la
minoría opositora”, observó.
Ese escándalo se debe a que grandes sumas del presupuesto
gubernamental fueron desviadas como pago a funcionarios contratados
para tareas ficticias.
Además de las dudas sobre una pronta homologación
de Raposa Sierra del Sol, De Brito lamentó la dificultad
que afronta, al igual que otros religiosos y misioneros católicos,
para mantener su trabajo de ”apoyo a la sobrevivencia, no
tanto de evangelización” de los indígenas locales.
Una escuela en que se capacitaba jóvenes para la agricultura,
por ejemplo, fue destruida, y las actuales tensiones impiden otras
actividades.
28 Agosto 2008
Brasil: Raposa Serra do Sol
gana primer asalto
Por Mario Osava
IPS,
27 agosto 2008.- Los nativos que viven en el territorio indígena
brasileño de Raposa Serra do Sol ganaron un primer voto favorable
en el proceso iniciado este miércoles en el Supremo Tribunal
Federal, que decidirá el destino de esa reserva ubicada en
la frontera norte.
Un pedido de “vistas” de uno de los miembros del tribunal
postergó la decisión final.
“Esbulho”, que en portugués quiere decir expoliación
o robo, fue la palabra que usó el magistrado Carlos Ayres
de Britto, relator del proceso, para calificar la ocupación
de una parte de Raposa, sostenida por hacendados que quieren anular
la demarcación del territorio, concluida en 2005 con la homologación
firmada por el presidente Luiz Inácio Lula da Silva.
Britto consideró “improcedente” la acción
judicial que cuestiona la demarcación, defendiendo con detallada
argumentación el mantenimiento de los 1,7 millones de hectáreas
como un área continua, para cumplir los derechos constitucionales
de los 19.000 indígenas de cinco etnias, que comparten la
reserva.
El fallo del Supremo Tribunal Federal será decisivo no solo
para esa población autóctona del estado de Roraima,
fronterizo con Venezuela y Guyana, sino para gran parte de los indígenas
brasileños que viven en tierras disputadas por agricultores,
ganaderos y otros pretendidos propietarios.
Los indígenas, sus defensores y ambientalistas temen que
una decisión desfavorable ponga en riesgo a decenas de otras
tierras ya demarcadas que podrían volverse blanco de nuevos
cuestionamientos. Y hay otras reservas en las que persisten conflictos,
pues si bien han sido reconocidas como indígenas, sus habitantes
no tienen aún su posesión definitiva o están
parcialmente ocupadas por hacendados, como Raposa.
Los numerosos argumentos expresados por Britto, en casi dos horas
de exposición, representan más que un voto. El magistrado
que debería seguirle en la votación, Carlos Alberto
Direito, pidió un tiempo para reflexionar, elogiando la ponencia
del relator por su “conocimiento de la totalidad de la materia”,
incluyendo los hechos históricos.
El máximo tribunal de justicia de Brasil se compone de 11
magistrados. Su presidente, Gilmar Mendes, expuso su esperanza de
finalizar este año el proceso, iniciado en respuesta a una
acción judicial de dos senadores de Roraima, apoyada por
gobernantes locales, hacendados e incluso por una parte de los indígenas.
La acción cuestiona la demarcación del territorio,
y defiende el “derecho adquirido” de los terratenientes
que compraron tierras dentro de la reserva indígena, donde
cultivan principalmente arroz.
Son invasores de áreas tradicionalmente indígenas,
que provocaron un conflicto en el que “21 líderes fueron
asesinados y muchas casas quemadas”, destacó Joenia
de Carvalho, de la etnia wapichana, al defender los derechos de
su pueblo como la primera abogada autóctona que expone en
una sesión del Supremo Tribunal Federal.
Desde 1996 esos supuestos propietarios no tienen ningún derecho
a las tierras que ocupan, sentenció Britto, quien comprobó
la expoliación mediante registros notariales que revelan
un crecimiento injustificado de los predios en manos de los hacendados,
con extensiones multiplicadas en sucesivas ventas, fusiones y separaciones
en las décadas de 1980 y 1990.
El juicio se abrió con intervenciones de defensores de los
demandantes y del gobierno de Roraima, seguidos de representantes
del gobierno federal, como el abogado general de la Unión,
José Antonio Toffoli, y de defensores de la causa indígena.
El ex canciller y ex magistrado del Supremo Tribunal y de la Corte
Internacional de Justicia, Francisco Rezek, abogado contratado por
el gobierno de Roraima, acusó a la administración
federal de haber demarcado Raposa de forma irresponsable y de reducir
a sólo 10 por ciento el área de Roraima bajo jurisdicción
de las autoridades estaduales, dejando escasas tierras para la producción
agrícola.
El relator Britto contrarrestó todos los argumentos contra
la demarcación continua de Raposa. En Roraima, “descontando
las tierras indígenas” y otras federales, los 121.182
kilómetros cuadrados –área equivalente a la
de tres estados brasileños en los que viven 22 millones de
personas– sobran para “los menos de 400.000 habitantes
no indígenas” del distrito, aseveró.
Los estudios antropológicos que justificaron la demarcación
de una tierra indígena continua fueron idóneos, reconocidos
y no cuestionados seriamente durante muchos años, después
de ser ampliamente publicados, arguyó. Ellos permiten concluir
que “solo la tierra continua asegura los derechos de reproducción
física y cultural y el mantenimiento integral de costumbres
y tradiciones” de aquellas poblaciones, acotó Britto.
Las cinco etnias conviven allí sin conflictos hace por lo
menos 150 años, se mezclaron, hablan lenguas de tronco común,
y las tierras que ocupan tradicionalmente son lindantes, lo que
no justifica separarlas en “islas”, como quieren los
demandantes, porque eso implicaría incumplir lo que dispuso
la Constitución, afirmó el magistrado.
“Hay compatibilidad perfecta entre tierras indígenas
y fajas de frontera”, aseguró Britto, para contrarrestar
el argumento esgrimido inclusive por militares, de que la tierra
de Raposa, al ser fronteriza, amenazaría la seguridad y la
soberanía nacional.
La historia demuestra que la presencia indígena en la frontera
fue un factor para su defensa, y la misma Constitución brasileña
reconoce la ocupación privada de fajas limítrofes
como “fundamental para la defensa”, añadió.
A los que expresan temor de que grupos autóctonos se afirmen
como nación y proclamen su independencia con apoyo externo,
fundándose en la Declaración de las Naciones Unidas
sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas, Britto les indicó
que la Constitución brasileña “contiene disposiciones
suficientes” y es insuperable en la defensa de los derechos
de etnias originarias.

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