La
relación entre derechos humanos y comunicación alude a una relación
cultural, se trata fundamentalmente del debate entre la inclusión y la
exclusión, por lo que se impone un trabajo para el desmontaje crítico
de los dispositivos, discursos y mecanismos que naturalizan la
exclusión y expropian la posibilidad de la palabra a mujeres,
indígenas, jóvenes...
El eje central será el DERECHO A LA COMUNICACIÓN.
Plantear
la relación entre comunicación y derechos humanos, exclusivamente como
una cuestión de visibilidad y acceso a los circuitos de la comunicación
masiva, por parte de los grupos y sectores sociales que coexisten hoy
en condiciones de desigualdad, es no solo reducir un problema a sus
"síntomas visibles", sino renunciar a la posibilidad de re-pensar la
comunicación no en sí misma, sino en relación con los deseos y con los
proyectos que son su motor.
No
basta la explosión proyectos de comunicación (TV, radios, editoriales…)
que cumplen, más o menos, con ciertas cuotas de inclusión
"políticamente correctas" de ciertos temas y actores sociales, que en
increíbles ejercicios de banalización, pretenden convencernos de que la
democracia en esos ámbitos es un valor practicado.
El
derecho a la comunicación es, incuestionable, pero no hay que olvidar
que se trata de un "continente" al que hay que dotar de contenido y
este es el terreno donde las cosas se complican, porque el riesgo es el
de substancializar los contenidos.
Por
ello, es importante colocar la reflexión y la discusión en el contexto
de la experiencia cotidiana en la que mujeres y también hombres se
construyen como ciudadanos. Hoy, como nunca, la relación entre derechos
humanos y comunicación se centra en la disputa entre los diferentes
proyectos sociales que compiten en condiciones diferenciales por la
conquista de una nueva hegemonía planetaria que habrá de decidir
quiénes caben y quiénes no: se trata fundamentalmente del debate entre
la inclusión y la exclusión.
¿Más
medios, más leyes sobre los medios, resolverían estos problemas? No hay
respuestas unívocas; pero, sin duda alguna, el mejor antídoto contra la
violación sistemática a los derechos humanos desde la comunicación,
estriba en la posibilidad de intervenir directamente en la ruptura de
las representaciones asumidas como "orden natural" y develar así el
disfrazamiento simbólico que construye a ciertos actores y ciertos
espacios para representar acciones que se rechazan convirtiendo la
desigualdad estructural en un problema de diferenciación cultural.
Las-os
pobres son malos, vagos y pecadores, son portadores de creencias
degradadas; las mujeres son tontas e incapaces, por su condición
biológica; los indígenas, ¡pobrecitos!, son sucios, tienen parásitos,
no hablan español y se empeñan neciamente en mantener sus tradiciones,
porque son premodernos y anacrónicos; los jóvenes son perversos y
vulnerables, porque están enfermos de juventud.
Así
el aparato cultural legitimador y simplificador hace desaparecer las
condiciones que explican la desigualdad y justifica la intervención de
las instituciones de control para "normalizar", a través del castigo,
la "folklorización" y la exclusión, todos aquellos elementos,
creencias, prácticas y actores que se alejan del modelo cultural
dominante.
A partir de esto, el desafío que se nos presenta, entonces, es el de abrir un debate
que, en condiciones de igualdad, coloque como tema central los
proyectos de sociedad en disputa, desde una perspectiva cultural. Es
decir, la democratización del espacio público,
condición fundamental para garantizar una relación equilibrada entre
derechos humanos, y comunicación, es centralmente un problema cultural.
¿Por
qué?, porque la realización de los derechos humanos, como valor
cotidiano, implica la posibilidad de que todos y todas puedan
pronunciarse con certeza sobre su lugar en el mundo y ello solo será
posible cuando la sociedad abra el juego para las diferentes formas de
interpretar y colocarse en el mundo, sin que ello suponga una amenaza
para nadie.
Una
comunicación que realice los valores democráticos, no es un problema de
emisores y receptores, ni de simulacros de representación de actores
sociales en los distintos medios de comunicación. Lo que se juega en
este debate es la lucha por la legitimación de la palabra propia en el
contexto de las múltiples voces.
No
se trata de algo que concierne exclusivamente a los periodistas sino a
toda la sociedad. Este Alcuentru pondrá en valor las experiencias de
uso de los instrumentos internacionales de derechos humanos en el
ámbito local por los medios comunitarios y por las organizaciones de la
sociedad civil y también sobre los puntos de encuentro en la defensa de
la libertad de expresión. Permitirá los intercambios de conocimientos
entre activistas de diferentes partes del mundo, desde Asturies, el
Estado Español, América Latina y el Mundo Árabe.
Los
testimonios, los coloquios, los debates, las proyecciones, los
intercambios y el componente lúdico contribuirán sin duda a promover
una sociedad más justa y equilibrada.
La
transformación social hacia una equidad de género “supone la existencia
de procesos reflexivos de hombres y mujeres que coadyuven a la
construcción de una mejor sociedad. En este sentido, proponemos reflexionar sobre los caminos que a nivel de comunicación humana nos pueden conducir a este propósito.
estructurado en 4 mesas centrales de debate ofrecerá diálogo y encuentro entorno a:
- La Sociedad de la Información y la perspectiva multicultural y de género.
- Estereotipos y Roles: Sujetos de comunicación versus Objetos de Comunicación.
- La concentración de los medios de comunicación y la libertad de Expresión.
- El Rol de los medios masivos de información y la promoción de los DDHH.
- Medios
de Comunicación Comunitarios: Una herramienta social al servicio de la
democratización y la defensa de las culturas locales.
- El Derecho a Comunicar y la comunicación de los DERECHOS.
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